Capítulo 55
Henry tenía que volver a la cueva, pero no de la misma manera que cuando rescató a Kayla; no quería volver a caer. Por eso, su nuevo enfoque fue entrar por la salida. Afortunadamente, la cuerda que el grupo del Príncipe usó el día del rescate aún estaba allí, tal vez pensaba investigar más tarde.
Aunque no había nadie para ayudarlo esta vez, se la ató a la cintura y dudó varias veces antes de bajar, pero lo logró.
Con los brazos temblorosos, Henry se arrastró hacia adentro y se tumbó en el suelo.
—Siento que mi corazón va a estallar.
Mientras bajaba con extremo cuidado, pensaba en todas las cosas negativas y deprimentes: ¿qué pasaría si la cuerda se soltaba, o si no soportaba su peso? Eso hizo que el polvo de la tierra le llenara la nariz y la boca, sin fuerzas para levantarse.
—Si regreso así, todos se sorprenderán.
Pensó en los que se sorprenderían al verlo: desde su sirviente hasta el caballero Teher. Seguro que Edwin también estaría entre ellos. Pensar en Edwin calmó poco a poco su respiración agitada.
Con la mirada fija en el techo de la cueva, recordó las conversaciones con Edwin.
{—¿Qué amigo besaría tus labios todas las noches? ¿Hmm?}
{—… ¿Por qué has cambiado?}
{—¿Me estás llamando loco por desear que ese buen aroma que siento de ti sea feromonas?}
Cuanto más lo reflexionaba, más se curvaba sus labios en una mueca y sus cejas se arrugan. Si un espejo pudiera reflejar su cara, pensaría que tenía una expresión extraña. Las palabras de Edwin le parecían cada vez más confusas.
—¿Por qué siento como si me hubieran confesado algo?
Seguro que Edwin no lo pensaba de esa manera, ¿qué iba a hacer él con este malentendido?
—Pero parece una confesión real. ¿Por qué dijo eso de los besos? Además, se molestó cuando dije que no me gustaba. Y dijo que huelo bien…
Henry, mientras reflexionaba, se agarró el pelo.
—Ah, qué complicado.
Este viaje fue un error. No solo no pudo separarse completamente de Edwin, sino que casi reveló su marca. Además, con todos los problemas, terminó besándolo y, aunque se quejara, Edwin siempre estaba cerca.
—Tal vez debería dejar de pensar en esto.
No tenía sentido intentar entender por qué Edwin actuaba así. Mejor centrarse en la misión que tenía.
—Volvamos pronto.
Henry se levantó, se sacudió un poco el polvo, sacó una antorcha de su mochila.
—Espera, Edwin. Este hermano va a buscar un tesoro para ti.
«Te haré feliz con ese tesoro.»
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En el cruce, al tomar una dirección diferente en lugar de una salida, apareció un lugar oscuro y peligroso. Henry encendió una antorcha y, con precaución, lanzó pequeñas esferas para marcar el camino mientras avanzaba con cuidado. A medida que las esferas en su bolsa se agotaban, se adentraba más en la cueva.
Sosteniendo todas las esferas restantes en la mano, las hizo rodar como nueces y calculó cuánto más debía avanzar. No necesitaba volver a recogerlas, pero cuanto más se alargaba el pasaje, más tiempo tomaría ir y venir, lo cual no era ideal.
Al lanzar la última esfera, observó un destello de luz que revelaba un obstáculo. Hasta ahora, las esferas iluminaban al golpear el suelo, pero esta vez se reflejó a mitad del camino como si hubiera chocado con una pared. Al ver la sección revelada de la pared, Henry dedujo que había llegado al final.
Se acercó a la pared y la tocó. Era sólida, pero no demasiado gruesa, como se evidenciaba por el sonido hueco al golpearla. Al mirar hacia el techo para asegurarse de que no colapsaría, retrocedió unos pasos.
—Creo que estará bien.
Tras evaluar la situación, concluyó que podía proceder. Metió la mano en su bolsa y sacó una pequeña esfera.
—Aquí estás.
Sin necesidad de mirarla, supo que era lo que buscaba. Parecía una versión más grande de las esferas que había estado lanzando. Sabía para qué servía, así que retrocedió y se inclinó sobre una rodilla.
—Confío en ti.
Colocó la esfera en el suelo y la rodó hacia la pared. La esfera avanzó sobre el suelo irregular y, al llegar a la pared, emitió un sonido chisporroteante seguido de una pequeña explosión.
El sonido fue menor de lo esperado. Con las manos en los oídos, Henry se dio cuenta de que no era necesario. Acercó la antorcha al lugar de la explosión y vio que la esfera había desaparecido, dejando solo un pequeño agujero por el que apenas podía pasar una persona.
—Debería haber pedido una esfera más grande.
Se reprochó por no haber sido más ambicioso al hacer el encargo a Hook. A pesar de ello, se adentró con la antorcha en la nueva caverna. Al inspeccionar las paredes, el techo y el suelo, sus ojos brillaron con curiosidad.
Era el lugar donde había vivido el gran mago.
Se decía que aún había libros suyos en la biblioteca, aunque solo copias. La genialidad del mago dejaba atónitos a los estudiosos.
—¿Por qué murió viviendo solo?
Aunque muchos querían estar a su lado, pensó Henry, mientras exploraba el área meticulosamente. En el centro había un pedestal y una vieja caja, que ignoró deliberadamente, ya que sabía por las historias que era una trampa.
El intrincado plan que el gran mago había ocultado. Los ojos de Henry brillaban como estrellas en el cielo nocturno mientras caminaba con una antorcha a lo largo de la pared.
—Esto es.
Aunque parecía una pared como cualquier otra, cada vez que acercaba la luz, un resplandor aparecía y desaparecía. Henry puso su mano en la pared, la palpó suavemente, y luego sacó un cincel de su bolsa con decisión. A continuación, lo clavó en la pared. El cincel entró con facilidad.
Kayla lo había intentado con las manos, pero Henry no quería dañar sus uñas de esa manera.
—Solo necesito llevármelo de alguna forma.
Con una expresión emocionada, como un niño haciendo garabatos en la pared, Henry trazó un círculo. Luego inclinó el cincel ligeramente, y la pared se desprendió en un círculo perfecto. La parte caída ya no importaba, era solo una barrera para engañar a otros. En su lugar, Henry metió la mano en el agujero.
Solo tuvo que introducirla hasta la muñeca para tocar algo con los dedos. Henry metió más la mano y lo sacó. Era una caja antigua y desgastada por el tiempo. Al examinarla de un lado a otro, Henry se mordió los labios para no reír a carcajadas.
—Este tesoro es mío.
Henry metió cuidadosamente el tesoro en su bolsa, asegurándose varias veces de que no se cayera durante el camino de regreso. Al girarse para salir, no pudo evitar que sus hombros temblaran.
—Ah, ja, ja.
Finalmente, no pudo contenerse y se echó a reír.
No pudo evitarlo al recordar todo el esfuerzo que había hecho para obtenerlo. Henry rió con ganas. Ya no tendría que preocuparse por que Edwin se enterara de lo que había hecho. Los ataques desaparecerían también.
Un beneficio tanto para Edwin como para él. Era como dar un paso hacia un futuro feliz. Sus pasos se hicieron más ligeros y comenzó a tararear. Aunque sabía que debía regresar, se quedó girando en ese lugar, disfrutando de su alegría.
Fue entonces.
—¿Está cerca?
—Te lo digo, sí.
Henry se detuvo de golpe al escuchar las voces detrás de la pared. Al girar la cabeza sin querer moverse, notó que alguien se acercaba desde el otro lado de la pared, no por donde él había entrado.
—¿Eh? Parece bloqueado.
—No puede ser, ¿es el final? Eh, parece que hay un espacio vacío del otro lado.
Alguien, como Henry, golpeó la pared y descubrió que estaba hueca. Luego, otra persona se acercó con pasos pesados y dijo:
—Muévete.
Sin duda, estaban tratando de romper la pared con fuerza. La pared no era muy gruesa, probablemente se derrumbaría con unos pocos golpes. Henry, aferrándose el corazón ante la repentina situación, retrocedió.
Si lo atrapaban, no saldría ileso. Deshaciendo la rigidez de su cuerpo, se apresuró a meterse de nuevo por el agujero por donde había entrado. Pero en su prisa, olvidó la bolsa en su espalda, y se quedó atascada en el agujero. Finalmente, Henry se echó hacia atrás, levantó la bolsa y la sostuvo en sus brazos. En ese momento, vio el hacha atravesar la pared y rápidamente se tapó la boca para no gritar.
La pared estaba a punto de derrumbarse, y la presencia de Henry estaba a punto de ser revelada.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.