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Capítulo 4

—Uf…

Arrastrando los pies por el agrietado asfalto, Lee Bom sentía la áspera grava raspando las suelas de sus zapatos.

GOLPE, GOLPE.

Pequeños trozos de asfalto se alojaban en los desgastados agujeros de las suelas de sus zapatillas, haciendo ruido a cada paso.

Este era Manwol-gu, un distrito de Seúl llamado así por su vista clara y despejada de la luna. Y en su interior se encontraba la aldea de Aji, una comunidad muy unida donde solo vivía la familia Kang, de hombres bestia caninos.

La aldea de Aji estaba a la altura de su reputación de barrio pobre.

Aunque la familia Kang tenía sangre de hombre bestia, carecían de la capacidad de transformarse y no tenían habilidades especiales, lo que los convertía en lo más bajo de lo bajo.

A diferencia de los barrios privilegiados donde residían los hombres bestia de sangre pura, la aldea de Aji se ahogaba en la pobreza.

Las farolas parpadeaban de forma inestable y el asfalto estaba tan desgastado que cada lluvia convertía los baches en charcos de agua estancada.

Decía mucho que el hermano mayor de Lee Bom fuera la primera persona de su generación en entrar en una universidad prestigiosa.

—… Espera, ¿pero cómo es eso culpa mía?, —murmuró Lee Bom para sus adentros.

Saltar de un trabajo a tiempo parcial a otro siempre conducía a un trato injusto, eso no era nada nuevo. Pero, ¿hoy? Hoy era especialmente exasperante. 

{—Lee Bom, escucha. Conozco tu situación y sé lo trabajador que eres, así que estaba dispuesto a dejar pasar algunas cosas.}

El gerente de la tienda despreciaba a la aldea de Aji y a los hombres bestia mestizos que vivían allí.

Nadie le había hecho nunca daño, pero su actitud codiciosa y engreída le hacía menospreciar a todo la aldea.

Aunque afirmaba no tener prejuicios, Lee Bom lo vio claro.

Cada vez que niños de aspecto desaliñado que venían de la Aldea Aji entraban en la tienda, o cuando miraba por la ventana las calles destartaladas, su rostro se torcía en una repugnancia apenas disimulada.

Pensaba que era sutil.

Pero Lee Bom lo veía todo.

{—De verdad que he intentado no ser parcial solo porque eres de la aldea Aji. Al principio, durante tu entrevista, parecías diligente. Además, he oído que conoces al hijo del dueño, así que te di una oportunidad.

—….

—Pero esto es algo que no puedo ignorar. ¿Por qué nuestra tasa de pérdidas es tan alta desde que empezaste a trabajar aquí? Es del 10%. ¿Entiendes lo que eso significa? Significa que alguien está robando en la tienda.

—…

—No quiero sospechar de ti, pero esto es demasiado.}

El gerente se burló, cambiando su mirada entre Lee Bom y Jin-sang.

Sabía que Jin-sang también era de la familia Kang.

Sus ojos disgustados los recorrieron de arriba abajo, evaluándolos como criminales.

Y bajo su mirada penetrante, el profundo desprecio que solía tratar de ocultar quedó al descubierto, como agua sucia que se vierte sobre la cabeza de Jin-sang.

Jin-sang bajó los ojos, mordiéndose el labio mientras sollozaba, luchando por contener las lágrimas.

La ola de humillación se abatió sobre él, ahogándolo en amargura.

«¿Pero llorar?»

Llorar significaba perder.

{—Hice balance de la caja antes de que terminara mi turno. Pero si esto solo pasa cuando estoy trabajando, entonces…

—Caray, sí que hablas mucho, Lee Bom. Eres el único de aquí que es de la aldea Aji. ¿De verdad tengo que explicártelo?}

Actuó como si no estuviera discriminando abiertamente, pero Lee Bom sabía exactamente lo que quería decir.

Lo sabía demasiado bien.

Esa frase cortante y afilada como un cristal “chico de la aldea Aji” le atravesó.

Un lugar lleno de gente sin educación, un barrio de mendigos y ladrones: así veía la gente su hogar.

Incluso cuando no había hecho nada malo, incluso cuando había trabajado duro, toda su existencia se reducía a la reputación de su pueblo.

Podía gritar que no era un ladrón, que era honesto, pero la gente seguía mirándolo de la misma manera, sus ojos decían: “Tu pasado es el problema.”

Por mucho que lo demostrara, la verdad y la falsedad se difuminaban cuando se trataba de los niños de la aldea Aji.

—Esto es realmente injusto…

Lee Bom tragó saliva con fuerza, conteniendo las lágrimas.

El sabor salado le llenó la boca y, aunque intentó enmascarar su angustia, su joven rostro traicionó sus emociones con demasiada facilidad.

De repente, recordó un anuncio de servicio público que había visto antes:

[¿Ha sufrido un trato injusto? ¡Póngase en contacto hoy mismo con el Centro de Protección de los Derechos del Hombre Bestia!]

Pero en el fondo, lo sabía: no había lugar para él dentro de esas protecciones.

{—¡No! Solo le advierto que tenga cuidado. Pero si esto vuelve a suceder, yo…

El gerente levantó un dedo, apuntando peligrosamente cerca de la frente de Lee Bom.

—La próxima vez…

TAP

Su áspero y amarillento dedo presionó el flequillo de Lee Bom, empujando su cabeza hacia atrás.

—Voy a llamar a la policía. Tenga cuidado.}

Su cabello castaño, normalmente suave, estaba húmedo de sudor y se le pegaba a la frente donde el gerente lo había presionado.

La malicia en su toque hizo que Lee Bom apretara los ojos.

—¡Uf, debería haber exigido ver las imágenes de CCTV!

Lee Bom murmuró para sí mismo, la frustración surgió demasiado tarde.

Siempre se daba cuenta de lo que debería haber hecho después de que todo sucediera.

Arrastrando sus cansados pies, se tragó el nudo que tenía en la garganta, tratando de reprimir la humillación, pero justo entonces, oyó algo.

CRUJIDO. GOLPE.

—¿Eh?

Sus oídos se agudizaron e instintivamente escudriñó sus alrededores.

Perdido en sus pensamientos, había seguido distraídamente el camino hacia las montañas, alejándose de las concurridas calles.

Ahora, estaba en lo profundo de un sendero tranquilo y apartado, y alguien, o algo, se movía cerca.

Con farolas medio rotas, la aldea de Aji se sumía rápidamente en la oscuridad al caer la noche.

Y en las afueras de la aldea, cerca del sendero de la montaña, el lugar se convertía en un terreno de acecho para los alborotadores: hombres bestia hiena conocidos por su comportamiento de pandilla.

SUSURRO. GOLPE…

—… Snif.

Lee Bom sollozó, sintonizando el sonido de nuevo.

Como sí que su gerente le regañara no fuera suficiente, lo último que quería era toparse con hombres bestia hiena.

Había oído que la mayoría de ellos eran matones que extorsionaban dinero.

Los tipos mayores del vecindario le habían advertido que tuviera cuidado, y el recuerdo de su precaución resurgió.

Pero Lee Bom se mordió el labio, apretando los puños.

Contrólate, Kang Lee Bom. Eres un valiente maltés… ¡y cinturón negro de taekwondo!

GOLPE SORDO

—¿Eh?

Contrariamente a sus peores temores, lo que surgió de las sombras del sendero del bosque no fue un hombre bestia hiena.

En cambio, era un gato enorme y rayado.

—Weong.

—¡Un gato!

Murmuró Lee Bom incrédulo.

—Eh… ¿hola?

«Un gato muy, muy grande.»

Aliviado de que no fuera una hiena, Lee Bom vaciló antes de levantar la palma de la mano en un pequeño saludo, saludándolo como a un conocido.

«¿Ese ruido sordo de antes?»

Eran solo las pisadas gruesas y acolchadas de las enormes patas del gato.

Sus ojos parpadearon rápidamente.

«¿Qué clase de gato es este…? Es enorme.»

—¿Gatito? ¿Hola, gatito?

Bajando lentamente, Lee Bom se inclinó por la cintura y le susurró suavemente al gato.

Los cálidos tonos de las rayas albaricoque y naranja de su pelaje ondulaban suavemente con la brisa.

—¿Meooow?

El gato se quedó inmóvil a medio paso, medio emergido de la maleza.

«¿No lo entendía?»

—Eh…

«Quizá lo estaba haciendo mal.»

Lee bom se dio un golpecito en la barbilla, pensando.

«¿Cómo se supone que debo llamarlo?»

Entonces, se le vino a la cabeza una frase de un documental sobre la vida salvaje de los hombres bestia.

{—Si no entiendes el lenguaje del animal, intenta repetir los sonidos que hace.}

«Ah… Eso es.

¿Qué había dicho ahora mismo? 

¿Era Weong? ¿O Weoong?»

—¿We… oong?

Lee Bom imitó con cautela el grito del gato.

—Waaahk.

«¿Oh?

¿Funcionó?»

El gato finalmente reaccionó.

—¿Ves? Guau.

La respuesta del gato fue buena, pero su expresión era difícil de leer. Lee Bom recordó haber visto imágenes de la expresión de un gato feliz y la expresión de un gato enfadado en libros cuando era más joven, pero el enorme felino que tenía delante no parecía ni feliz ni enfadado, lo que lo dejó confundido.

Se preguntó si el gato no lo había oído y repitió el sonido con cuidado, pronunciando cada sílaba como un profesor que enseña a leer a un niño. Esta vez, el gato ladeó ligeramente la cabeza en respuesta antes de bajarla hacia Lee Bom, un gesto de permiso.

¿Había logrado comunicarse? Los labios de Lee Bom se curvaron en una sonrisa mientras su corazón latía con emoción. Por supuesto, tenía todas las razones para estar emocionado: era la primera vez que veía un gato en la vida real, y mucho menos que tocaba uno.

—Meow….

—Nunca había visto un gato.

Lee Bom se tapó la boca con una mano asombrado, su corazón se aceleró al ver a esta criatura desconocida.

Los gatos coreanos de pelo corto, los gatos callejeros, se podían encontrar en casi cualquier lugar, pero las cosas eran diferentes en la aldea de Aji. Como era una ciudad de hombres bestia caninos, los gatos ni siquiera se acercaban. Los gatos eran muy sensibles a su entorno, y la aldea de Aji, constantemente llena del olor a perros, era probablemente el último lugar en el que se sentirían cómodos.

Por eso, Lee Bom nunca había visto un gato de verdad en su barrio.

—Es enorme. —susurró asombrado.

Patas gruesas y mullidas, complexión fuerte y musculosa y ojos penetrantes que parecían verlo directamente a través de él; sus largos y refinados bigotes se movían ligeramente. Solo había leído sobre gatos en enciclopedias, pero ahora que veía uno de cerca, se sentía completamente abrumado por su presencia.

A medida que el gato se acercaba lentamente, su gran pata aterrizó cerca de Lee Bom con un golpe suave pero firme, irradiando un calor cálido y vivo. La pata era cálida, suave y enorme, demasiado grande para una mascota típica, pero demasiado bien cuidada para ser un animal salvaje. Parecía como si se hubiera encontrado con una especie de criatura mística.

—Es un gato, ¿verdad? Probablemente… ¿un macho?

Instintivamente, Lee Bom asumió que el gato era macho. Un gato tan grande, con patas tan gruesas y anchas, no podía ser hembra. Y el pelaje naranja… debía de tener algo de sangre mestiza, pero ¿no era “tabby” el término común para este color? ¿No eran la mayoría de los tabby machos? Sí, tenía que ser eso.

*M.R.: Un gato tabby es un gato con un pelaje atigrado, es decir, con rayas, manchas o patrones que no son uniformes. 

—Gato, eres realmente enorme.

Una exclamación pura y sin aliento se deslizó de los labios de Lee Bom antes de que se contuviera y se mordiera ligeramente la lengua para bajar la voz. 

—Ah. 

Si hablaba demasiado alto, el felino, naturalmente cauteloso, podría huir.

—Yo… yo no te haré daño…

Sus ojos recorrieron cuidadosamente la forma del gato. Era grande y hermoso. Sus dedos se movieron, vacilantes, sin saber si debía extender la mano.

Un felino verdaderamente magnífico.

Su pelaje era una impresionante mezcla de rayas naranjas y doradas, su elegante cara triangular enmarcada por pómulos afilados y angulosos. Sus ojos almendrados, delineados como si hubieran sido cuidadosamente dibujados con delineador de ojos, ligeramente inclinados hacia arriba, le daban una mirada exótica y sorprendentemente hermosa.

Bajo la luz tenue del sol poniente, sus ojos dorados brillaban con un resplandor intenso, tan feroz y fascinante que parecía casi divino, como la mirada de un espíritu de la montaña.

El pelaje blanco bajo su boca estaba tan impecablemente cuidado que parecía como si alguien lo hubiera cepillado meticulosamente con un peine fino de doble capa, creando un aspecto elegante y pulido. Mientras caminaba hacia él con un aire de gracia, los suaves músculos de sus extremidades superiores se estiraban sin esfuerzo hacia las patas inferiores, formando un físico perfectamente esculpido. Tenía una constitución poderosa y pesada, naturalmente musculosa, pero sus movimientos eran tan ligeros y sin esfuerzo que no dejaba lugar a dudas: era un depredador por nacimiento.

Caminaba sin perturbar ni una sola mota de polvo, con sus garras ocultas perfectamente guardadas mientras sus almohadillas de felpa, suaves y ligeramente gelatinosas, asomaban entre cada paso.

A pesar de su mirada penetrante y su imponente estructura, Lee Bom no encontró intimidante en absoluto a esta majestuosa bestia.

Porque su cola, en lugar de estar rígida por la tensión, se balanceaba suavemente en el aire, vagando perezosamente como una cálida brisa primaveral, manteniendo la mirada de Lee Bom sin esfuerzo en su hechizo silencioso.



TRADUCCIÓN: CEO
CORRECCIÓN: MR
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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