Capítulo 23. Cheriot y Smoke (7)
Cheriot era rápido para cambiar de humor, tanto como para enfadarse. Aunque el miedo subyacente no había desaparecido por completo, parecía ser de esos que preferían disfrutar el presente antes que atormentarse por adversidades que no podía resolver de inmediato.
—Wolfi, el agua está más fría de lo que pensaba.
Cheriot, que había insistido en querer nadar desde antes de llegar, apenas regresaron a casa, metió los pies en el lago y salió. Yuri lo observó con inquietud, como si estuviera viendo a un niño cerca del agua, pero al no percibir ninguna presencia cercana, decidió dejarlo estar. Al fin y al cabo, no era un niño, sino un adulto de más de veinticinco años. Seguro sabía nadar. Además, siendo un atleta famoso, era lógico asumir que sería bueno en cualquier actividad física.
—Entonces, ¿por qué no te quedas tranquilo en casa?
—Pero el lago está precioso.
Yuri comenzó a sacar los víveres que Cheriot había comprado en exceso. Nunca había hecho una compra tan grande y no sabía por dónde empezar a organizarla. En eso, Cheriot se pegó a su lado.
—Tengo tanta hambre que deberíamos comer primero. ¿Qué quieres?
Yuri respondió con un tono que sugería que la pregunta era obvia.
—Un sándwich.
—¿En serio?
Como Cheriot había dicho, Yuri también tenía hambre, y no había comida más rápida de preparar que un sándwich. Se encogió de hombros y sacó la bolsa de pan. Luego, tomó la lechuga iceberg que Cheriot había insistido en comprar y se dirigió al fregadero.
Cheriot se apoyó en la isla de la cocina, observándolo. Su mirada persistente era un poco incómoda, pero Yuri continuó como de costumbre.
Normalmente no usaba mermelada, ocasionalmente mezclaba mermelada de naranja con mantequilla de maní, pero ahora no veía ninguna. Sacó dos rebanadas de pan, colocó la lechuga lavada encima y tomó un plato al azar del armario para enjuagarlo y colocar el tocino.
Al ver el proceso, Cheriot emitió un gemido de agonía. Cuando Yuri metió el tocino en el microondas y lo cerró, Cheriot gritó como si estuviera siendo atacado y se acercó.
—¿Cómo se te ocurre calentar tocino en el microondas?
Yuri frunció el ceño y al volverse, vio la expresión horrorizada de Cheriot. Qué exagerado.
—Un minuto y veinte segundos es suficiente para cocinarlo bien.
—Eso no es comida.
«Esto es insoportable». Cheriot sacó el plato del microondas y empujó a Yuri fuera de la cocina. Hambriento, Yuri extendió el brazo para recuperar el plato.
—¿Por qué no te ocupas de lo tuyo y dejas que yo prepare mi comida?
—¿Qué significa eso? ¡Si vas a hacer, haz para dos!
—Entonces déjame hacer el sándwich.
—Esto no es un sándwich, es una abominación de pan sin tostar y tocino crudo.
—El pan ya está tostado, ¿qué más quieres tostar…?
Cheriot agarró los hombros de Yuri con ambas manos. Lo detuvo con fuerza, inclinó ligeramente la cabeza para mirarlo a los ojos y advirtió con seriedad:
—Por favor, sal de la cocina por diez minutos. Te lo prepararé yo.
«Vaya, mira esto».
La presión en sus hombros era fuerte, como si Cheriot estuviera usando mucha fuerza, y Yuri no podía liberarse fácilmente. Si lo empujaba con intención, la situación podría volverse tensa, así que tragó un suspiro y negoció.
—Diez minutos.
—Mientras tanto, podrías ducharte. A diferencia de mí, no has tenido oportunidad de lavarte, ¿verdad?
Yuri recordó algo que había olvidado. Era cierto que había pensado en ducharse apenas llegaran. Aunque le resultaba incómodo obedecer a Cheriot, giró hacia el baño. Mientras repasaba mentalmente si había toallas, Cheriot, como si leyera sus pensamientos, dijo:
—Las toallas aquí necesitan lavarse, así que usa las que dejé en el sofá.
Al mirar, vio una gran toalla de playa sobre el sofá. Dudó si era para nadar en el lago, pero su deseo de lavarse era mayor, así que la tomó.
Al entrar al baño, Yuri se quitó la camisa que Cheriot le había prestado. La tela era de buena calidad y le había llamado la atención mientras la usaba. Al quitársela, vio manchas de sangre en el antebrazo izquierdo. No había traspasado la tela, pero las manchas en el forro eran antiestéticas. Verlo le hizo consciente de su herida.
En el espejo, vio una herida alargada verticalmente, siguiendo la trayectoria de la bala. Por cómo había cicatrizado durante la noche, no parecía necesitar puntos, pero sí tratamiento. Sin embargo, al no haber tenido fiebre, probablemente no estaba infectada. Decidió remojar la ropa de Cheriot en agua tibia.
La sangre seca no salía con agua tibia. Frunció el ceño y entró a la ducha. Aunque podía pagar la ropa, le molestaba haberla manchado. Era como si hubiera contaminado una parte de Cheriot.
«Técnicamente, me metí en problemas por culpa de Cheriot…».
Al mojarse de pies a cabeza, la sangre seca de la herida se desprendió y se acumuló en el suelo. Un dolor punzante que había olvidado se extendió desde el brazo. Yuri limpió la herida en silencio y continuó lavándose.
Tras ducharse, enjuagó varias veces la ducha por si quedaban rastros de sangre. Intentó lavar la camisa de Cheriot a mano, pero solo extendió las manchas. Solía usar ropa negra y, cuando usaba camisas blancas, las desechaba sin intentar lavarlas. No sabía cómo limpiarlas bien.
«Mi madre sí sabía».
Miró fijamente la tela y decidió dejar de hacer tonterías. «Es mejor tirarla y comprar una nueva», pensó mientras abría la puerta del baño y se sorprendió al ver a Cheriot parado frente a él. Casi le lanza un puño.
—…¿Qué haces parado ahí?
—Demoraste mucho, pensé que te habías desmayado.
Era una broma, pero la palidez de Cheriot lo hizo dudar. Parecía genuinamente preocupado, lo que desconcertó a Yuri. No entendía por qué Cheriot se preocupaba tanto.
—¿Me demoré mucho? Creí que fueron unos quince minutos.
—Veinte minutos.
Cheriot murmuró con voz baja. Sus ojos verdes lo observaban con preocupación. Era difícil descartarlo como una exageración; su actitud era inusual, como cuando hablaba del oráculo. Yuri movió los labios y habló lentamente.
—Estoy bien.
Cheriot respondió con la mirada, examinando el hombro izquierdo de Yuri. Ante su persistente preocupación, Yuri explicó:
—La herida manchó tu ropa. Intenté limpiarla, pero ya dejó marca. Dime cuánto cuesta y…
—¿Eso importa ahora? La herida es peor de lo que pensaba.
Cheriot lo interrumpió, tomándole la muñeca. A pesar de que Yuri casi lo golpeó antes por hacerlo, parecía un hábito. Yuri iba a decir que era desagradable entre alfas, pero al ver vendas y desinfectante en la mesa, calló. Pensó que solo había ido por inhibidores, pero al parecer también compró eso.
—La sangre seca no me dejó ver bien la herida antes. Si está así, ¿no deberías ir al hospital? Es increíble que no hayas dicho nada con el brazo en ese estado.
—Una herida así llama la atención; el hospital podría llamar a la policía.
Cheriot frunció el ceño.
—¿Crees que eso es lo que me preocupa?
—Entonces, ¿qué…?
Cherro lo guió al sofá con gesto molesto. Sin soltarle la muñeca, lo hizo sentar con cuidado y revisó la herida. Yuri lo observó, sin entender su reacción exagerada a una herida que ya cicatrizaba.
Cheriot, haciendo muecas como si él mismo estuviera herido, tomó el desinfectante y las vendas y se sentó a su lado. Estaban más cerca que en el auto. El peso de Cheriot en el sofá y el calor de su mano en el brazo desnudo de Yuri eran palpables.
De pronto, Yuri recordó que estaba mostrando su torso lleno de cicatrices. Cheriot, al enfocarse solo en la herida, lo había distraído. Aunque a esa distancia las cicatrices eran evidentes, Cheriot solo fruncía el ceño ante la herida.
—Duele, pero aguanta un poco, ¿vale? Seré lo más gentil posible.
—No soy un niño.
—Duele igual, seas adulto o niño.
Cheriot abrió un paquete de hisopos con povidona y limpió alrededor de la herida con cuidado. Aunque parecía odiar las heridas, sus manos eran hábiles. Yuri se preguntó por qué.
«Hace mucho que no siento curiosidad por alguien». Lo observó un momento. No era su intención, pero terminó admirando el rostro de Cheriot.
«Es realmente guapo».
Siempre pensó que los Alfas, por más atractivos, no le interesaban, pero Cheriot era la excepción. Inclinado y concentrado, su belleza era casi irreal. Su frente recta, nariz alta y labios finos pero bien definidos eran perfectos. Su mandíbula angulosa y cuello largo daban un aire masculino clásico, como de fotografía en blanco y negro.
«Pero el blanco y negro no haría justicia a sus ojos y cabello».
Cheriot levantó la mirada. Sus ojos, concentrados en limpiar la herida, se encontraron con los de Yuri, quien retrocedió instintivamente. Avergonzado por haberlo mirado fijamente, desvió la vista, pero Cheriot preguntó con dulzura:
—¿Duele mucho?
Su voz grave y suave le erizó la piel. La actitud cálida de Cheriot, inclinado para examinarlo, lo hizo sentir expuesto.
—No.
—Me alegro. Solo falta vendar.
A pesar de la respuesta seca, Cheriot siguió siendo gentil. Colocó algodón y gasa sobre la herida y vendó con habilidad.
«¿Por qué un civil sabe hacer esto? No es médico».
La pregunta innecesaria surgió de nuevo. No tenía sentido preguntar, pero la curiosidad lo obligó.
—Parece que has hecho esto antes.
—Algo así.
Yuri lo miró sin entender. Cheriot sonrió, más animado ahora que vendaba.
—Los jugadores de hockey se lesionan mucho.
La respuesta parecía evasiva, pero tenía sentido. Los deportistas con lesiones frecuentes sabrían tratar heridas menores.
—…Ya veo.
—¿Nunca viste hockey? Es un juego de golpes.
Yuri se encogió de hombros. Prefería dormir que ver deportes. Cheriot rio bajito, sin esperar otra cosa.
—Por eso no me asustan la sangre ni las heridas. Lo que me asusta son situaciones anormales, no las lesiones en sí.
«Entonces, ¿por qué esperó afuera del baño?». Si las heridas y la sangre no lo asustaban, ¿qué le preocupaba?
Acababa de resolver una duda cuando surgió otra. Mientras Yuri callaba, Cheriot terminó de vendar. Al levantarse para buscar tijeras, Yuri notó un delicioso aroma en la casa. Sin querer, miró hacia la isla de la cocina.
Cheriot, como si lo hubiera notado, sonrió mientras tomaba las tijeras.
—En unos segundos, comeremos.
Yuri, sintiendo que había revelado una debilidad, desvió la mirada. Cheriot, ya recuperado, cortó el vendaje y preguntó, molesto:
—¿Quieres comer el sándwich de verdad que hice?
Yuri lo miró sin expresión. Aunque olía bien, no había razón para comerlo.
—No.
—Vi que lo olfateabas.
—Sí, bien hecho.
Cheriot puso una expresión extraña. Entre satisfecho y confundido, cruzó los brazos y lo miró con arrogancia.
—¿Pero no quieres comerlo?
—Me da igual lo que coma.
—Vaya, eres terco.
Yuri frunció el ceño. «¿Cómo se atreve a hablar así después de un día juntos?».
—Pero los hombres guapos nunca se rinden fácilmente.
Cheriot llevó el sándwich al sofá. Era distinto al de Yuri: pan tostado, lechuga fresca, queso gouda y tocino crujiente. El queso derretido se pegaba al tocino frito en sartén.
Yuri resistió la tentación de tomarlo. No quería parecer ansioso. Cheriot, sentado en un taburete, le alcanzó el plato.
—No me burlaré, come. Estás herido, necesitas alimentarte.
Se inclinó hacia él. Sus ojos verdes, llenos de preocupación, contrastaban con su actitud usual. Por un momento, Cheriot le pareció un extraño.
—Tú come primero.
—¿Crees que lo envenené?
La pregunta sincera de Cheriot lo tranquilizó.
—Esa pregunta la haré yo cuando cocines.
Ante la expresión de Cheriot, Yuri decidió comer primero. Tenía la sensación de que Cheriot no lo dejaría en paz hasta entonces. El sándwich, ya tibio, cabía en una mano.
La mirada de Cheriot lo seguía. Incómodo, Yuri miró hacia la cocina mientras mordía. El pan crujiente y la lechuga fresca le hicieron entender por qué Cheriot insistió en comprarla.
Al verlo masticar en silencio, Cheriot no empezó a comer. Yuri lo miró de reojo y vio sus ojos llenos de expectativa.
—¿Qué tal? ¿Está bueno?
El condimento era perfecto, y la mostaza combinaba bien. Yuri evitó su mirada y observó el atardecer en el lago. La luz dorada se reflejaba en el agua como un naranja maduro.
Tras masticar, Yuri habló.
—Está bueno.
Fue una respuesta simple, pero Cheriot, satisfecho, empezó a comer. Por un momento, sus miradas se cruzaron antes de volverse hacia el lago. Yuri se sentó recto, mientras Cheriot, relajado, apoyó los brazos en sus muslos.
—Tienes prohibido nadar en el lago.
Cheriot habló al terminar la mitad de su sándwich.
—No tenía intención.
Yuri respondió mentalmente, pero Cheriot continuó mirando por la ventana.
—Si me ves nadar, querrás hacerlo.
Era una preocupación innecesaria, pero Yuri sintió que podría ser cierto. Cheriot, libre en el lago, sería tan hermoso como irritante. Quería verlo, pero desechó la idea. La libertad ajena solo aumentaba su sed.
—¿Sabes nadar?
Yuri frunció el ceño ante la pregunta tardía. Casi sonrió y negó con la cabeza.
—No. Así que no te preocupes.
—¿No sabes nadar?
—No.
El único río en Saratov era el Río Rojo, con corrientes peligrosas. Solo los desesperados lo cruzaban. Nadie nadaba allí por diversión.
Los recuerdos amargos emergieron. Los deudores de Igor eran vigilados, y cada movimiento se reportaba. La única escapatoria era cruzar el Río Rojo hacia Canadá. Muchos lo intentaron y murieron.
—Cuando te cures, te enseñaré.
La voz alegre de Cheriot cortó sus pensamientos. Yuri rechazó la oferta mientras terminaba su sándwich.
—No es necesario.
La suposición de un futuro juntos le pareció extraña. Sabía que era una frase vacía, pero le intrigó que Cheriot la dijera.
—Nada refresca más en verano. Ni ventiladores ni aire acondicionado.
Yuri calló. Más allá de no saber nadar, no quería exponer su cuerpo en público. Cheriot era una excepción por no reaccionar a sus cicatrices.
—¿Cuándo podrás? La herida tardará en sanar.
—Sí. Para cuando ya no nos veamos.
—Qué pena pensarlo así.
Cheriot habló sin sentido. Yuri lo miró, confundido, y él se encogió de hombros.
—Lo sé. Yuri Campbell es un tipo malo, y yo no quiero ser tu amigo.
—Entonces, ¿por qué dices eso?
—La despedida siempre es triste.
Miró por la ventana. Su perfil sombrío parecía solitario.
—No volver a verse es como morir.
No estaba equivocado. Pero Yuri había anticipado las despedidas desde niño, al saber la situación de sus padres.
—Todo encuentro deja una huella.
Cheriot giró lentamente la cabeza. Yuri habló sin mirarlo directamente, pero sin evitarlo.
—Aunque no nos volvamos a ver, ese tiempo existió en ti. Existir no es morir. La muerte es desvanecerse.
Su madre había cruzado a un lugar inalcanzable, pero su huella permanecía en él y en su padre. Aunque su rostro se desdibujara en su memoria, los recuerdos los sostenían.
—Nunca lo había pensado así.
Cheriot lo miró fijamente. Yuri comió en silencio. Cenar con un extraño era incómodo, pero el sándwich era bueno y la noche, fresca. Era tolerable.
Quizá incluso un poco agradable.
—Entonces, también dejaré una huella en ti.
Cheriot habló después de un rato. Yuri se levantó con el plato vacío y lo miró. Bañado por la luz del atardecer, Cheriot irradiaba colores que le quedaban bien. Yuri desvió la mirada.
—Algo como yo se borrará pronto.
Y tragó las palabras adicionales: “Borrándome, tu vida será mejor”. No valía la pena decirlo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN