Capítulo 17. Cherry and Smoke (1)
En la autopista había muchos guijarros pequeños. Mientras conducía a 40 millas por hora, Yuri observó las marcas que dejaban las piedras al chocar contra la ventana y desaparecer, entendiendo por fin por qué sus clientes llegaban con diminutas marcas en el parabrisas. Era por viajar tanto.
Al presenciar en persona algo que solo conocía de oídas gracias a su padre, se dio cuenta de que su padre también lo habría sabido por alguien más. Los Kiselev no tenían experiencia en viajes.
Aunque había conducido largas distancias, eso no contaba como un viaje. No tenía el lujo de fijarse en piedras ni paisajes, ya que solía manejar de noche. Quien emprende un trayecto donde la muerte es una posibilidad constante no tiene razón para preocuparse por una ventana.
Al conducir por la autopista 1 bajo el sol del mediodía, Yuri se encontró con paisajes de película. La carretera, tallada en medio de altas montañas, serpenteaba entre picos que se acercaban y alejaban, con cumbres cubiertas de glaciares en lugar de rocas blancas. De vez en cuando, vio ríos de un azul transparente, casi turquesa. Un color de postal.
Justo cuando la autopista 1 terminaba y cambiaba a la 93, Cheriot, que había estado callado un rato, habló:
—Hay un lago realmente hermoso por aquí. Lleva el nombre de una Princesa británica. ¿Lo has visto?
Yuri le echó un vistazo fugaz.
«Por muy bocazas que sea, no puede hablar todo el día», pensó, pero al ver su rostro, notó que acababa de despertar. Tenía la cabeza vuelta hacia la ventana, así que asumió que estaba despierto.
—Sigue durmiendo.
Por supuesto, Yuri nunca había visto esos lugares “hermosos”. El paisaje más bello para él era la sonrisa de su amigo y su padre, seguido por la tranquilidad de Vancouver tras escapar del infierno de Saratov. Los paisajes idílicos no eran una opción en su vida.
—Ah, ¿se notaba que dormía? Lo siento. Sin querer, me quedé dormido.
—¿Por qué te disculpas?
Decidió no alargar la conversación, pero la pregunta se le escapó. No entendía por qué se disculpaba, ni qué sentido tenía hacerlo con alguien como él.
—En viajes largos, el copiloto tiene un papel importante. Mantener despierto al conductor, ofrecerle comida… Es lo básico.
Era la primera vez que lo oía.
«Suena excesivamente empalagoso e inútil», pensó. La regla que conocía era turnarse para conducir y dormir, pero las “normas” de Cheriot le parecían absurdas.
—Es la primera vez que lo oigo.
Cheriot, que captó su comentario burlón, estiró los brazos, bajó la ventana y alzó la voz entre el viento:
—Reglas básicas del copiloto: quien pide ride paga más de la mitad de la gasolina. El acompañante ofrece bebidas y snacks para conveniencia del conductor. Le habla para que no se duerma y a veces canta para animarlo.
Con voz clara y suave, Cheriot recitó las reglas y luego miró a Yuri. Al cruzarse sus miradas, sonrió, arrugando sus ojos verdes.
—Son reglas especiales de la familia Goodnight. En ese sentido, ¿quieres que cante?
Su sonrisa, tan radiante como su apariencia, brillaba bajo la luz del sol mientras su cabello rojizo ondeaba. El viento parecía pintar el aire con colores, y Yuri apartó la vista, frunciendo el ceño. Había mirado demasiado.
—Si es por mi conveniencia, cierra la boca.
—Hace demasiado buen día para eso.
Cheriot rio bajito y empezó a hablar del lago que había mencionado.
—El lago Louise se formó por el deshielo glacial, así que el agua está helada. Una vez me tiré sin preparación y casi me da un infarto. Hay muchos lagos bonitos cerca de Banff, pero ninguno tiene ese tono esmeralda. Aunque esté lleno de gente, vale la pena visitarlo.
Yuri imaginó brevemente lo que describía. El río que había visto ya le parecía hermoso, y hasta eso le resultaba un lujo. Viajar solo para ver paisajes le provocaba culpa. Demasiada gente moría sin ver un día tan soleado. Su madre probablemente fue una de ellas.
—Ahora viene la Icefields Parkway. Si seguimos recto, llegaremos al paraíso del que hablé. El lago Louise es hermoso, pero no se compara. Seguro que a ti también te gustará.
Cuanto más hablaba Cheriot, más entendía Yuri que sus palabras escapaban a su lógica. Sus disculpas, agradecimientos y cada palabra tenían matices demasiado variados, como guijarros pulidos en la arena.
—No sé qué tiene que ver conmigo que me guste o no.
—Compartir paisajes hermosos con otros es agradable, ¿no?
Yuri no conocía ese sentimiento. Como antes, solo sentía niebla al pensar en quienes viajaban lejos por vistas impresionantes.
—¿Qué quieres hacer al llegar? Han sido más de 10 horas de viaje.
Aunque él era quien había conducido toda la noche, Cheriot hizo esa pregunta. Yuri consideró corregirlo, pero prefirió evitar provocarlo.
—Contactaré a Alexéi para confirmar la situación. Por sus mensajes, parece que ya tiene un plan.
Con llamadas y mensajes pendientes, planeaba contactarlo apenas llegaran y tuviera señal. Seguro que Alexéi había averiguado mucho durante la noche.
Pero… ¿cómo explicarle lo de anoche?
Alexéi era alguien que siempre terminaba lo que empezaba. Incluso bajo Igor, su tenacidad asustaba a todos, y como solucionador de problemas, eso le ganaba confianza. Si le decía que dejara el trabajo por su “mala reputación”, lo más probable era que no escuchara.
Así que debía advertirle. A diferencia de él, Alexéi era valioso, alguien que muchos lamentarían si salía lastimado. No quería que asumiera riesgos como antes.
—No, no me refiero a eso.
Cuando Yuri frunció el ceño y lo miró, Cheriot metió la mano en una bolsa de snacks. Sacó una gomita en forma de osito amarillo, la partió por la mitad y se la comió.
—Yo quiero nadar en el lago, luego tumbarme al sol con una cerveza. Si me duermo, mejor.
Cheriot lo hizo pensar en cosas innecesarias. Para Yuri, comer, dormir y moverse eran actos funcionales, sin espacio para reflexiones banales.
…Aunque sí quería bañarse. Llevaba más de un día sin hacerlo y un baño lo haría sentir mejor.
Eso era todo.
—Haz lo que quieras, pero no te alejes. Aunque haya poca gente, nunca se sabe.
—Entendido, señor Wulfi.
Yuri arqueó una ceja al oír el apodo.
—No me llames así.
—¿No quedamos en eso? Yo soy Cherry, tú Wulfi.
—Puedes llamarme Campbell.
—¡Si “Cherry” es un apodo, entonces yo también uso uno!
Al ver el ceño fruncido de Yuri, Cheriot sacó otro osito y lo acercó a sus labios. Su mano rozó su mejilla.
—Toma, señor Wulfi, para que te calmes.
Yuri rechazó el gesto, volviendo la cabeza con firmeza.
—Quita eso.
—Bueno, bueno. La próxima traeré algo que le guste al lobo.
Cheriot se comió el osito. El aroma artificial a fruta llenó el aire. Aunque el ofrecimiento fue inesperado, comprar snacks no había sido mala idea. Cheriot ya se había comido dos chocolates en el camino.
Pensó que el silencio duraría, pero Cheriot habló de nuevo.
—¡Ah, casi lo olvido!
—Dime.
—Hay que comprar provisiones. Es un pueblo pequeño, sin licorerías ni supermercados. Hay que comprar antes.
—¿Pensando en beber en esta situación? Qué vida más fácil.
—No puedo pasarlo todo asustado, ahora que estamos en un lugar tan bonito. Ah, y también hay que ir a la farmacia.
—¿Farmacia?
Por un momento, pensó si sería por sus heridas, pero Cheriot lo negó.
—Lo mencioné de pasada, pero pronto estaré en celo. A menos que quieras un trío, conseguir pareja será difícil, así que necesito inhibidores.
Yuri calló ante la palabra “trío”. Era extraño escuchar lenguaje vulgar de alguien con apariencia refinada. Pero no era realmente vulgar. Había conocido gente verdaderamente grosera, y Cheriot sonaba más como un chico inmaduro.
En celo…
Sí, eso sería un problema.
La idea lo incomodó. Ningún Alfa quería lidiar con otro en celo. En la organización, era una regla no escrita esconderse durante ese período. Igor y su hijo Ivan odiaban el olor, y a veces usaban eso como excusa para desquitarse.
Para Yuri, el celo era una vergüenza secreta, algo que manejar en privado. Nada que anunciar como Cheriot.
—Iremos a la farmacia primero.
Imaginar el cambio en las feromonas de Cheriot lo perturbó. El rechazo fue lo más fuerte, pero también recordó su cuerpo al cambiarse en el hotel. Quizás por eso.
Pasó por su mente el pensamiento innecesario de que sería difícil para su pareja.
Era grande, más de lo que había visto, y la pesadez que rozó contra él sugería una presión intimidante. Yuri había estado con muchos Omegas y sabía que tamaño no equivalía a placer. Aunque algunos decían que con preparación no había problema… él odiaba los preliminares.
Eran como azúcar. Engañaban a los sentidos, creando la ilusión de deseo mutuo. Dos personas juntas solo por necesidad, fingiendo intimidad, eran una mentira.
Y Cheriot parecía del tipo que derretiría a su pareja innecesariamente. ¿Hablaría mucho también? Nada peor que despertarse con eso.
Yuri se dio cuenta demasiado tarde de lo lejos que había llegado su imaginación. Se sorprendió de lo detallado que había sido y frunció el ceño. Cheriot notó.
—¿Todo bien?
Apretó el volante. La vergüenza de que descubrieran sus pensamientos lo hizo arder bajo el sol.
—¿A qué te refieres?
—Frunciste el ceño. Sin gafas de sol, bajo esta luz… Desde hace rato te observo. Hay que comprarte unas. Podrías dañarte la vista.
La respuesta lo tomó por sorpresa.
«Se preocupa por cualquier cosa», pensó, mientras la culpa por sus imaginaciones lo invadía. ¿Estaría perdiendo la cabeza?
—No las necesito.
—Claro que sí. Son indispensables. Duele mucho si no las usas.
Yuri pensó en cómo callarlo. Como no podía amenazarlo, optó por otro método.
—¿Siempre hablas tanto? Un Alfa tan parlanchín no es atractivo. No sé cómo has conseguido pareja.
Era una indirecta, no un insulto. Cheriot lo soportaría.
—Espera.
¿Funcionó? Cheriot se inclinó hacia él.
—¿Eso suena a que si me callo, soy atractivo?
No había funcionado.
—No. Solo significa que te calles.
—¿Hablo mucho? Bueno, no es poco. Pero tengo imagen pública, no soy así con cualquiera. No te preocupes. Cuando quiero seducir, no es difícil.
No parecía dispuesto a callarse. Yuri tragó un suspiro y refutó.
—Por cómo actuaste al verme, no parece.
—Hasta los más expertos cometen errores infantiles con alguien que les gusta.
Cheriot se recostó, sonriendo levemente mientras miraba afuera.
—Nunca creí en el amor a primera vista, pero contigo fue diferente.
El murmuro lo dejó tieso.
«¿En serio este tipo está loco?», pensó. Ayer lo tomó como broma, hoy no lo entendía.
—Por eso me alegro de que no seas quien pensé. Si no, seguiría intentando seducirte.
Afortunadamente, Cheriot cambió de tema. Se calló, y el auto se llenó del silencio que Yuri quería.
En esa quietud, Yuri pensó que era mejor no ser “bueno”. Estaba acostumbrado a que lo ignoraran o pisotearan, y eso le resultaba cómodo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN