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Capítulo 49

Así, Jack estaba bailando cuando de pronto descubrió a alguien sosteniendo cartas, a unas mesas de distancia.

«Si llegar aquí tan pronto después de haber sido amenazado por la señorita cuenta como talento, pues vaya que lo tiene».

La persona que Jack vió era precisamente Erben, el hermano mayor de Isaac y el primogénito de la casa del conde Esteban. Viendo cómo ya estaba en la sala de apuestas con el ceño fruncido, a tan solo días de que Calliope sacudiera la mansión, Jack pensó que era evidente que este hombre no cambiaría.

Jack tosió suavemente, se bajó de la mesa y se sentó tranquilamente en una silla.

—¿Oye, te vas a detener aquí?

—No, claro que no. ¡Apuesto todo lo que acabo de ganar!

—¡Así es como debe ser!

Jack, entusiasmado aunque él creía que sólo lo fingía, siguió apostando dinero y ganó sin dificultad tres veces seguidas.

Los otros hombres, junto a él, reían mientras comentaban sobre su “talento” para el juego, pero intercambiaban miradas indiscretas; ya que le habían dejado ganar lo suficiente, ahora no sería problema que empezara a perder. Afortunadamente, Jack se percató de sus miradas sin dificultad y chasqueó la lengua con frustración.

—Ah, ese juego también parece interesante.

—¿Eh? Pero, ya que estás ganando aquí, ¿por qué no te quedas un poco más?

—No, siempre me ha gustado más el juego de cartas que el de canicas.

Rápidamente, Jack tomó su abrigo y se movió a una mesa cercana. Sí, a la mesa donde estaba Erben. El área de las mesas de cartas estaba especialmente impregnada de humo de tabaco. Erben también estaba fumando algo, aunque no parecía ser un simple cigarro; el olor era más fuerte.

Jack se esforzó por no fruncir el rostro mientras observaba la situación desde detrás de las sillas de los jugadores. En cada puesto se acumulaban papeles del tamaño de una palma, que parecían similares a los que Jack tenía en lugar de fichas. La razón para usar papel en lugar de fichas era evidente: como el lugar era ilegal, podían quemar los papeles fácilmente si necesitaban deshacerse de las pruebas.

En esta sala, al entregar efectivo, te daban un papel equivalente al valor entregado. A los clientes frecuentes incluso les prestaban dinero, y parecía que el monto estaba anotado, lo que le daba gran importancia.

Sin importar si alguien los observaba o no, los jugadores en la mesa continuaron con la partida. Tras varias manos, los resultados se mostraron.

—Maldición.

¡BANG!

La mesa retumbó con fuerza. Era la voz de Erben. Parecía que había perdido, pues lanzó un montón de papeles al otro jugador, que, sin importar si le arojaban los papeles o no, sólo se concentraba en amontonar su botín con una sonrisa burlona.

«La señorita claramente le ordenó devolver todo el dinero a su lugar, así que ¿de dónde ha sacado este dinero?» 

Jack, genuinamente curioso, jugueteó con su falso bigote.

Erben, después de perder el dinero, se levantó de golpe. Jack pensó que se iría enseguida, pero, en lugar de eso, Erben guardó el resto de los papeles en su bolsillo y empezó a buscar asiento en otra mesa. Jack chasqueó la lengua y, con disimulo, se acercó y chocó hombros con él, deslizando su mano rápidamente por el bolsillo de Erben.

—Ah, lo siento —Jack bajó el tono de su voz y trató de hacerse a un lado mientras bajaba su sombrero, pero Erben lo detuvo de inmediato sujetándolo del brazo.

—Oye, tú.

—¡Oh, vaya!

Parecía recordar al sirviente que solía acompañar a Calliope. ¿Acaso lo habían atrapado por haberle robado algo de su bolsillo? Mientras sus miradas se cruzaban, Jack dudó por un momento, pero luego sonrió ampliamente, tratando de parecer amigable. Sin embargo, el rostro de Erben se ensombreció en respuesta.

Erben apretó su brazo, abriendo la boca como si fuera a gritar. Pero antes de que pudiera hacerlo, desde la entrada se escuchó un grito:

—¡Atrápenlos a todos!

Era la guardia de seguridad de la capital. Al ver el broche dorado en sus uniformes, Erben supo que pertenecían a la guardia financiada por la familia Gladiert. Su rostro palideció y escapó en dirección opuesta a la entrada sin darle a Jack la oportunidad de atraparlo.

—¡No, yo no! ¡Digo que yo no soy uno de ellos!

Jack corrió esquivando a la guardia que intentaba atraparlo y se dirigió en la misma dirección en la que había huido Erben. Siempre había una salida trasera en este tipo de lugares ilegales. Después de tanto tiempo frecuentando este lugar, Erben debería conocer su ubicación.

Como era de esperarse, Jack vio a Erben corriendo hacia la cortina que cubría el pasadizo y desaparecer por allí. Jack, para no perderlo, empujó con fuerza contra el suelo y salió disparado hacia él.

Erben, al llegar a un pasadizo conocido sólo por unos pocos, respiró profundamente y se giró. ¡Qué desafortunado! No era una simple guardia, sino la de la familia Gladiert la que había aparecido.

En la capital había dos tipos de guardias: una administrada por el palacio real y otra por los grandes nobles. Específicamente, el área estaba bajo el control de la familia Gladiert, cuya influencia había sido tan fuerte y duradera que recuperarla resultaba casi imposible.

«La cuestión es por qué la guardia de la Zona Este vino hasta aquí, en el norte».

Erben corrió rápidamente para salir del pasadizo. Aún podía regresar a la mansión y pensar en todo esto con calma. Causar problemas en este último lugar de apuestas sería inaceptable.

Había dejado de frecuentar el lugar por un tiempo, tras descubrir que Calliope sabía su secreto. Pero, como era de esperarse, la necesidad de apostar le ganaba, así que decidió ir sólo una vez más, con la intención de dejarlo después.

Erben creía que mientras no tocará el dinero de Isaac, Calliope Anastas, esa chica insolente, no se daría cuenta. Así que hoy trajo un poco del fondo operativo de su familia. Si faltaba dinero, podría pedir un préstamo allí mismo. Pero ¿qué hacía el sirviente de esa mujer aquí?

A medida que seguía corriendo, su cabeza se sentía mareada por todo el humo en el salón. Aunque la sustancia no era extremadamente adictiva, el efecto de fumar en un espacio cerrado le había dejado algo aturdido. Al final del pasadizo, finalmente vio la luz; estaba a punto de salir. Primero debería regresar a la mansión…

Pero, al final del pasadizo, encontró a alguien inesperado.

—¿Entonces… realmente están aquí?

—Ya te lo dije.

En la salida, donde Erben creía poder escapar, varias personas ya estaban arrodilladas y sometidas por la guardia. Frente a ellos estaban dos personas que Erben conocía muy bien.

—¿Cómo sabes de esto?

—Porque puedo ver el futuro. Es una broma. Todo es resultado de una investigación exhaustiva y recolección de datos.

—Siempre lo pienso, realmente deseo tener ese talento.

—Oh, ¿acaso deseas apropiarte de mis recursos?

—¿Qué conversación podría tener contigo?

—Justo la que estás teniendo.

La expresión de Otis Gladiert, que parecía estar cansado, lo decía todo. 

El heredero de esa familia noble, quien, a pesar de ser mucho más joven que él, era evaluado con gran estima entre los nobles, estaba allí, junto con Calliope Anastas, frente a él. Al ver la expresión de Calliope, Erben comprendió que las cosas iban de mal en peor.

—Debiste haberme hecho caso cuando te advertí la primera vez —la delicada Calliope giró su sombrilla con gracia, tan encantadora como cualquier dama noble, aunque estaba en la salida de un lugar ilegal de apuestas.

—Joven maestro Gladiert, ¿qué crees que harán con los nobles atrapados aquí?

—Bueno, desafortunadamente, por ser nobles, probablemente no recibirán un gran castigo. Pero no hay forma de evitar que sus familias sean informadas.

—¡Espera un momento…! —Erben exclamó, pero la guardia lo sujetó y lo llevó hasta el carruaje. Los demás capturados también fueron separados en carruajes, nobles y plebeyos por igual. Seguramente, aquellos que fueron apresados serían llevados a la guardia para ser interrogados y luego serían encarcelados o enviados a sus familias.

Calliope observó la escena mientras daba unos pasos ligeros, como si estuviera danzando. Otis, a su lado, miraba sus pies con una expresión de sorpresa.

—Aun así, ¿no estás yendo demasiado lejos? Al fin y al cabo, es el hermano de tu prometido.

—Oh, y después de aceptarlo con tanto entusiasmo, ¿ahora te arrepientes?

—No, no es eso. No tengo nada que perder. Además, el Marqués Anastas se ha unido a la facción pro-real, y esa facción es bastante arrogante estos días. Tener en nuestras manos una debilidad del primogénito de la casa Esteban, que es un pilar de esa facción, no me viene nada mal.

—Entonces, supongo que entre los nombres de los capturados hoy, excluirás discretamente el del primogénito del Conde, ¿verdad? Para dejar margen de negociación.

—Por supuesto. Lo sabes todo, como siempre.

—Es una de mis virtudes —Otis lanzó una mirada aguda hacia Calliope antes de soltar otro suspiro, esta vez más profundo—. Y tú, ¿qué pretendes con esto?

—Simplemente darle un poco más de apoyo a mi prometido, eso es todo.

Otis guardó silencio por un momento, recordando la forma en que Calliope miraba a Isaac Esteban. Era un enigma. Según lo que sabía, este compromiso entre ellos era una simple transacción política; no tenían ninguna relación previa. Sin embargo, la intensidad del afecto que Calliope parecía mostrar hacia Isaac era desconcertante.

—Realmente… no logro comprenderte.

—Ese es mi encanto. Ahora, si me disculpan…

Antes de que Calliope pudiera terminar su frase, alguien salió corriendo del casino jadeando. Los guardias, naturalmente, asumieron que era otro de los jugadores y lo agarraron de inmediato.

—¡Señorita! ¡Soy yo! ¡Soy yo!  —gritó Jack mientras se resistía. 

Aunque varios guardias intentaron derribarlo, Jack permaneció firme, resistiendo con sorprendente fuerza. Calliope abrió mucho los ojos al verlo, pero luego soltó una risa divertida.

—Vaya, qué hombre tan lleno de recursos.

En lugar de aclarar el malentendido, Calliope lo miró de arriba abajo con una sonrisa juguetona antes de preguntarle,

—Jack, ¿qué es eso que tienes en la oreja?

—Ah, esto —respondió Jack, recuperando la compostura mientras señalaba el objeto—. Es como una ficha de casino, aunque ahora no es más que un pedazo de papel sin valor.

Y con eso, Calliope volvió a reír, encantada por las ocurrencias de su sirviente, mientras el caos continuaba a su alrededor.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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