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Capítulo 3

«¿Qué me dirá esta vez?»

¿Le iba a decir que tenía que salir esta noche? No parecía ser el caso. Si fuera ese tipo de conversación, simplemente se lo habría notificado.

Últimamente, no lo había llamado a esas reuniones bajo la excusa de salir a beber. Al recordar la sofocante atmósfera de esos lugares, se le erizó la piel. Miradas inquietantes y escalofriantes le recorrían de arriba a abajo, y aunque fuera evidente para cualquiera que le sonreían con malicia, él tenía que devolverles la sonrisa.

Por supuesto, aún no había sucedido nada como un acoso… pero aun así lo odiaba. Mientras caminaba, Yeon-woo cerró los ojos con fuerza. Contuvo las náuseas que subían por sí solas.

«Está bien, todo estará bien.»

A través de la gran ventana, la alta pared del recinto se hizo visible. Hubo un tiempo en que solía imaginarse que escapaba saltando por encima de esa pared. Sin embargo, siempre terminaba siendo solo una fantasía.

Nunca había intentado escapar desde que había comenzado a vivir en esa mansión. Tal vez porque temía lo que sucedería después, pero la realidad de no tener a dónde ir era lo que detenía a Yeon-woo. Ni siquiera soñaba con recibir el dinero que los hijos biológicos del congresista obtenían con facilidad. Pero, sin una cuenta bancaria, una tarjeta o un teléfono móvil, la posibilidad de una huida exitosa era muy baja. Si alguna vez tenía que escapar, quería hacerlo cuando hubiera al menos una mínima posibilidad de éxito.

Desde el principio, el congresista Cha no la dejaría escapar, pero uno nunca sabía. Tal vez le había implantado un rastreador en alguna parte de su cuerpo… Siempre decían en voz alta que debían venderlo, así que era posible que hubieran tomado alguna medida de seguridad. Yeon-woo apartó la mirada de la ventana a propósito. Si seguía mirando, sentía que se le llenarían los ojos de lágrimas al enfrentarse a una realidad de la que no podía escapar.

«Aun así.»

Viviendo así…

«¿Debería intentarlo al menos una vez?»

Yeon-woo volvió a detenerse. La pared, que siempre había parecido tan alta, ahora parecía tentarlo. Extendió la mano hacia la ventana con la mirada perdida, pero luego la volvió a traer hacia su pecho. Con las manos entrelazadas, respiró lentamente.

«No, no.»

Había muchas probabilidades de que lo atraparan antes de siquiera cruzar la pared. Si lo atrapaban, lo golpearían y encerrarían en su habitación.

«Pero, de todas formas, si me van a vender… ¿No sería mejor intentar algo, al menos?»

Mientras Yeon-woo se quedaba inmóvil en el pasillo, absorto, un empleado que había venido a buscarlo lo agarró bruscamente del brazo y tiró de él. Frunciendo el ceño, le hizo un gesto como si preguntara qué estaba haciendo.

─¿No vas a entrar?

─… Sí, voy.

Con esfuerzo, movió los pies que parecían no querer avanzar, y antes de darse cuenta, ya había llegado frente a la puerta. Al golpear la pesada puerta, se escuchó la voz del congresista Cha desde el interior.

─Entra.

La mano que sostenía la manija de la puerta temblaba ligeramente. Yeon-woo respiró profundamente. No podía permitirse mostrarse tan alterado frente al congresista Cha.

Él estaba sentado en un mullido sofá, revisando documentos, sin siquiera mirarlo. Solo pasaba las hojas de forma mecánica. Yeon-woo ya estaba acostumbrado a ese tipo de indiferencia. Cuando sus piernas empezaban a dolerle de estar de pie, el congresista Cha lo miró de arriba a abajo. Era una mirada que evaluaba cuánto valía. Aunque ya estaba familiarizado con esa evaluación, no podía evitar sentir una oleada de repugnancia.

─Cha Yeon-woo.

─… Sí.

─¿Qué edad tienes este año?

─Veintiún años.

─Cierto, ya eres adulto. Entonces, ¿no crees que es hora de que me pagues el favor?

El congresista Cha soltó las palabras con descaro. ¿Acaso no se daba cuenta de que estaba diciendo algo absurdo? Probablemente no. Para él, Yeon-woo no era una persona lo suficientemente valiosa. Yeon-woo no dijo nada. Negar no serviría de nada porque no lo escucharían, y tampoco quería afirmar algo así. Bajó la mirada y contempló sus propios pies en silencio.

─¿Tienes idea de cuánto dinero he gastado criándote todo este tiempo?

─… Sí, lo sé.

No lo sabía. Aun así, Yeon-woo pensaba que no había costado tanto dinero. Quizás, para mantener las apariencias ante los demás, usaba ropa cara y comía alimentos caros cuando salía, pero dentro de la casa no era así. El congresista Cha era del tipo que escatimaba hasta el último grano de arroz que entraba en su boca. Los pantalones que Yeon-woo llevaba ahora eran tan cortos que le dejaban los tobillos al descubierto, y su camiseta estaba tan gastada que parecía deshacerse.

El congresista Cha esbozó una sonrisa grasienta mientras apoyaba la barbilla en la mano. Cuando sus ojos, llenos de avaricia, se encontraron con los de Yeon-woo, una ola de repugnancia lo invadió de nuevo. Mordió el interior de su boca para contener las náuseas. «Tranquilo, ya estás acostumbrado a esto. Tienes que aguantar, Cha Yeon-woo», se susurró a sí mismo mentalmente.

─Así que, debes devolverme el favor por haberte cuidado bien, ¿no?

Estrictamente hablando, no lo había “cuidado bien”. Más bien lo había descuidado. En los días en que estaba de mal humor, siempre levantaba la mano y lo pateaba. Era una descarga de ira sin fin ni razón.

Tampoco había intervenido nunca para detener los abusos verbales o físicos que sus hijos biológicos ejercían sobre Yeon-woo. Incluso cuando lo veía siendo golpeado por ellos, el congresista Cha solo decía: {–No le golpeen la cara, deja marcas.}, y luego se iba como si no hubiera pasado nada. Pero Yeon-woo no se molestó en decirle todo eso; simplemente asintió con fuerza.

Yeon-woo creía entender por qué el congresista Cha estaba diciendo estas cosas. Parecía claro que finalmente había encontrado a alguien que la compraría, probablemente algún “maldito pervertido degenerado”.

─¿No vas a responder?

─Sí, es cierto.

─Así me gusta.

El congresista Cha, que ya se había puesto de pie, levantó la mano y le dio unas palmaditas en la mejilla.

─Cuando te encuentres con ese tipo, no, con esa persona, compórtate sumiso. Inclina la cabeza y sonríe. No importa lo que te diga, solo responde “sí”. ¿Entendido?

─Sí.

El congresista Cha sacó un pequeño trozo de papel de su bolsillo y, con un gesto ostentoso, lo arrojó al suelo. Luego hizo un movimiento con la barbilla, indicándole que lo recogiera. Podría habérselo entregado en la mano, pero no lo hizo. Aunque en su interior refunfuñaba, Yeon-woo se agachó y recogió el papel.

[Hotel OO, piso 21, lounge. 8 p.m.]

La ubicación y la hora estaban escritas. No solo el lugar, un hotel, ya era revelador, sino que la hora tardía también dejaba claro lo que significaba. Yeon-woo sintió la boca completamente seca. Lo que antes solo había imaginado, ahora se acercaba rápidamente a la realidad. La mano que sostenía la nota temblaba visiblemente.

─Ve allí esta noche.

El congresista Cha sonreía ampliamente, como si estuviera satisfecho de finalmente deshacerse de un problema vendiéndolo. «¿Cuánto habrá conseguido por mí?» Tenía curiosidad, pero sabía que no era algo que él le contaría, y si osaba preguntar, probablemente recibiría una bofetada. Aunque, ahora que iba a ser vendido, tal vez evitaría tocarle la cara. No podía imaginar fácilmente que él levantara la mano para golpearlo, solo para luego bajarla sin hacer nada.

─He reservado una habitación. ¿Entiendes lo que eso significa?

─… Sí.

Sabía muy bien lo que quería decir con eso. Probablemente esperaba que vendiera su cuerpo. O mejor dicho… Yeon-woo parpadeó. Técnicamente, ya había sido vendido al “maldito pervertido degenerado”, así que en realidad no era como vender su cuerpo, solo… Mejor no pensarlo más. Se obligó a apartar esos pensamientos sombríos. No tenía otra opción más que aceptar su destino y adaptarse.

Después de todo, había estado preparándose todo este tiempo para el día en que sería vendido al “maldito pervertido degenerado”. Estaba bien. Sabía que, fuera donde fuera, sería mejor que la casa del congresista Cha.

─Cha Yeon-woo. Debes hacerlo bien, ¿entiendes lo que te estoy diciendo?

─… Sí.

─Como le gustan los hombres, tu carita bonita te será útil. Tienes un aspecto… del tipo que enloquece a los hombres.

Después de decir eso, el congresista Cha esbozó una sonrisa. Le dio unas palmaditas en el hombro de Yeon-woo, con algo más de fuerza de la necesaria.

─¿Entiendes lo que te estoy diciendo?

─…

─Si llego a escuchar algo que no me guste porque has molestado a esa persona…

El rostro del congresista Cha se endureció de inmediato. Luego, se inclinó y le susurró al oído, en un tono bajo y amenazante.

─Podría venderte a China, o podría venderte a Estados Unidos. ¿A dónde te gustaría ir, Yeon-woo?

Sus gruesos dedos, como salchichas, le pincharon el estómago. Aunque la presión era ligera, se sintió como si lo hubiera golpeado con el puño. El cuerpo de Yeon-woo tembló involuntariamente.

─¿Debería sacar ya tu riñón y tu hígado? Al fin y al cabo, eres de mi sangre, y quizás los necesite más adelante. Tal vez también extraiga tu sangre de una vez. ¿Qué te parece?

─Lo haré bien.

Yeonwoo respondió rápidamente. Sabía que no estaba bromeando. El congresista Cha era perfectamente capaz de hacer algo así.

─Por supuesto que debes hacerlo bien, Yeon-woo. ¿Eh? No es que lo “vayas” a hacer bien, “debes” hacerlo bien. Te he criado, alimentado y dado un lugar donde dormir, así que tienes que devolverme el favor. ¿No es así?

─Es cierto.

─Te saqué del orfanato y te crié como el más joven en una familia rica, ¿verdad? ¿Te das cuenta de lo grande que es ese favor? Es un favor que no podrías pagar ni trabajando toda tu vida.

─Sí. Le agradezco.

Hubiera sido mejor crecer en el orfanato. Al menos allí no lo golpeaban ni lo dejaban sin comer. Y, por supuesto, no vendían a las personas.

─No lleves ropa interior. Quiero que parezcas vulgar.

Yeon-woo asintió con esfuerzo. Como si el congresista Cha hubiera olvidado por completo los insultos que acababa de decir, agitó la mano, indicándole que se fuera.

Tan pronto como salió de la habitación, sus piernas se debilitaron y se dejó caer sobre el suelo de mármol. Yeon-woo respiró hondo. Su cuerpo temblaba ligeramente, y su rostro, lleno de desolación, podría haber despertado la compasión de cualquiera. Pero para los que trabajaban allí, era una escena habitual. Nadie le ofreció ayuda mientras pasaban de largo.

En cambio, los que pasaban mostraban abiertamente expresiones de disgusto, como si Yeon-woo estuviera estorbando. Algunos incluso lo golpeaban deliberadamente al pasar. Para alguien que no conociera la situación, podría parecer una escena injusta y dolorosa, pero Yeon-woo ya estaba acostumbrado. De hecho, si alguien se hubiera acercado para preguntar si estaba bien, se habría sobresaltado, sospechando que esa persona tenía algún motivo oculto.

«Estoy bien.»

No lo estaba. Pero tenía que pensar de manera positiva. Lo que ya había sucedido no era algo que pudiera cambiar. En ese momento, lo único que podía hacer era desear que el hombre que lo iba a comprar no fuera el peor.

Y, tal como había ordenado el congresista Cha, tenía que agradar al “maldito pervertido degenerado”. Por mucho que Yeon-woo intentara prepararse mentalmente, si él no lo encontraba de su agrado, todo sería en vano.



TRADUCCION: XIAO
CORRECCIÓN: M.R. 
RAW HUNTER: M.R.


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