Capítulo 180
Finalmente, sacó a relucir la pregunta que había estado rondando en su cabeza todo este tiempo. Por más que lo pensaba, no podía entenderlo. ¿Qué clase de truco habían usado esos tipos? Incapaz de contener su ansiedad, Dane continuó preguntando.
—¿Por qué Grayson se dejó secuestrar tan obedientemente? No lo entiendo. Si él hubiera querido, en ese momento podría haber… Matado a todos esos bastardos ahí mismo.
Dane apenas logró tragarse esas últimas palabras. Después de separarse de Grayson Miller ese día, de repente recordó esa pregunta. Pequeña al principio, fue creciendo hasta convertirse en un misterio irresoluble, molestándolo constantemente como una espina clavada bajo la uña que no podía sacar.
«¿Por qué? ¿Para qué?»
Ya no podía preguntarle a Grayson. La única persona que podía darle una respuesta ahora era el hombre frente a él. Al ver la expresión cada vez más desesperada de Dane, Ezra pareció algo sorprendido, pero pronto bajó la cabeza, desanimado.
—Fue por mí.
—¿Qué?
Ante la respuesta inesperada, Dane frunció el ceño y no pudo evitar repetir la pregunta. Pero Ezra, con la voz aún apagada, tal vez temblorosa por la culpa, respondió:
—Fue por mí. Yo le supliqué… que por favor se dejara llevar sin resistirse. Que si no, a mí y a toda mi familia nos matarían.
Dane parpadeó, atónito. Había venido pensando que resolvería sus dudas, pero ahora tenía una aún mayor.
«¿Era una broma? ¿Solo por esas palabras, ese tipo se dejó llevar en silencio y hasta torturar? ¿Por Ezra y su familia?»
—…¿Eso es todo?
Ante la incredulidad persistente de Dane, Ezra asintió.
—Eso es todo.
Dane no dijo nada, solo miró fijamente a Ezra. Quizás incómodo por el silencio o pensando que necesitaba explicar más, Ezra volvió a hablar:
—Al principio, pareció encontrar ridícula la situación. Pero cuando le dije que realmente necesitaba el dinero, que no tenía opción, que lo sentía… me puse a llorar y a suplicarle, y tal vez por eso…
Ezra soltó un profundo suspiro. Su rostro mostraba arrepentimiento y angustia, pero Dane seguía callado. Las palabras de Ezra seguían dando vueltas en su cabeza. Como si estuviera reviviendo ese día, Dane abrió la boca, pero volvió a cerrarla sin decir nada.
Tras unos segundos más de silencio, entre sus labios entreabiertos escapó un lento pero profundo suspiro.
—Ese maldito…
Con una mano en la frente, la expresión de Dane era de profunda agonía. Ezra pensó que había entendido algo, pero Dane no lo explicó y solo dijo:
—Entiendo. Gracias por decírmelo.
—Sí…
En realidad, Ezra se sintió más avergonzado que agradecido. No era gran cosa, pensó, bajando la mirada con amargura. Luego, con cautela, preguntó:
—Oye, eh… ¿cómo está Miller? Quería disculparme, pero no he podido verlo…
—No sé. Hace mucho que no lo veo.
Ante la voz impersonal de Dane, Ezra no pudo más que asentir. Justo entonces, el guardia que esperaba atrás señaló que el tiempo de visita estaba por terminar. Ezra miró hacia atrás y luego se despidió de Dane.
—Fue bueno verte después de tanto tiempo. Gracias por venir.
—Sí… cuídate.
Dane respondió con la habitual fórmula de cortesía. Estaba a punto de colgar el auricular cuando, de pronto, se detuvo. Sorprendido, Ezra también dejó de colgar, y Dane acercó de nuevo el auricular a su rostro.
—Tengo una duda más.
—Claro. ¿Qué es?
Aunque el tiempo casi se acababa, Ezra no pareció importarle. Finalmente, Dane formuló la pregunta que había olvidado:
—¿Por qué no vendiste ese collar? Dijiste que estabas desesperado.
Ezra parpadeó, confundido.
—¿Collar…? ¿Cuál?
Al ver que no entendía, Dane explicó:
—El collar que colgaba del osito de peluche. Me dijeron que valía 400 mil dólares.
Ezra pareció hurgar en su memoria un momento, pero pronto palideció, como si hubiera recibido un impacto. Con la boca abierta, sin poder emitir sonido, tras varios intentos, preguntó con voz quebrada:
—¿C-cuatrocientos mil?
—Sí. ¿No lo sabías?
Al escuchar la pregunta de Dane, Ezra murmuró como si estuviera en trance:
—¿Entonces… no era falso?
La reacción de Ezra, que claramente no tenía idea de su valor, hizo que Dane desconfiara aún más.
—¿Cómo conseguiste ese collar?
Su tono frío hizo que Ezra, como si despertara de golpe, se estremeciera antes de inclinar la cabeza, derrotado.
—Miller… —murmuró con voz ahogada —Miller me lo dio… como regalo de cumpleaños para mi hija.
Dane no se sorprendió. Tal vez, en el fondo, ya lo había sospechado. Ezra, ahora sollozando, continuó:
—Incluso me dijo que investigara sobre el collar, pero yo…
Los sollozos pronto se convirtieron en llanto. Un guardia, al ver que el tiempo de visita había terminado, lo tomó del brazo. Mientras era llevado fuera, Ezra, al acercarse a la puerta, de repente se soltó y comenzó a golpear la cabeza contra la pared. Los guardias intentaron detenerlo, pero él seguía llorando y estrellándose una y otra vez. Al ver las manchas de sangre extendiéndose por la pared, Dane guardó silencio, dio media vuelta y salió de la sala.
Afuera, el mundo seguía brillante, el cielo despejado y azul. Con el ceño fruncido, Dane miró hacia el horizonte sin nubes y dejó escapar un suspiro.
—Idiota.
No estaba seguro a quién iba dirigido el insulto. ¿A Ezra, que siempre había tomado las decisiones equivocadas? ¿O tal vez…?
Con un suspiro profundo, casi un lamento, murmuró en voz baja:
—En esa situación, deberías haber golpeado a Ezra primero.
Era lo obvio. ¿Dejarse llevar sin rechistar por una amenaza absurda? Hubiera sido mejor golpear a Ezra hasta que recapacitara y buscar juntos una solución. Pero Grayson había elegido lo más inesperado, y la razón era clara.
«Pensé que tú habrías hecho lo mismo.»
—Maldito seas, no me conoces en absoluto.
Dane descargó su frustración pateando el neumático de su auto. Después de aquel día en Disneyland, Grayson no había vuelto a contactarlo. Ni una sola vez. No tenía idea de cómo estaba, a pesar de que las estaciones ya habían cambiado.
{—Gracias por todo. No lo olvidaré.}
Esas fueron sus últimas palabras. Con el rostro hinchado por el llanto, había sonreído. Como una flor que se marchita lentamente.
{—Adiós.}
El recuerdo de aquel momento seguía fresco en su mente, como si hubiera sido ayer. Molesto, Dane se pasó una mano por el cabello despeinado y murmuró:
—Fui yo quien dijo que termináramos. Adiós, ¿qué clase de palabra es esa? ¿Cuándo acordamos volver a vernos…?
Pero por más que se quejara, no había respuesta. Miró alrededor lentamente, confirmando una vez más que estaba solo, y cerró la boca con amargura.
«¿Qué estarás haciendo ahora, Grayson?»
No pudo sacarse ese pensamiento de la cabeza. Permaneció allí de pie, como siempre lo había hecho: solo, sin nadie más.
Pero, por alguna razón, esta vez la soledad le pesó más que nunca.
***
Al abrir la ventana y salir al amplio balcón, se veía un enorme parque justo debajo. En días despejados, sentarse en la pequeña mesa de té rodeada de plantas y disfrutar de una comida ligera mientras observaba el parque era una de las cosas que Koi más disfrutaba. Era la razón por la que aún no se deshacía de este penthouse. Gracias a eso, cuando sus hijos tenían que quedarse en el este, a menudo se alojaban aquí. Al enterarse de que uno de ellos estaba visitando el lugar, Koi dejó todo y corrió hacia allí.
—Hola, señor Niles.
—Hola, Benjamin.
Saludó afectuosamente al portero en la entrada, presionó el botón del ascensor privado y, con amabilidad, le dio una propina antes de subir.
Cuanto más se acercaba al último piso, más rápido latía su corazón. Con el rostro enrojecido, apenas se abrieron las puertas del ascensor, corrió hacia la entrada y dejó escapar el nombre que llevaba guardado en el pecho:
—¡Grayson!

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: KARA