Capítulo 28
¡PAF!
El disco salió disparado hacia la portería. A pesar del esfuerzo del portero por detenerlo, terminó clavándose en la red. Ashley chocó los cinco con Bill, quien le había pasado el disco. En ese momento, sonó el silbato del entrenador, marcando un breve descanso.
—Ufff.
Bill bebió agua directamente de la botella y, tras secarse los labios, preguntó:
—Oye, ¿qué pasa contigo? ¿Vas a terminar con Ariel?
—¿De qué estás hablando?
Ashley también terminó más de la mitad de su botella de un trago. Bill, recuperando el aliento, insistió:
—Dicen que ni contestabas sus llamadas ni la veías.
—Estaba ocupado.
—Esa es una excusa barata. Vamos, entre nosotros no hace falta mentir. Todos lo saben.
Bill miró alrededor, como buscando apoyo. Los demás asintieron.
—Cuando alguien pierde interés, lo primero que hace es dejar de responder.
—Es raro que ni en vacaciones se vieran.
—Es la antesala de una ruptura.
—Dinos la verdad, ¿conociste a alguien más?
Todas las miradas se clavaron en Ashley. Él frunció el ceño, mostrando su disgusto.
—No, y además no estoy harto de Ariel.
—Que no estés harto no significa que no te guste otra persona.
Alguien lo señaló, y Bill agregó:
—Amigo, a eso se le llama “tener dos novias”.
Los demás soltaron risas y aplaudieron, pero Ashley no podía sonreír. No entendía por qué decían eso. No había engañado a Ariel, ni tenía interés en otra chica. Sus sentimientos por Ariel seguían siendo los mismos: ella seguía siendo hermosa, cariñosa y compatible con él.
«Pero entonces… ¿por qué me siento tan incómodo?»
—Maldición.
Gruñó y terminó el resto del agua de un trago. Tiró la botella vacía al basurero mientras los demás intercambiaban miradas, midiendo su reacción.
—Eh… ¿ya compraste las entradas?
Bill, rascándose la nariz, cambió de tema.
—No, todavía no.
—Este año dicen que hay menos entradas. Si esperas, puede que se agoten.
—Podrías ir a la tienda después del entrenamiento —sugirió otro rápidamente.
—La tienda ya cerró, idiota —lo corrigió otro con una palmada en la cabeza.
Normalmente, la tienda escolar cerraba al terminar las clases, pero en temporadas especiales extendían el horario.
—Gracias, lo tendré en cuenta.
Ashley asintió, pero justo entonces el entrenador volvió a silbar. El descanso había terminado. Cuando se disponía a volver a la pista, Bill lo detuvo.
—Ashley.
El tono formal de Bill lo hizo detenerse. Su amigo le puso una mano en el hombro y habló en serio:
—No bromeo. Ariel está muy preocupada.
Ashley lo miró un momento antes de girarse sin responder. Se unió al grupo que ya esperaba en el hielo y el partido de práctica continuó.
Las palabras de Bill tenían algo de razón, y eso lo ponía aún más incómodo.
«Tengo que comprar esas entradas pronto.»
Mientras perseguía el disco, Ashley pensó en eso. Era lo único que podía hacer por ahora. Si iba al baile de bienvenida, si retomaban sus citas de fin de semana, si volvían a pasar tiempo juntos como antes, tal vez Ariel se sentiría mejor.
«Y debería alejarme de Koi por un tiempo.»
Era cierto que había descuidado a Ariel, así que lo correcto era enfocarse en ella. Pero eso significaría no ver a Koi tan seguido.
«Como antes.»
Antes de conocer a Koi, esa era su rutina normal. Y ahora volvería a ser así.
«No es que lo esté evitando.»
Ashley corrigió su pensamiento. Solo lo trataría como a cualquier otro amigo. Total, ya lo veía todos los días en clase. Además, Koi estaría ocupado con su trabajo.
«¿Por qué estoy pensando en Koi ahora? Es raro.»
Mientras esquivaba a un rival, maldijo en voz baja.
«¿Por qué mi mente asume que debo alejarme de Koi para pasar tiempo con Ariel? Ni siquiera debería estar pensando en él.»
«Definitivamente, no debería verlo.»
Eligió ignorar sus sentimientos en lugar de analizarlos. Todo saldría bien. Solo había estado emocionado por hacer un nuevo amigo con quien conectó. Ya era hora de volver a la normalidad.
Ashley quería creer eso.
Claro, eso dependía de que las cosas salieran como él esperaba.
***
—Oh.
Ashley se detuvo en seco al entrar en la tienda escolar y encontrarse con un familiar rostro. Koi, que estaba acomodando productos en los estantes, lo vio y sus ojos se abrieron como platos.
—¡Ash!
Su voz sonó alegre, pero Ashley solo pudo responder a regañadientes:
—… Koi.
Koi dejó lo que estaba haciendo y se acercó rápidamente. Ashley se quedó quieto, observándolo mientras se detenía frente a él.
—¿Qué haces aquí? ¿Necesitas algo?
—Eh, sí.
Ashley, sorprendido por el encuentro inesperado, tartamudeó. Koi, sin notar su incomodidad, siguió hablando animadamente:
—¿Terminaste el entrenamiento? ¿Ya cenaste? Tengo pan, ¿quieres?
Escuchar su voz entusiasta lo puso de mal humor. Justo cuando había decidido evitar a Koi, terminaron encontrándose.
Podría haberse dado la vuelta y marcharse, pero no lo hizo.
«Solo vine por las entradas.»
Se justificó a sí mismo. No entendía por qué se sentía tan culpable. Koi y él solo eran buenos amigos, ¿no?
«Si Koi fuera una chica, todos sospecharían.»
Habían pasado tanto tiempo juntos que hasta él mismo lo veía raro. Si Koi fuera una chica…
«Si lo fuera…»
—¡Toma!
Un pan apareció frente a su cara, sacándolo de sus pensamientos. Parpadeó y vio a Koi sosteniéndolo.
—Ya abrí el paquete, pero no lo he probado.
Mientras hablaba, un olor agrio llegó a la nariz de Ashley. Era obvio: Koi había comprado ese pan en alguna oferta de productos cercanos a caducar.
—… ¿Esto no está vencido?
Ashley lo miró con sospecha.
—¿Eh?
Koi revisó el pan y sus ojos se agrandaron. Trató de esconderlo rápidamente, pero Ashley, con los ojos entrecerrados, lo observó.
—Dámelo.
Extendió la mano, pero Koi giró el cuerpo para evitarlo. Sin embargo, no había forma de que escapara de Ashley, el capitán del equipo de hockey.
—¡Ah!
Con un movimiento rápido, Ashley le arrebató el paquete. Koi forcejeó, pero Ashley lo mantuvo a distancia con una mano en su cabeza mientras examinaba el pan.
—Tiene moho.
—¿Eh? ¿En serio?
Koi dejó de moverse y abrió los ojos. Ashley le mostró el pan: en una esquina, manchas negras de moho eran visibles.
—… Tienes razón.
Koi admitió con voz apagada.
—Lo siento, casi te hago pasar un mal rato.
Ashley frunció el ceño.
—El problema es que tú casi te enfermas. ¿En serio no notaste el olor?
—E-emm…
Koi se quedó sin palabras, parpadeando.
—No sabía que ya estaba malo.
Ashley tiró el pan a la basura.
—La próxima vez, fíjate mejor.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R