Capítulo 23
Aunque se sentía patético por deprimirse por algo tan trivial, no podía evitar que sus hombros se encogieran. Mientras Ashley revisaba el carrito para asegurarse de que no faltara nada, le dijo a Koi, que estaba detrás de él:
—¿Puedes ir a la snack bar y traer bebidas y hielo? Está en…
—¡En el segundo piso, a la derecha! ¡Sí, las traeré! —respondió Koi, iluminándose de inmediato.
Ashley alzó la mirada y lo observó con una expresión que lo hizo darse cuenta de su error.
—Eh… Ayer, cuando vine a tu casa… —confesó, incómodo—. Te estaba buscando y… recorrí un poco la casa. Ahí la vi.
—Ah… —Ashley asintió, como si finalmente lo entendiera—. Claro, ayer trajiste sopa.
Mientras él lo asimilaba con naturalidad, Koi se sintió inquieto. Le daba vergüenza haber registrado su casa sin permiso y, más aún, temía que Ashley comenzara a odiarlo por eso. Sin querer, sus hombros se encogieron.
Pero, para su sorpresa, Ashley simplemente volvió a revisar la comida en el carrito.
—¿Qué haces? —le preguntó de pronto, al notar su mirada fija.
—¡Ah! N-nada… —Koi retrocedió rápidamente—. Ya vuelvo.
—Bien.
Ashley asintió sin darle importancia y tomó el carrito.
—¿Dónde quieres comer? ¿En el comedor? ¿O en la sala?
—¡Oh, a mí me da igual! —respondió Koi con prisa.
Era sincero. Con Ashley, incluso habría comido escorpiones en medio del desierto.
Ashley pensó un momento y dijo:
—Comamos en el jardín. Hay un cenador. Lo verás en cuanto salgas.
—¡Ah, sí! —Koi asintió—. Entendido.
—Bien.
Ashley comenzó a empujar el carrito.
—Yo me encargaré de preparar todo. Tú trae las bebidas y los vasos.
—¡Sí! ¿Y hielo?
Ashley sonrió burlonamente.
—Yo sí lo uso, aunque tú no.
Era su oportunidad para aclarar el malentendido, pero Koi no lo hizo. No quería que Ashley supiera que venían de mundos completamente distintos. Claro, incluso si lo supiera, nunca podrían estar en el mismo plano, pero si descubriera lo desconectada que estaba su realidad, temía que Ashley se alejaría para siempre.
«¿Qué tiene de importante el hielo en la Coca-Cola?», pensó, apresurándose hacia la snack bar.
No le importaría si nunca pudiera poner hielo en su bebida. Con tal de estar con Ashley, todo valía la pena.
***
Mientras cenaban, el sol comenzó a ocultarse. El cielo se tiñó de rojo y naranja, un espectáculo impresionante.
—Increíble… —murmuró Koi, dejando el tenedor a un lado.
La mansión de Ashley no solo era enorme, sino que su ubicación en lo alto de una colina casi una pequeña montaña ofrecía una vista panorámica de las casas iluminadas en el valle. Para Koi, acostumbrado a vivir en una vieja caravana, era un paisaje que ni siquiera había imaginado.
«Ashley ve este espectáculo todas las noches», pensó, y de pronto la distancia entre ellos se sintió aún más grande. Como la diferencia entre alguien que pone hielo en su bebida y alguien que no puede.
—¿Qué pasa? —preguntó Ashley, notando su expresión perdida.
—¡N-nada! —negó rápidamente.
Pensar en eso no servía de nada. Lo importante era el presente.
—Está delicioso —dijo, aunque apenas podía saborear la comida.
Era solo uno de los muchos secretos que escondía de Ashley.
***
—Muchas gracias por hoy, Ash —dijo Koi, listo para irse ya entrada la noche.
Ashley, en lugar de sonreír como siempre, frunció el ceño.
—Te acompaño.
—¡No, en serio, estoy bien! —se apresuró a rechazar la oferta—. En bici llego enseguida.
No quería que Ashley viera la destartalada caravana donde vivía. Bastaba con que él supiera que ese mundo existía.
—Y tú aún estás resfriado. Deberías descansar —añadió con genuina preocupación.
Después de la cena, le había dado otra dosis de medicina y le había entregado el resto, advirtiéndole que no olvidara tomarla.
—Está bien —Ashley asintió a regañadientes.
Koi le sonrió una última vez antes de agarrar el manubrio de su bicicleta.
—Koi.
—¿Sí?
Ashley lo miró, como si quisiera decir algo, pero al final negó con la cabeza.
—Nada, olvídalo.
Koi dudó, pero pronto su rostro se iluminó.
—Ah, ¡casi lo olvido! Pronto empieza el nuevo semestre.
—¿Y?
—¡Podremos vernos todos los días! —dijo, sonriendo.
Ashley finalmente relajó su expresión.
—Sí… Tienes razón.
—¡Ajá!
Koi asintió con energía y subió a su bicicleta.
—¡Adiós, Ash! ¡Mejórate pronto!
Agitó una mano mientras pedaleaba, alejándose rápidamente antes de que Ashley pudiera responder.
El entorno quedó en silencio de golpe. Solo Ashley y su molesto resfriado permanecían.
—… Uf.
Suspiró y regresó a la mansión. La habitual sensación de soledad se sentía más pesada que nunca.
***
¡JADEO, JADEO!
Koi pedaleó con todas sus fuerzas, acelerando al máximo. Tenía que llegar a casa antes de que su padre regresara. Después de haberse ausentado sin permiso la noche anterior, estaría furioso.
«Aunque si le hubiera pedido permiso, tampoco me lo habría dado», pensó, apretando aún más el ritmo.
Tenía que meterse en la cama rápidamente y hacerse invisible. Por suerte, si fingía estar dormido, su padre no lo despertaría para golpearlo o gritarle.
Pero la suerte no estaba de su lado.
—¡Ah!
Al ver la tenue luz encendida dentro de la caravana, contuvo la respiración. Se detuvo y observó. Entonces escuchó algo romperse adentro, seguido de los gritos borrachos de su padre. Entre blasfemias, lo llamaba.
«No debo dejarme ver.»
Lo sabía por experiencia. Si lo atrapaba, lo golpearía sin piedad. Era mejor esperar afuera, bajo el rocío de la noche, hasta que se durmiera. Su padre siempre salía a trabajar al amanecer, así que solo tenía que aguantar un poco más.
Se alejó sigilosamente y se agachó, ocultándose a una distancia desde la que aún podía ver la luz de la caravana.
Mientras observaba, todo lo que había vivido esa tarde le pareció un sueño. ¿De verdad había cenado en una mansión, viendo el atardecer con Ashley? ¿Incluso había pasado la noche allí?
«¿Habrá sido un sueño? ¿Y el examen?»
Justo entonces, su teléfono sonó. Al ver el nombre en la pantalla, sus ojos se abrieron desmesuradamente.
—¿H-hola? —contestó, nervioso.
Hubo una breve pausa antes de que Ashley respondiera.
[—¿Koi?]
—¡S-sí! Soy yo, Ash.
Aunque pronunció su nombre, aún no sentía que fuera real. ¿Sería una broma? Pero inmediatamente lo descartó: no tenía amigos que gastaran ese tipo de bromas.
«Es Ash de verdad.»

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R