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Capítulo 13

—Últimamente te has comportado raro. 

Después de las clases y los entrenamientos, Ashley y el equipo de hockey sobre hielo se reunieron en Green Bell, cada uno con sus respectivas novias.  

Cuando los chicos, hambrientos como bestias después del entrenamiento, terminaron de devorar sus comidas y recuperaron un poco de cordura, Ariel fue la primera en hablar. Con el ceño fruncido, miró a Ashley y soltó su queja.  

—¿Yo? —preguntó Ashley, confundido, mientras lo observaba.  

—Sí.  

Los demás también dirigieron su atención hacia ellos, curiosos. Ariel continuó:  

—Últimamente andas con ese rarito. Antes ni siquiera lo mirábamos.  

—¿Quién?  

—¿Se refiere a Koi? —intervino uno de los chicos, notando la expresión de Ashley.  

Finalmente, Ashley asintió, como si lo hubiera entendido. Ariel cruzó los brazos y frunció los labios.  

—Nunca te relacionabas con ese tipo de gente. ¿Por qué ahora? ¿Acaso tiene algo contra ti?  

—¿Yo? —Ashley se rio.  

Los otros miembros del equipo también estallaron en carcajadas. Ariel enrojeció, pero fingió indiferencia y desvió la mirada.  

—Bueno, eso parece.  

—Sí, nosotros también tenemos curiosidad —dijo Bill, otro del grupo—. Siempre lo incluyes en el almuerzo. ¿Por qué? No es que tengas algo que temer de él, ¿verdad?  

Hizo un gesto burlón hacia Ariel, quien frunció el ceño. Ashley, después de tragar un bocado enorme de su hamburguesa, respondió:  

—No es nada. Solo me da lástima.  

—¿Lástima? —Ariel parecía escéptica.  

Otro chico asintió, como si acabara de recordar algo.  

—Ah, sí. Ese chico solía ser acosado por los matones, ¿no?  

—Exacto —coincidió otro—. La primera vez que lo vimos, casi lo golpeaban.  

—Bueno, no lo estaban golpeando todavía, pero casi.  

—Es lo mismo.  

—¡No, no lo es!  

Ashley dejó que la conversación derivara en tonterías antes de intervenir de nuevo.  

—En fin, chicos, trátenlo bien. Es un pobre tipo.  

Todos se miraron entre sí y asintieron.  

—Con un saludo basta, ¿no? —dijo Bill.  

Ashley se encogió de hombros y tomó una papa frita. Ariel, que seguía con cara de disgusto, añadió:  

—No te juntes demasiado con él. Hará que parezcas un perdedor.  

Tomó un sorbo de su Coca-Cola y añadió con suficiencia:  

—Nosotros no somos como esa gente.  

Ashley miró distraídamente los hielos en su vaso antes de responder.  

—Claro que no.  

«Koi es el único que no pone hielo en su bebida.»  

La idea lo hizo sonreír antes de descartarla.  

—Ah, por cierto, ese chico toma algunas clases con nosotros —dijo Bill, como si acabara de recordarlo.  

—Sí, conmigo también —asintió otro—. Ashley, ¿tú casi todas las AP con él, no?  

—¡Uf! —silbó otro, impresionado.  

Su novia se rio.  

—Bueno, si no tiene amigos, al menos que estudie.  

—¿Quién querría ser amigo de un bicho raro como él? —se burló Ariel.  

Todos rieron, incluido Ashley, quien ignoró el pequeño remordimiento que sintió en el pecho.  

«¿Por qué diablos estoy pensando en su sonrisa ahora?»  

Ashley masticó un hielo con fuerza, haciendo un crujido, y rápidamente cambió de tema.  

*** 

—Hola, Koi.  

—Hola, Bill.  

Se encontraron frente a los casilleros. Bill, uno de los titulares del equipo de hockey, fue el primero en saludar. Koi, sorprendido pero contento, respondió con entusiasmo.  

Desde aquel día, los chicos que solían andar con Ashley comenzaron a saludar a Koi de vez en cuando. Eran solo palabras simples, pero para Koi significaban un cambio enorme. Antes, nadie en la escuela lo saludaba primero. Nadie más que él sabía lo mucho que un simple “hola” podría alegrarle el día.  

Pero los cambios no terminaban ahí. La actitud de los demás hacia él también era diferente. Ya no lo ignoraban ni murmuraban a sus espaldas. Ahora incluso entablaban pequeñas conversaciones con él.  

La primera vez que un compañero de clase habló con naturalidad sobre un programa de televisión que había visto la noche anterior, Koi casi se desmaya del asombro. Aunque no supo responder bien y el chico pronto se fue, era un gran avance. Ese día, Koi buscó el programa en su teléfono y pasó horas viendo clips en YouTube.  

Lo mejor de todo era que el acoso de la pandilla de Nelson había desaparecido. Poder pasar el día sin burlas, golpes o miedo era una paz y felicidad que Koi nunca había conocido. Disfrutaba cada momento, sabiendo que todo se lo debía a Ashley Miller.  

«¿Cómo puede existir alguien así?.»  

El corazón de Koi latía con fuerza al pensarlo. 

«Es guapo, tiene un cuerpo increíble, es alto, buen atleta, inteligente y, encima, amable. ¿Existe alguien más perfecto en el mundo?.»  

Si existiera una religión dedicada a Ashley Miller, Koi sería el primer devoto. Ashley había transformado su vida de desesperación en una llena de felicidad. Nunca podría agradecerle lo suficiente. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ayudarlo, aunque sabía que alguien como Ashley Miller jamás necesitaría a un don nadie como Connor Niles.  

Así pasó el tiempo, el semestre terminó y llegaron las vacaciones.  

***  

♪♪♪♬♬♩♪…  

El sonido del timbre despertó a Ashley temprano en la mañana.  

—Ugh… —Gimiendo, enterró la cara en la almohada y estiró el brazo para buscar el teléfono en la mesa de noche. El timbre seguía sonando.  

[—¿Ash?]

La voz aguda en el otro lado de la línea lo dejó aturdido por un momento.  

—… ¿Ariel? —respondió, con voz ronca por el sueño.  

[—Ash, ¿qué haces? ¿Todavía durmiendo?]  

«¿Qué hora es?»  

Forzó los párpados pesados para mirar el reloj en su teléfono y casi maldijo.  

—¿Entonces? ¿Qué pasa? —preguntó, con voz áspera.  

Ariel hizo una pausa antes de responder.  

[—Es que… hoy no podré verte. Mi papá quiere que cenemos todos juntos.]  

Ashley frunció el ceño antes de darse cuenta.  

—… Ah, es 4 de julio.  

[—Sí —respondió Ariel—. Lo siento. ¿Tus padres no vienen?]  

Era bien sabido que los padres de Ashley vivían en el este y que él vivía solo. Ashley respondió sin emoción.  

—No importa. En los días festivos, hay que estar con la familia. Entiendo.  

[—Te llamaré luego, Ash.]  

Ariel hizo un sonido de beso antes de colgar. Ashley miró el teléfono un momento antes de arrojarlo a la cama y dejarse caer de espaldas.  

—Claro. En los días festivos, hay que estar con la familia.  

Repitió sus propias palabras y cerró la boca. El silencio a su alrededor era absoluto.  

***  

Un silbido lejano, seguido de un estruendo. Los fuegos artificiales habían comenzado. Koi, detrás del mostrador de la tienda, miró distraídamente hacia afuera. A través del vidrio, solo alcanzó a ver el rastro de una luz desvaneciéndose en el cielo.  

«Debe ser divertido.»  

La idea lo distrajo por un momento. El 4 de julio era uno de los días más importantes del año, y todos los lugares estaban abarrotados. Los restaurantes subían sus precios, y las familias pagaban sin quejarse por pasar tiempo juntas.  

Pero eso no tenía nada que ver con él. Hacía mucho que había perdido el concepto de tiempo en familia. Prefería trabajar en días como este. Con un suspiro, volvió a concentrarse en lo importante: los exámenes de ingreso a la universidad del próximo mes. Ya estaba preparado. Solo faltaban los resultados.  

Estaba repasando un problema de matemáticas que no había resuelto el día anterior cuando el timbre de la tienda sonó.  

—Eh.  

Al ver a la persona que acababa de entrar, Koi parpadeó, sorprendido. El recién llegado también se detuvo al verlo tras el mostrador.  

—Ash.



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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