Capítulo 7
«No lo soporto más.»
Koi apretó los dientes, con los ojos inyectados en sangre. Aunque el cansancio venía de otros trabajos, la falta de sueño lo tenía al borde del colapso. Y, sobre todo, Ashley Miller lo estaba volviendo loco desde hacía días.
«¿Cómo pudo engañarme con esa sonrisa fresca?»
En su mente, Ashley ya era un criminal. Si no aparecía ahora mismo con el trabajo hecho, nada de lo que dijera calmaría su furia.
Pero en la realidad, ni siquiera podía verle la cara. Los correos ignorados, los mensajes sin respuesta… La rabia hervía dentro de él, pero no podía hacer nada. Como último recurso, se plantó frente a los casilleros antes de clase, esperando al grupo que siempre rodeaba a Ashley. Ellos sabrán qué diablos le pasó.
Y cuando finalmente tuvo la oportunidad, la respuesta lo dejó helado.
—¿Ashley está enfermo?
Su voz se elevó sin querer, sorprendido. Uno de los chicos asintió.
—Sí, un resfriado o algo así. Seguro se recupera pronto. ¿Qué pasa?
—Ah… nada. Gracias.
Se alejó tartamudeando, sintiendo un repentino remordimiento por haber estado furioso todo este tiempo.
«¿Será por haberme prestado su chaqueta…?»
No podía evitar pensarlo. Ashley había dejado de ir a la escuela justo al día siguiente. Y ahora, un resfriado… Era demasiada coincidencia.
—¿Está muy mal?
Preguntó preocupado, pero solo recibió un encogimiento de hombros.
—Bueno, volverá cuando se mejore. ¿Qué? ¿Necesitas algo de él?
—Eh…
La pregunta lo tomó por sorpresa. ¿Cómo iba a explicar que Ashley se había resfriado por ayudarlo? Si se corría la voz de que el popular Ashley Miller había caído enfermo por ser amable con él, nadie lo elogiaría.
Y probablemente conseguiría más enemigos.
La escalofriante idea lo hizo negar con la cabeza rápidamente.
—No, nada importante. Bueno, gracias. Adiós.
Se alejó casi corriendo. Al voltear, vio que el grupo seguía hablando entre sí, sin prestarle atención.
«Claro, ya me olvidaron.» Respiró aliviado.
Aunque sentía pena por Ashley, el proyecto era lo primero. ¿Cómo iba a resolverlo? Mientras caminaba a su siguiente clase, se hundió en sus pensamientos.
«Ah, claro.»
Debería haberlo sabido. Nada en su vida salía fácil.
Pero ¿era necesario que esto también se complicara?
La frustración lo invadió. Quería maldecir a alguien, pero ni siquiera sabía suficientes insultos.
«¿Por qué hasta para eso soy inútil?»
Después de un breve momento de autocompasión, recuperó la calma. No era momento de deprimirse. Necesitaba una solución.
Y solo había una.
Decidió rápido: tendría que pedirle a Ashley que hiciera su parte, aunque estuviera enfermo. Por más que lo intentara, no podría terminar solo el proyecto. Tenía otras tareas acumulándose.
Sin perder tiempo, agarró su teléfono y buscó el número de Ashley. Su lista de contactos era tan corta que no le costó encontrarlo.
Respiró hondo y marcó antes de que le diera miedo.
El tono de llamada sonó interminable. Su corazón latía tan fuerte que temió que se saliera del pecho.
Y entonces, finalmente, una voz cansada respondió.
[—… ¿Sí?]
Era Ashley Miller.
El corazón de Koi se detuvo por un segundo antes de acelerar el doble. Con la mano en la boca para evitar que se le escapara un grito, esperó.
[—… ¿Hola? ¿Quién es?]
La voz de Ashley sonaba agotada, claramente enfermo. Koi, entre la culpa y la desesperación por el proyecto, tragó saliva.
—Eh, hola. Soy Conor Niles, de la clase de español. Somos equipo para el proyecto, ¿recuerdas? Nos reunimos en Green Bell…
Balbuceó una explicación larga, pero Ashley no respondió de inmediato.
[—Ah…]
Un suspiro incomprensible. Koi apartó el teléfono un segundo antes de continuar.
—Te envié correos y mensajes, pero no respondiste. Escuché que estabas enfermo… ¿Estás bien?
[—… ¿Esa debería ser tu primera pregunta?]
Ashley respondió con sarcasmo, la voz ronca. No era que estuviera molesto por la preocupación de Koi, sino simplemente irritable por la enfermedad. Al fin y al cabo, no eran cercanos. Y seguro que ya había recibido montones de atenciones de sus admiradoras.
Koi tosió y siguió.
—Oye, lo siento por preguntarte cosas personales la última vez. No lo volveré a hacer. ¿Podemos terminar el proyecto juntos?
Esperó una respuesta, preparándose para insistir, pero Ashley frunció el ceño y preguntó con desinterés.
[—¿El proyecto?]
La reacción lo dejó helado. No esperaba que Ashley estuviera tan despreocupado.
—Sí, lo de la cultura alimentaria de Argentina. Yo investigo el café, tú los sándwiches. ¿Lo hiciste…?
Su voz sonaba insegura, incluso para sus propios oídos. Sabía que parecía patético, pero era quién era. No podía cambiar eso.
Ashley suspiró, claramente molesto.
[—No sé. ¿Realmente importa? Podríamos hacerlo a medias.]
—¡¿Qué?! ¡No, espera, Ash!
Koi lo detuvo antes de que colgara. Respiró hondo, reuniendo todo su valor.
—Yo haré la investigación. Solo necesito que te encargues de un par de capítulos. ¡Hasta el esquema y el tema los preparo yo! ¿Qué dices?
Antes de que Ashley pudiera negarse, Koi añadió:
—Necesito esta calificación.
Un silencio incómodo siguió. Koi cerró los ojos, rogando.
Entonces Ashley habló.
[—No es mi problema.]
—¡Ash…!
Pero la llamada ya se había cortado.
Koi miró la pantalla del teléfono, aturdido.
«¿En serio? ¿Así de fácil lo dejó?»
Era increíble, pero cierto. Ashley no tenía intención de hacer el proyecto.
Y ahora, Koi estaba completamente solo.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R