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Capítulo 8

«¿Qué hago ahora?»

Nunca imaginó que Ashley sería tan irresponsable como para abandonarlo así. No tenía un Plan B. Pero ahora tenía que pensar en uno.

«¡¿Cómo puede ser tan irresponsable?!»

Koi levantó la cabeza, conteniendo las lágrimas, y respiró hondo.

«Claro, si está enfermo, todo le debe parecer molesto. Pero aun así, hay cosas que hacer. Podría haberme avisado antes, así tendría más tiempo. Ahora, ¿cómo se supone que haga esto solo?»

Una oleada de autocompasión lo invadió. 

«Parece que soy el único en el mundo que, aunque se muera de dolor, termina sus tareas a tiempo. Para tipos como Ashley Miller, este proyecto no era nada. Aunque saque una B, no le importaría. Si sus calificaciones bajan, su familia probablemente donaría un edificio a la escuela y listo.

Odio a la gente privilegiada.»

Koi se secó las lágrimas con rudeza. No había opción. Debía ser fuerte. Él era el único que necesitaba esa calificación. Así que, de alguna manera, debía terminarlo a tiempo.

Pero el tiempo apremiaba. Hacer la parte de Ashley le tomaría el doble de esfuerzo. No podía reducir sus horas de trabajo. Lo único que podía sacrificar era dormir.

—Muerto, podrás dormir todo lo que quieras.

Se repitió eso mientras pedaleaba como un loco hacia su trabajo.

***

—¡Oye, Ash! ¿Qué pasó? ¿Un resfriado?

Como era de esperar de una celebridad, Ashley se convirtió en el centro de atención apenas pisó la escuela. Su grupo de amigos se apiñó alrededor de su casillero, haciéndole más preguntas de lo habitual. Mientras otros tomaban fotos a lo lejos, Koi cerró su casillero en silencio.

Para llegar a clase, debía pasar por ese grupo, pero no era gran cosa. Para él, esa clase de “crisis” eran casi graciosas.

Se pegó al casillero y se deslizó por el pequeño espacio sin pedir permiso. En el camino, uno de los chicos golpeó el casillero riendo, casi provocando un desastre, pero por suerte Koi esquivó el puño por poco.

Aliviado, se frotó el cuello y miró atrás. Ashley seguía rodeado, riendo con sus amigos.

«Parece que sí estuvo enfermo.»

Su palidez era evidente, pero Koi no tenía motivos para sentir lástima. Después de todo, él también había pasado tres noches sin dormir y casi lo despiden por quedarse dormido en el trabajo.

Mientras caminaba hacia clase, las risas de Ashley y su equipo de hockey resonaban a sus espaldas.

***

—Les daré las calificaciones del proyecto.

La voz de la profesora Martínez lo puso tenso. Concentró toda su atención en sus siguientes palabras.

—La mayoría lo hizo muy bien. Aunque algunos lo hicieron a medias… Ah, Dixon, no te preocupes. Por tu trabajo, se nota que te esforzaste.

La clase estalló en risas. Dixon, que estaba bromeando con su compañero, también rio. Koi, sin embargo, no podía sonreír. En una clase de AP, nadie hacía las cosas a medias. Que Ashley hubiera sido la excepción fue inesperado, pero nadie lo culparía. Él tenía mil formas de compensar esa calificación.

«Solo gente como yo se esfuerza tanto para nada.»

Justo cuando el cinismo lo invadía, la profesora llamó sus nombres.

—Conor Niles, Ashley Miller.

—¡Sí!

Koi casi se levanta de su asiento, pero se contuvo y solo alzó la mano. Ashley también lo hizo, pero su expresión era de total indiferencia. Claro, él no había contribuido ni una letra al proyecto.

Koi contuvo la respiración, mirando fijamente a la profesora. Ella sonrió.

—Se esforzaron mucho. Tienen la calificación más alta. Si hubiera algo más que A+, se lo daría.

«¡¿Qué?!»

Sus ojos brillaron. La profesora asintió, como confirmándolo. ¡Lo había logrado! Después de tanto esfuerzo, ¡el resultado fue perfecto!

Koi no podía evitar sonreír. En un mundo donde el esfuerzo rara vez tenía recompensa, esta vez sí la tuvo.

Cubrió su boca con las manos, conteniendo un grito de alegría. La voz de la profesora siguió anunciando calificaciones, pero él ya no escuchaba nada.

En ese momento, solo existía él.

Ni siquiera notó la mirada curiosa que Ashley le lanzó.

***

—Hoy no te duermas, ¿entendido?

El dueño lo regañó severamente, señalando la cámara de seguridad sobre el mostrador. Después de una última mirada amenazante, se fue.

Koi suspiró profundamente. La felicidad por el proyecto duró un segundo. Lo que siguió fue un sueño abrumador.

BOSTEEEZZZOOO…

Apenas se quedó solo, bostezó sin control. Se frotó los ojos, mirando alrededor. Por suerte, no había clientes. Sacó su tarea, pero sus párpados pesaban como plomo.

—Ah, maldición.

Se frotó los ojos con fuerza, pero no sirvió de nada. 

«Necesito lavarme la cara con agua fría.»

Justo cuando se disponía a ir al baño, la campana de la puerta sonó.

Al levantar la vista, el corazón le dio un vuelco.

Era Nelson y su pandilla.

Quiso actuar con naturalidad, pero su cuerpo se congeló. Nelson sonrió burlonamente.

—Oye, ¿adónde crees que vas? ¿Un empleado puede abandonar su puesto así?

Los demás rieron.

—¿El dueño le dejó la tienda a Conor Niles? ¡Qué valiente!

—¡Debe confiar mucho en ti, Niles! ¡Impresionante!

—Pero, ¿qué puedes hacer tú aquí, perdedor?

Uno de ellos empujó a Koi en la frente, haciéndolo tambalear. Otro lo golpeó por detrás.

—¡Mierda, imbécil! ¿Dónde te metes?

—¡Guácala! ¡Huele mal! ¿Nos contagiarás algo?

—¡Ven aquí, huele esto! ¡Huele! ¡Ah, mi nariz se va a pudrir!

El último lo agarró de la nuca, empujándolo hacia el suelo. Koi luchó por no caer, pero su cuerpo ya estaba doblado por la mitad.

—¡D-deténganse! ¡Basta!

Gritó, pero solo recibió burlas.

Mientras Koi sufría, Nelson abrió la nevera y sacó una lata de cerveza, lanzándosela a uno de sus amigos.

—Oye, ¿cómo se supone que la beba así?

—Así.

Nelson agitó la lata violentamente y la abrió.

—¡No!

Koi gritó, pero era demasiado tarde.

¡PSSSSSSHHHHH!

Una explosión de espuma blanca salió disparada hacia el techo.

—¡Woah!

—¡Mierda, qué fue eso?

—¡Este maldito loco!

Risas y gritos llenaron el aire. Koi vio todo negro. La cerveza había dejado una mancha marrón en el techo y ahora goteaba por el brazo de Nelson.

Cuando por fin dejó de salir espuma, Nelson bebió lo que quedaba y gruñó.

—Solo queda la mitad, maldición.

Claro, la otra mitad estaba en el techo y en los productos de los estantes.

Pero lo peor aún no había terminado. Nelson abrió la nevera de nuevo y empezó a meter latas de cerveza en sus bolsillos.



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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