Capítulo 6
—Ah, sí, claro.
Koi sacó apresuradamente el dinero para la bebida de su bolsillo y lo dejó sobre la mesa. Ashley revisó la cuenta que trajo el mesero, sacó su tarjeta y se lo devolvió. Koi sintió un vuelco en el pecho al ver que Ashley marcó sin dudar el 20% de propina en la factura.
«La propina es más que lo que yo gasté en el almuerzo.»
Para Koi, que podía contar con los dedos las veces que había comido en un restaurante donde se dejaba propina, el gesto le hizo sentir que el corazón le latía a mil. ¿Acaso a Ashley no le importaba gastar tanto así?
—Oye, ¿dónde vives? —preguntó Koi al salir del local, incapaz de contenerse.
Ashley, que se dirigía hacia su coche, señaló con un dedo:
—Por allá.
Koi siguió la dirección indicada y quedó boquiabierto. Era una urbanización de lujo, tan grande que se necesitaban más de tres horas en coche para recorrerla entera, con guardias de seguridad en la entrada. Y la casa de Ashley Miller era, precisamente, la mansión más grande y ostentosa, ubicada en lo alto de la colina.
«Ah, por eso puede dejar esas propinas sin inmutarse.»
Mientras Koi seguía atónito, Ashley añadió:
—Si fueras una chica, te acompañaría a casa, pero…
Su voz se desvaneció, como si lo dijera a propósito. Koi negó rápidamente con la cabeza.
—No, no hace falta. Nos despedimos aquí.
—Bueno, como digas.
Ashley se dio la vuelta, como si hubiera estado esperando esa respuesta, pero Koi lo detuvo de golpe.
—Oye, ¡tienes que darme tu correo!
—Ah… cierto.
Ashley asintió tras un breve silencio y extendió la mano.
—Dame tu teléfono.
—¿Eh? Ah…
Koi se lo entregó en un acto reflejo, y Ashley tecleó con agilidad antes de devolvérselo.
—¿No le pones contraseña?
—¿Para qué? Nadie lo revisa.
Koi miró el número y el correo que Ashley había ingresado, luego alzó la vista. Era su turno, ¿no? Pero Ashley no parecía tener intención de darle su teléfono.
—Tú envíame el correo primero. Luego te responderé. ¿Vale?
—Eh…
Algo le pareció raro, pero no supo cómo señalarlo. En vez de eso, asintió con vacilación.
—Vale.
Antes de que el silencio se volviera incómodo, Koi habló primero:
—Bueno, nos vemos, Ash. Te enviaré el correo.
Ashley, que ya se daba media vuelta, se detuvo de repente. Miró alrededor y luego bajó la vista hacia Koi.
—¿Dónde está tu coche?
—Ah.
Finalmente entendiendo su intención, Koi contuvo la vergüenza y señaló.
—Ese es. Lo que usé para venir.
Al final del dedo de Koi había solo una bicicleta vieja y solitaria. El silencio que siguió duró apenas unos segundos, pero Koi sintió que podía leer la mente de Ashley.
—No hace falta que me acompañes, además es en dirección opuesta a tu casa.
Ashley se cruzó de brazos con expresión seria, como si estuviera considerando algo. Koi se sorprendió al verlo pensar así. Era obvio que, antes de este trabajo, Ashley ni siquiera sabía que Koi existía. ¿Qué clase de persona se preocupaba por el viaje de vuelta de un compañero con el que apenas había hablado un par de horas?
«¿Qué le falta a este tipo?»
Justo cuando Koi empezaba a sentirse ridículo, Ashley tuvo una idea.
—Entonces hagamos esto.
—¿Eh?
Antes de que Koi pudiera procesarlo, Ashley se quitó la chaqueta que llevaba puesta y la colocó sobre sus hombros. Koi lo miró con ojos como platos, y Ashley soltó una risa breve, divertido por su expresión.
—Sería un problema si mi compañero de proyecto se resfría.
«Claro, eso tiene sentido. A mí también me afectaría. Pero… ¿no sería un problema si TÚ te resfrías? Bueno, es mucho más probable que YO me enferme. Mira qué grande eres, con ese pecho ancho, y yo aquí, pequeño y enclenque. ¿Recuerdas esa clase de mitología griega del semestre pasado? Si tú fueras un dios, serías Apolo. Yo sería el césped bajo tus pies… no, mejor dicho, un pulgón en ese césped. ¡Guau! Un dios le presta su ropa a un pulgón. ¿No es increíble? Conor Niles, debes haber gastado toda la suerte de tu vida.»
Aunque su mente bullía con esos pensamientos, no dijo ni una palabra. El aire nocturno, mucho más frío que el cálido día, hacía temblar su cuerpo. Justo cuando sus brazos, expuestos bajo la delgada camiseta de manga corta, empezaban a encogerse por el frío, la chaqueta de Ashley le transmitió un calor suave.
Koi miró a Ashley con expresión atontada, sintiendo el calor que envolvía su cuerpo. Nadie le había dado su ropa antes. No importaba cuánto tiritara, cuán solo estuviera, siempre había tenido que aguantar solo. Pero eso no era todo. Ashley le sonrió, con una expresión tan cálida como la chaqueta.
—Mucho mejor.
Una brisa repentina despeinó el cabello rubio de Ashley, que lo apartó con fastidio. Sus largos dedos se enredaron en esos hilos dorados, y Koi sintió que, por alguna razón, le brotarían lágrimas.
—… Gracias.
Susurró, conteniendo la voz quebrada. La luz de una farola cercana los iluminó, y en el silencio, donde ni siquiera se escuchaba la respiración, ambos se miraron fijamente. En algún lugar, un corazón latía con fuerza. Koi miró a Ashley, embobado.
«Ah… así se siente enamorarse.»
Lo entendió de repente. Si uno de los dos fuera mujer, Koi definitivamente se habría enamorado. Pero luego cayó en la cuenta: ninguno lo era, así que esto solo era una emoción similar, no amor.
—… Ahora entiendo por qué eres tan popular.
Ashley rio con alegría al escuchar el murmuro. Hasta su risa era capaz de alegrar el corazón. Koi lo miró fijamente, y Ashley dijo:
—Gracias por el cumplido. Nos vemos, Conan.
En ese instante, toda la fantasía se rompió. Koi, de mal humor, refunfuñó:
—Es KOI. Conor Niles.
—Sí, Coil.
Después de llamarlo como quiso, Ashley subió a su Cayenne*. La van, tan grande e impresionante como su dueño, arrancó con un suave rugido y se alejó.
*Porsche Cayenne: Vehículo utilitario deportivo.
Koi se quedó un rato mirando el coche perderse en la distancia antes de girarse. Montó en su bicicleta vieja y se dirigió a casa, sintiéndose mucho más ligero que cuando había llegado al restaurante.
Ashley era mucho más agradable y simpático de lo que esperaba. El proyecto avanzaría sin problemas, y ese pensamiento lo llenó de risa. El único defecto era que seguía equivocándose con su nombre, pero eso era algo que podía ignorar fácilmente.
Ya pensaría después cómo devolverle la chaqueta. Por ahora, solo quería disfrutar de este buen humor. No era algo que sintiera a menudo.
Mientras pedaleaba hacia casa, repasando su conversación con Ashley, de pronto lo recordó:
{—¿Yo también seré abogado?}
El optimismo no duró ni tres días. Koi miraba con ansiedad el correo de Ashley, que seguía sin respuesta.
«¿Qué diablos pasa?»
Se agarró la cabeza, clavando la mirada en la pantalla. Por más que la observara, nada cambiaba. El problema era que, desde ese día, Ashley ni siquiera había aparecido en la escuela. Si al menos lo veía, podría presionarlo, pero no había forma de contactarlo.
Finalmente, Koi tomó su teléfono. Lo había pospuesto una y otra vez, pero ya era demasiado. Si esperaba más, no terminarían el proyecto a tiempo.
«¡Tengo otros trabajos pendientes!»
Después de respirar hondo, le envió un mensaje a Ashley:
[Ashley, soy Conor Niles. ¿Te acuerdas? El proyecto de español. Ya han pasado tres días desde que te envié el correo. ¿Qué pasa? Si lo estás revisando, dime cuándo me responderás y cuándo nos veremos. El tiempo se acaba. Por favor, apúrate.]
Envió el mensaje largo de un tirón y suspiró. Por un breve instante, sintió que algo se resolvería, pero luego comenzó una nueva tortura: ahora tendría que obsesionarse con cuándo Ashley leería el mensaje.
«Debí elegir solo una opción.»
El arrepentimiento lo invadió, pero ya era tarde. Con el estómago revuelto, Koi pasó otro día esperando.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R