Capítulo 158
FUUUU…
Ezra dejó escapar un profundo suspiro mientras miraba con la vista nublada hacia una de las paredes. Tenía la mente en blanco, incapaz de pensar en nada. Llevó el vaso a los labios por costumbre, pero se detuvo en seco. Recién entonces notó que el vaso estaba vacío, y soltó una maldición en voz baja.
Volvió a inclinar la botella, que ya estaba casi vacía, pero en ese momento sintió la presencia de alguien. Giró la cabeza y se quedó completamente inmóvil. Su esposa, de rostro demacrado, estaba recargada contra el panel de la pared.
—Sandra…
Por un instante, Ezra se sobresaltó tanto que el alcohol se le pasó de golpe. Se levantó apresuradamente y se acercó a ella; las sombras que se marcaban sobre sus mejillas hundidas la hacían ver aún más agotada. Le dolía el pecho al punto de querer echarse a llorar, pero se contuvo y habló con voz temblorosa.
—¿Por qué saliste? ¿Necesitabas algo? ¿Quieres agua?
Miró alrededor con apuro, pero ella negó con la cabeza.
—No, está bien. Solo… como no estabas durmiendo, pensé que quizás te pasaba algo.
—No pasa nada, no te preocupes —respondió Ezra con rapidez y le dio un beso en la frente, pero Sandra aún lo miraba con el rostro lleno de preocupación.
Últimamente, su esposo siempre estaba así por las noches. Fingía estar bien, pero luego de acostar a los niños, se quedaba solo en la cocina, bebiendo hasta quedarse dormido sobre la mesa hasta el amanecer. Verlo así le rompía el corazón a Sandra.
—¿Qué ocurre, Ezra? Dímelo. ¿Es por dinero?
—No, no es eso, Sandra. Te lo juro.
—¿Cómo que no? Claro que lo es. Perdón… es por mi culpa. Voy a intentar pedirle ayuda a mi padre otra vez.
—No, no lo hagas. Está bien, Sandra. De verdad.
La madre de Sandra había fallecido cuando ella era muy joven, y su padre se había vuelto a casar. Desde entonces, no había mantenido contacto con él. La última vez, desesperada, se armó de valor y le pidió ayuda, pero él la rechazó de manera cruel, lanzándole solo insultos. Sandra pasó toda la tarde llorando por aquello. Ezra no podía permitir que su esposa, enferma como estaba, volviera a sufrir una humillación así.
—Estoy bien, Sandra. Puedo resistir un poco más.
Ezra la abrazó con fuerza mientras decía esas palabras. Sin embargo, en el fondo sabía que Sandra no se equivocaba. La situación de la familia de Ezra no era muy diferente; hacía mucho tiempo que había perdido contacto con sus propios padres. Por eso, en este mundo, solo se tenían el uno al otro. Y justamente por eso, su amor era aún más profundo.
TOC, TOC, TOC, TOC, TOC, TOC.
Justo cuando Ezra soltaba un corto suspiro, el sonido repentino de alguien tocando la puerta principal lo hizo dar un brinco. También sintió a Sandra estremecerse entre sus brazos. Ambos se miraron, confundidos. ¿Quién podría ser a esta hora?
—Entra a la habitación.
Le pidió a Sandra en voz baja, y luego se giró para salir de la cocina. Desde la ventana del salón, echó un vistazo hacia la entrada y se quedó boquiabierto al ver quién estaba ahí. Reconocía a uno de los dos hombres. El sujeto de cabello rojo, alto como una torre, era una cara familiar. Desconcertado, Ezra se apresuró hacia la puerta. Abrió con cuidado y apenas sacó la cabeza por el marco, comenzó a hablar.
—Dane… ¿qué haces aquí a estas horas…?
Pero ni siquiera pudo terminar la frase.
Dane lo agarró por el cuello de la camisa y lo empujó con fuerza antes de que Ezra pudiera reaccionar. Sin tiempo para comprender qué estaba ocurriendo, su cuerpo golpeó contra la pared con un golpe seco.
—¡Ah!
Ezra gritó por reflejo, y justo después, Dane le acercó el rostro y escupió con rabia:
—¿Qué le hiciste a Grayson?
32
Ante lo repentino de la situación, Ezra se quedó completamente lívido. Su respiración agitada, fruto del susto, venía acompañada por un fuerte olor a alcohol. Dane frunció el ceño con rabia y apretó los dientes al hablar:
—¿Así que vendiste a Grayson y ahora te la pasas emborrachándote? Ezra, me decepcionaste. No sabía que eras una basura.
—¿Ve-venderlo? ¡N-no, no es eso! Yo… yo no sé… ¡No sé nada!
Ezra balbuceaba desesperado, pero Dane lo tomó del cuello con fuerza. De inmediato, el aire se le fue y un quejido agónico escapó de su garganta.
KHG… KHCK…
Su rostro se tornó rojo brillante por la presión, apenas capaz de soltar un gemido mientras luchaba por respirar.
Joshua, que había observado en silencio hasta entonces, finalmente intervino.
—Ve con cuidado, Dane. Si se desmaya, solo estaremos perdiendo el tiempo.
A pesar de su tono tranquilo, el hombre de expresión fría resultaba más aterrador que Dane, quien claramente estaba fuera de sí. Joshua revisó la hora en su reloj de pulsera y dijo con una voz tan helada como firme:
—Suéltalo un momento, está por desmayarse.
Ante eso, Dane chasqueó la lengua con molestia y finalmente aflojó la mano. Ezra se desplomó en el suelo de inmediato.
¡KHAK! COF, COF… KHAK…
El cuerpo de Ezra temblaba mientras aspiraba aire con dificultad. Dane lo miró por un momento desde arriba y luego dirigió una mirada fugaz a Joshua. Cuando este asintió levemente mientras revisaba el reloj, Dane no dudó: lo tomó nuevamente del cuello de la camisa y lo empujó con fuerza contra la pared.
—¡Agh!
El golpe lo hizo soltar un gemido mientras aspiraba aire bruscamente. Dane lo empujó contra la pared, presionándole la cabeza, y murmuró en su oído con voz amenazante:
—Habla de una vez. Cuanto más tardes, más violento se va a poner esto.
—S-suéltame… d-deja… ¡aagh!
Ezra forcejeó como pudo, pero estaba ebrio y la fuerza de Dane era aplastante. Solo pudo retorcerse inútilmente mientras su cuerpo se frotaba contra la pared.
Joshua, que lo observaba todo, se pasó el cabello hacia atrás con indiferencia y comentó con tono práctico:
—No tenemos tiempo. Mételo al maletero por ahora.
—¿Q-qué?
Ezra abrió los ojos como platos, completamente atónito. Joshua lo miró sin expresión alguna y añadió:
—Si seguimos armando escándalo aquí, se va a despertar todo el vecindario. Hay que ser considerados con los vecinos, ¿no crees?
Aunque hablaba como si fuera alguien considerado, la intención detrás de sus palabras era otra. Si alguien escuchaba los gritos y llamaba a la policía, todo se volvería un fastidio. Percibiendo ese trasfondo oculto, Ezra se puso aún más pálido. Joshua, fingiendo amabilidad, añadió en un tono casi cordial:
—Cuando te cortan un dedo, incluso el soldado más valiente no puede evitar gritar del dolor.
La sonrisa en su rostro era tan radiante que producía escalofríos. Ezra lo miró a los ojos, aquellos iris verdes, y estuvo seguro: ese hombre debía ser un psicópata. ¿De qué otra manera alguien podía decir algo tan horrible con tanta ligereza? Parecía un cartel publicitario de California, sonriendo con una naranja recién cortada bajo la luz del sol.
—¡No, no! ¡Por favor, no! ¡Sálvenme… nooo!
Ezra gritaba mientras Dane lo alzaba como si no pesara nada. Forcejeaba con desesperación, pero Dane solo lo miró de reojo y murmuró:
—Qué molesto. Tendremos que dejarlo inconsciente.
—¡No, espera! ¡Espera un segundo!
Al ver que Dane intentaba taparle la boca y la nariz, Ezra se puso lívido y gritó con todas sus fuerzas.
—¡Fui yo, fui yo…!
Confesó entre sollozos. Dane intercambió una rápida mirada con Joshua y lo dejó caer al suelo. Ambos se quedaron de pie, observando fríamente al hombre que lloraba en el piso.
—Habla. Cuéntanos qué fue lo que pasó.
Entre sollozos, Ezra empezó a balbucear lo sucedido. Todo había comenzado cuando un desconocido se le acercó mientras él pensaba en cómo salir de sus problemas económicos. Le ofrecieron dinero y él, a cambio, aceptó atraer a Grayson. Recordaba claramente cómo, justo frente a él, se lo habían llevado a la fuerza.
Dane lo escuchó en silencio, con el rostro cargado de tensión. Cuando Ezra terminó de hablar, soltó una risa incrédula.
—¿Y después de eso te quedaste callado? ¿Te hiciste el que no pasó nada?
—¡Yo también lo sufrí! —gritó Ezra entre llantos—. ¡Yo también he estado cargando con la culpa todo este tiempo! No puedo dormir… por mi culpa… por mi culpa, Miller…
Desplomado en el suelo, lloraba como un niño, con sollozos desgarradores. Dane y Joshua guardaron silencio por un momento. Aunque era más o menos lo que se esperaban, escucharlo de boca del propio Ezra solo aumentaba lo absurdo de la situación. Dane se llevó una mano a la frente y soltó una maldición por lo bajo. A su lado, Joshua se acariciaba el mentón, inmerso en sus pensamientos.
El tiempo volvió a pasar. No podían seguir vacilando para siempre.
—Habla.
La voz áspera de Dane hizo que Ezra, que seguía sollozando, se quedara inmóvil. El hombre, ya adulto pero con el rostro hinchado por el llanto, levantó la vista con los ojos llenos de lágrimas. Dane lo miró con los dientes apretados.
—Te dije que hables. ¿Dónde están esos bastardos?
—N-no lo sé… ¡Te juro que no lo sé! —Ezra negó una y otra vez con la cabeza—, solo llevé a Miller al lugar que me indicaron… y esa fue la última vez. Desde entonces… no he tenido ningún contacto con ellos. Te lo juro. ¡De verdad!
Lo repetía una y otra vez, como si implorara que al menos eso le creyeran. Dane frunció el ceño y propuso una solución.
—Entonces haz que salgan tú.
Los ojos de Ezra se abrieron con sorpresa. Dane continuó, con voz amenazante:
—Diles algo. Lo que sea. Pero haz que esos malnacidos vengan a buscarte. Después, nosotros nos encargamos.
—¡N-no, no puedo! ¡Eso no!
Ezra palideció de golpe y negó con la cabeza con desesperación.
—Lo… lo siento, pero si hago eso, Sandra… mis hijos estarán en peligro. ¿Sabes lo peligrosos que son? ¡Lo saben todo sobre mí! Si se enteran de que dije siquiera esto… estoy seguro de que no me dejarán vivir. ¡Podrían hacerle daño a mis hijos, a toda mi familia!
Sus súplicas desgarradas resonaban con fuerza. Fue entonces que Joshua, quien había estado observando en silencio todo ese tiempo, abrió la boca con voz calmada.
—¿Y tú crees que Ashley Miller dejaría en paz a tus hijos?
Ante esas palabras, Ezra se congeló por completo. El vecindario, envuelto en la oscuridad, quedó en absoluto silencio. Joshua bajó la mirada hacia un Ezra completamente aturdido y le dio un ultimátum.
—Elige. ¿Te vas a quedar callado hasta que esos bastardos los maten a todos, o vas a confesar ahora mismo y cargar tú solo con las consecuencias ante Ashley Miller?
Ezra no fue capaz de decir una sola palabra. Solo los miraba con ojos vacíos, completamente paralizado. El viento frío de la noche sopló entre ellos, dejando a su paso una inquietante quietud.
Con todo mi cariño para Ephyra y Nymie ♥ Disfrutenlo chicas.
Atte: Kara.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: KARA