Capítulo 156
Dane frunció el ceño con fuerza mientras miraba al hombre frente a él. Joshua Bailey lo observaba con la misma expresión impasible de antes. Después de parpadear un par de veces, Dane tardó un momento en hablar.
—Tenía algo que decirte desde la última vez…
—Gracias por preocuparte, pero me hago evaluaciones psicológicas periódicas. No estoy loco. Quien hizo el encargo fue Ashley Miller.
Joshua soltó las palabras rápidamente, dejando a Dane sin más remedio que cerrar la boca y mirarlo fijamente. Fue entonces cuando notó algo extraño.
—¿Ashley Miller? ¿Ese tipo?
—Sí.
Joshua asintió con la cabeza.
—El mismo Ashley Miller que conoces, el papá de Chase y Grayson.
Dane abrió la boca para hablar, pero solo logró mover los labios sin emitir sonido. Aturdido, parpadeó varias veces antes de llevarse una mano a la frente. Finalmente, frunció el ceño hacia Joshua.
—¿Ese tipo pidió que me protegieras? ¿Por qué?
—Obviamente, porque está preocupado por ti.
Cada palabra le resultaba más absurda. Al ver el gesto de impaciencia de Dane, Joshua continuó:
—Parece pensar que Grayson podría hacerte daño. De cualquier modo, pidió protección para ti. Al principio lo rechacé, pero…
Joshua entrecerró los ojos y lo miró con desconfianza.
—Necesito saber qué demonios está pasando realmente, por eso vine personalmente.
—¿Por qué carajo pensaría algo así? ¡Qué iba a pasar entre ese cabrón y yo, joder!
Dane repetía las palabras de Joshua, explotando de rabia. Este último, sin embargo, respondió con frialdad:
—¿Cómo crees que supe que estabas aquí?
Dane se detuvo en seco. La inesperada observación lo dejó parpadeando, sin saber qué decir. Joshua añadió, aún glacial:
—La familia Miller tiene un equipo de secretarios que gestiona los asuntos internos.
—…¿Y?
Dane preguntó con cautela. Joshua respondió de manera sencilla:
—Los empleados de la mansión de Grayson les informaron inmediatamente que habías salido. Y ellos me avisaron que estabas aquí.
A Dane se le acabaron los argumentos. Estaba claro que Joshua ya lo sabía casi todo. Era casi un milagro que no lo hubiera agarrado del cuello.
«Solo queda una opción»
—Te lo juro, no hay nada entre Grayson Miller y yo. Sí, tuvimos sexo, pero eso fue todo. Ya terminó, todo.
Dane defendió su inocencia con firmeza.
—¿No es obvio viéndome en este hotel de mierda?
Era una prueba irrefutable. Joshua, que sabía desde hacía años que el mayor deseo de Dane era enganchar a un ricachón para vivir sin trabajar, no tuvo más remedio que creerle.
—…Bueno, sí, eso dices.
Joshua cedió a regañadientes, pasándose una mano por la barbilla. Si realmente hubiera habido algo con Grayson, Dane no habría dejado escapar la oportunidad. Le resultaba fácil imaginárselo flotando en una piscina gigante con una colchoneta, bebiendo cerveza y tomando el sol en el jardín.
«Renunciar a eso para dormir en un hotel asqueroso, lleno de insectos y paredes agrietadas, solo con un gato… No tiene ningún sentido»
—Bien, entonces. Asumamos que no pasó nada entre tú y Grayson.
—No es que haya terminado, es que nunca hubo nada.
—De cualquier modo, Ashley Miller cree que estás en peligro.
Joshua ignoró su obstinada insistencia y continuó hablando. Al ver el ceño fruncido de Dane, que claramente no estaba satisfecho con su respuesta, añadió:
—No importa cómo terminaron las cosas entre ustedes, no sabemos si Grayson lo aceptó tranquilamente. Si no lo hizo, la situación podría volverse peligrosa. Esa es la opinión de Ashley Miller.
—¿Así que Grayson Miller podría querer matarme?
Dane torció la boca en una mueca burlona, pero el rostro de Joshua permaneció impasible. Sintiéndose ridículo, Dane se rascó la nuca y refunfuñó:
—Incluso si fuera cierto, ¿qué sentido tiene asignarme protección? Grayson puede ser un Alfa dominante, pero al fin y al cabo es un civil…
Se detuvo de golpe. Lo que iba a decir no era del todo incorrecto. Después de todo, Dane había recibido entrenamiento militar formal. Era un veterano capaz de neutralizar e incluso matar a alguien en cuestión de segundos.
Pero la fuerza bruta de Grayson no podía subestimarse. Si de verdad intentara someterlo, quizás…
—Son increíblemente fuertes, esos tipos.
Como si hubiera leído sus pensamientos, Joshua habló. Su voz serena hizo que Dane alzara la cabeza, encontrándose con una mirada seria.
—Lo sé porque he lidiado con Chase. También tiene una fuerza descomunal… Solo que carece de técnica para usarla bien. Aun así, últimamente me cuesta trabajo lidiar con él.
—Si de todos modos iban a tener guardaespaldas pegados a ellos, ¿para qué les enseñaron defensa personal?
Joshua suspiró y negó con la cabeza ante el comentario de Dane.
—Hubo una situación… En fin, por eso vine hasta aquí, por si acaso. Ya confirmé que no está cerca, pero…
Dejó la frase inconclusa, como si algo no le cuadrara. Al ver el ceño fruncido de Dane, Joshua inclinó la cabeza y murmuró:
—Es raro. Envié al capitán del equipo a la casa de Grayson, pero estaba demasiado silenciosa. Dijeron que no había nadie. ¿Tal vez se fueron a alguna fiesta?
«Una fiesta de feromonas»
Ambos pensaron lo mismo. Los Alfas dominantes solían frecuentar esos lugares, y, ahora que había terminado con Dane, no había razón para que Grayson se abstuviera.
—Parece que era hora de sacar el exceso de feromonas. O quizás salió a buscar un nuevo amor.
Ante el tono desinteresado de Dane, Joshua se pasó una mano por la barbilla y dijo:
—Sí, supongo…
Dane lo miró con expresión abiertamente molesta. Ante esa actitud, Joshua ya no pudo seguir sospechando y terminó asintiendo. Sin embargo, en algún rincón de su pecho, algo desagradable seguía retorciéndose sin razón aparente.
* * *
Jadeando con fuerza, Ezra irrumpió en la casa. El interior, con todos dormidos, estaba en un silencio sepulcral. Solo su respiración agitada resonaba, inquietante.
«¿Qué he hecho?»
Su corazón latía con tal fuerza que le costaba soportarlo. Corrió a la cocina, abrió el grifo y bebió agua directamente, sin molestarse en usar un vaso. Solo después de tragar varios sorbos logró calmarse un poco. Se limpió la boca con el brazo y cerró el agua con dificultad.
«No tuve otra opción, de verdad no tuve otra opción…»
No dejaba de repetírselo. Entre sus brazos, sostenía con fuerza un grueso sobre de papel. En el camino de regreso, Ezra lo había encontrado en el asiento trasero de su auto: el sobre que ellos habían arrojado allí antes de irse. Dentro estaba el dinero prometido. Al confirmar el fajo de billetes, tuvo que contener un grito.
—¡Malditos bastardos, malditos bastardos…!
La humillación y la rabia por haber sido objeto de burla hasta el final se mezclaban con un alivio amargo al tener, al fin, el dinero. Su corazón era un pozo de desesperación. Las lágrimas, tardías pero inevitables, brotaron y las secó con violencia frotándose los ojos con el antebrazo. Tambaleándose, cruzó la sala.
Al subir al segundo piso, lo primero que hizo fue comprobar el rostro de Sandra, ya dormida. El peso en su pecho se hizo más opresivo al ver su semblante demacrado. Permaneció un largo rato mirándola fijamente, inmóvil, antes de girarse y dirigirse, esta vez, hacia la habitación de los niños.
Sus hijos, ajenos a lo que su padre acababa de hacer, dormían con una inocencia que cortaba el aliento, revolviéndose entre las sábanas. La paz de sus rostros le provocó un nudo en la garganta. Contuvo un sollozo tapándose la boca con una mano y, tras contener la respiración, se inclinó para dejar un beso en la frente de cada uno.
Estaba a punto de salir en silencio cuando “eso” captó su mirada.
La pulsera.
La que colgaba del brazo del oso de peluche que abrazaba su hija.
Incluso bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana, el destello era inconfundible. Ezra se quedó paralizado, observándola.
«No puede ser… Es imposible»
Negó con la cabeza y salió de la habitación. Había sido una noche demasiado larga. Solo quería arrojarse a la cama y olvidar. Todo.
Absolutamente “todo”.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: KARA