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Capítulo 152

PUF.  

Grayson sacó la cabeza del agua, jadeando, y miró el reloj digital junto a la piscina. 3 minutos y 2 segundos. Flotó un rato, recuperando el aliento. Cuando se sintiera listo, intentaría batir su marca otra vez. Era su cuarto intento, y cada vez aguantaba menos. 

Pero antes de que su respiración se normalizara, volvió a sumergir la cabeza. Un acto reflejo al pensar en Dane. Bajo el agua, no podía pensar en nada más. Solo en mantener la vida concentrando toda su atención en ello. Pero, por desgracia, incluso este método estaba llegando a su límite.  

FUAH.  

Salió del agua con los pulmones ardiendo, jadeó y buscó el reloj. Al ver que apenas había pasado un minuto, no tuvo más remedio que admitirlo: ya no podía seguir aguantando la respiración.  

Cansado, salió de la piscina. Alex, el perro que siempre rondaba por allí, se acercó a él. Acarició suavemente al animal, que jadeaba con afecto, y se dirigió a la tumbona. El perro, como siempre, lo siguió y se tumbó justo al alcance de su mano. Era un ritual de años: cuando Grayson se recostaba, Alex se acomodaba donde pudiera ser acariciado, disfrutando del contacto mientras se relajaba.  

Como de costumbre, Grayson le rascó la cabeza, y el perro cerró los ojos, tranquilo, encogiéndose contra el suelo. Con la edad, Alex pasaba más tiempo durmiendo. Aunque siempre había sido dormilón, nunca dejaba de alegrarse al ver a Grayson, siguiéndolo y queriendo estar a su lado.  

«Ojalá Dane fuera tan simple como él.»  

Recordó cómo Alex se había emocionado por una lata de comida y meneó la cola para Dane. Le dio un ataque de risa irónico. 

«El mismo que se comió a mi Diana.» 

Frunció el ceño, irritado, pero al ver al perro tumbado plácidamente, moviendo la cola sin preocupaciones, la rabia se esfumó.  

«¿Qué estará haciendo Dane ahora?»  

Como siempre, sus pensamientos derivaron hacia él. Ya estaba cansado de forzar su mente para evitarlo, así que dejó que fluyeran libremente. A esta hora, probablemente ya habría salido del trabajo. ¿Estaría en ese hotel barato, bebiendo cerveza mala? Después del trabajo, solía cuidar de su gato, ducharse, tomar una cerveza y dormirse.  

Ahora, esos momentos en que salían juntos, bebían y charlaban hasta quedarse dormidos, le parecían un sueño. 

«Y pensar que Dane hizo tantas promesas… ¿Qué pasará con todas ellas?»  

«Mentiroso. Todo fue mentira.»  

Grayson lo maldijo mentalmente. 

«Desde el principio tuvo esa intención. Nunca planeó cumplir nada, solo ilusionarme y alargarlo todo para al final hacer esto.»  

«Estafarme a mí, que fui ingenuo.»  

Como siempre, se vio como la víctima inocente. 

«Di todo de mí, y en vez de valorarlo, lo usó y se fue. Qué maldita persona. Hijo de puta, basura, condón usado….»  

«….»  

«¿Estará buscando a alguien nuevo para esta noche?.»  

«Aliviado de haberse librado de mí.»  

De pronto, notó algo en su mano y se detuvo. Bajó la mirada y vio que Alex estaba lamiendo sus dedos. Lo observó un momento en silencio antes de volver la vista hacia la piscina. Luego, su mirada se posó de nuevo en el perro, más tiempo esta vez.  

—Alex, ¿qué crees que pasaría si Dane viniera a tu funeral?  

Al oír su nombre, Alex levantó la cabeza. Era solo un reflejo, no entendía. Inclinó la cabeza, parpadeando, y Grayson sonrió con ironía.  

«No, eso no funcionaría.»  

Antes lo habría hecho sin dudar, solo para volver a ver a Dane. Pero ahora era diferente. Sabía cómo reaccionaría Dane si se enteraba. Igual que cuando rescató a su feo gato del fuego, por esa misma razón, desechó la idea. Aunque las probabilidades de que Dane descubriera la verdad eran casi nulas.  

—Eres bueno, Alex.  

Grayson rozó su nariz contra la del perro, le acarició la cabeza y se dirigió a la casa. Alex gimió, pero no lo siguió. Estaba entrenado para no entrar.  

En vez de eso, el perro se quedó mirando hasta que Grayson desapareció, luego giró y se encaminó hacia su caseta. Una construcción que, si Dane la hubiera visto, seguro habría refunfuñado por ser más grande y lujosa que su propia casa. Alex se tumbó en su limpia cama, se estiró, bostezó y, sin tener idea de lo que había pasado, se durmió plácidamente como siempre.  

***  

—Maldito Alfa dominante.  

Grayson soltó el improperio con el rostro congestionado. Ya había bebido media botella de whisky puro y no sentía ni un atisbo de ebriedad. 

«Cualquiera con esta cantidad estaría borracho, pero mi maldita constitución me lo impide.» 

Ni las drogas ni el alcohol le hacían efecto. Había sustancias especiales para su tipo, pero para conseguirlas tendría que ir al laboratorio de Steward. Y él, entusiasmado, le haría mil preguntas: «¿Para qué las necesitas? ¿Qué efecto buscas? Nunca pensé que Grayson Miller vendría a pedir esto», etcétera.  

—Joder, qué mierda.  

Volvió a maldecir mientras servía otro trago. Sabía que era inútil, pero seguía bebiendo, quizá por la esperanza de que, algún día, finalmente lograra emborracharse.

***  

—Hace mucho tiempo, cuando Yeonwoo se fue, escuché que Keith dijo algo así. Corrían rumores de que podía convertirse en el primer Alfa dominante en morir de alcoholismo.  

«¿Vendría Dane a mi funeral si yo muriera?»  

Era una idea mucho más eficiente que esperar a que Alex muriera. 

«Dane definitivamente vendría. Y se arrepentiría. Nunca podría olvidarme. Al igual que su madre.»  

«La madre de Dane… esa maldita mujer»  

Mientras imaginaba a Dane llorando y lamentándose en su funeral, la ira brotó en su mente. 

«Si esa mujer no hubiera muerto así… No, si al menos no lo hubiera maltratado, no me habría rechazado de esa manera»  

Le exasperaba hasta la locura que ya estuviera muerta. 

«Mierda» Con otro juramento, vació de un trago lo que quedaba en su vaso. Justo cuando iba a servirse más, el timbre de su teléfono sonó abruptamente. Allí, en el bar donde solía comer y beber con Dane, ahora bebiendo solo y patético, se quedó paralizado por un instante.  

«¿Será…?»  

Con una mezcla de esperanza, emoción y ansiedad, revisó rápidamente la pantalla. Pero al instante frunció el ceño. Con expresión decepcionada y fastidiada, miró el teléfono un momento antes de contestar.  

—¿Qué quieres?  

La voz seca fue seguida por una respuesta al otro lado. Grayson, que había estado sirviéndose más whisky en silencio, se detuvo de golpe.  

—…¿Qué dices?  

Dejó la botilla sobre la mesa con disimulo y se quedó inmóvil. Mientras Grayson guardaba silencio, el hombre al otro lado siguió hablando sin parar. Grayson solo escuchó, mudo. Cuando las palabras urgentes del hombre terminaron, hubo un breve silencio. Después de considerar mil pensamientos, Grayson suspiró y habló.  

—Entendido. Voy ahora.  

Colgó y, de inmediato, giró y salió del bar a paso veloz. Detrás de él, solo quedó el vaso de whisky a medio llenar, abandonado.  

*** 

El grito de un hombre borracho resonó tan cerca que parecía estar justo a su lado. En un hotel barato, no se podía esperar aislamiento acústico. En otra habitación, una pareja gemía y se escuchaban golpes rítmicos, como si estuvieran teniendo sexo.  

En medio de ese ruido ensordecedor, Dane yacía en la cama, mirando al techo con el rostro vacío. Por suerte, Darling, que no podía oír, se había acomodado bajo su brazo, ronroneando. Dane lo acarició por costumbre.  

Ya llevaba más de una semana en ese hotel. 

«El cuerpo humano es traicionero» Después del incendio, había vivido aquí un tiempo, pero tras pasar tres meses en la casa de Grayson, le sorprendió lo horrible que era este lugar.  



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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