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Capítulo 147

En medio de un estante repleto de objetos valiosos a primera vista porcelanas lujosas, esculturas, platos caros y más, había un espacio vacío que resultaba extrañamente discordante. Era el lugar donde antes había estado la lata de comida para perros que Dane le había regalado.

Dane se quedó mirando fijamente el estante sin moverse.

—Es la primera vez que me das un regalo a mí —había dicho Grayson con una voz temblorosa. Su rostro enrojecido, sus ojos brillantes mirando a Dane con emoción.

—No es nada caro, así que no hay necesidad de agradecerlo —recordó sus propias palabras. ¿Y qué había pasado después?

Grayson no dijo nada. O más bien, parecía no encontrar palabras, limitándose a abrir y cerrar la boca. Su rostro mientras sostenía con cuidado aquella pequeña lata en sus grandes manos, sus orejas moviéndose levemente.

—Ese fue el primer regalo que me diste. No lo cambiaría por nada del mundo. Era mi tesoro más preciado —la imagen de Grayson gritando con amargura se superpuso a la anterior. Esta vez, su rostro estaba rojo por otro motivo, y murmuró:

—Mi Diana…

Dane no dijo nada, solo siguió mirando el estante vacío. Entre todas las obras famosas y lujosas que llenaban los otros compartimentos, aquel espacio vacío parecía patético, ridículamente desolado.

Pero aun así, no podía apartar la mirada. Se quedó inmóvil, sin moverse durante un largo rato.

Quedaban 6 días.

25

—Pecho, pecho. Pecho, pecho.

Grayson tarareaba alegremente. Por fin, la investigación del comité había terminado. Con el corazón más ligero que nunca, se dirigía a casa. Hoy también, Dane lo estaría esperando. Era un día especial, así que había que celebrarlo. Por eso, había preparado un enorme ramo de flores encargado especialmente. Como ya había pedido que llenaran la despensa, la cena estaría espléndidamente preparada. Beberían vino, comerían postre y luego…

—Ji, ji, ji.

La risa le brotó sin querer. Grayson movió los hombros y aceleró el coche. Esa mañana, al despertar, Dane ya se había ido a trabajar. Pero las huellas de la noche anterior seguían claramente visibles en la cama, tanto que Grayson se había masturbado dos veces, enterrando la nariz en las sábanas manchadas de semen seco.

«Es obvio, Dane también me quiere.»

Estaba seguro. Si no, ¿qué razón tendría para tener sexo con él? No era por el celo, ni había ocurrido ningún incidente que lo justificara.

«Aunque sí secuestró mi posesión más preciada.»

Grayson frunció brevemente la nariz, pero luego relajó su expresión. Aun así, ¿acaso no fue demasiado insistente? Además, durmieron juntos. Definitivamente, esto solo puede significar una cosa.

—¡Dane también me…!

El corazón le latió tan fuerte que no pudo terminar la frase. Grayson respiró hondo, apretando el volante con fuerza. Ja, ja. Mientras se encogía de hombros, su reflejo apareció en el espejo retrovisor. Al ver sus orejas moviéndose solas, frunció el ceño, pero lo ignoró. Eso no importaba ahora. Lo importante era lo que pasaría entre Dane y él.

Solo quedan 6 días.

No, para ser exactos, 5 días y unas horas. Hoy casi ha terminado.

Era hora de tener una conversación seria. Hasta ayer, había estado nervioso, pero ahora era diferente. Lleno de esperanza, condujo con entusiasmo. Quería ver a Dane ya. Abrazarlo, besarlo, decirle que lo amaba.

Incluso si Dane aún no había tomado una decisión…

Un pensamiento oscuro asomó, pero Grayson confiaba en sí mismo. En ese caso, lo convencería. Hasta ahora, cuando Grayson insistía, rogaba o suplicaba, Dane al final cedía. Quizá suspiraría, tal vez se enfadaría un poco. Pero mientras siguiera a su lado…

Eso era suficiente.

Grayson pisó el acelerador con más fuerza. El superdeportivo rugió mientras recorría la carretera a toda velocidad.

***

Dane estaba sentado en el sofá de su habitación. Tenía a Darling sobre sus piernas, acariciándolo lentamente, pero parecía absorto en sus pensamientos, sin hacer ningún otro movimiento. Después de un rato, reaccionó. Al volver la cabeza, vio que el sol ya se estaba poniendo.

«Maldición.»

Dane chasqueó la lengua y levantó a Darling, colocándolo sobre el cojín favorito del gato. Luego tomó su taza vacía y se dio la vuelta. Iba a dejarla en la cocina cuando, justo al agarrar el pomo de la puerta, escuchó unos golpes.

TOC, TOC, TOC. TOC, TOC.

El sonido rítmico lo hizo detenerse, pero finalmente giró el pomo y abrió la puerta.

—¡Oh!

Grayson, que había alzado la mano en el aire como si fuera a tocar de nuevo, se detuvo en seco. Dane, que había desviado su mirada de la sorprendida expresión del otro hacia su mano, volvió a fijar los ojos en su rostro.

—¿Qué pasa?

Ante la voz indiferente, Grayson no tardó en esbozar una amplia sonrisa.

—He preparado la cena.

—¿Ah, sí?

Era algo habitual, así que no tenía nada de especial. Sin decir nada más, Dane cerró la puerta y, como siempre, se dirigió con paso lento hacia la zona de snacks. Imaginó la cena sencilla de costumbre, pero, para su sorpresa, Grayson lo agarró del brazo y lo jaló hacia sí.

—Por aquí.

Dane parpadeó, y Grayson, sonriendo, tomó su mano y se puso a caminar delante. Al ver su paso más ligero de lo normal, Dane no pudo evitar reírse.

—¿Qué estás tramando ahora?

Ante la pregunta, Grayson solo soltó una risita. Dane, como resignado, movió la cabeza de lado a lado y lo siguió sin oponer resistencia. Grayson lo llevó hacia el comedor principal del primer piso.

—Adelante, entra.

Grayson abrió la puerta, se hizo a un lado y trazó un elegante arco con un brazo. Dane, desconcertado, entró y de pronto se detuvo en seco justo en la entrada.

Frente a él se desplegaba una escena completamente inesperada. La mesa, aún más lujosa que la mañana en que llegó por primera vez, hizo que sus ojos se abrieran como platos.

En el centro había un pastel de tres pisos, flanqueado por un pavo digno de Acción de Gracias a un lado y una langosta enorme e imponente al otro. El lado del pavo estaba repleto de carnes: pollo preparado de mil formas, cordero, res, ternera, cerdo… cantidades exorbitantes. Alrededor de la langosta, mariscos: cangrejos gigantes, salmón, pez espada a la parrilla e incluso sushi. Tres tipos de ensaladas, panes desde pastelería hasta baguettes rebanadas, y además estofados, sopas y toda clase de platillos que ni siquiera reconocía.

Pero no solo era la mesa. Las paredes estaban decoradas con candelabros dorados donde ardían velas, el techo iluminado por un enorme candelabro, y flores y adornos por doquier.

—¿Q-qué…? —murmuró Dane, boquiabierto. 

«¿Estarán filmando una película? ¿O acaso ese pavo va a ponerse a cantar y bailar de un momento a otro?»

Sabía que era una idea absurda, pero lo que tenía frente a él lo era aún más. 

«Estoy esperando a que la tetera se mueva, pero Grayson se acerca y me habla».

—¿Qué te parece? ¿Te gusta?

—No, es que… —Dane tartamudeó, cerró los ojos y volvió a abrirlos. Nada había cambiado. Por fin aceptó que era real.

—¿Qué es todo esto? ¿A qué viene de repente?

Grayson, con un tono más animado de lo normal, respondió a Dane, que seguía confundido:

—Hoy hay muchas cosas que celebrar.

—¿Como qué? —preguntó Dane. 

«¿Será su cumpleaños?» Al ver el pastel, dudó un instante, pero Grayson habló:

—¡Por fin terminé con las comparecencias del comité! ¡Soy libre!

Al decirlo, Grayson hizo explotar un confeti de cumpleaños. Con un ¡pum!, trozos de papel barato volaron por todos lados. Dane, que solo parpadeaba, asintió al fin. 

«Ah, claro. Las comparecencias del comité…». Era lógico que estuviera contento; debía de ser la primera vez que pasaba por algo tan molesto.

—Bueno, me alegro. Felicidades.

—Gracias.

Dane sonrió y señaló la mesa con el pulgar.

—Entiendo que estés contento, pero ¿no es demasiado? Por mucho que lo intentemos, no podremos comernos todo esto.

—Claro que no es todo —respondió Grayson, lleno de seguridad.

«¿Qué más hay?», pensó Dane, riendo incrédulo y moviendo la cabeza. En ese momento, Grayson sacó de detrás de la espalda… algo. Un aroma floral inundó el aire, y Dane se dio cuenta de que sostenía un ramo enorme.

—Quería dártelo a ti —dijo Grayson, sonriendo ante la mirada interrogante de Dane.

Este tomó el ramo, aturdido, y volvió a parpadear. Grayson, al ver su expresión aún llena de dudas, se rascó la mejilla.

—Bueno… has estado viviendo conmigo todo este tiempo. Esto es, digamos, un agradecimiento por eso.

—…¿Qué? —Dane frunció el ceño y lo miró fijamente. Grayson, sintiendo que sus mejillas ardían, continuó:

—Ayer fue… muy bueno, y… estoy agradecido por todo.

«¿No crees que hacemos buena pareja?»

Eso era lo que había planeado decir. También iba a pedirle que vivieran juntos, o al menos extender el plazo. Tenía preparados muchos argumentos para convencerlo.

Pero lo que salió de su boca fue algo completamente distinto:

—Te amo, Dane.

«Ah… eso no era lo que quería decir»

Aunque lo pensó, no se arrepintió. 

«No, en realidad… es lo que debería haber dicho desde el principio. ¿Cómo no se me ocurrió antes?». Una cálida sensación en el pecho le dibujó una sonrisa, y miró a Dane con felicidad.

A Dane…

…que lo miraba como si el mundo se hubiera derrumbado.

—¿Dane…?

—Ah.

Al llamarlo, Dane dejó escapar un suspiro casi al mismo tiempo. Se cubrió el rostro con una mano, como si le diera vértigo, y exhaló hondo. Un silencio incómodo cayó entre ellos. El calor que había sentido en el pecho desapareció, reemplazado por un aire helado que rodeó su corazón.

—Dane…

—Esto no va a funcionar. Nosotros… no —murmuró Dane, aún con la mano en el rostro.

—Basta ya.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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