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Capítulo 12

El sensor de la puerta de entrada, que detectaba el movimiento de las personas, hacía que la luz parpadeara continuamente.

Tan caótica como la luz intermitente, la respiración de ambos también se mezclaba de manera desordenada. No había rastro de vacilación o duda en ninguno de los dos. Se besaron con tanta prisa que era imposible saber quién había comenzado primero.

Pero no estaba claro si realmente podía describirse su beso como un beso en el sentido literal, o si debería usarse una expresión como “devorarse” o “morderse”. No era simplemente un acto cariñoso de juntar los labios. Era algo salvaje y violento, como si se estuvieran explorando mutuamente con ferocidad.

No se sabía cuántos días llevaban así, pegados el uno al otro. Hoy había planeado irse, pero Juliet había sido atrapado nuevamente por Dominic en la entrada, y así terminaron en esta situación. Aunque, en realidad, no le molestaba.

Inclinaron sus cabezas, profundizando el contacto, y en un momento parecía que entrelazaban sus lenguas, pero luego se mordían los labios, jugueteaban y volvían a revolver sus bocas.

Juliet tiró de la corbata impecable de Dominic, arrancándola con fuerza. Él soltó una pequeña risa.

—¿Así que decides cancelar tus planes de volver a casa, eh?

—Tú fuiste quien me agarró primero.

—¿Y quién es el que está colgado de mi cuello ahora?

—Sí, soy yo.

Juliet sonrió débilmente, como si se hubiera rendido. Entonces, Dominic, con manos ansiosas, le arrancó la camisa. Los botones salieron volando.

Al fin y al cabo, la ropa era algo que podía reemplazarse fácilmente, así que no valía la pena preocuparse por eso. Y, finalmente, hoy también Juliet terminaría de nuevo en su cama.

Dominic apartó sus labios del beso y se dirigió al centro de su pecho, donde chupó un pezón enrojecido y ardiente que destacaba sobre su piel blanca y deslumbrante.

Y, mientras le quitaba la camisa con naturalidad, sus manos descendieron por su espalda. Agarró sus redondeadas nalgas, rodeó su cintura y, con rudeza, lo empujó contra la puerta mientras continuaban besándose.

—¡Ah, ah…!

Las piernas de Juliet, que estaban envueltas alrededor de la cintura de Dominic, comenzaron a temblar sin fuerza. Dominic ya no necesitaba esperar; sacó su miembro y, de un tirón, bajó los pantalones y los calzoncillos de Juliet hasta los muslos.

Luego, en un instante, apoyó a Juliet contra la fría puerta y comenzó a empujar su miembro con fuerza dentro de él. Aunque ya había recibido el miembro de Dominic varias veces, a Juliet aún le resultaba abrumador, y dejó escapar un gran suspiro.

—¡Ugh, uh…!

Los empujes brutales de Dominic, tan fuertes que parecían perforarle el vientre, hicieron que Juliet gimiera de placer, incapaz de cerrar la boca. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando, junto con la sensación de su miembro deslizándose dentro y fuera, le erizaba la piel. Pero, cuando él se retiraba un poco, las paredes internas de Juliet se retorcían como suplicando más, y Dominic disfrutaba plenamente de esa reacción.

Ahora, la cabeza de su miembro, que parecía encajar perfectamente en su interior, revolvía con calidez las entrañas de Juliet, quien, entre gemidos que sonaban como sollozos, terminó por llegar al clímax.

—Toma, aquí tienes.

Juliet recibió con cuidado el sobre que Dominic le extendía. Dentro del sobre había una medicina para eliminar las feromonas acumuladas en su cuerpo. Aunque Juliet ya se había lavado y había expulsado el semen, era necesario prevenir cualquier riesgo potencial.

—Qué molestia que seas Gamma.

Mientras tomaba la medicina, Juliet respondió al comentario de Dominic.

—Sí, sería mucho más fácil si usaras el maravilloso invento de la civilización llamado condón. ¿No crees?

Dominic frunció el ceño, pero, afortunadamente, no dijo nada. Sorprendido de que no respondiera con sarcasmo, Juliet extendió la taza vacía.

—Oye…

Juliet le entregó la taza mientras rozaba suavemente la palma de Dominic. Bajo su mirada inquisitiva, Juliet lo miró y preguntó:

—¿Quieres chupar el mío?

Inmediatamente, el rostro de Dominic se torció.

—¿Me estás pidiendo que me meta tu cosa en la boca?

Aunque su reacción fue de incredulidad, Juliet no perdió la sonrisa y replicó:

—Dijiste que querías probar nuevas experiencias.

No había forma de refutar eso. De hecho, Dominic había metido su pene en la boca de innumerables personas hasta ese momento, pero nunca había imaginado que él sería quien chupara algo de alguien más.

—¿Y tú? —preguntó Dominic con desconfianza—. ¿Lo has hecho antes?

Ante la pregunta, Juliet esbozó una sonrisa pícara.

—Si me gusta cómo lo haces, yo también lo haré.

Dominic lo miró en silencio. Juliet esperó, curioso por la decisión que tomaría el hombre. Justo cuando pensó que Dominic podría enfadarse y romper su promesa, sintió un escalofrío en la espalda.

Dominic retrocedió un pie y se arrodilló frente a Juliet. Pero no se detuvo ahí. Bajó la cremallera del pantalón de Juliet y sacó su pene, tal como lo habían hecho tantos Omegas que él había menospreciado.

Juliet, con el rostro enrojecido, se tapó la boca y observó, sin saber qué hacer, mientras Dominic se llevaba su pene a la boca.

—Ah… —escapó un gemido involuntario, y rápidamente se tapó la boca con ambas manos. Dominic tragó profundamente, y la fuerte presión casi hizo que Juliet llegara al clímax, pero logró superar la crisis.

—No eres muy bueno —dijo Juliet, menospreciando su habilidad a propósito. Era una provocación innecesaria, pero no pudo evitarlo. Dominic lo miró de reojo y de repente mordió con fuerza.

—¡Ah, ah! ¿Qué estás haciendo? ¡Duele! —gritó Juliet, asustado, pero Dominic hizo caso omiso. Juliet solo podía mirar, imaginando lo impensable: que Dominic le arrancara el pene con los dientes.

Pero no duró mucho. Pronto, Juliet se dejó llevar por la habilidad de su lengua. Dominic lamió y frotó su pene con insistencia, y cuando la excitación llegó al límite, de repente chupó con fuerza el glande.

—¡Ah, ah…! —su voz, antes llena de excitación, se tornó en decepción. Justo cuando estaba a punto de eyacular, Dominic escupió su pene.

Pero no tuvo suerte. Un momento de retraso fue suficiente para que Juliet derramara su semen en el rostro de Dominic.

Dominic, con incredulidad, se limpió el semen de su cara. Al ver el líquido en su mano, su rostro se distorsionó, y Juliet dijo riendo:

—Otra nueva experiencia para ti.

Juliet rió como un niño. Entonces, Dominic lo empujó sobre la cama y se subió encima. Le bajó los pantalones y la ropa interior de un tirón, exponiendo sus nalgas redondas.

—¡No, espera, detente…! —Juliet intentó detenerlo, pero Dominic lo ignoró e intentó empujar su pene dentro.

Pero esta vez no fue tan fácil. Dominic solía poder penetrar fácilmente cuando quería, sin necesidad de preparar a su pareja o abrir el agujero con cuidado. Solo con liberar un poco de feromonas, todo estaba listo.

Pero este hombre era diferente. Dominic torció el rostro y detuvo la penetración. La presión era enorme, y no podía ni siquiera meter la mitad. Era sorprendente que el glande hubiera entrado.

—… Uf —gruñó con frustración y sacó su pene. Pero no se rindió.

—¡Ah! —empujó a Juliet, que intentaba levantarse, y lo cubrió por detrás. Sus nalgas desnudas tocaron directamente la piel desnuda. El aliento caliente de Dominic se mezcló con el suyo.

—Junta las piernas, con fuerza —susurró, mordiendo su oreja, y empujó su pene en el espacio entre sus muslos.

—Ah, ah… —los gemidos de Juliet pronto se convirtieron en gritos. El pene que entraba y salía, frotando su perineo, rozaba bruscamente su escroto y su pene. La fricción repetida hizo que sus muslos perdieran fuerza. Cada vez que el espacio por donde entraba y salía el pene de Dominic se aflojaba, este le daba una palmada en las nalgas.

—Aprieta más, así —suspiro satisfecho, y la fricción comenzó de nuevo. Juliet, acostado como un perro, recibió el miembro del hombre entre sus muslos.

Su segunda eyaculación ocurrió casi al mismo tiempo que la de Dominic. Al ver a Juliet tirado en la cama, con los muslos empapados de semen, Dominic finalmente relajó su expresión.

El beso que siguió fue suave, y solo después de mucho más esfuerzo, Dominic pudo finalmente entrar en él.



TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


¿TE HAS CANSADO?

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