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Capítulo 67

Estábamos tomando el té cuando Daria, con la misma franqueza de siempre, me preguntó: 

—¿Finalmente has aceptado los sentimientos de Raymond?

—¿Cómo lo supiste?—respondí mientras movía mis manos debajo de la mesa, tratando de leer su estado de ánimo.

—Simple. Esta mañana, sin venir a cuento, él me dijo que debíamos apresurar el procedimiento de divorcio y, como aún no has asegurado tu bienestar debido a tus problemas con el Gran Duque de Ludwig, pensé que la única razón de este cambio es porque finalmente has aceptado los sentimientos de Raymond. En cuestión, parece ser que acerté, no reaccionarías de este modo si así no fuera el caso

—Lo siento por no habértelo dicho antes.

—Sí, eso también. Deberías sentirte un poco más arrepentida, no sabes lo estúpida que me sentí delante de él.—Daria levantó su taza de té con una expresión de desdén y, tras un sorbo, añadió con un tono teatral—. Rechazaste mi propuesta de matrimonio y… ¿Ahora vas y aceptas los sentimientos de alguien como Raymond? ¿Cómo puedes hacerme esto, Chloe, con lo mucho que yo te quiero?

Sus reproches juguetones hicieron que la tensión que recorría mi cuerpo se desvaneciera, relajándome un poco.

—Lo siento, Majestad. Pero estoy segura de que también encontrarás a alguien mejor que yo.

—No hables con una expresión tan seria. Realmente me hace sentir que me han dado calabazas.

No lo decía seriamente, pues solo le seguía el juego. Por tanto, esa contestación hizo que me sintiera injustamente acusada. Sin embargo, en lugar de protestar, bebí un trago de mi té caliente mientras Daria continuaba hablando.

—De todos modos, dejaré pronto esta posición como Emperatriz de Astart, así que les deseo mucha felicidad a ambos.

Al escuchar sus palabras, me atraganté y miré a Daria, quien estaba disfrutando el té con una actitud indiferente.

—Cof, cof… ¿De… dejarás? ¿Estás pensando en irte? ¿Cómo puedes decir eso…?

—Claro, es algo que ya tenía en mente desde hace tiempo. Aunque si algo tengo que añadir es que, a ser posible, preferiría que tuvieras un hijo que se parezca a ti en lugar de a Raymond. Solo pido eso. Tener dos caras tan desafortunadas en el mundo sería una maldición para el Imperio… Piénsalo como un favor hacia la persona cuyo amor hacia ti no es correspondido.

Con los comentarios descarados que siguieron, finalmente dejé la taza.

—¿Qué…?

Daria se rió traviesamente al ver mi completa confusión.

—De todos modos, Chloe. Pronto me retiraré del trono Imperial, así que no hay problema en que use palabras descorteses o expresiones un tanto deshonrosas. He estado sufriendo por no poder decir lo que quería o hacer lo que me apetecía. Pero visto que tú serás la futura esposa de Raymond, debes, en mi lugar, hablar con delicadeza y dar un buen ejemplo como Emperatriz. Je, je, je…—Daria se rió siniestramente, disfrutando del momento.

Pensando en cómo sus frases no se alineaban con su comportamiento habitual, decidí no mencionar ese punto y no tocar el tema sobre la etiqueta Imperial. Sin embargo, no pude evitar pensar seriamente en lo que Daria insinuaba.

«¿Realmente ella cree que es posible que yo llegue a ese puesto? Soy una bastarda de una familia caída y no tengo el carisma ni la habilidad que tiene Daria. Más importante aún, en mi vida pasada también estuve en esta encrucijada y me enfrenté contra una fuerte oposición constante. Pensar que al final, nunca pude alcanzar esa posición… ¿Qué tanto puede cambiar mi situación con respecto a antes como para que Raymond esté tan seguro de volver a intentarlo?»

Mimy: Pues han cambiado muchas cosas chica… Pero eres Doña pajas mentales, así que empiezo a ver tus movidas con normalidad XD Si sabes lo que pasó, puedes prevenir en vez de huir.

En ese momento de breve silencio,  parecía que Daria había leído mis pensamientos internos, ya que, con voz serena, agregó: 

—No te preocupes Chloe. Por supuesto, que puedes convertirte en una excelente Emperatriz.—y, tras tranquilizarme con esas palabras, prosiguió con un tono incisivo—. Aunque la verdad es que tienes una tendencia a subestimarse, lo cual es bastante desagradable. Me gustaría que, por una vez, dejaras de hacerlo. Así que, ya sabes, vete arreglando eso.

—…

La miré un tanto incómoda, sin saber qué decir.

—Además, te enseñé personalmente todas las cualidades necesarias para ser una buena Emperatriz. ¿Por qué dudas? ¿De qué tanto tienes miedo? 

—¿Eh…?

«¿Cualidades de una Emperatriz? ¿Cuándo me enseñó ella tales cosas?»

—Bueno, borrar tu inseguridad acerca de este puesto tiene fácil solución. A partir de mañana, te encargarás completamente de la gestión del presupuesto del Palacio. Así que prepárate, Chloe.

Mimy: “Voy a hacer toda una Emperatriz de ti” (Poneros la canción de Mulán de “Voy a hacer todo un hombre de ti” XD) 

—¿Cómo? ¡Espera un momento! ¿No estaba en período de vacaciones?

—Je, je, je, je…—A pesar de elevar mi voz en mi sorpresa, Daria rió cruelmente y se llevó la mano a la barbilla—. Haré una transferencia no oficial mañana a las diez de la mañana. Espero que a esa hora estés en mi oficina, sin retrasos.

«¡Pero mañana estaba planeado para pasear por los jardines del Palacio con Raymond…!»

Sin embargo, esas palabras se quedaron en la punta de mi lengua y, en su lugar, salí del salón con una expresión muy desanimada.

Ya estaba lidiando con el aumento de tareas que habían llegado a mí debido a la ausencia de la Marquesa Elijah Gemma, quien, debido a su embarazo, había dejado su trabajo como doncella. Y ahora, para rematar, me iban a asignar la gestión del presupuesto del Palacio.

«A este paso… ¿No acabaré trabajando todo el tiempo, incluso durante los días festivos? Esto parece más un plan de Daria para escaquearse de sus obligaciones usando la excusa de “ayudarme”…»

Un sentimiento de injusticia empezó a crecer en mí. 

«¡Realmente no estoy segura de si puedo llegar a ser la esposa legal de Raymond! ¡Y ahora me asignan más deberes sin tener aún dicho puesto! Aunque… Incluso si tengo que pasar por esta injusticia… La verdad es que quiero dar todo de mí para estar a su lado…» 

Imaginé cómo sería estar vestida con un traje blanco, caminando junto a Raymond, de la mano hacia el altar.

«Pero, está claro que, para llegar a eso, tendré que pasar por un camino muy arduo y difícil… Ser Emperatriz no es algo que se obtenga tan fácilmente… Debo esforzarme, ya que, formar una familia con él… Sería realmente maravilloso.»

Mi corazón palpitaba con fervor. Por primera vez sentía lo que era la “ambición”. Un impetuoso deseo con el que aspiraba a ser la mujer que estuviera al lado de Raymond en esta vida.

Recuerdo que, en el pasado, Kylos siempre me alababa por no tener ambiciones. Cuando era niña, tenía que reprimir todo tipo de afán y ansias que surgían en mí, para agradarle. Pero ya no más. No pensaba en ignorar este anhelo que se asomaba desde lo más profundo de mi ser.

Además, quien me infundió ese nuevo coraje no era otro que Raymond, el hombre al que verdaderamente amo.

«Pondré todo de mi parte para ser una persona digna y adecuada para él.»

Quería ser una mujer que pudiera estar junto a Raymond, con orgullo. No simplemente un cebo hermoso para seducir al Emperador como en el pasado y tampoco una muñeca de adorno la cual lucir, sino una persona íntegra; una esposa merecedora de compartir el peso que él cargaba sobre sus hombros como Soberano del Imperio.

Para lograrlo, tendría que estudiar mucho más de lo que ya había hecho con anterioridad. Más allá de lo que Kylos me había instruido. De hecho, para manejar con facilidad las tareas que Daria solía asignarme, incluso aquellas que parecían pequeñas, debía poner todo mi esfuerzo y mente a trabajar.

Por suerte, “Estudiar” y “esforzarse” eran áreas en las que me sentía muy segura de mí misma. Así que, si al final todo esto resulta en vano y no me convierto en Emperatriz, que no se diga que no fue por no haberlo intentado al máximo.

Cuando puse un pie fuera del edificio, mientras cavilaba para mis adentros, una voz suave me llamó.

—Chloe.

Era Raymond, quien me esperaba con una sonrisa tranquila.

—Su Majestad.

Corrí rápidamente hacia él, avanzando a paso rápido y, en cuanto lo alcancé, coloqué mi mano sobre la suya cálida, la cual había extendido previamente para mí.

—¿Por qué tienes una expresión tan solemne? ¿Te ha estado molestando Daria de nuevo?

Raymond miró de reojo el edificio de la Emperatriz. Era una observación bastante acertada y, por un breve momento, me dieron ganas de contarle las travesuras de Daria. No obstante desistí, eran solo sus jugarretas sin malas intenciones y Raymond solía preocuparse demasiado por ello.

—No.—negué sacudiendo la cabeza a la vez que sonreía suavemente—. Estaba pensando en ti.

—¡Oh! Si es así… No está mal.—él sonrió ligeramente y comenzó a caminar—. Pero… Con una expresión tan seria pensando en mí… Hmms ¿Te estabas imaginando cómo será el día de nuestra boda?

—…

Ahora sí que empezaba a cuestionarme si él tal vez había desarrollado una habilidad para leer los pensamientos de las personas.

Cuando lo miré con mi rostro ruborizado en silencio, él dejó de reírse de manera juguetona y se sonrojó también hasta el cuello.

—Oh… Umm… Ehh… ¿D-de verdad, has tenido ese pensamiento?—balbuceó nervioso mostrando su visible timidez.

—…

—… ¡Oh! Yo…—entre titubeos él exclamó brevemente, cubriéndose la cara con una mano. Por supuesto, no podía ocultar las orejas enrojecidas—. Maldita sea, Chloe Realmente…

Tras una pausa, lanzó una mirada furtiva hacia mí, entre sus dedos entreabiertos que ocultaban su expresión de vergüenza y, en cuanto nuestros ojos se encontraron, él murmuró con una voz casi inaudible:

—… Estoy tan feliz que me estoy volviendo loco.

«Yo también. Raymond, creo que yo también me estoy volviendo loca por ti. Por eso también tengo esos deseos y ambiciones.»

Puesto que no tenía la intención de rendirme y, me sentía lo suficientemente determinada como para luchar por mis anhelos, no iba a considerar mis ambiciones un pecado, como habría pensado mi antiguo “yo”. 

Estaba claro que mi amor no era ninguna infracción y nuestra noche de ayer tampoco fue un desliz. 

«Raymond, el amor que ambos compartimos es puro y genuino. Por tanto, esta vez, estoy dispuesta a defenderlo con todo mi ser. Así que, por favor, aprecia mis esfuerzos por convertirme en la “mujer” que te corresponde, mi amado.»

Mimy: Él ya está contento tal y como eres. Lo ha repetido el pobre hasta la saciedad XD

┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

El “Día Santo”, el cual se celebra cada cuatro años, es un homenaje para conmemorar a la Santa Flora, quien apareció hace cien años y, por tanto, es una festividad para todo el Imperio de Astart.

A pesar de la intranquilidad causada por las desapariciones de varias mujeres con cabello plateado, la celebración se llevó a cabo. En medio de la desgracia, se puede considerar una suerte que no haya habido más víctimas después de la supuesta abducción de Lady Eloise.

En la plaza central de la capital se habían reunido más de tres mil personas. Nobles, plebeyos y esclavos se agolpaban, disfrutando con expresiones alegres, aparentemente ajenos al caso de las jóvenes desaparecidas que, hace tan solo unos días, tenía a toda la población conmocionada.

Mientras tanto, en el Palacio, Lette me miraba con los ojos llenos de lágrimas, como una niña haciendo pucheros.

—¡También quiero estar con Chloe…!

—Lo siento, Lette. Pero hoy debes presentarte como la Santa.

—¡Es injusto! ¡Que me seas arrebatada por la Princesa de Carolina!—los agudos ojos de Lette se dirigieron hacia la desafortunada Betsy—. ¡Princesa de Carolina! Que sepas que, aunque hoy te cedo a Chloe, no olvides que ella es mía. ¿Está claro?

Finalmente, la joven Santa, con lágrimas cayendo por sus mejillas, me cedió a Betsy. Aunque no estaba segura de si la palabra “ceder” es la más adecuada para mi situación, en la que me sentía como una posesión.

Después de bajar del carruaje, Betsy y yo nos mezclamos entre la multitud reunida.

Supuestamente, frente al Dios Ramie, todos éramos iguales, sin distinción de estatus. No obstante, la vestimenta revelaba en gran medida la posición y riquezas de cada uno.

Al principio, planeaba salir vestida como una plebeya para evitar miradas susceptibles, pero ese plan se vino abajo cuando Daria lo descubrió. Según su opinión, era arriesgado. Mencionó la reciente serie de desapariciones en la capital y, puesto que en su mayoría, las víctimas no tenían a alguien poderoso por detrás que las protegiera, como motivo de seguridad, debíamos denotar que éramos sus doncellas de Palacio, al menos, con la vestimenta. Obviamente, ante esto, Betsy y yo no pudimos decir nada.

En su lugar, para no destacar, ambas llevábamos máscaras adornadas con flores primaverales. Estos antifaces únicamente podían verse en el Día de la Santa Flora y, aunque se les llamaba “máscaras”, no cubrían el rostro completamente. Por tanto, si se observaba a una persona de cerca, sus expresiones faciales se podían ver con claridad. 

Sin embargo, el simple hecho de esconder mi rostro bajo la máscara me hacía sentir como una niña traviesa, entusiasmada y emocionada.

—¡Ahí están! ¡Son Su Majestad y la hermana Daria!—exclamó Betsy con un grito mientras los señalaba.

Raymond y Daria caminaban juntos a lo lejos. La aparición del Emperador y su consorte fue recibida con vítores de los allí reunidos. Los dos cruzaron la plaza con pasos elegantes y se sentaron en un lugar reservado para ellos, en el elevado estrado.

Observé a los dos desde una distancia considerable. No me agradaba ver a otra mujer sentada al lado de Raymond. Aunque ella fuera la conocida Daria, a quien apreciaba, y a sabiendas de que no se amaban, no podía evitar sentir ciertos celos. Puede que para otras personas este hecho parezca irreverente. No obstante, es lo que sucede cuando amas a alguien tanto como yo lo hacía con Raymond.

Para tranquilizarme, pensé en la conversación que ayer mantuvimos Raymond y yo:

{—Después de la festividad, se proclamará mi divorcio con Daria.}

Sus palabras de anoche resonaban en mi mente con aquella voz que era miel para mis oídos.

{—Está en marcha. Ya he notificado a las casas Ducales y Marquesales.

—¿Hubo mucha resistencia?

—Sorpresivamente, no tanto. Pero no te preocupes, Chloe. Yo me encargaré personalmente de todo, te aseguro que saldrá bien esta vez.}

A pesar de que él decía esto, la diferencia en el tiempo y las circunstancias cambiantes me inquietaban. 

Era sospechoso y sentía una cierta incomodidad en la facilidad con la que se estaban consiguiendo las cosas. No sabía si estaba siendo demasiado paranoica, pero era un hecho que los nobles, en el pasado, se habían esforzado por evitar la separación de Raymond y Daria. 

«¿Sería por la decreciente influencia de Kylos en la aristocracia?Aunque eso solo tampoco lo explica todo…»

En estos momentos, al contrario que en aquella época, la alta nobleza parecía desentenderse del asunto e, inevitablemente, me resultaba extraño. Me costaba entender por qué el Duque de Carolina, quien se había opuesto más ferozmente al divorcio que el Marqués de Rosaline, ahora se mantuviera en silencio.

En ese entonces, Raymond había llevado sobre sus hombros toda esa carga solo. Irónicamente, después, quien me había contado sobre las dificultades por las que él pasó para estar a mi lado, no fue otro que Kylos, regocijándose en la que decía ser la estupidez de su hermanastro por amar tanto a una mujer que lo traicionó.

{—En nuestra vida pasada, no cumplí mi promesa hasta el final. Pero, esta vez será diferente, Chloe.}

Sin embargo, en esta ocasión, tampoco quería permanecer ignorante de la situación como en aquellos tiempos. Debía aprender de mis errores y avanzar.

{—Está bien. Aun así, Deseo que Su Majestad no cargue con estas dificultades sólo. Por tanto prométeme que contarás conmigo. Estaré aquí, a tu lado, apoyándote cada vez que lo necesites.}

Al susurrar valientemente aquellas palabras, Raymond sonrió en silencio y me abrazó.

Ensimismada, gritos, aclamando a la protagonista del “Día Santo” me devolvieron a la realidad.

—¡Ahí está la Santa!

—¡La Santa ha aparecido!

Despertada, por el bullicio de la gente, miré hacia el lugar que señalaban.

Lette, en su forma infantil, apareció acompañada por sacerdotes vestidos de blanco. Su pequeño cuerpo saltó ligeramente sobre el estrado elevado.

—¿Esa niña…? ¿Es la Santa?

—¿No es demasiado joven para ser la Santa…?

Mientras la gente expresaba su sorpresa, Lette sonrió y dio un paso adelante. Cada vez que daba un paso con su andar ligero como una pluma, su cuerpo empezaba a crecer.

Pronto, se convirtió en una figura adulta y perfectamente formada, más madura que cuando la vi por primera vez.

Mientras todos admiraban el milagroso poder de Lette, ésta se colocó elegantemente frente a Raymond. Con una sonrisa apenas perceptible, extendió su mano sobre la cabeza de Raymond y lo bendijo.

—Que el Dios Ramie bendiga eternamente al gobernante del Imperio Astart.

Incluso Betsy, quien había dudado de las cualidades de Lette como Santa, aplaudió embelesada por la sencillez y precisión de sus gestos.

Luego, ella se acercó a Daria, quien estaba sentada al lado de Raymond, y la miró fijamente. Mientras la Santa permanecía en silencio durante un tiempo, todos comenzaron a inclinar la cabeza en señal de confusión; hasta que, finalmente, Lette rompió la quietud hablando de forma lenta y clara:

—Has nacido bajo la estrella del pionero. Posees una gran fuerza de voluntad y la capacidad de crear tu propio destino.

Las palabras de Lette fueron sorpresivas para Daria quien, sentada con una postura erguida, contempló a Lette con un deje de extrañeza en sus ojos. En el momento en que sus miradas se encontraron, las comisuras de los ojos de Lette se curvaron sutilmente.

—La corona de la Emperatriz no te queda bien, su alteza.

—¡…!

Un murmullo de sorpresa estalló por todos lados. El atrevimiento de Lette al decir aquella frase causó gran confusión entre todos los presentes. Pero, sin inmutarse ante el revuelo, ella continuó hablando tal que un ser divino proclamando una profecía: 

—El día en que se cumpla tu deseo no está lejos. Sea cual sea la decisión que tomes, obtendrás el nombre de “La primera” y nadie osará interponerse en tu camino.

Mientras la multitud se agitaba en crescendo, Daria observaba a Lette con una expresión de curiosidad. Al decir verdad, yo misma estaba más impactada que confundida por la explosiva declaración de Lette. Incluso Betsy estaba inquieta, moviendo los pies nerviosamente.

No obstante, por si eso solo no fuera suficiente, Lette desvió su mirada hacia Raymond y dijo:

—Busca a tu verdadera compañera, gobernante del Imperio de Astart.—tras esto, solemne y con ojos firmes que no dejaban lugar a dudas, Lette añadió—. Raymond de Astarot, la elegida con la que compartirás tu vida está en algún lugar cercano, mucho más de lo que te imaginas.

—¿Una verdadera compañera…?—murmuró Raymond quien también se lo veía con una expresión intrigada en el rostro. 

Sin embargo, sin más explicaciones, Lette esbozó una breve sonrisa y levantó los brazos hacia el cielo.

—¡¡Que la gloria del Dios Ramie esté siempre con el Imperio!!



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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