Capítulo 61
De repente, la conversación del picnic volvió a centrarse en torno al caballero Kennen y el caballero Enoch.
—¡Nuestro hermano mayor no es nada recatado!—exclamó la hermana de Sir Kennen—. ¡Cuando está en la mansión, no es nada más que un frívolo! La persona a la que le queda mejor el adjetivo “recatado” es al caballero Sir Brans.
Al ver cómo el nombre de Raymond se desvanecía de la conversación, me sentí molesta y, sin que nadie lo viera, me comí las últimas galletas de uno de los platos.
En ese momento también me di cuenta de que alguien, al igual que yo, tampoco participaba en la conversación y se dedicaba a comer bocadillos en silencio. Era Lette, quien, al encontrarse con mis ojos, me tiró de la manga para que me acercara y susurró cerca de mi oído:
—Chloe, Chloe.—me llamó la joven Santa suavemente—. ¿Realmente crees que Sir Kennen y Enoch son más guapos que Raymond?
—Bueno, no estoy segura. A mis ojos Raymond es perfectamente adecuado para estar en medio de esta conversación. Pero parece que en este lugar solo tú y yo tenemos el mismo punto de vista.
—¿Verdad? ¿No es extraño cómo todas parecen tener una visión tan rara? Por más que lo pienso, no logro comprenderlas. Raymond es el más guapo.—determinó Lette—. No entiendo por qué todos dicen que él es aterrador. ¿Por qué no ven lo amable y encantador que es Raymond?
Mientras estábamos cuchicheando en voz baja, la joven Condesa Gloah, que había estado comportándose con madurez hasta ese momento, de repente dijo:
—Ahora que me doy cuenta… Creo que su Santidad y Lady Garnetsch son realmente parecidas.
Las palabras de Gloah hicieron que el rostro de Lette, que había estado brillando con felicidad, se sonrojara mientras preguntaba:
—¿De verdad?
—Sí, aunque el carácter y el aura es un poco diferente… la verdad es que sois bastante semejantes en todo lo demás. Si su Santidad crece un poco más, será casi igual a Lady Garnetsch en el futuro.
—¡Es el mejor cumplido que he recibido hasta ahora, Lady Gloah!—exclamó Lette sumamente emocionada.
Cuando me giré para verla, vi que estaba extremadamente ruborizada por lo que Gloah había dicho. En realidad, yo también había pensado eso cuando vi a Lette por primera vez. Sin embargo desconocía el hecho de que otras personas también pensaban lo mismo.
—Me alegra tanto que hayas notado que me parezco a Chloe…—confesó Lette tímidamente.
—Sí, ¿no? Y es más, al estar juntas, incluso parecen hermanas.
—¿Hermanas?
Extrañamente, la expresión de felicidad de Lette se transformó en decepción al escuchar la palabra “hermanas”. Al ver su notable reacción me sorprendió bastante. Pensé que, dado que Lette siempre me mostró simpatía, estaría feliz con la idea de que éramos como hermanas. Tras unos segundos de silencio, Lette, que había enmudecido, volvió a abrir la boca:
—Por favor, mira bien de nuevo, Lady Gloah. ¿Realmente Chloe y yo parecemos hermanas?
—S-Sí… Realmente parecen hermanas…—balbuceó la Condesa.
—¡No puede ser! ¡No podemos parecernos solo como hermanas!—gritó Lette visiblemente irritada.
Con la excitación de Lette, Gloah, preocupada por haber cometido un error, no sabía qué hacer.
Mientras la joven Santa, desanimada, bajaba la cabeza por no haber logrado obtener la respuesta que deseaba, Lady Miller introdujo un nuevo tema de conversación para aligerar el ambiente:
—¿Han oído ese cuento de terror que está circulando en la capital últimamente?
—¿Un cuento de terror?
—Es una historia que solo comparto con las jóvenes…—añadió con un cierto tono de picardía.
Cuando la atención de todos se concentró en ella, Lady Miller cambió el tono a uno espeluznante que claramente estaba imitando y continuó:
—Se dice que cada noche aparece un fantasma en la capital.
—Vamos, ¿dónde encontraríamos fantasmas?—respondió otra chica envalentonada.
—Es cierto. Cada noche, el fantasma aparece y secuestra a muchachas de alta alcurnia. El espectro maligno pertenece a una mujer llamada Ana que vivía bajo la puerta oeste hace diez años. El día antes de su boda, su prometido se escapó con una joven noble, dejándola sola y abandonada. Ana, sin poder olvidar a su amado, esperó años por su regreso hasta que finalmente enfermó y murió. Por eso ahora, como fantasma, busca venganza contra la chica que se llevó a su prometido y solo busca a aquellas jóvenes nobles que tengan cierto parecido con ella.
Sentada justo al lado de Lady Miller, la joven Kennen tragó saliva y preguntó:
—¿Y cómo era esa joven noble?
—¿La joven noble…? Hmm… ah, sí.—contestó Miller pausadamente para fomentar la intriga—. Ella tenía el cabello plateado y los ojos rojos, como su Santidad. Por eso, cada noche, las jóvenes de cabello plateado son secuestradas una a una por el fantasma y…
—¡Eso es una tontería!—saltó inmediatamente Betsy, tajante y con voz brusca—. ¡Si va a tomar venganza, debería ser contra el estúpido prometido infiel, y no contra esas jóvenes nobles inocentes! Además, ¿dónde demonios existen los fantasmas? ¡No hay espíritus ni espectros malignos en la realidad!
—Princesa de Carolina, tenga cuidado. El fantasma podría estar escuchando esta conversación y enfadarse con lo que dice. Quien sabe… Incluso podría venir a buscarla esta misma noche.
—¡Ja! ¡Pues que venga!
Aunque todos estaban claramente asustados, Betsy se rió con desdén de la historia. Parecía que ella no creía en absoluto en los fantasmas.
Yo tampoco compartía la idea de la existencia de los fantasmas vengativos, pero la historia en sí, me incomodaba. ¿Cómo podía ser que el espectro solo secuestre a mujeres de cabello plateado?
Mientras hablábamos de esto y aquello, el sol comenzó a ponerse lentamente. Todas, sintiendo la tristeza de que la reunión estaba llegando a su fin, se levantaron y comenzaron a prepararse para partir.
Cuando finalmente caminábamos hacia donde estaban las carretas, conversando trivialidades, vi a una figura conocida desde el otro lado.
—¡Raymond!—Lette, que fue la primera en verlo, lo señaló con una sonrisa radiante.
Todas tuvimos que desviar la mirada para no ver a su Santidad señalando descaradamente al Emperador con el dedo.
—Que el Gobernante del Imperio rinda honor infinito a la hija del Dios Ramie.—habló Raymond, con una voz neutral saludando a Lette.
Entonces ella, con una sonrisa brillante, respondió:
—Que las bendiciones del Dios Ramie estén eternamente con el Imperio y su Gobernante.
—¿Disfrutó su Santidad del picnic patrocinado por la Emperatriz?
—Sí, fue excelente. Estoy realmente agradecida por esta oportunidad.
La conversación entre los dos me dejó una impresión extraña.
Noté un cambio sutil en Lette. Al igual que cuando estamos solas, ella mostraba una gran simpatía hacia Raymond.
Sin embargo él, sutilmente desvió lentamente los ojos y me miró a mí, quien estaba a su lado. Me sentí algo avergonzada al encontrarme con su intensa mirada en medio de la multitud.
Nerviosa y sin saber qué hacer, desvié la vista y él soltó una suave risa notando mi reacción. Su tierna sonrisa causó un revuelo a su alrededor y me dio la impresión de que ahora todas podrían estar pensando lo mismo que yo:
«Ciertamente Raymond, es el hombre más guapo del Imperio.»
No obstante, rápidamente se despidió con unas breves palabras.
—Que tengan un buen regreso.
Por algún motivo se lo veía arrepentido, quizás porque él mismo se había dado cuenta de que se había convertido en el centro de atención.
Después de decirnos esas palabras a mí y a las jóvenes, Raymond siguió su camino. Si no hubiera sido porque Lady Eloise tropezó en la dirección en la que él estaba, probablemente nada habría pasado.
—¡Aaay!
Al escuchar el grito repentino, todas nos sorprendimos y miramos hacia ella. La joven noble estaba tendida en el suelo de tierra con un aspecto desolado. Su blanco y hermoso vestido se había ensuciado completamente.
—¿Estás bien, Lady Eloise?—dijeron varias chicas al unísono.
—…
Mientras las otras jóvenes ayudaban a levantar a Eloise, Raymond, con un ceño fruncido, se sacudió la ropa con indiferencia. Sorprendida, pestañeé varias veces sin dar crédito a lo que veía. Podría ser porque no había captado correctamente lo que había sucedido en ese breve momento, pero la reacción de Raymond, a mi parecer, era claramente antipática.
Entonces, como si me hubiera leído la mente, Raymond miró hacia abajo a Lady Eloise y preguntó:
—¿Estás bien?
Lady Eloise, con la cara completamente roja, se levantó con dificultad y tartamudeó una tímida disculpa:
—L-Lo lamento mucho, Su Majestad…
Después de observar por un momento a la joven, Raymond le dijo algo a su acompañante, el Marqués Ratt, para luego darse la vuelta como si nada hubiese pasado. Entonces, el Marqués Ratt sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo entregó a Lady Eloise antes de seguir a Raymond.
Fue en ese instante, cuando las jóvenes nobles reunidas, asintieron afirmando las palabras que una de nosotras había murmurado:
—… Es por eso Su Majestad es realmente temido y frío. Podría haberla ayudado a sostenerse, pero no lo hizo…
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A pesar de que ya estaba acostumbrada a mi habitación, la noche comenzaba a darme un poco de miedo.
«¿Sería por la historia del fantasma que contó Lady Miller? »
Cuando apagué la luz y me preparaba para acostarme en la cama, un ruido inesperado me hizo pegar un brinco e iluminar el cuarto nuevamente. Fijando mi vista a través de la ventana, conseguí apreciar una pequeña silueta que había aparecido en el balcón.
—¿Lette…?
—¡Ah! Jejeje… Lo siento, Chloe. ¿Todavía no te has ido a dormir?
La joven Santa, con una sonrisa incómoda, entró en mi habitación con pasos ligeros. Solté el aliento que había estado conteniendo y traté de calmar mi corazón asustado.
—¿Cómo has llegado a mi habitación a estas horas de la noche?
Cada vez me daba la impresión de que más personas entraban y salían por esta ventana que por la puerta. Pero quizás era solo una sensación mía.
—Tenía tanto miedo de que apareciera un fantasma que vine a buscarte. Dicen que el espíritu de Ana solo se interesa en personas bonitas como tú y como yo…—dijo con un tono que destilaba inocencia.
Pero verla allí, de pie, hizo que, en vez de compadecerme, pensara:
«Bueno, en mi opinión, el hecho de escalar una ventana del segundo piso a esta hora de la noche es aún más aterrador.»
No obstante, Lette continuó preguntando tímidamente como una niña asustadiza:
—¿Podemos dormir juntas, Chloe? Por favor… Solo por esta noche…
Al ver esos ojitos brillantes que me miraban con ternura, me debilité de inmediato.
Mimy: Técnica Lette 2.0 – ¿Hay alguien que pueda resistirse a eso? XD
Finalmente, accedí y la guié hacia la cama.
—Está bien… Pero solo por esta noche.
—¡Síííííí!—exclamó Lette y rápidamente se tumbó en la cama con una sonrisa radiante—. ¡Huele a Chloe en la manta!
Al ver su actitud entusiasta, dudé de su genuinidad y lamenté un poco haber caído en la trampa de aquella niña traviesa. Sin embargo, pronto me reí con ella ya que su alegría de poder dormir a mi lado era completamente sincera y, por algún motivo, me hacía sentir bien. Además, más que nada, yo tampoco quería estar sola esa noche, así que agradecí la compañía que Lette me ofrecía.
—Hmm, esto es tan agradable… Siempre he soñado con dormir en la misma cama que Chloe y acurrucarme contigo.
«¿Siempre he soñado?¿Acurrucarme contigo?»
Me detuve por un momento pensando en esas frases en concreto, pero hice como si no hubiera oído y cambié de tema.
—Pero… solo me conoces desde hace poco tiempo.
—¡Te lo dije! ¿No lo recuerdas? Enoch me contó mucho sobre ti.—respondió Lette inflando sus mejillas y frunciendo el ceño.
Verla así me resultaba irresistiblemente adorable. Incluso sus ojos rojos entrecerrados con una expresión enojada la hacían verse, a mi parecer, encantadora. Sin embargo, Lette no parecía compartir la misma opinión que hacía que, inconscientemente, dibujara una sonrisa en mi rostro.
—¿Por qué? ¿Por qué te ríes?—preguntó repetidamente inflando todavía más sus sonrosados mofletes.
—No, nada…—constesté con dulzura—. Simplemente sonrío así porque Lette es verdaderamente adorable.
Cuando solía decir esto, Betsy solía enfadarse más. No obstante, Lette, en lugar de enojarse, se sonrojó de repente y miró con timidez.
—¿En serio? ¿De verdad soy adorable?
Su actitud extremadamente seria me hizo sentir un poco incómoda. Pero no impidió que mostrara mi sinceridad:
—Sí, eres adorable.
—¡Chloe, tú también eres adorable!—Lette sonrió ampliamente y, con un brinco, me abrazó.
Yo, por otro lado, no pude resistir el peso y acabamos cayendo juntas sobre la cama.
—¡Le, Lette! ¡Espera un momento…!—balbuceé.
—¡Chloe! ¡Realmente me gustas mucho! ¡Mucho! ¡Un montón!
Mientras yo estaba confundida por la repentina reacción inesperada, Lette se acurrucó entre mis brazos llena de felicidad. Mi corazón latía con fuerza y la calidez que se transmitía lentamente no aliviaba mi agitación.
Finalmente, cuando logré apartar a Lette suavemente, me levanté diciendo:
—¿Estás lista? Voy a apagar la luz.
Al apagar la vela, la oscuridad regresó. Sin embargo, al darme cuenta de que no estaba sola, no me sentía tan asustada como antes. Me acomodé en la manta y sentí el movimiento de Lette a mi lado.
—Esa Lady Eloise de antes, me molestó un poco.—murmuró Lette.
Inmediatamente pensé en Lady Eloise, que se había derrumbado cerca de Raymond mientras Lette continuaba con la conversación:
—Desprendía un olor desagradable. Era el olor de Kylos.
—¿El olor de Kylos…?—pregunté impactada.
Al mismo tiempo, un escalofrío de miedo recorrió mi cuerpo y miles de preguntas aglomeraron mi mente:
«¿Era alguien enviado por Kylos? ¿Con qué intenciones? ¿Para sacarme de la fiesta? ¿O para amenazar a Raymond? Pero esa mujer había sido invitada por la Duquesa de Carolina… ¿Entonces ella también está del lado de Kylos? ¿Por qué?»
—Además, debido a esa mujer, Raymond ha recibido críticas injustas. Raymond es una persona realmente amable y cariñosa. Pero por culpa de esa extraña chica que se cayó sola, se ha ganado una mala reputación.—susurró Lette con desdén hablando sobre Lady Eloise.
Aunque normalmente no me gustaban este tipo de conversaciones a espaldas de una persona, de alguna manera no me desagradaba hablar de este caso con Lette. Probablemente porque también tenía pensamientos similares sobre lo que había acontecido.
—¿Chloe, de casualidad…? ¿Tú también piensas así? ¿Que Raymond es una persona temida y fría?—preguntó Lette con precaución.
—Por supuesto que no. Yo no pienso eso de él, más bien al contrario…
—¡Eso! ¡Bien hecho, Chloe! Pero por si acaso… ¡Nunca! ¡Nunca debes pensar así! ¿De acuerdo?
La preocupación innecesaria de Lette me hizo sonreír.
«Si ella supiera cuánto ha crecido mi afecto por Raymond, no se sentiría tan intranquila.»
Así que, con ese genuino pensamiento, respondí diligentemente:
—Sí, Lette, te lo prometo. Nunca pensaré eso de él.
—Entonces, en honor y símbolo a la promesa que acabas de hacerme, dame tu brazo como almohada.
—¿Cómo puede ser eso un símbolo de una promesa?
Cuando cuestioné su absurda demanda, Lette emitió un gemido de desánimo.
—¿No puedo usar tu brazo como almohada?
—¿No eres demasiado grande para eso?
—¿Entonces soy una carga porque soy demasiado grande…? ¿Quizás, un aspecto más infantil sería mejor?—murmuró Lette con voz apagada.
Sintiendo que debía consolarla, me giré en la oscuridad. Pero, al contrario de mis espectativas, ella volvió a hacer otra petición con voz animada:
—Entonces, canta una canción. Esa, la que cantas a los bebés para que duerman.
—¿Una canción de cuna?
—¡Sí! Tu canción de cuna…
No era una demanda difícil cantar una canción, pero el problema era que solo conocía una. Sin embargo, Lette insistió en que no le importaba si solo cantaba la única que sabía con tal que fuera una de cuna.
— En los cielos de Astart, hay un castillo de ángeles sobre las nubes.
Por el camino de sonrisas y alas de blanco puro, tú subes.
¡Oh arcángeles de Astart!
Entre mariposas y flores de agradable perfume, dejadme bailar.
que quiero ver a mi madre mientras me abraza al despertar.
¡Oh arcángeles de Astart!
entre dulces y preciosas melodías, dejadme cantar,
que quiero ver a mi madre feliz, antes de regresar.
¡Oh arcángeles de Astart!
Cómo podré yo algún día, entre los cielos olvidar,
el amor susurrante de mi madre, que me hizo soñar.
…
A pesar de que no había cantado muchas estrofas, ella se durmió de inmediato acurrucada a mi lado, como una niña pequeña.
Mis ojos, acostumbrados a la oscuridad, observaron su figura. Con cuidado, extendí mi mano y acaricié su cabello. Su pelo plateado, bien cuidado y delicado, brillaba incluso en la ausencia de luz. Al ver sus mechones color plata fluir entre mis dedos, recordé a alguien que parecía haber olvidado.
«Estel…»
Pensé en esa pequeña niña que solía sostener con ternura entre mis brazos. Esta canción de cuna era la que mi madre me cantaba para mí, y la que yo cantaba para mi pequeña Estel.
Era una noche en la que sentía una profunda añoranza por mi amada niña. Mi bebé, al que nunca volvería a ver.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY