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Capítulo 60

✦•······················•✦•······················•✦

Bellona estaba muy sorprendida, pero internamente estaba tratando de evaluar las intenciones de Erios.

Erios, el que había puesto las cosas en marcha, no lo decía en serio.

Por supuesto, incluso él sabía que se trataba de un matrimonio por contrato, y que no tenían por qué ser tan amistosos como la pareja que tenía delante.

Era solo que Bellona… Simplemente, odiaba ser tratada como una mujer obligada a casarse por el bien de su sobrina.

El área donde se movían las emociones, no la cabeza.

Sabía que era un comportamiento excesivo, algo que no era propio. En el camino que él debía seguir, no había lugar para este tipo de demostraciones de afecto.

Vivir para continuar el legado que su hermano había dejado, la niña que dejó atrás.

Una vida centrada en Killiet, sin deseos ni emociones propias. Intentó no pensar en lo que le gustaba o disgustaba.

Porque así es.

Viviría como el Duque de Killiet, un cadáver viviente hasta que un día pasaría el título a Arthea.

Pero durante esos días nublados, conoció a Bellona.

Una persona que era tan preciosa y valiosa que tuvo que dejarla ir. Alguien que, después de todos estos años, seguía siendo la persona más clara del mundo.

—Bell, ¿no te afecta escuchar algo así?

La llamo por el nombre con el que solía llamarla cuando era joven.

Un apodo íntimo que ahora no tenía permitido.

—No soy una persona tan educada.

Era como si regresara a ser un adolescente, no el Duque Killiet. Surgía una risa infantil, de aquellos tiempos con Bellona, cuando no pensaba en las consecuencias.

—En realidad, terminamos en malos términos y volvimos, así que hay momentos en los que todavía no puedo creer que sea real.

—¡…!

—Cada vez que eso pasa, tomo la mano de esta persona.

La mano de Bellona se tensó cuando por fin se estrecharon.

Debido a las palabras de Erios que salían, trató de mantenerse firme para no ser descubierta por el matrimonio del Marqués Passis, pues sentía inquietud.

—Bell, ¿no te gusta que haga esto?

La expresión solemne desapareció de su rostro. Sus ojos se relajaron, y las comisuras de sus labios se aflojaron. Los ojos dorados que miran a Bellona brillaban deslumbrantes bajo la luz del sol de primavera.

A medida que su expresión se volvía más expresiva y sus emociones se revelaban, su belleza previamente oculta se hacía visible.

El Marqués y su esposa se tragaron sus propias exclamaciones de admiración cuando la estatua pareció convertirse en una persona.

Era algo sorprendente, pero Erios Killiet era dueño de unos rasgos faciales afilados, como si los hubieran esculpido. Un hombre apuesto, con líneas faciales elegantes, que susurra con una voz suave y llena de emociones, ¿qué mujer no se sentiría cautivada?

«¿El Duque de Killiet sedujo a su esposa con su belleza?»

Estaba oculto bajo sus logros y su título, pero Killiet, como persona, era en sí mismo atractivo. Se dio cuenta de ese hecho una vez más

—…No puede no gustarme. 

Como era de esperar, la Duquesa Killiet se sonrojó y bajó la cabeza. Una atmósfera dulce que hacía que incluso el corazón del espectador se agitara.

La atmósfera seca cambió por completo con una breve sonrisa.

—Ya que eres un caballero de la Luz del Alba, sólo pensé que sería mejor para ti actuar seria y solemne delante de los demás, sin importar yo.

—¿Cómo podrías no importarme? Eres mi esposa.

—…Aunque no digas eso, sigues siendo mi marido.

El Marqués y la Marquesa de Passis sonrieron ampliamente ante la escena.

Como se llevaban bien entre ellos, odiaban el ambiente en el que era natural tener amantes o que los esposos no se llevaran bien.

—Tienes razón, no tienes que decir nada delante de nosotros.

—Realmente odio cuando la gente dice cosas como: “Las parejas no tienen más opción que vivir juntas” o “No pueden separarse por los niños”.

—Permanecer juntos por los niños…

Erios esbozo una profunda sonrisa. Sus ojos se entornaron de una forma que parecía casi seductora, y todos en la mesa contuvieron la respiración por un momento.

—¡Qué vida tan lastimosa es decir esas cosas!

—¡Dios mío, el Duque Killiet sí que sabe un par de cosas!

La tensión que se había ido acumulando en la mesa desapareció brevemente ante la sonrisa de la Marquesa de Passis.

Los cuatro continuaron hablando apasionadamente sobre la actitud y mentalidad que debía tener una pareja.

—¡Ojalá se considere natural que los esposos se lleven bien! Me molesta cuando la gente pregunta “¿Hasta cuándo vas a seguir presumiendo de tu esposa o esposo?” Por eso, últimamente no he estado yendo mucho a reuniones sociales.

Acababan de escuchar que iban a reducir sus actividades por el momento para disfrutar de su luna de miel.

En realidad, ¿sería por ese motivo?

El Marqués de Passis también estuvo de acuerdo con entusiasmo.

—Considero que conocer a mi esposa fue la mayor fortuna de mi vida.

—Oh, cariño.

Y sin más, los elogios hacia su pareja iban y venían.

Bellona se encontró de repente reflexionando.

«¿No crees que soy la única aquí que no ha alardeado de su cónyuge?»

Aunque sólo sea para recordar que las parejas deben presumir de lo bien que viven juntas.

En esta situación, si mantenía la boca cerrada, ¿no estaría echando agua fría sobre la situación que Erios acaba de tomar la iniciativa de tomar?

—Ni mi marido ni yo somos personas muy sociables.

Cuando ella lo llamó “marido” y sus dedos se tensaron.

Como si lo supiera, en la mano opuesta que está firmemente sujetada, parece desprenderse una expresión de alegría.

«Erios Killiet, ¡eres realmente travieso!»

¿Era la primera vez que lo llamaba marido o ya lo había hecho antes?

De todos modos, era una palabra extraña y no salía fácilmente de su boca.

Pero a partir de ahora tendría que acostumbrarse a ella.

—Me da vergüenza decir qué pasó y por qué me gusta… Pero si no fuera por Erios, no me habría casado. Porque no veo por qué el matrimonio es una obligación.

Una declaración sorprendente, diciendo que no entiende por qué el matrimonio es una obligación. Sin embargo, lo que más le intrigaba a la marquesa de Passis no era eso, sino por qué Bellona había decidido casarse con Erios.

—Entonces, ¿por qué la Duquesa se casó con el Duque Killiet?

Bellona hizo una pausa por un momento antes de responder.

—Bueno…

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El marqués y la marquesa de Passis son unos románticos según la respuesta de Bellona. Se marcharon sonriendo, diciendo que estaban sorprendidos.

Dijeron que volverían a reunirse para hablar del frigorífico y de otros asuntos relacionados.

Todo salió como se esperaba.

No, fue más que eso.

—…

—… 

Pero en la mente de Bellona, los negocios ya habían pasado a un segundo plano.

—Perdón…

El humor de Bellona pareció decaer. Erios, que había estado midiendo su tiempo, se dio por vencido y le habló.

—Bellona, ¿qué pasa? ¿Ocurre algo?

—Nada.

—¿Tal vez me he adelantado demasiado antes…?

—No es así.

—Tengo miedo de que, si se corre la voz de que me casé por Arthea, ella salga lastimada…

Bueno.

Por eso lo hizo.

Lo sé, lo sé.

—¿Quién dijo eso? —Pregunto, irritado.

«No fue Erios quien puso sus sentimientos en mí, sino yo quien se dejó influenciar por sus palabras y acciones.»

Sabía que no fue sólo por el bien de Arthea.

Bellona provenía de una familia noble caída, y todos decían que el Duque Killiet era valioso y que ella no lo merecía.

Sería mejor para ella si Erios fuera más proactivo al expresar su afecto.

Ella sabía eso,

«¿Por qué no puedes ser racional y sólo actuar emocionalmente?»

Creía que lo había superado.

No quería admitirlo, pero…

No era así.

No funcionó. 

«Sólo tienes que fingir que eres amigable. No era necesario actuar hasta el punto de entrelazar las manos, ¿verdad?»

Estaba a punto de decir algo así, pero se detuvo.

Por eso nunca le ha gustado desde el principio. Algo como “una pareja destinada que resolvió el malentendido y se reencontró con su primer amor”, como decía el rumor.

«No sé por qué me siento así.»

No, en realidad, sí lo sabía. 

Se arrepentía de la respuesta que le había dado al Marqués y a su esposa.

 

{—Erios me salvó una vez, así que pensé que era genial…. y después me aseguró que yo no era como las demás chicas.}

 

¿Por qué había dicho eso?

«¿Qué certeza? Simplemente pensaba así porque quería recibir esa certeza.»

Bellona soltó un profundo suspiro. Palabras no dichas, emociones no expresadas, escondidas para que no salieran.

Las palabras que había oído no hacía mucho resonaban en su mente.

«¿Por qué le dijiste una mentira tan inútil a Heydal? ¿Me usaste a mí, tu novia, como excusa para ver a otra mujer en tu cumpleaños?»

Un cumpleaños que no pudieron pasar juntos,

Una carta que espero, pero nunca llegó.

«Entonces y ahora. A alguien como yo no le importa.»

Pero igual que entonces, igual que ahora.

No tenía el valor de enfrentarse a los verdaderos sentimientos de Erios….

Al final todo se reducía a decir las mismas mentiras.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MOKA 
CORRECCIÓN: ROBIN


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