Capítulo 84
—¡Sandy, mi amor! —exclamó Ezra con alegría al ver a su esposa llegar al bar. Su aparición, que bien podría considerarse el plato fuerte de la fiesta, hizo que todos murmurasen y la saludasen.
—¡Ven aquí, Sandra!
—¿Ha sido duro, verdad? Si necesitas algo, no dudes en decírnoslo.
—Descansar es lo mejor. No te esfuerces demasiado y pide ayuda cuando la necesites, al fin y al cabo somos como una familia.
—Si sigues el tratamiento, todo mejorará. Estaré rezando por ti.
Ante las palabras de apoyo, Sandra sonrió y respondió una por una. Aunque todos notaban que estaba más delgada que antes y les preocupaba su estado, intentaron mantener el ambiente animado, alzando la voz más de lo habitual para aparentar alegría.
—¿No podrás beber alcohol, verdad?
—¿Qué bebidas sin alcohol tienen aquí?
Justo cuando estaban buscando al bartender para pedirle una bebida para Sandra, la voz áspera de Dane resonó por encima de la música.
—¿Qué demonios estás haciendo?
El grito de Dane atravesó el bullicio y llegó a los oídos de todos. Al notar el ambiente alterado, varias cabezas se volvieron hacia la fuente del alboroto. Sandra y Ezra, sorprendidos, miraron hacia atrás y vieron a dos hombres discutiendo en un rincón. Sandra reconoció a uno de ellos y, tapándose la boca con una mano, exclamó con asombro.
—¡Dios mío, Dane!
—¿Qué están haciendo esos tipos…? —murmuró Ezra, igualmente desconcertado.
Mientras todos miraban confundidos, Sandra se inclinó hacia su marido y le susurró:
—¿Quién es ese hombre? Es la primera vez que lo veo.
Ezra también le respondió en voz baja:
—Es el Alfa dominante del que te hablé antes. Grayson Miller.
—¡Dios mío, un Alfa dominante! Es la primera vez que veo uno… —murmuró Sandra, aún impactada—. Los Alfas y Omegas suelen ser atractivos, pero los Alfas dominantes están en otro nivel… Parece que no es de este mundo.
Después de decir eso, rápidamente volvió a la realidad y le sonrió a Ezra.
—Aunque, por supuesto, para mis ojos, mi esposo es el mejor.
Ezra también sonrió, como si lo supiera todo, y respondió con picardía:
—Te amo.
Ambos se besaron suavemente, con una sonrisa en los labios.
—Pero, ¿qué está pasando realmente? —preguntó Sandra, aún confundida.
Ezra negó con la cabeza.
—Yo tampoco lo sé. Mejor esperemos y veamos.
Al igual que ellos, nadie más parecía entender la situación, y los murmullos no cesaban.
—¿Por qué pelean de repente?
—No lo sé, quizás Miller empezó la discusión.
—No estoy de acuerdo. Miller nunca se mete con los demás.
—¿Entonces fue Dane? Él tampoco suele meterse con nadie.
—Sí, si alguien empezó, fue DeAndre, no Dane…
—¡Shhh! ¡Silencio, todos! ¡Bartender, apaga la música! ¡Que todos se callen!
Pronto, el lugar quedó en silencio, y todos concentraron su atención en un solo punto. En el amplio bar, solo se escuchaban las voces de Dane y Grayson.
—¿Qué le hiciste a esa mujer, maldito bastardo? —gritó Dane, escondiendo a la mujer detrás de él y lanzando una mirada furiosa a Grayson.
Grayson, con el ceño fruncido, intentó mirar a la mujer que Dane protegía, pero no pudo verla. Suspiró, se pasó la mano por el cabello y finalmente habló.
—No hagamos esto aquí. Salgamos y hablemos.
Grayson tomó el brazo de Dane, pero este lo soltó de inmediato.
—¿Hablar? ¿De qué? Ya te dije mil veces que no tengo nada que hablar contigo.
—Yo sí tengo cosas que decir. Escúchame un momento.
Grayson intentó calmarlo, pero solo recibió una risa burlona de Dane.
—Tus problemas son tuyos. No quiero escucharte, así que habla solo o haz lo que quieras. Yo tengo cosas que hacer.
Grayson lo miró fijamente. Todos en el bar sabían a qué se refería Dane con “cosas que hacer”. Mientras todos esperaban la reacción de Grayson, un silencio incómodo llenó el ambiente. Finalmente, Grayson habló:
—No está bien que me hagas esto.
Para sorpresa de todos, Grayson sonrió. Los presentes parpadearon, confundidos. ¿Por qué sonreía? Bajo las miradas perplejas, Dane frunció el ceño y preguntó:
—¿Por qué no? Tú eres el que está cruzando la línea.
—…
—No me importa con quién estés o qué hagas. Tú haz lo que quieras, como siempre lo has hecho. No hay nada más que hablar. ¿Entiendes? ¡Se acabó!
Dane abrió los brazos y maldijo, claramente hastiado de la situación.
Para Dane, la conversación era completamente innecesaria, pero para Grayson no.
—Desde ese día —comenzó Grayson, como si estuviera haciendo una gran confesión— no he estado con nadie más.
—¿Y? —Dane se rió y ladeó la cabeza—. ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
Grayson guardó silencio por un momento, luego se pasó la mano por la cara.
—No lo sé, yo tampoco lo sé.
—Uff —Dane soltó un suspiro exasperado—. ¿No será que necesitas sexo?
Grayson negó lentamente.
—No es eso.
Dane levantó una ceja, y Grayson continuó:
—No puedo dejar de pensar en ti. La idea de que estés con alguien más me quema por dentro. ¿Qué me está pasando? ¿Sabes por qué soy así?
—Porque necesitas follar —respondió Dane sin rodeos, tocándose la cabeza con el dedo—. Las feromonas se te han acumulado y te han vuelto loco. Ve a una fiesta o haz algo para liberarlas. No me molestes más.
—No puedo —negó Grayson con calma—. Ya te lo dije, solo pienso en ti. No quiero liberar mis feromonas con nadie más. Yo…
—¿Así que quieres acostarte conmigo otra vez? ¿Estás loco? —Dane estalló, perdiendo la paciencia—. Dijiste que no te acostarías dos veces con la misma persona. Despierta, Miller, las feromonas te han vuelto loco.
—Tú sí lo haces —señaló Grayson.
Y en ese momento, la ira contenida de Dane explotó.
—¡No me acostaré contigo otra vez! —gritó Dane—. ¡Te dije que no fueras tan patético! ¿Hasta cuándo vas a seguir así? Si hubiera habido alguien más esa noche, me habría acostado con esa persona. ¡Tú solo tuviste mala suerte! Así que deja de ser tan asqueroso y lárgate, ¡lárgate de mi vista!
Aunque era una advertencia final, Grayson no se movió. Dane, frustrado, gruñó:
—Si no te vas, me iré yo. Y si me sigues, te mataré. Así que, si quieres morir, sígueme.
Después de levantar el tercer dedo en señal de advertencia, Dane se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Sin embargo, Grayson no se quedó quieto. Justo cuando Dane abría la puerta, se volvió y vio a Grayson siguiéndolo.
—¡Maldito seas! —rugió Dane antes de que la puerta se cerrara detrás de ellos.
El bar quedó en un silencio incómodo. Todos parpadearon, desconcertados.
—¿Deberíamos llamar al 911? —preguntó alguien preocupado.
—Somos el 911, idiota —respondió otro, regañándolo.
—Ah, cierto…
El silencio volvió a apoderarse del lugar. Poco a poco, todos comenzaron a procesar lo que acababan de escuchar. De repente, alguien exclamó con incredulidad:
—Esperen, ¿se acostaron? ¿Entonces quién fue el pasivo?
En ese momento, se escucharon varias respiraciones entrecortadas. La pregunta que flotaba en la mente de todos finalmente tomó forma, dejándolos boquiabiertos.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: M.R