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Capítulo 43

De repente, la historia tomó un giro inesperado, y Dane, incapaz de seguir escuchando, interrumpió al niño. Cuando el niño cerró la boca, él frunció el ceño y volvió a hablar.

—Hablemos de nuevo de tu amigo. Entonces, ¿dices que no lo has visto en varios días?

—Sí.

El niño asintió con la cabeza.

—Se lo dije a los adultos, pero nadie pareció importarle. Señor bombero, usted es un héroe, ¿verdad? ¿Me escuchará? ¿Me ayudará a encontrar a mi amigo?

—… Ahhh.

Dane miró al cielo y soltó un profundo suspiro.

—Entonces.

Parpadeó un par de veces y bajó la cabeza. Su mirada hacia el niño era claramente diferente a la de antes.

—¿Dónde está la casa de tu amigo? Guíame.

—¡Sí!

El niño, emocionado, salió corriendo de inmediato. Mientras lo seguía, Dane preguntó:

—¿Cómo se llama tu amigo? ¡Necesito saber su nombre!

El niño, todavía corriendo, miró hacia atrás.

—¡Santino! ¡Santino Domingo!

—Maldita sea.

Con sus largas piernas, Dane corrió a toda velocidad y en solo dos pasos alcanzó al niño. Sin detenerse, lo agarró por la nuca, lo levantó y lo llevó a su costado mientras corría.

—Entonces, ¿dónde está?

—¡A la derecha!

Siguiendo las indicaciones del niño, Dane giró de inmediato. De repente, las nubes oscuras cubrieron el cielo y comenzó a llover, una gota a la vez.

* * *

Un sonido débil llegó a sus oídos. Santino, que estaba tirado en el suelo sin fuerzas, se estremeció. Llevaba días sin beber agua y estaba exhausto. Además, había gastado sus últimas fuerzas pidiendo ayuda, pero el resultado había sido desastroso. Pensó que podría escapar, pero en cambio terminó aquí.

Era imposible que el niño levantara la puerta. Grayson no tenía intención de ayudarlo a escapar. Solo quedaba la desesperación.

Grayson, que estaba acostado junto a Santino, abrió los ojos. Él también había escuchado el sonido. El ruido, que llegaba de manera irregular, comenzó a hacerse más frecuente. Parecía que estaba lloviendo.

Qué curioso, lloviendo en California.

Recordó que alguna vez, en un invierno, hubo un clima extraño y llovió intensamente durante varios días. Al recordarlo, llegó a la conclusión de que pronto haría frío. Después de todo, la temperatura bajaría, era obvio.

—Santino.

Llamó al niño y se incorporó.

—Santino, ¿no tienes frío?

El niño no respondió. Grayson lo sacudió suavemente por el hombro y volvió a hablar.

—Santino, ¿estás bien?

Esperó una respuesta, pero al no obtenerla, murmuró:

—¿Está muerto?

* * *

—¡Aquí es!

El niño, colgado del costado de Dane, gritó mientras señalaba con fuerza. Dane escaneó rápidamente la casa que el niño indicaba. Por fuera, parecía una casa común y corriente, aunque algo siniestra, quizás por la atmósfera.

—¡Por allí, por esa puerta!

Dane corrió hacia la puerta lateral, pero se detuvo por un momento. Entrar de golpe podría ser considerado allanamiento de morada, y eso sería un problema mayor. Además, ¿y si el dueño tenía un arma?

Confiar solo en la palabra del niño era demasiado arriesgado. Si terminaba recibiendo un disparo por allanamiento, sería lo peor.

—Espera aquí, no te muevas.

Después de dejar al niño en un lugar seguro, Dane miró por la ventana para inspeccionar el interior. La casa estaba oscura y silenciosa, sin rastro de movimiento. Tal vez Santino estaba enfermo y acostado en la cama. Si era así, esto sería una pérdida de tiempo…

Mientras pensaba, giró la cabeza y se dio cuenta de que el lugar donde había dejado al niño estaba vacío. Sorprendido, Dane miró alrededor, pero de repente escuchó una voz.

—¡Señor, señor!

Al escuchar el susurro, Dane se giró y se quedó petrificado. El niño ya había abierto la puerta lateral y asomaba la cabeza, haciendo señas.

—Pequeño demonio…

Dane contuvo una maldición por poco. El niño, rápido, se escondió dentro, imposibilitando que lo alcanzara. Dane no tuvo más remedio que correr hacia la puerta por donde el niño había entrado.

—Te dije que no te movieras…

Le habló en voz baja, pero el niño ni siquiera lo escuchó. Con gestos urgentes, el niño saltaba en su lugar y señalaba una gran puerta de sótano. El niño gritó:

—¡Aquí es! ¡Santino está aquí!

Dane frunció el ceño. Todavía podía retroceder. Abrir la puerta del sótano y revisar sería cruzar la línea final. Y si no había nada allí, el niño probablemente insistiría en entrar a la casa.

—¡Santi, respóndeme! ¡Santi! ¡Vinimos a rescatarte!

Mientras Dane permanecía serio, escuchó la voz desesperada del niño. Justo cuando iba a decirle que se detuviera, otra voz llegó a sus oídos.

—¿Alice? …¿Alice?

La voz débil y cansada sonaba frágil, como si estuviera forzando las cuerdas vocales.

—¡Santi! ¡Soy yo, vine por ti!

—Espera, muévete.

Dane levantó al niño emocionado y lo puso a un lado. Luego, agarró la manija de la puerta del sótano. Con un suspiro corto, decidió abrirla.

CRUJIDO. 

Un sonido pesado y ominoso resonó. Al mismo tiempo, un rayo iluminó el sótano como si fuera de día. Y Dane vio. Vio al niño tirado en el suelo al pie de las escaleras y a Grayson mirándolo fijamente.

Justo en ese momento, un trueno retumbó y la lluvia comenzó a caer con fuerza.

Dane se quedó atónito por unos segundos, sin decir nada, solo mirándolo. 

«¿Qué es esto? ¿Qué estoy viendo?»

Grayson parecía pensar lo mismo, solo parpadeando.

—¿Qué…?

Dane fue el primero en hablar.

—¿Qué estás haciendo ahí?

En una situación inesperada, Dane, con una expresión rara en él, preguntó. No podía entender lo que estaba pasando. ¿Había sido secuestrado y encerrado? No, la puerta no estaba cerrada. Si era él, podría haber salido del sótano en cualquier momento. ¿Entonces se había encerrado a sí mismo? ¿Por qué?

Pero no tuvo tiempo de pensar más. Alice gritó y corrió hacia adentro.

—¡Santi, Santi! ¡Levántate! ¡Estoy aquí!

La lluvia fría golpeó su rostro. La lluvia ahora caía con fuerza. Dane bajó rápidamente las escaleras y levantó al niño tirado en el suelo. No tenía tiempo para Grayson. Preguntarle, presionarlo o incluso golpearlo podía esperar. Lo importante era la seguridad del niño.

—Jefe, es una emergencia. Encontré a un niño inconsciente. Sí, parece abuso. Aún está consciente, pero muy débil. Primero al hospital…

Habló rápidamente por el radio mientras caminaba a paso rápido. Alice lo seguía corriendo con todas sus fuerzas. Grayson, solo, miró la puerta abierta.

—Ahhh… —murmuró como si se quejara—. Estoy en problemas.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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