Capítulo 118
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La cabeza estaba ardiendo y el cuerpo se sentía tan pesado como si una roca lo estuviera aplastando.
Hace tiempo que no se sentía así, pero, aun así, era una sensación familiar. La infancia de Euclides siempre fue así.
Este dolor. Esta opresión.
Cuando el estómago se revolcaba, al abrir la boca vomitaba un puñado de sangre, y cuando despertaba entre sueños, la almohada estaba teñida de rojo por la hemorragia nasal.
Sus padres llamaron a muchos médicos para tratar su enfermedad.
{—Lo siento, pero ni yo sé qué enfermedad tiene…}
{—¡¿Cómo que no sabe?! ¡Si mi hijo está sufriendo tanto, ¿y no sabe cuál es la enfermedad?!}
Fue decenas de veces que vio a sus padres pedir medicamentos para aliviar el dolor mientras los médicos solo negaban con la cabeza.
Nadie pudo encontrar la causa de la enfermedad, hasta que un día, inesperadamente, el maestro de la torre apareció.
{—Esto es un analgésico. No puedo controlar la magia que se desborda en su pequeño corazón, pero al menos esto bloqueará el dolor… Por cierto, no es gratis.}
A pesar de la grosera solicitud de dinero del avaro maestro de la torre, sus padres lo recibieron con gusto y pagaron una gran suma.
{—La situación financiera de la familia Ducal no está bien…}
Aunque Euclides había encontrado una medicina que aliviaba su dolor, no podía sentirse completamente feliz.
El medicamento del maestro de la torre no era una cura.
Solo un costoso analgésico que aliviaba el dolor del hijo enfermo, pero no resolvía la causa.
Aunque conocía la causa de su enfermedad, en realidad, era cuestión de tiempo.
Euclides no podía evitar sentirse frustrado y agraviado por la razón de su sufrimiento.
Pero esa tristeza infantil no duró mucho, y solo el dolor en su corazón era su única realidad.
Lloraba, se debatía, luchaba contra el dolor punzante en su pecho. Con el tiempo, los días continuaron sin que tuviera fuerzas para llorar o siquiera para abrir los ojos, y solo yacía en su cama.
Pero, ¿de qué servía seguir viviendo? ¿Y más aún, volverse una carga para su familia?
¿Por qué? ¿Para qué?
{—Euclides, hermano, quiero que sigas viviendo.}
Sin embargo, los deseos y preocupaciones de su familia llegaron a su corazón.
Especialmente cuando supo que la familia Ducal ocultaba desesperadamente su enfermedad, dejó de tener pensamientos débiles.
De hecho, lo que más lo torturaba era no poder soportar el dolor, sin poder mostrarse en público, ni siquiera dejando un retrato… Se reprendió por su debilidad.
Finalmente, Euclides logró esconder su dolor de manera perfecta, incluso de su propia familia.
{—Euclides, ¿cómo te sientes últimamente?}
{—Gracias a los medicamentos del maestro de la torre, estoy mucho mejor.}
{—¿Y la magia…?}
{—No la uso en absoluto. No se preocupe, padre.}
Al ver las caras aliviadas de su familia, sonrió suavemente, pero al regresar a su habitación, sufrió en solitario, sudando de dolor.
Excepto cuando su enfermedad fue expuesta intencionalmente en el Ducado de Rhudion cuando su padre y hermano murieron, Euclides también logró ocultar su verdadero sufrimiento, incluso frente al maestro de la torre, quien conocía su enfermedad.
Nunca nadie lo había descubierto, por lo que cuando Evgenia lo vio soportando el dolor, Euclides se sintió muy avergonzado.
Fue entonces cuando pensó, de manera cobarde, que tal vez había sido una suerte desmayarse en ese momento.
—¿La fiebre es demasiado alta? ¿Por qué no baja la fiebre? —Un murmullo vago llegó a los oídos de Euclides.
—¿Realmente le recetaron un medicamento para la fiebre adecuado?
—¡Por supuesto, señora! La fiebre debería bajar en una hora.
—¿Una hora? ¿En una hora se va a ir esta fiebre…? Hah.
Evgenia suspiró profundamente, claramente frustrada.
En ese momento, el corazón de Euclides también dio un salto.
Era como si hubiera regresado a su infancia.
A aquellos días en los que su enfermedad no mejoraba y su familia suspiraba cansada.
La culpa de causarles más dolor a las personas importantes en su vida apretó su pecho.
Sin embargo, cuando sintió que alguien se sentaba junto a su cama, una extraña sensación lo invadió.
Acostumbrado a soportar el dolor en solitario, Euclides no había recibido atención desde su niñez.
Y ahora, recibir cuidados de Evgenia, a quien nunca había esperado ver en este papel…
Pensó que era una molestia, que no debía hacerle un favor así a ella…
Pero, aún así, no pudo evitar sentir una contradicción: un deseo de que esa amable mano siguiera allí, acariciando su frente y limpiando el sudor de su cara.
Sin embargo,
—Lo siento. Fui terca. Si no fuera por mí… no estaría tan enfermo.
Al escuchar las palabras de Evgenia, llenas de un llanto contenido, no pudo quedarse callado.
Quería abrir los ojos de inmediato y negar lo que ella decía.
«No era cierto. Había sido mi elección ponerme en peligro para salvarte, y no era tu culpa.»
Con esfuerzo, Euclides levantó los párpados.
Entonces vio vagamente a Evgenia, con los ojos llenos de tristeza, en su campo de visión.
—¿Señor Duque? ¿Está consciente?
Al ver la expresión sorprendida de Evgenia, no pudo evitar sonreír.
Porque había tocado su frente, porque cuando abrió los ojos no estaba solo, y sobre todo, porque la persona que había hecho todo eso por él era Evgenia.
—Señora… —Euclides habló lentamente, con sentimientos de agradecimiento y disculpas—. Estoy bien. Solo necesito descansar un poco… me recuperaré.
—No, no está bien. Tiene fiebre muy alta. Incluso se rompió el brazo… todo es mi culpa. Lo siento tanto.
—No es… culpa de la señora.
¿Había creído que solo decía palabras vacías de consuelo?
Evgenia frunció ligeramente el ceño y lo miró fijamente. Parecía estar molesta.
Sin embargo, Euclides ya entendía que esa era la expresión de Evgenia cuando estaba decepcionada.
Porque la había visto hace poco.
{—La señora tiene un lado juguetón, inesperadamente.}
No podía olvidar cómo había cambiado la expresión de Evgenia en ese momento.
Evgenia probablemente no lo sabía.
No sabía cuán rápido latía su corazón cuando le pidió un beso de buenas noches.
Y lo mucho que se culpó por haber sido tan apresurado, a pesar de lo feliz que se sintió.
Emocionalmente, quería escuchar lo que ella decía.
Pero, como un cobarde, solo pudo decir algo débil.
Aún no tenía la certeza de que su cuerpo estuviera completamente recuperado.
Por eso, después de despedirse de Evgenia y regresar a su oficina, Euclides contactó inmediatamente al maestro de la torre.
Y pasó toda la noche preocupado.
Porque estaba seguro de que Evgenia se había sentido decepcionada y enojada con su respuesta.
Pensó que podría perder la mirada cariñosa de Evgenia, que tal vez desaparecería al día siguiente, y le dolió el corazón como si hubiera sido hechizado.
Sin embargo, por suerte, la actitud de Evgenia no cambió.
Su comportamiento era como si el incidente nunca hubiera sucedido.
Pero cuando fue a buscarlo en la oficina, se detuvo repentinamente.
Al investigar en silencio, supo qué estaba pasando tiempo con sus sobrinos.
Aunque debería sentirse aliviado, no pudo evitar sentirse amargado por su propia falta de conciencia.
A pesar de eso, Euclides no pudo evitar esperar con ansias la inspección de la finca Ducal.
Porque esperaba poder pasar más tiempo con Evgenia.
Sin embargo, cuando salió vestido con la ropa que Evgenia le había regalado, con un ánimo inusitado…
—Señor… señora.
—¡Jajaja!
Cuando vio a Evgenia sonriendo tan brillantemente frente a otro hombre, Euclides sintió un dolor en el corazón como nunca antes.
Una punzada fría que apretaba su pecho como si alguien le estuviera estrangulando el corazón, una sensación amarga y punzante.
No podía ser tan tonto como para no saber lo que significaba eso.
Eran celos.
«… No tengo derecho a sentirme así.»
Euclides se reprendió a sí mismo con desdén.
A pesar de eso, su ánimo se desplomó hasta el punto de no poder controlar su expresión.
Al final, fracasó en intentar sonreír como si nada pasara, y trató de desviar la atención de Evgenia hacia él, fingiendo que solo quería agradecerle. Entonces recibió un regalo inesperado.
Evgenia empezó a expresar sus sentimientos de manera más activa que antes.
Antes de recibir la confirmación del maestro de la torre, su decisión de mantenerse en sus límites perdió sentido.
Le sorprendió.
Evgenia, con solo unas palabras o un gesto, lograba que su ánimo fluctuaría tan drásticamente.
Y también le sorprendía cómo ella lo hacía perder la razón y traspasar los límites una y otra vez.
Pero nada, ni un solo detalle, era más importante que la seguridad de Evgenia.
Su responsabilidad como esposa Ducal, su dedicación, lo llenaba de admiración y gratitud. Pero no podía dejar de sentirse ansioso por el riesgo que corría en las montañas de Seplik, y cuánto temía que Evgenia sufriera.
Cuando Evgenia estuvo en peligro, fue completamente natural que él arriesgara su vida para salvarla.
Aunque una de sus piernas no pudiera moverse debido al dolor, y aunque tuviera que morderse los dientes para no hacer un ruido, no se arrepentía.
—Señora, por favor, no se disculpe conmigo.
De hecho, estaba agradecido de poder protegerla.
Estaba feliz de saber que no estaba solo en ese momento, cuando Evgenia lo abrazó como si fuera a aferrarse a él.
Y, sobre todo…
Él había sido tan cobarde que, en su lugar, le dio un beso de buenas noches demasiado tarde a la frente de Evgenia mientras ella dormía plácidamente.

RAW HUNTER: ANNA FA/ MOKA/ SUUNY
TRADUCCIÓN: MOKA / ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN