Capítulo 59
Las mujeres desaparecidas, aunque variaban ligeramente en cuanto al color de su piel, compartían una característica rara en el Imperio: el cabello plateado. Además, a mayores, se juntaban otros detalles comunes como los ojos rojos, una estatura superior a la media y una belleza excepcional.
Hasta la llegada de Chloe, Daria había buscado y contratado a mujeres que se ajustaran al gusto de Raymond para servir como sus doncellas. Los estándares de belleza de Raymond para “su tipo ideal” eran bastante exigentes, por lo que no podía encontrar mujeres adecuadas entre la nobleza de la capital. Así que, Daria había llamado al palacio a chicas cuyas características coincidieran con aquellas preferencias, sin importar su estatus. Aunque, al final, todas ellas fracasaron a la hora de captar el interés del Emperador y, por consiguiente, terminaron saliendo del Palacio.
—Es demasiado extraño… Entre ellas, las víctimas son especialmente las que no tienen vínculos o conexiones…—murmuró Daria con una expresión sombría—. Algunos interpretan que la apariencia de estas mujeres es similar a la de la Santa, y lo ven como un desafío de la secta de los herejes.
—No importa si es por un desafío de la secta o por cualquier otro motivo.—la voz de Raymond se volvió cada vez más fría—. Lo que sí sabemos con claridad es que Chloe está en peligro.
«Cabello plateado, ojos rojos…»
Mientras sus subordinados pensaban en la Santa, Raymond pensaba solo en Chloe. Le preocupaba que le ocurriera algo peligroso a ella. Además, esto no había sucedido antes de que él viajara en el tiempo.
«¿Será de verdad que esto viene por la aparición de la Santa? Ciertamente es algo que no existía en la otra línea temporal… O quizás…»
El nombre que le vino a la mente en aquel momento no era otro si no Kylos Ludwig. Un hombre que, al igual que él, también había regresado en el tiempo.
—No, pero ese hombre no tendría motivo para hacer algo así…—masculló Raymond de forma casi inaudible.
Lo que ese hombre quería era a Chloe Garnetsch, no a mujeres con características similares y cabellos plateados. Preferiría que la desaparición de las mujeres fuera simplemente un desafío de los herejes. Sin embargo, independientemente de la razón de la desapariciones, era necesario reforzar la seguridad de Chloe.
Mimy: Vale que no quieres cundir el pánico en el Imperio pero ¿No puedes hacer un llamamiento a todas las mujeres con esas características y darles protección con una excusa? Son personas y tal… Y fueron las antiguas doncellas de Daria… No, aquí solo importa Chloe y al carajo. Dios la de líos que armó el Raymond al desglosar su tipo ideal al chou. Era mejor que se quedara calladito.
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Kylos apretó sus ojos mientras viajaba en el carruaje de regreso a su mansión en el Gran Ducado de Ludwig. Estaba muy cansado después de haber tenido una conversación privada con el Duque Arnold de Carolina.
Todo empezó porque, hace unos días, el informante de Kylos Ludwig le había dado un dato bastante útil en el momento adecuado.
{—Dicen que, en el evento de bienvenida de la Santa, el Emperador mencionó el divorcio con la Emperatriz al Duque de Carolina.}
Obviamente Kylos, al recibir la noticia, fue directamente a buscar al Duque de Carolina.
—Pensé que sería un buen punto de encuentro con respecto a nuestros intereses.—comentó Kylos de Ludwig en la sala de visitas del Ducado de Caroline—. Al fin y al cabo compartimos el mismo objetivo, Duque.
Incluso en la línea temporal de la que había regresado, el Duque Arnold fue uno de los más fuertes opositores en contra de la declaración de divorcio del Emperador.
En ese momento, Kylos había logrado ganarse al Duque, quien era el tío de la Emperatriz Daria y el líder del consejo de nobles. Por eso no era muy difícil persuadirlo de nuevo conociendo su personalidad.
—¿Qué piensas?—continuó Kylos—. Si te unes a mí, yo también evitaré el divorcio entre el Emperador y la Emperatriz.
—…—el anciano tardó un rato en responder, se lo veía nervioso y golpeteaba los reposabrazos de la silla con los dedos.
De hecho, el Duque debía estar muy perturbado por la repentina declaración del divorcio del Emperador. Aunque había sospechado que algún día podría suceder algo así debido a que su sobrina Daria no había podido tener hijos durante años, no esperaba que se hiciera realidad.
El Emperador había intentado tranquilizar al Duque asegurándole una compensación, pero eso solo complicó las cosas. Daria, que había vivido escondida en el Palacio, comenzaba a aparecer en público, y eso molestaba mucho a Arnold. Él deseaba que su sobrina no saliera nunca del Palacio, que permaneciera atrapada en esa prisión para siempre y librarse de ella de ese modo.
Mimy: Es un recordatorio. Daria es la verdadera heredera del Ducado de Carolina ya que su padre era el Duque anterior. Al casarla y hacerla Emperatriz el Ducado pasó a ser de su tío, Arnold. Si ella se divorciaba podía reclamar el Ducado y vaya que sí lo hizo en la antigua línea temporal. De ahí la oposición actual y anterior del Duque de Carolina al divorcio y todo lo consiguiente. Obviamente no es por preocupación hacia su sobrina.
—Solo deseo una cosa… Que la Emperatriz no salga al mundo exterior y se quede recluida en el Palacio por siempre. Si eso no es posible, entonces está bien que la Emperatriz muera.
—Ciertamente esto último es el método más sencillo…
Aunque las palabras del Duque sobre matar a su sobrina eran espantosas, Kylos no se sorprendió demasiado. Era algo inesperado que Arnold deseara la muerte de su sobrina en lugar de su felicidad, pero no tenía interés en conocer los detalles.
—Está bien, te ayudaré.—determinó Kylos.
Matar a alguien en la posición de la Emperatriz sería extremadamente difícil, pero ya lo había hecho antes*.
*Cuando se cargó a su madre, el ex-Emperador y la ex-Emperatriz mientras tomaban el té en el jardín de Palacio.
Mientras Kylos recordaba su conversación con el Duque, el carruaje llegó a su morada.
—Hemos llegado, Su Alteza.
Kylos, al bajar del carruaje, miró su sombrío castillo. El Gran Ducado de Ludwig ya no era un lugar acogedor sin ella. Ya no aliviaba su cansancio como solía hacerlo.
En lugar de dirigirse a su habitación, caminó directamente a la parte más fría y sombría de la mansión. Con un chirrido inquietante de metal, se abrió una gruesa puerta de hierro.
La mujer que había sido secuestrada en la madrugada de ayer y traída allí era Louis Verona, quien había sido la última doncella de la Emperatriz Daria antes de la llegada de Chloe. La joven muchacha, vestida con un camisón, temblaba aterrorizada junto a los cuerpos de dos personas ya fallecidas.
Aunque Kylos consideraba que no era alguien que se merecía ser comparada con Chloe, seguía siendo una mujer con cabello plateado y ojos rojos. Características que cumplían con el susodicho gusto del Emperador.
Kylos se acercó a la mujer con una sonrisa gélida. Al inclinarse lentamente, agarró firmemente la barbilla de la mujer y la levantó, mientras la amenazaba con una afilada hoja metal en la otra mano.
—Vuelve a seducir al Emperador. Te ayudaré a hacerlo.
—E-eso… Eso es imposible.—tartamudeó la muchacha aterrorizada mientras retrocedía al ver la punta del cuchillo apuntando cada vez más cerca de su cuello.
—E- el Emperador nunca mostró interés en mí. La Emperatriz sabía eso y por ello me echó fuera del Palacio.
—¿Nunca atrajiste la atención del Emperador?
Los ojos de Kylos se torcieron en una expresión cruel. Era la tercera vez, junto con las respuestas de las mujeres ya muertas, que recibía la misma contestación.
Era algo incomprensible para el Duque de Ludwig que el Emperador, conocido por su lascivia, nunca hubiera tocado a una mujer que se ajustara a su gusto dentro del Palacio.
—Lo he intentado varias veces bajo las órdenes de la Emperatriz, pero es imposible.—respondió Louis Verona temblando ante la amenazante voz de Kylos.
—Entonces, tú también eres inútil para mí.
Kylos levantó la espada que había estado sosteniendo con ojos indiferentes y, como si mirara a un insecto en el suelo, cortó la vida de la mujer sin la menor vacilación.
Se sintió malhumorado por el esfuerzo en vano. Ya eran tres los cuerpos con cabello plateado que yacían sobre el suelo. Las doncellas de la Emperatriz, conocidas por cumplir con el gusto de Raymond, eran inservibles puesto que ninguna había estado con él en la intimidad.
Incluso una de ellas, de la que se rumoreaba había sido amante del Emperador, al final resultó no haber tenido nada con él.
—No lo entiendo.—murmuró el Duque de Ludwig.
Kylos cerró los ojos, tratando de aclarar sus pensamientos. Al recordar cómo su hermanastro había tratado a Chloe en el tiempo que había regresado, no parecía que tuviera problemas como hombre.
Mimy: Siento aguarte la fiesta Kylos pero no, no es un BL XD Espérate a los fanfics si eso…
—¿Por qué…?
Se sintió un poco desorientado. Si las mujeres que había matado no estaban mintiendo, significaba que solo Chloe había tenido éxito entre las muchas que habían intentado seducir a Raymond.
—Maldita sea.—una injuria áspera se escapó de sus labios.
«¡Por supuesto que es imposible! ¡No existe mujer alguna en este mundo que pueda superar a Chloe Garnetsch!»
Sería perfecto si hubiera alguna joven que pudiera seducir al Emperador y hacer que Chloe se diera cuenta de que el amor de ese hombre era falso. Pero necesitaba un plan B para el caso de que eso no fuera posible.
«¿Cómo hacer que se dé cuenta? ¿Cómo convencerla de que está siendo engañada por ese hombre? Su amor es solo para mí, para Kylos Ludwig.»
Sacando un pañuelo de su bolsillo, Kylo limpió la sangre de su espada y salió al exterior.
Ocultando su corazón helado y caminando con una expresión fría, de repente vio a un hombre entre los caballeros. Era el único que destacaba por su presencia entre ellos.
«Enoch Brans…»
El hombre que, en el pasado, lo había traicionado para ayudar a Chloe a escapar. Una persona que había perdido un ojo y se había escapado, desapareciendo en alguna parte.
Aunque el tiempo había retrocedido una vez, aún no podía evitar sentir cierta incomodidad por su deslealtad.
Sin embargo, no lo desechó por completo, ya que su habilidad era valiosa. En lugar de despedirlo o darle tareas activas, lo dejó estar.
Al sentir la mirada de Kylos, Enoch Brans inclinó la cabeza aún más. El Duque de Ludwig, que había estado observando la parte superior de su cabeza inclinada por un rato, finalmente giró lentamente su cuerpo y pasó de largo.
Tenía demasiadas cosas importantes en las que concentrarse para preocuparse por el trato de ese caballero insignificante.
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Solo después de un buen rato, tras la desaparición de Kylos, Enoch Brans levantó la cabeza. Sus compañeros ya se habían dispersado.
Esperó hasta que la oscuridad de la noche cayera sobre el Gran Ducado para salir en busca de la Santa Lette.
Cuando la encontró ella exclamó emocionada:
—¡Voy a hacer un picnic con Chloe!
Lette charlaba animadamente sobre los eventos recientes hasta que Enoch la interrumpió:
—¿No estás mostrando demasiado tu presencia?—preguntó con una voz algo preocupada.
—Está bien. Después de todo, soy el “Olvido”. Nadie me recordará y lo olvidarán después, ya verás.
Mimy: Bueno creo que llegó el momento de la aclaración. Como sabéis los nombres, en las novelas coreanas, pueden diferir a la hora de la traducción y acordamos siempre utilizar uno en general para que nadie se pierda en la lectura. Solo que, “Lette” debería ser más bien “Lethe” porque hace referencia a la mitología griega. Los muertos beben el agua del río Lethe en el Inframundo para olvidar su vida anterior y reencarnar en una nueva sin recuerdos de lo que en su día fueron. De ahí que Lette se refiera a ella misma como “el olvido”.
Sin embargo, Lette respondió con una sonrisa inocente, como si no tuviera ninguna preocupación. Por supuesto, Enoch Brans no pudo evitar notar la expresión amarga que cruzó por su rostro en ese momento. Pero en lugar de señalarlo, optó por cambiar de tema.
—Las acciones del Duque de Ludwig son sospechosas. Cada vez hay más días con olor a sangre, y hoy ha tenido una reunión secreta con el Duque de Carolina.
—Ese tonto de Kylos… Está desesperado.—Lette dejó escapar una sonrisa sarcástica con una expresión burlona—. Déjalo hacer lo que pueda. Quiero ver cómo se desespera al no poder obtener a Chloe a pesar de todos sus esfuerzos.
Una risa pura y juvenil brotó. Enoch Brans la observó en silencio.
—Enoch, ¿debería Chloe usar ropa amarilla o azul mañana? Quiero llevar un atuendo del mismo color que Chloe, pero no sé qué elegir.
—Ropa amarilla.
—¿De verdad? ¿Cómo sabes eso, Enoch?—Lette preguntó con ojos sorprendidos.
A lo que Enoch Brans respondió con una sonrisa suave:
—Es el color que más le favorece. Especialmente en un brillante día de primavera.
Sus ojos verdes brillaron con un matiz tranquilo, como si evocaran recuerdos de otros tiempos. Lette, que lo miraba en silencio, inclinó la cabeza.
—¿En qué piensas, Enoch?
Aunque Lette preguntó de nuevo, Enoch solo sonrió sin responder.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY