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Capítulo 9

El silencio de Sayed reemplazó sus dudas. No había nada malo en lo que decía. Más bien, era Lessas el que estaba extraño.

No era correcto decir que la vida no tiene valor. Del mismo modo que los malos merecen morir, y los buenos deben vivir, del mismo modo que la vida de un niño es más valiosa que la de un anciano, lo correcto era ayudar a aquellos que serían de mayor utilidad si vivieran. 

Esto era lo que había aprendido Sayed. Dado que la vida de los Títer y los Guías estaban relacionados directamente con la seguridad del país, era más importante salvar al Príncipe, que era un Guía, que a los caballeros que serían presa de las Nieras incluso si sobrevivían.

Sayed realmente no podía comprender al Príncipe. Mientras trataba de convencer a Lessas de que no volviera a ponerse en peligro, notó que su respiración era irregular. Había intentado disimularlo lo mejor que pudo, pero su pecho se agitaba con inquietud.  Lentamente, miró a Lessas y se dió cuenta que sangre corría por el dorso de su mano, que estaba cerrada en un puño.

—Estás herido.

Estaba tan indiferente que Sayed no se dió cuenta por un momento. No tenía la costumbre de discutir con personas heridas, así que lo mejor sería llevar de regreso al castillo por el momento. Los caballeros del Príncipe también corrían más peligro si seguían demorándose.

—No te he salvado, tan sólo maté a Niera. —Sayed respondió así. 

No había nada que Lessas pudiera hacer por él ahora. Había ido para apaciguar parte de la hostilidad de Lessas, pero al final, el propósito no se logró porque estaba inexplicablemente enojado. Habría sido una pérdida ofenderlo, más de lo que ya estaba.

Sin embargo, la expresión de Lessas se tornó más miserable después de que Sayed terminó de hablar. Sus ojos violeta revoloteaban salvajemente cuando Sayed terminó de hablar, luego apartó la mirada y se dirigió a sus caballeros con amabilidad, como si su voz fría de hace un momento hubiera sido una mentira.

—Dejen que los que estén en mejores condiciones ayuden a los demás. Yo cuidare de Sir Anka.

Era una amabilidad innecesaria para aquellos que no cumplían con su deber.

Sayed se dio la vuelta y se adentró en el bosque. Mientras Lessas y los demás volvieron sobre sus pasos, apartando las ramas para facilitar el paso, se encontraron con los dos caballeros que lo habían estado siguiendo.

—¡Lo siento Archiduque! Mi señor, lo seguimos lo mejor que pudimos, pero no fuimos lo suficiente…—Sayed los interrumpió y señaló detrás de ellos.

—Hay heridos, vayan y ayuden. El Príncipe Lessas también está allí, así que presten la máxima atención por su seguridad.

—Ah, sí, Señor. —los caballeros se apresuraron a seguir las instrucciones de Sayed y se dirigieron a la retaguardia.

Después de confirmar en la oscuridad que se habían reunido con el grupo de Lessas, Sayed se dió la vuelta y comenzó a liderar el camino una vez más. 

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

El salón de banquetes preparado para la Ceremonia de Oración se convirtió en un campamento para los heridos. El ambiente en el castillo se endureció rápidamente debido a la grave situación que nadie se había atrevido a anticipar. Hubo varios muertos y muchos heridos. 

A medida que los que habían asistido a la ceremonia regresaron de vuelta, los nervios de los espectadores también se enfriaban. También había innumerables cosas que hacer. Tenía que enviar un mensaje a cada una de las Casas Títer, evaluar los daños y hacer planes de reparación. Después de reorganizar al personal para atender a los heridos y distribuir las medicinas y alimentos del castillo, Sayed pudo darse un respiro.

Al otro lado de la ventana, todo era completamente negro. Estaba tan oscuro, como si la ventana hubiera sido pintada con tinta negra. Abrió la ventana y el viento sopló hacia él, Sayed sintió un dolor que parecía apuñalarlo en la cabeza. Al mismo tiempo, las sensaciones en su cuerpo se amplificaron.

El sonido del viento soplaba como un aullido en su oído y sus ojos escocían. Su corazón latía frenéticamente y su pecho golpeaba dolorosamente. En el momento en el que sintió una ansiedad incontrolable, comenzó a escuchar una voz imaginaria en sus oídos.

[—Ed, véngame. Mata a todos los que me han hecho así. Mátalos, mátalos. ¡Mátalos!]

El dolor se sentía como una cuchilla afilada que le apuñalaba desde dentro hacia afuera. De repente se puso de pie ante la constante alucinación auditiva.

«¿Acaso hubo efectos secundarios solo por esto?» 

Escuchar voces en el aire y el dolor que se apoderaba de todo su cuerpo eran efectos secundarios del uso de sus poderes. Los síntomas variaban según la cantidad de poder utilizado. Pero matar a uno o dos Nieras de nivel medio no era suficiente para provocarle alucinaciones auditivas. En el mejor de los casos, sufriría un insomnio interminable y dolor en los nervios. Las alucinaciones eran algo que solo ocurría cuando realmente se forzaba demasiado.

«¿Por qué? ¿Cuál es la razón?»

La ansiedad se apoderó de Sayed. 

Coincidía con el momento de su Fuga. Recordaba el momento en que las alucinaciones lo invadieron y lo habían arrastrado tan vívidamente. Todas las personas que había matado creyendo que eran Nieras, las personas inocentes a las que tenía que proteger. Podía sentir como la sangre fluía por su espada. Sus manos que deberían haber estado limpias por matar a las Niera, en realidad estaban cubiertas de sangre humana por todas partes.

Un sentimiento abrumador de culpa lo llenó de terror. De un tirón, se alejó de la ventana, se dió la vuelta y salió de la habitación. Mientras avanzaba a trompicones por el pasillo, con la espalda apoyada en la puerta que se había cerrado con una ráfaga de viento. Las antorchas en el pasillo parpadeaban y sacudían las sombras.

Después de una caminata frenética por los pasillos y las escaleras, su cuerpo llegó a la habitación de Aster tal como recordaba y su mente le ordenaba, Sayed alcanzó a llegar donde estaba la única persona que podía ayudarlo en ese momento. Los caballeros reales que custodiaban la puerta le detuvieron ante su repentina visita.

—Archiduque, por favor regrese después del amanecer. Su Majestad se ha ido a la cama.

En el momento en que abrió la boca, le sobrevino un dolor de cabeza. La alucinación se simplificó en el oído de Sayed.

[—Mátalos a todos, cariño. Todo el mundo nos odia.]

La sombra de Sayed se agitó con inquietud. Apretó los puños y clavó las uñas en su carne. Un dolor punzante le atravesó las palmas. 

—Debo ver a Su Alteza. —apenas consiguió abrir la boca. Los caballeros se miraron entre ellos, con la voz entrecortada y profunda. Intercambiaron miradas preocupadas y luego negaron con la cabeza.

—Lo siento. Por favor, regrese cuando haya salido el sol.

—Yo…—los ojos de Sayed brillaron en rojo. Una voz lúgubre sonó. —No me hagan hablar.

Los caballeros reaccionaron ante el espantoso sonido. Estaban muy nerviosos y se obligaron a ocultar su miedo. Sus manos se dirigieron a la vaina de sus espadas. Fuerzas agudas chocaron entre sí. Sayed apretó los puños y respiró hondo. Sentía que se estaba ahogando. La sed le quemaba como si estuvieran constantemente echando arena por su garganta. Estaba a punto de darse la vuelta porque sentía que dañaría a personas inocentes si seguía adelante, cuando la puerta se abrió.

—Adelante, Ed. —era una voz tan dulce que derretía sus oídos. 

Como nieve que se derrite a la luz del sol, Sayed se derrumbó y corrió hacia él. Abrazando con una fuerza aplastante a lo único que podía aliviar su dolor. Poniendo en pie al corpulento hombre sin esfuerzo, Aster que casualmente tiraba de él, sonrió a los caballeros que los observaban con ojos perplejos.

—Pueden retirarse, caballeros. Parece que el Archiduque no se siente bien, así que por favor no lo molesten.

—Está bien. —los caballeros que comprendieron la referencia a los efectos secundarios, hicieron una reverencia y cerraron la puerta tras de sí. 

El sonido de la conversación se escuchaba como un recuerdo lejano en sus oídos. Sayed aspiró profundamente el suave aroma que sintió tan pronto como abrazó a Aster. Con el pecho agitado, se aferró a la espalda de Aster.

—Aster, vamos, dame… descanso…

El miedo de matar a alguien si permanecía más tiempo en ese estado, desesperaba a Sayed. Aster abrazó tranquilamente a Sayed, quien le arañaba la espalda con fuerza salvaje.

—Shhh, Ed. No te preocupes.

No tuvo tiempo de responder. Mientras se retorcía ligeramente, Aster le acariciaba con calma, enviando suaves ondas cálidas a través de su cuerpo. La purificación de Aster siempre era brillante, como la luz del Sol que derretía el suelo helado durante el largo invierno. Y resultaba terriblemente atractivo para alguien tan frío y solo como Sayed. 

—¿No se ha puesto suficiente leña en la chimenea? Tienes las mejillas frías. —la mano, que había tocado su espalda, se trasladó hacia su cara. Su cuerpo, que había estado tenso y rígido, se relajó. 

Aster, que había domado a una bestia más salvaje que nadie con un solo toque, guío a Sayed hasta la cama. Siguiéndolo lentamente hacia la cama, Sayed se arrodilló en el suelo como siempre lo hacía. Un escalofrío se elevó desde el frío suelo de piedra. Su cuerpo que era susceptible al frío, se debilitaba más que cualquier otra persona ante los efectos secundarios. Mientras temblaba, Aster lo miró con afecto.

—Parece que has tenido un gran trabajo por lo que utilizaste mucha energía.

Un mechón de cabello gris oscuro que había sido peinado hacia atrás, cayó sobre la frente de Sayed. Las longitudes de onda de Aster se infiltraron a través de su cabello despeinado. Las alucinaciones auditivas desaparecieron por completo, pero el revoltijo de sensaciones que golpeaban su cuerpo aún persistía. 

El sonido era demasiado fuerte, su cuerpo dolía por el frío y su cabeza se sentía como si fuera a romperse. Necesitaba mucha más purificación. Cuando levantó la cabeza hacia él, con los ojos muy abiertos y desenfocados, Aster sonrío como si aquella visión le resultara linda.

Él, que había estado tocando silenciosamente el cabello de Sayed, se inclinó. La purificación solía terminar con un ligero toque, pero cuanto más grave era la condición del Títer, más profundo debería ser el contacto. Cuando Sayed estaba angustiado, Aster le calmaba con un beso en la frente. Cuando la situación empeoraba, se produjeron acciones aún peores… pero no ahora.

Los labios de Aster se acercaron lo suficiente como para tocar su frente. Y cuando elevó la mirada hacia los ojos dorados de Aster, este sonrió. Se inclinó hacia él como si fuera a darle consuelo en cualquier momento, pero sus labios nunca tocaron su frente. En lugar de eso, se detuvieron en seco y se abrieron ligeramente.

—¿Por qué fuiste a rescatar a Lessas?



RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM



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