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Capítulo 8

La araña, que tenía una docena de patas que siseaban, no tenía ojos rojos. La visión de la masa creada por la oscuridad llenó a todos de horror instantáneamente.

—¡Mon… monstruo!

—¡Huyan!

—¡Su Alteza! ¡Protejan a Su Alteza!

La escena rápidamente se descontroló, convirtiéndose en un caos. Sólo los caballeros más experimentados que habían tratado antes con Nieras de nivel intermedio lograron reprimir su miedo y se apuraron a correr en defensa del Príncipe Heredero. Pero el monstruo fue más rápido, sus largas patas se acercaban sin piedad. En un instante, todos se dispersaron. Sayed se lanzó hacia atrás y gritó.

—¡Retrocedan todos y protejan a Su Alteza! —en cuanto Sayed terminó de hablar, la Niera comenzó a moverse. Su intención era llegar a la parte más concurrida de la multitud, dónde se encontraba el Príncipe Heredero. 

Sayed tomó aire rápidamente y pateó el suelo para impulsarse. Con las yemas de los dedos, acumulando energía poco a poco mientras se movía a una velocidad incomparable para los humanos comunes, se aferró al costado de la gran Niera. Una Niera tan grande se volvía especialmente loca cuando era atacada, y aunque lo mejor era mantenerla alejada de lugares con tanta gente tanto como fuera posible. 

«No se puede evitar.»

Su cuerpo le indicó que estaba listo para usar sus habilidades. Los ojos grises de Sayed brillaron en rojo. La oscuridad, que había sido llamada, comenzó a agitarse. La larga sombra de la Niera, proyectada por las antorchas que revoloteaban por todas partes, adquirió una forma extraña. Se movía al compás de su amo, y en el momento en que Sayed apretó el puño, se levantó del suelo.

Cientos de hojas puntiagudas surgieron de la oscuridad sobre la tierra. Lo que parecían lanzas negras que surgieron simultáneamente desde el área ocupada por la sombra, apuñalaron el cuerpo de la Niera.

¡KEEEEK!

Las lanzas atravesaron el cuerpo de la araña desde abajo, haciendo detener a la Niera. Sus largas patas se agotaron y lucharon moviéndose en todas las direcciones. Demasiado grande y rápida para ser esquivada por una persona, fue Vetria quién detuvo el ataque de la Niera.

Las enredaderas de Vetria envolvieron las patas de la araña que atacaban a los caballeros, atrapándolas en el aire. 

—¿Comprobaste la dirección que tomó su Alteza? —al mirar al joven de rostro pálido, se preguntó si apenas acababa de convertirse en adulto. Él era uno de los que había matado antes a la pequeña Niera, tembló y dió un paso atrás tan pronto como vio las pupilas rojas de Sayed.

—¡Ah, un Demonio…! ¡El Demonio! —poniéndose de pie, el caballero desenvainó su espada. Como era una reacción habitual en aquellos que veían el cambio en sus ojos al usar sus habilidades, Sayed se dió la vuelta en lugar de lidiar con el caballero. Entonces el caballero saltó detrás de él con un grito parecido a un chillido.

—¡Mataré a un bastardo como tú en nombre de Su Alteza! —en nombre de Sayed, la sombra cubrió al caballero. Sayed rápidamente se dió cuenta de la situación, la maldad ya había sobrepasado a aquel caballero. 

Había caos por todas partes. Había algunas personas muertas, y sólo los caballeros experimentados recogían a los caídos y heridos para llevarlos al templo. El miedo tenía un gran alcance. 

Las Niera que eran de nivel intermedio o superior, esparcían el “miedo” por todas partes, dependiendo de su habilidad. Como si su propia existencia no bastara para provocar escalofríos, sino que también intercedían en los débiles de corazón y mente, infundiendo un miedo antinatural. El joven caballero no había tenido la experiencia para superarlo.

El poder de Sayed para atraer la oscuridad a sus pies le permitió aprovechar todas las sombras que existían en la tierra. La oscuridad que se extendía con el resplandor rojizo de los ojos de Sayed le hacía parecer un demonio con solo estar allí de pie.

—Archiduque, la situación no pinta bien. No sé lo que significa, pero tenías razón. —en ese momento, apareció el Duque Brecht con expresión seria. —Las Niera siguen saliendo de la frontera. Son pequeños, pero hay demasiados. Ya he matado a cinco de ellos. —el Duque señaló la frontera. 

Era como un recuerdo. Había tantos pequeños que habían seguido a la grande que su poder se dispersó. Nunca había pasado que las criaturas que hibernaron despertaran tan pronto. Todo seguía igual que antes, con todo el caos provocado por la llegada de las Nieras.

—¿Han encontrado a Su Alteza?

—La Duquesa Vetria ya lo ha escoltado hasta el templo. Tengo la intención de ir allí de ahora en adelante.

 —¿Está el Príncipe Lessas allí también?

El rostro del Duque Brecht se mostró confuso ante la mención de Lessas. Sacudió la cabeza con expresión de arrepentimiento.

—No pude comprobar la seguridad del Príncipe ya que primero tenía que encontrarte a ti.

Era verdad que el deber de Títer era proteger a Aster, un Guía y primero en la línea de sucesión del trono. Pero era inquietante que nadie hubiera prestado atención hasta que él lo pidió. Sayed miró el bosque y luego se volvió al Duque Brecht.

—Encontraré al Príncipe. 

 —¿Tú? —preguntó el Duque, como si hubiera escuchado ruidos extraños. Sayed no respondió, sino que se dió la vuelta y se dirigió directamente hacia el Bosque. Detrás de él, Brecht gritó. —¡Responde la pregunta y todo estará bien!

La Niera, que había sido reprimida brevemente por las palabras del Duque, respondió con un grito. Una Niera de nivel intermedio podía ser manejada fácilmente por Títer, así que el Duque podría manejar el resto por su cuenta.

Sayed concentró su mente y se adentró a la oscuridad. Mientras enviaba su conciencia lejos, a lo largo de la susurrante oscuridad, pudo sentir la energía del Príncipe Lessas. No sé había alejado mucho de los límites. Sin embargo, parecía que se había perdido. Una vez que tuvo una buena idea de su ubicación, Sayed llamó a los dos caballeros que estaban a punto de irse.

—Ustedes, síganme.

—Uh, ¿te refieres a nosotros?

—Ahora.

Los caballeros parecían asustados cuando vieron a Sayed, pero afortunadamente no actuaron como los niños que habían sido antes. Vacilantes, se obligaron a dar un paso adelante sin querer quebrantar las órdenes de Títer. Aunque para Sayed era más conveniente moverse solo, no tenía más remedio que llevarse a los caballeros con él, la razón por la que no tuvo más opción era porque estaba seguro de que el grupo del Príncipe tendría muchos heridos.

El aire era diferente cuando entraron al bosque. Con cada respiración, los cristales de hielo perforaban sus pulmones. Mientras caminaba por donde la nieve se había acumulado a diferencia del exterior, uno de los caballeros preguntó.

—Uh, ¿a dónde vamos?

Sayed guardó silencio. Era un hombre que no solía hablar más de lo necesario, y estaba lejos de dar explicaciones detalladas o ánimos. Desde un principio tenía una personalidad tranquila, pero en algún momento se dió cuenta de que sus palabras carecían de sentido.

—Este es un grupo demasiado pequeño para entrar al bosque. Aún quedan caballeros mucho más fuertes…

—Shh. —después de interrumpir al caballero que parecía genuinamente preocupado, Sayed levantó la mano. Podía sentir el temblor en su respiración como si tuviera miedo mientras miraba fijamente a la oscuridad donde no podía verse nada. El silencio se vio interrumpido por un grito que venía desde lejos.

—¡Sr. Anka!

Los caballeros volvieron la cabeza como si también hubieran escuchado el grito. Sayed se echó a correr hacia adelante.

—No se pierdan y síganme. Habrá algunos heridos, así que tienen que cuidar de ellos.

Cada vez que sus pies golpeaban el suelo, los árboles se balanceaban y tambaleaban. Sayed rompió las ramas de los árboles con su cuerpo, abriendo paso a través de la oscuridad como un laberinto hasta llegar donde se produjo el fuerte sonido y dejando un rastro para que los caballeros que lo seguían pudieran encontrarlo. Cuando entró al pequeño claro, vio a los caballeros enfrentados a cuatro Nieras con forma de osos.

—¡Baine, mira a un lado! —al mismo tiempo que Lessas gritaba, las Niera arrojaron sus pesados cuerpos contra los caballeros. Al oír la advertencia de Lessas, el caballero se apresuró a esquivar a las Niera. 

Reuniendo a los heridos y levantando a los caídos, Lessas levantó su espada para enfrentarse al otro oso. Sólo quedaban dos hombres con vida, incluyendo al Príncipe. Sayed miró al suelo. El bosque era demasiado oscuro para crear sombras precisas, por lo que era mejor tomar prestada energía a usar su cuerpo.

—Su Alteza, por favor huya y déjenos atrás. No hay ninguna posibilidad de ganar. —Anka estaba apoyado en una roca, agarrándose el hombro sangrante como si le hubieran arañado gravemente. Sus palabras interrumpieron a Lessas por un momento. En el instante que se detuvo, temblando violentamente, las otras Nieras que merodeaban los alrededores, se abalanzaron hacia los heridos. 

—¡No, Anka! —la voz del Príncipe se volvió urgente. Lessas le dió la espalda a la Niera que estaba luchando contra él y corrió hacia Anka. Sayed, que había estado intentando matar a las criaturas con su espada lo mejor que podía, cambió su estrategia. 

El iris de sus ojos se volvió rojo intenso. La oscuridad que cubría el bosque se movió en respuesta a la voluntad de Sayed. Largas lanzas que se extendían desde el suelo golpearon a la criatura que estaba a punto de atacar al grupo del Príncipe.

—¡Ah! ¡Ah!

Sayed se abalanzó hacia el monstruo inmovilizándolo de un solo salto. Pateó el suelo para elevarse y blandir su larga espada, apuntando con precisión entre sus ojos. La punta afilada de la espada se hundió en el centro de la frente de la criatura con un golpe sonoro. Al mismo tiempo la Niera que tenía un brillo rojizo en los ojos, similar al de Sayed, se convirtió simultáneamente en ceniza negra y comenzó a dispersarse.

Lo siguiente fue fácil. Sayed blandió su espada como si no tuviera el aliento suficiente y rompió los ojos de las demás. Mientras bajaba la hoja de la espada sin una sola gota de sangre, la tenue luz de luna cayó débilmente sobre el claro.

—Hmm. —Sayed respiró hondo y giró la cabeza para seguir la descarada mirada dirigida a él. Vio a Lessas erguido, observándole.

La situación desesperada parecía desastrosa. Su ropa estaba manchada de rojo por la sangre de los heridos, no de los monstruos, y su suave cabello estaba empapado de sudor y pegado a media frente. Su blanco rostro estaba manchado de lágrimas. Sin embargo, sostenía su espada con fuerza, bloqueando el camino hacia Anka y los caballeros, como si quisiera proteger a su preciosa gente. La desesperación estaba en su rostro como una imagen sacada de ultratumba.

Sayed miró a los que estaban detrás de Lessas. Aunque la armadura y sus carnes estaban destrozadas, ninguno de ellos parecía haber perdido la cordura por las Nieras. Mientras observaba a los supervivientes en silencio, hizo contacto visual con uno de los caballeros de Lessas. Tan pronto como sus ojos se encontraron, el joven de cabello escarlata y pecas, se estremeció de dolor y susurró.

 —El Demonio de Solias… —fue un susurró bajo, pero debido a que el entorno era silencioso, se escuchó bastante claro. Los caballeros guardaron silencio, congelándose al escuchar esas palabras. Una repentina ráfaga de incomodidad se extendió de repente y desviaron la mirada. El alivio y miedo se mezclaron en los rostros de los supervivientes.

«Demonio de Solias.»

La notoriedad que había adquirido después de convertirse en la cabeza de la familia, se debió no solo a la naturaleza de Sayed, sino también porque sus poderes eran muy similares al de Niera. También sabía muy bien que una parca con los ojos rojos brillando en la oscuridad no podía verse como un salvador.

Esto era algo que había escuchado y experimentado muchas veces. Sayed apartó la mirada de ellos, poco impresionado. Luego miró directamente a Lessas y dijo.

—Mostrar la espalda durante la batalla no es diferente de cometer suicidio.

Un par de intensos ojos rojos miraron fijamente a Lessas. Y Sayed continuó.

—Luchar en nombre de los caballeros que se supone deben proteger a Su Señor es lo mismo. No estoy seguro de que las vidas salvadas así valgan la pena. Lo correcto era convertirse en un escudo de carne para proteger a Su Alteza si es necesario. —Sayed dió un consejo con sinceridad. Los caballeros de Lessas estaban allí para proteger a Lessas, y no había nada más ridículo que ponerse en peligro para protegerlos. 

Sayed no quería que Lessas se pusiera en peligro tontamente para protegerlos. Él era absolutamente vital para derrotar a las Nieras, y la muerte de un Guía con un poder de purificación tan fuerte, sería una pérdida irreparable.

Las palabras de Sayed debieron calar hasta los huesos, el rostro de los caballeros caídos se llenó de remordimiento. Entonces se obligaron a ponerse de pie con dificultad y se arrodillaron ante Lessas. Entre ellos estaba Sr Anka.

—Le pedimos disculpas a Su Alteza. El Archiduque tiene razón.

—Por favor, castíguenos por no cumplir con nuestro deber.

Las manos de Lessas temblaron cuando todos hablaron al unísono. Lessas, que tenía el ceño fruncido, tenía una expresión confusa en su rostro. Un escalofrío se apoderó de su amable rostro, como una tormenta de nieve en la primavera.

—No hay vida que no sea noble. —la voz de Lessas era tranquila pero fría. —Así que aceptaré el consejo del Archiduque y me aseguraré de devolverte el favor de salvarme la vida. —la voz de Lessas resplandecía con ardiente ira.

Aus: Ojito a los personajes que vayan apareciendo, que poco a poco todos van tomando relevancia, estimulen la memoria que hay muchísimos personajes en esta novela. xD 

saam: hahahaha 



RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM



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