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Capítulo 15

Baek Hyeon hizo aquella confesión de manera tan honesta sólo porque Jihoon lo deseaba con tanta desesperación que no pudo evitar ceder. Simplemente, quiso concederle aquello. Por eso, fue admitido sin resistencia.

De repente, Jihoon se lanzó hacia adelante. Con un sonido húmedo, el miembro de Baek Hyeon salió de su interior, dejando un rastro viscoso que colgaba como una telaraña entre ellos.

La calidez del cuerpo de Jihoon desapareció de golpe y Baek Hyeon sintió un frío insoportable en su ausencia. Fue solo un momento en el que bajó la cabeza, perdiéndolo de vista, pero eso bastó para que un destello metálico atravesara su tobillo

¡PUC!

—… Fiscal

Baekh Hyeon, miró el cuchillo que ahora estaba incrustado en su tobillo, rió con desdén mientras observaba a Jihoon, quien lo miraba con una mezcla de odio y determinación.

—Con esto no vas a matarme.

—Lo sé.

Jihoon lo sabía. Una herida en el tobillo no era suficiente para acabar con alguien.

—No puedes morir.

─…

—Tienes que pudrirte aquí. Para siempre. Vivo.

Si el tendón de Aquiles quedaba seccionado, Baek Hyeon quedaría cojo para toda la vida. Una discapacidad que nunca sanaría, ni dentro ni fuera de ese lugar; en el mundo al que él pertenecía, el más débil siempre era devorado primero. Jihoon quería que Baek Hyeon supiera cómo se sentía ser la presa más vulnerable, atrapado sin amparo en un lugar sin leyes que lo protegieran.

—Quiero que lo sientas tú también.

—…

Baek Hyeon bajó la mirada hacia su tobillo. La herida era tan superficial que dudaba que siquiera hubiera tocado el tendón. La venganza de Jihoon era tan ingenua que resultaba casi risible.

Con un tirón, sacó el cuchillo. De la herida brotó sangre cálida y oscura, deslizándose por su piel. Aun así, el semblante de Jihoon no mostraba ni miedo ni arrepentimiento. ¿Acaso esperaba, con una fe infantil, que Baek Hyeon reflexionara después de haber sido apuñalado?

—Fiscal.

—…

—La venganza no funciona así. No puedes dejar vivo a alguien como yo.

—…

—Si no me matas, el que acabará muerto serás tú.

Baek Hyeon devolvió el cuchillo a la mano de Jihoon, cerrándola sobre el mango mientras guiaba su cuerpo hacia él, como si intentara enseñarle cómo terminar el trabajo. Jihoon no opuso resistencia; sus manos temblaban, pero no soltaron el arma. La gran mano de Baek Hyeon envolvía la suya con fuerza, obligándolo a sujetar el cuchillo.

Desde el principio, el amor de Baek Hyeon había sido destructivo. Su afecto era una fuerza distorsionada, una obsesión patológica. Él era ese tipo de hombre. Ahora, deseaba vengarse de Jihoon, que nunca correspondió a sus sentimientos. Para Baek Hyeon, caer muerto frente a Jihoon, ahogándose en su propia sangre, era una venganza mucho más gloriosa que cualquier otra cosa que Jihoon pudiera hacerle.

—No soy alguien que pida perdón. Te lo dije, no esperes nada más de mí.

Con esas palabras, Baek Hyeon giró el cuchillo y lo hundió en su propio abdomen. Giró la hoja con fuerza, causando un daño mayor, desgarrando los órganos internos para asegurarse de que la herida fuera irreparable.

—¡Qué… qué demonios estás haciendo, idiota! —gritó Jihoon, aterrorizado. Intentó liberar su brazo, pero Baek Hyeon lo sujetó con fuerza, inmovilizándolo mientras susurraba cerca de su oído.

—No quería llegar tan lejos… Pero te quiero demasiado.

—…

Al final, cuando clavó el cuchillo en su propio cuerpo, lo hacía por Jihoon, incluso la acción autodestructiva estaba impulsada por el amor.

Un amor ridículamente estúpido.

Lo hizo sabiendo que Jihoon nunca lo agradecería.

En ese momento, las lágrimas que brotaron de Jihoon no fueron a voluntad, pero tampoco era que no quisiera llorar, simplemente no sabía qué hacer. Sin ninguna otra salida, las lágrimas se derramaron por su rostro. La sangre caliente seguía fluyendo de la mano que sostenía el cuchillo, mientras que su cara ardía aún más debido a las lágrimas calientes que lo empapaban.

—Puedo hacer cualquier otra cosa por ti.

—Estás loco, imbécil… Hic. —Jihoon sollozó entre murmullos.

—No deberías llorar así frente a mí. Maldición, te ves tan lindo llorando que no puedo evitar querer apuñalarte.

El fiscal tampoco sabía lo que realmente quería. Decía que lo dejaría cojo de por vida, pero no tuvo el valor de cortar por completo su tendón de Aquiles. Jihoon quería vengarse, pero cuando Baek Hyeon clavó el cuchillo en su propio abdomen, instintivamente apretó la mano para evitar que la hoja penetrara más profundamente. Su cuerpo temblaba, completamente fuera de control.

—¡Ayuda! ¡Por favor, llamen a una ambulancia! ¡Rápido! —gritó Jihoon desesperado.

—No llames a nadie. Es un poco humillante.

—No llames a nadie. Qué vergüenza. —Baek Hyeon dejó caer su cabeza sobre el hombro de Jihoon, riendo con suavidad—. Qué humillante sería que me vieran así… Siendo apuñalado por mi propio chico.

—…

—Mejor di que fue un accidente. Que me apuñalé yo solo.

—…Si no lo haces, vas a terminar muerto.

—¡Por favor, ayúdennos! ¡Alguien venga rápido! ¡Está herido! ¡Está perdiendo sangre! ¡Siempre que pido ayuda nadie viene, hijos de puta!

La herida del abdomen, perforada una vez más, bombeaba sangre de manera incontrolable. Si seguía perdiendo tanta, moriría de un shock hemorrágico. Jihoon, con el cuchillo firmemente agarrado en su mano temblorosa, seguía gritando mientras las lágrimas continuaba corriendo por su rostro. 

Desde el pasillo, comenzaron a oírse pasos apresurados que se acercaban.

A medida que la voz angustiada de Jihoon se hacía más lejana en la mente de Baek Hyeon, este murmuró con un tono casi burlón

—Maldita sea, qué vergüenza para un matón.

Con un último gesto, Baek Hyeon apoyó su mejilla contra el hombro de Jihoon, aunque la situación era desesperada, sus labios esbozaron una leve y efímera sonrisa.

***

La nieve se había acumulado bastante.

—Maldita sea, el clima también…

Habían pasado cinco años de condena, pero Bake Hyeon había salido en libertad condicional tras tres. Un año entero lo había pasado como preso ejemplar. La herida profunda en su abdomen le había impedido trabajar al principio, pero en cuanto pudo moverse, él mismo solicitó unirse a los trabajos forzados.

Le gustaba escoger las tareas que nadie más quería hacer; así podía pasar el tiempo a solas. La gente lo encontraba incómodo, y eso a Baek Hyeon le encantaba, pues cuanto más incomodaba a las personas a su alrededor, más se aseguraba de que nadie se le acercara y de esa manera no había peleas.

A sus espaldas, una pesada puerta metálica se cerró con un chirrido oxidado, resonando con un golpe seco. Parecía un sonido deliberadamente malhumorado, como si le estuviera gritando que no volviera jamás.

Baek Hyeon inclinó la cabeza hacia atrás, mirando el cielo cubierto de nubes; esas nubes cargadas de humedad prometían más nieve. En un día tan frío, sentía que lo único sensato era encender un cigarrillo y caminar despacio. El frío siempre hacía que la cicatriz en su abdomen doliera más.

Afuera, más allá del muro cubierto de musgo negro, no había señales de vida. Baek Hyeon no había avisado a nadie de su liberación, de haberlo hecho, sus hombres con trajes impecables se habrían formado en fila, inclinándose ante él como si fuera una ceremonia militar y eso le habría parecido ridículo.

Baek Hyeon, sacó una pequeña cajetilla metálica de su abrigo, aunque el ingreso de cigarrillos estaba prohibido, a los presos que estaban a punto de salir solían permitirles uno como excepción por lo que había guardado ese especialmente para este día.

Encendió el cigarro, la brasa roja brilló en la punta mientras exhalaba el humo hacia el aire. Volvió a mirar el cielo; la nieve comenzaba a caer, los copos eran grandes y pesados y algunos aterrizaron directamente en su rostro. Estaban helados.

La nieve acumulada de la noche anterior cubría el suelo, por lo que sus pies se hundían hasta los tobillos a cada paso. El frío mordía sus músculos abdominales, que se tensaban con incomodidad. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo y empezó a caminar lentamente, con pasos firmes, sin cojear.

A lo lejos, alguien se acercaba. Era un hombre alto, con un abrigo negro, que caminaba con determinación, llevando algo en ambas manos, sus pisadas eran las únicas marcas en la nieve virgen del camino.

—Ni una sola visita en todo este tiempo…—Baek Hyeon sonrió al reconocerlo.

—¿Y por qué debería haberte visitado?

El hombre frente a él respondió con frialdad, pero sus ojos decían más de lo que sus palabras podían expresar.

Jihoon no le devolvió la sonrisa. Su rostro, frío como el hielo, era muy diferente al que Baek Hyeon recordaba haber visto allí dentro, pero de alguna manera le quedaba mejor. Era como la imagen del fiscal serio y rígido que había conocido en la sala de interrogatorios la primera vez. Esa era la verdadera versión de Seol Jihoon, impecable y majestuosa.

—El traje te queda mejor, como siempre, fiscal.

—Gracias a ti, no pude usar uno durante bastante tiempo.

Cuando Baek Hyeon fue trasladado al hospital en ambulancia, confesó todo. Admitió que la lista de sobornos de Jihoon era completamente falsa, que él la había fabricado y que lo había hecho por venganza, nadie se lo pidió, pero habló como si fuera a morir en cualquier momento. Los médicos intentaron detenerlo para que no siguiera hablando por la cantidad de sangre que perdía, pero él incluso rechazó la mascarilla de oxígeno y repitió la misma declaración una y otra vez.

La confesión le costó seis meses de rehabilitación en el hospital. Durante ese tiempo, Jihoon fue trasladado a otro centro de detención, donde se llevó a cabo un nuevo juicio y gracias al testimonio de Baek Hyeon, Jihoon consiguió la reapertura de su caso y finalmente fue declarado inocente.

Tras recuperar su título como fiscal, Jihoon se dedicó a su trabajo con mayor intensidad, asegurándose de que algunos delincuentes recibieran penas aún más severas por sus crímenes.

—Por tu culpa, ahora todo el mundo me ve como un pervertido. Uno que, desnudo, se apuñaló el tobillo y el abdomen mientras se excitaba con ello.

—Te queda bien el papel.

Baek Hyeon sabía que Jihoon no lo había acusado de falso testimonio, además, había presentado una solicitud de clemencia para reducir su condena; también sabía que Jihoon había movido algunos hilos en la junta de libertad condicional para que lo liberaran antes.

—Pero nunca pensé que vendrías a buscarme. —comentó Baek Hyeon, mirándolo con algo de sorpresa.

Jihoon no respondió, sólo extendió las manos qué sostenían un plato hacia él. En el plato descansaba un trozo de tofu blanco como la nieve.

Baek Hyeon  observó el tofu en silencio mientras los gruesos copos de nieve comenzaban a caer sobre el tofu, cubriéndolo poco a poco, haciéndolo parecer un pastel recubierto de crema blanca.

—No me gusta el tofu.

—Cállate y cómelo, maldito idiota.

Baek Hyeon dejó escapar una risa suave mientras hundía las manos en los bolsillos de su abrigo.

—Parece que aprendiste solo cosas malas ahí dentro.

—Aprendí cosas peores. ¿Quieres que te las enseñe?

Antes de que Baek Hyeon pudiera responder, Jihoon le hundió la cara en el tofú con un movimiento rápido y decisivo.

—…

—Maldita sea, no quería llegar a esto… —murmuró Jihoon.

—…

—Estoy jodido.

Los hombros de Baek Hyeon se sacudieron mientras su rostro seguía enterrado en el tofu. Jihoon levantó la vista hacia el cielo, los copos de nieve ahora caían en abundancia, grandes y suaves, tocando su rostro, mientras su boca se curvó en una leve sonrisa.

Curiosamente, la nieve no se sentía fría en absoluto.

Robin:



RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: IDGAMEOVERXX
CORRECCIÓN: ROBIN



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