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EXTRA 8

El apartamento, tan impecable y elegante como la apariencia de Valery, siempre mantenía una temperatura agradable. Desde el techo blanco, ligeramente elevado, fluía una brisa suave y constante. Alexéi ya se había acostumbrado a dormir sumido en ese aire perfecto, ni cálido ni frío.

Las cosas adecuadamente ajustadas tienen el poder de relajar a las personas. Durante su estancia en Nueva York, Alexéi no tenía que limpiar de noche tiendas llenas de grasa para ganar dinero ni arreglar las tuberías de una vivienda que se averiaban con frecuencia. Incluso después de salir de Saratov, la tensión que siempre había acechado en su subconsciente se fue desvaneciendo poco a poco durante los últimos dos meses. Lo notó cuando empezó a ser consciente de lo profundamente que dormía.

Como ahora.

—…Hmm, uh.

En medio de una conciencia nebulosa, una sensación punzante se coló abruptamente en su interior. Su mente, que estaba sumida en el sueño, comenzó a flotar. Una sensación de cosquilleo y calor recorría su cuerpo, y al mismo tiempo, un gemido bajo y entrecortado resonaba débilmente cerca de sus oídos. Apenas tuvo tiempo de tragar saliva cuando un nuevo gemido se hizo escuchar.

—Hah, ah, haah…

El sonido provenía de él mismo. Al darse cuenta de que los gemidos roncos que escapaban de su garganta seca eran suyos, la sensación de cosquilleo que había sentido antes se intensificó de golpe. Algo cálido y suave lo estaba estimulando, justo allí, en algún punto entre sus nalgas. Desde ese lugar, una sensación punzante y de cosquilleo se extendía por todo su cuerpo.

—Hngh, hng…

Alexéi exhaló un cálido suspiro al entreabrir ligeramente los labios. Sin darse cuenta, su cintura se arqueó un poco y sus muslos se separaron. Al fruncir ligeramente el ceño con un aire de desesperación y anhelo, una mano tierna se posó en su rodilla en ese preciso momento. Una palma cálida le acarició suavemente la pierna, empujándola un poco más hacia un lado.

Atrapado entre el sueño persistente y la oleada de placer que lo invadía, sus párpados temblaban como si estuvieran a punto de abrirse. Su mente, que empezaba a despejarse, comenzó a captar diversos sonidos: el ruido húmedo de algo lamiendo, el eco pegajoso de los fluidos humedeciendo su piel. Con un sonido viscoso y provocador, algo se deslizó hacia adentro, y Alexéi sintió cómo el estrecho orificio trasero se abría lentamente.

—¡Ah…!

Con un gemido breve pero intenso, Alexéi abrió los ojos. Su mirada se deslizó rápidamente hacia abajo, más allá de su pecho que subía y bajaba, hasta encontrarse con una figura alta y rubia que tenía el rostro enterrado entre sus piernas.

La figura alargada se acomodaba hábilmente entre sus muslos, inclinando su torso para lamer entre sus nalgas, un espectáculo evidente a simple vista.

—Cariño… huh… ¿cuándo te despertaste? Hngh…

Incluso con su voz ronca y entrecortada por el sueño, Valery no levantó la cabeza. En cambio, lamió lenta y sensualmente la entrada del orificio que acababa de invadir. Mientras que las arrugas apretadas de la abertura exterior ofrecían resistencia, el interior húmedo y suave se agitaba bajo la habilidad de su lengua. La intensa estimulación que Alexéi sintió al despertar lo llevó a entrecerrar los ojos mientras reprimía un gemido.

—Valery, hngh, espera… espera un momento, ugh, ah… ¡Ah!

La lengua que revolvía su interior aceleró. Los sonidos húmedos de la lengua empujando y moviéndose resonaban intensamente. La reacción instintiva de su cuerpo, que solo respondía de esa manera a Valery, ya estaba vertiendo fluidos. La mezcla de saliva y líquido escurría, haciéndose evidente debajo de ellos. Alexéi apretó los labios, tratando de contener sus gemidos mientras retenía la respiración por un momento.

Últimamente, Alexéi había empezado a sentirse incómodo con este aspecto de sí mismo. Le resultaba extraño, casi desconcertante, que él, Alexéi Sorokin, pudiera disfrutar ser tocado de esa manera hasta el punto de derramar fluidos sin control. No le avergonzaba excitarse o mover las caderas, pero este acto en particular, sentir su entrada estimulada hasta el punto de liberar esos fluidos, seguía siendo algo que no lograba aceptar del todo.

Era irónico que Alexéi sintiera vergüenza en ese momento, sobre todo al recordar cómo, en el pasado, no había tenido reparos en forzar a Valery. Lo había dominado sin piedad, arrancándole gemidos que llenaban el ambiente sin remordimiento alguno.

Sin embargo, los años que habían pasado desde entonces, años vividos en un entorno más cercano a la normalidad, habían provocado en él una especie de autocontrol, aunque todavía incompleto.

Era un cambio necesario. Ya no vivía entre criminales, así que tenía que comportarse como alguien decente. Su posición actual exigía precaución; cualquier problema podría complicarlo todo.

Y luego estaba Valery. Tras años sin verse, el joven estaba ahora a su lado como su pareja. Alexéi no podía tratarlo de la misma manera que antes.

Quizá se debía a que Valery había crecido, convirtiéndose en alguien mucho más adulto que aquel hermano menor al que solía someter. Las acciones que antes le salían de forma instintiva y sin reflexión ahora se quedaban atrapadas en su mente, frenadas por una extraña sensación. Era algo que se parecía demasiado a la vergüenza.

Alexéi no estaba acostumbrado a esa emoción, tan ajena a su identidad, y decidió no pensar más en ello. En cambio, frunció el ceño al escuchar los sonidos húmedos que llenaban la habitación. Desvió la mirada hacia su propio cuerpo, descubriendo el estado en el que se encontraba.

Su miembro, duro y palpitante, había dejado rastros viscosos de líquido preseminal sobre su abdomen. Tanto el frente como la parte trasera de su cuerpo estaban completamente empapados, evidencia de lo que Valery había estado haciendo.

Quizás el joven percibió la distracción de Alexéi mientras examinaba su estado, porque decidió jugarle una mala pasada. Con la lengua aún dentro de él, Valery afiló la punta y dio un rápido toque en la zona más profunda de sus paredes internas.

La sensación de ese roce en una parte tan blanda y vulnerable, incapaz de endurecerse o resistirse, hizo que Alexéi reprimiera un gemido que estuvo a punto de escapar de sus labios. Entonces, extendió la mano y agarró con fuerza el cabello de Valery.

—Basta… basta… Lerusha, detente —murmuró, su voz ronca y temblorosa.

Fue un momento peligroso. Si lo dejaba continuar, Alexéi sentía que acabaría corriéndose simplemente con lo que Valery estaba haciendo detrás, y esa idea le resultaba inaceptable. Estaba dispuesto a perder la cabeza siendo penetrado y embestido con fuerza, pero alcanzar el clímax de esa otra manera era algo que, al menos por ahora, no estaba preparado para aceptar.

—No sigas con eso, solo… —jadeó, con la respiración entrecortada—. Mejor embísteme. Eso sería mucho… mejor.

Su mano, que había agarrado el cabello de Valery, se tensó un poco más, y el joven dejó de lamer. No porque quisiera, sino porque había percibido la incomodidad de Alexéi.

Finalmente, el rostro oculto de Valery quedó expuesto. Sus ojos verdes y brillantes, resguardados bajo largas pestañas, se clavaron en Alexéi con una mirada fija.

El cabello platinado del joven brillaba aún más bajo la luz del sol, y sus mejillas pálidas mostraban un rubor intenso debido a lo que había estado haciendo. Sus labios rosados, completamente húmedos, tenían un tono rojizo similar al de sus mejillas.

Era hermoso, elegante, casi sagrado. Si no fuera por el líquido brillante que cubría sus labios, el cuadro habría sido perfecto.

—¿Te he despertado? —preguntó Valery con un tono quejumbroso, como si realmente lamentara haber sido descubierto. La forma en que sus ojos se entrecerraban ligeramente le daba un aire infantil, casi de reproche.

—¿Cómo no iba a despertarme con eso? —respondió Alexéi, su tono cargado de irritación.

—La última vez funcionó —replicó Valery con una sonrisa ligera, como si compartiera un secreto.

Alexéi suspiró y se frotó los ojos con una mano, notando cuán desarmado se encontraba en momentos como este. Hoy, en especial, sentía que su vigilancia estaba más relajada de lo que debería estar. ¿En qué momento se había vuelto tan descuidado como para permitir que su mente divagara incluso en medio de una situación tan íntima?

Valery, viendo su reacción, sonrió con malicia y dejó caer un comentario.

—Mira esto, Alyosha. Estás completamente empapado.

Mientras hablaba, pasó la mano por el surco húmedo de Alexéi, dejando que sus dedos largos recorrieran la piel. El sonido húmedo que acompañó al movimiento resonó en la habitación, y cuando mostró su palma, estaba cubierta de líquido brillante. Una gota de aquel fluido se deslizó lentamente por sus dedos, y Alexéi, al verlo, se quedó momentáneamente sin palabras.

Era su propio cuerpo el que lo producía, pero aun así, no podía evitar sentirse incrédulo. En un estado de completa lucidez, todo esto le resultaba desconcertante.

—La próxima vez, simplemente prepárate rápido y embísteme —murmuró, desviando la mirada—. No tienes que hacer… eso.

Cuando se conocieron, ambos estaban demasiado fuera de sí para considerar tales detalles. Pero incluso ahora, después de haberse reencontrado y compartir estos momentos, la forma en que Valery se tomaba su tiempo para prepararlo seguía siendo algo que Alexéi no terminaba de aceptar.

Había nacido como Alfa y se había criado como tal, así que su incomodidad tenía sentido. Aunque adoraba a Valery y aceptaba casi todo lo que hacía, cambiar algo tan arraigado en él no era sencillo. Dos meses podrían ser suficientes para relajarse un poco, pero no para transformar completamente su identidad. Tampoco era algo que deseara hacer.

—Eso no tiene sentido, Alyosha —respondió Valery con una sonrisa mientras deslizaba sus dedos por la piel de Alexéi nuevamente, su tono suave, pero cargado de intención.

Las palabras de Alexéi estaban lejos de ser románticas, pero aun así, Valery adoptó una expresión seria al escucharlas.

—No quiero que te hagas daño, Alyosha.

—De todos modos, si lo tocas un poco, se lubrica solo. No hay necesidad de lamer algo tan sucio.

—No está sucio. Tu cuerpo no tiene ni un solo rincón que no sea perfecto.

Valery, quien perfectamente podría atribuirse esas mismas palabras, se las decía sin titubear a Alexéi. Ante el tono cada vez más serio de su voz, Alexéi se contuvo de replicar. Valery, parpadeando lentamente bajó sus largas pestañas, lo miraba con ojos llenos de pesar.

—A mí me gusta verte así, Alyosha… ¿no te gusta? Quiero probar todo lo que pueda hacerte sentir bien.

«Solo el maldito sexo me basta, no necesito nada más» pensó Alexéi. Pero, por experiencia, supo contener esas palabras justo a tiempo. Decirlo solo lograría entristecer a Valery, y aquello era lo último que deseaba en el mundo. Quería verlo siempre sonreír. Sin embargo, convivir con Valery como su “pareja” lo hacía descubrir que lograrlo no era nada fácil.

—No es que no me guste, es solo que si haces eso…

Alexéi bajó la voz, grave y tranquila. Sabía que si continuaba hablando, Valery acabaría llorando, y ese era un escenario que prefería evitar a toda costa. Decidió que lo mejor era redirigir la atención, así que deslizó lentamente su mano por el brazo de Valery.

—Es solo que estoy algo ansioso… Quiero que me folles de una vez, y me desespera que te tomes tanto tiempo con esto.

Lamiéndose los labios de forma deliberada, Alexéi entrecerró los ojos, fijando su mirada en él. Valery quedó inmóvil, claramente sorprendido por lo que acababa de oír. No era la primera vez que escuchaba algo parecido, pero siempre reaccionaba como si lo fuera. Su inexperiencia manifiesta y su torpe sorpresa le daban a Alexéi una sensación de dominio que lo excitaba todavía más.

Aprovechando el momento, Alexéi cerró las piernas alrededor de la cintura de Valery, apretándolo con firmeza. Luego, arqueó ligeramente las caderas, dejando que la entrada apenas se vislumbrara con sus movimientos. Con una mano, comenzó a acariciarse lentamente, sosteniendo su erección con gesto deliberado.

—O, si prefieres, puedo hacerlo yo solo mientras miras.

La provocación, aunque sutil, siempre tenía un impacto desmesurado en Valery. Sus ojos verdes, que hasta ese momento miraban fijamente a Alexéi, comenzaron a arder con intensidad. Apenas terminó de procesar esas palabras, el rostro de Valery se tensó con una mezcla de desconcierto y deseo evidente. En un instante, su respiración se tornó pesada, y se lanzó hacia adelante, incapaz de contenerse más.

—Alyosha…

Con su rostro mostrando una mezcla de desesperación y anhelo, Valery ajustó rápidamente su postura, posicionando su gruesa erección contra la entrada empapada de Alexéi. Sus movimientos perdieron la suavidad que había mostrado antes; ahora, su deseo era tan feroz que apenas podía contenerlo.

—Eres… tan jodidamente sexy…

En un solo movimiento, Valery empujó con fuerza, hundiéndose completamente dentro de Alexéi.

Con una mano grande sujetando firmemente el tobillo de Alexéi, Valery mostró un comportamiento que no encajaba con su hermoso aspecto. La fuerza de sus grandes manos hacía que el tobillo de Alexéi pareciera aún más delgado, como si fuera a romperlo, mientras se movía frenéticamente con la cadera. Cada empuje fuerte hacía que el colchón de la cama crujiera de dolor, mientras el marco chirriaba como si fuera a romperse.

—Huh, ha… ¡Ha, ah… ha…!

El enorme miembro, con solo estar dentro, presionaba con fuerza la próstata de Alexéi. Cada movimiento de Valery era puro placer para él. La cabeza del pene, al rozar el interior mientras entraba, le producía una picazón intensa, como si lo raspara todo por dentro, y cuando alcanzaba el fondo, apretándolo con fuerza, Alexéi veía estrellas. Y cuando se retiraba, una sensación de vacío le causaba una impaciencia casi insoportable.

—¡Valery, ah, ha, por favor, sigue…! Huh, ah… ¡Rápido!

Con el desespero en su voz, Alexéi le dio una orden autoritaria, incapaz de soportar que lo dejara vacío por más tiempo. Valery, obediente, apretó aún más la mano alrededor de su tobillo, atrayendo a Alexéi hacia él, mientras le preguntaba:

—¿Te gusta, Alyosha?

Aunque el estado en el que se encontraba lo hacía evidente, Valery parecía necesitar esa confirmación verbal. Consumido por la impaciencia, Alexéi asintió con la cabeza, pero Valery apenas presionaba la entrada con la punta, como si quisiera provocarlo aún más.

—Dímelo, Alyosha, quiero escucharlo.

La sensación de cosquilleo dentro de su cuerpo iba en aumento, haciéndolo sentir al borde de la locura. Alexéi maldijo entre dientes, agarrándose con fuerza al brazo de Valery, y le dio la respuesta que quería oír:

—¡Sí, me gusta… así que, por favor, ah…! ¡Hazlo ya…!

Tan pronto como esas palabras salieron de su boca, Valery dejó escapar un largo y tembloroso suspiro, y finalmente lo penetró profundamente.

PLAF.

El interior de Alexéi quedó completamente lleno con un solo movimiento. Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo, haciendo que se sacudiera de pies a cabeza. La intensidad del placer lo llevó al borde del desmayo mientras se agarraba y soltaba repetidamente las sábanas con las manos temblorosas.

—Alyosha, tu interior… es tan, ah… estrecho…

La voz ronca de Valery, cargada de excitación, resonó en el aire. La mano que sostenía su tobillo cambió de posición, y de repente Alexéi se encontró con las piernas alzadas en el aire. Casi doblado sobre sí mismo, Valery comenzó a embestir con fuerza renovada.

El grueso miembro de Valery atravesaba el estrecho interior de Alexéi con un movimiento desesperado, haciendo que su respiración se cortara de golpe.

—Ah, ¡ha…!

Las venas del cuello de Alexéi se marcaron de forma visible mientras intentaba estabilizar su respiración, pero Valery tenía otros planes. Con las piernas de Alexéi completamente levantadas, empezó a empujar desde arriba hacia abajo con una fuerza que parecía capaz de partirlo en dos.

—Ah, huh, ¡ah…!

Cada embestida era tan intensa que Alexéi sentía como si su cuerpo fuera a romperse por completo. Su mente comenzaba a quedar en blanco mientras Valery golpeaba con precisión el punto más sensible de su interior.

—…

El sonido de un gemido particularmente alto quedó atrapado en su garganta, y Alexéi logró contenerlo a duras penas. Aunque no soportaba emitir sonidos de placer cuando estaba completamente consciente, lo que más odiaba era escuchar su propia voz emitiendo sonidos que no se ajustaban a su imagen. Claro, cuando se revolcaban como animales, al final siempre terminaba gritando de placer, pero Alexéi intentaba contenerse al menos al principio.

—Alyosha… déjame escuchar tu voz… por favor.

Sin embargo, cuando Valery decidía ponerse serio como ahora, esa resolución de Alexéi siempre se desmoronaba en cuestión de segundos. Y si Valery golpeaba ese punto sensible de nuevo, como lo estaba haciendo ahora…

—¡Ah, eh, mm, cough, eh!

Cuando la parte más sensible y vulnerable fue comprimida, la boca de Alexéi se abrió involuntariamente. Un sonido escapó de su garganta, completamente ajeno a su usual compostura. Al mismo tiempo que la vergüenza lo envolvía, una creciente excitación lo dominaba, y los gemidos se volvían más intensos, más profundos.

—¡Hah, ugh, huh, haah, ah, mm…!

En cuanto Valery alcanzó lo que buscaba, perdió por completo el control. Su respiración, pesada y entrecortada como la de una bestia, empujaba a Alexéi con una fuerza casi insoportable. Con cada embiste, el líquido que se acumulaba dentro de él se desbordaba, salpicando en todas direcciones.

El sonido del crujir y el golpeteo fuerte de los movimientos era ensordecedor. 

Los muslos, tan firmes como piedra, presionaban contra Alexéi, y con la precisión de una cintura entrenada, golpeaban sin miramientos los lugares que provocaban que su cuerpo se estremeciera. Valery carecía de suavidad, pero la presión pura de su fuerza cruda volvía locos a los demás.

—¡Ah, ahhh, ah!

El cuerpo, ya profundamente excitado antes de siquiera despertar, no pudo resistir más la estimulación. En el instante en que un temor instintivo surgió en Alexéi, como si su interior fuera a ser aplastado, tensó los glúteos y arqueó la espalda.

Cuando las paredes internas se apretaron alrededor de él con tal fuerza que parecía que todo podría ceder, una ola de placer lo envolvió por completo, recorriéndole la columna vertebral. La piel de gallina cubrió su cuerpo y su mente se sumió en un vacío, completamente arrollada por la intensidad.

—¡Ah… es tan, puff, apretado, Alyosha…!

Valery, al ver tan evidentes los signos de su clímax, aumentó la intensidad de sus embistes, como si fuera imposible ir más rápido. El cuerpo de Valery rodeaba a Alexéi, como un abrazo sin tregua.

—¡Haah, haah, haah…!

Sintió el flujo de semen entrando en el interior de Alexéi, cuyas paredes, ya calientes por la presión, parecían recibirlo con avidez. Un líquido, de temperatura notablemente distinta al que ya se había acumulado dentro de él, comenzó a inundarlo. Si hubiera sido un omega adecuado, ya habría quedado embarazado hace mucho tiempo, pues las paredes internas de Alexéi ya habían contenido el semen de Valery en numerosas ocasiones.

Aunque sabía que era un mal hábito, Alexéi permitió que Valery se penetrara sin protección. Algo en él disfrutaba de la idea de que Valery se estuviera adaptando a sus preferencias, que pudiera sentirlo más vívidamente. Sabía que un mal carácter no desaparecía fácilmente.

El aire, cargado de respiraciones rápidas y profundas, le quemaba los pulmones a Alexéi. Con esfuerzo, logró recuperar algo de aliento mientras acercaba a Valery hacia él. A pesar de los movimientos intensos de Valery, este no jadeaba de la misma manera que Alexéi. En lugar de eso, se acurrucó tranquilamente contra él, su cuerpo irradiando calor. La solidez de su físico, infinitamente más duro que el de una persona común, se acomodaba junto a él, envolviéndolo.

Mientras sostenía al más grande en sus brazos, Alexéi recuperaba lentamente el aliento. Su mano, aún temblorosa por el resplandor residual del clímax, le resultaba algo incómoda.

El clímax alcanzado a través de la penetración era diferente al placer experimentado por la inserción. El cuerpo de Alexéi reaccionó de una manera incontrolable, como si fuera la primera vez. Aunque se habían entrelazado innumerables veces, esa sensación seguía siendo desconocida para él, como si el placer se desbordara, goteando de excitación.

—Alyosha…

Por un momento, Valery, que había permanecido en silencio recuperando el aliento, lo llamó. Sus ojos verdes brillaban con intensidad, y al mirarlo, continuó susurrando.

—Últimamente parece que esto sucede con más frecuencia.

La mano de Valery recorrió el abdomen de Alexéi, mientras sus palabras flotaban en el aire. Alexéi comprendió lo que significaba ese gesto: Valery pasaba sus dedos sobre la piel de su abdomen tonificado, perfectamente delineada por el justo equilibrio de músculo. Era un gesto que significaba entrega total, sin reservas, tal como lo estaba haciendo ahora.

Los orgasmos secos no eran una experiencia común entre los Omegas, pero Alexéi no entendía por qué se volvían cada vez más frecuentes. Tal vez fuera por sus rasgos inusualmente mutados, o quizás por el hecho de que Valery era el objetivo, pero no importaba la razón; no era algo de lo que se sintiera orgulloso.

Alexéi era hábil en las palabras, capaz de hablar sin cesar sobre cualquier tema que se le ocurriera, pero había límites en lo que podía decir acerca de los cambios en su propio cuerpo. Mientras pensaba en cómo responder, una emoción extraña y difícil de explicar le recorrió. Sus labios se movieron, apenas un susurro ante la cálida sensación en su nuca, y decidió desviar la conversación.

—Lograste contenerte, pequeño.

En lugar de responder con palabras, asintió ligeramente. Luego, Alexéi cambió el enfoque a Valery. Los ojos que antes brillaban con expectativa se apagaron brevemente, pero pronto su voz suave interrumpió el silencio.

—Porque Alyosha no debería estar enfermo… estoy haciendo todo lo posible por aguantar.

—Qué lindo… —respondió Alexéi, soltando una suave risa mientras entrecerraba los ojos. Con un gesto despreocupado, apartó la vergüenza que antes lo había invadido y acarició el cabello de Valery con satisfacción.

—Ya soy tuyo.

—Ya lo sé, no hace falta marcarlo con palabras.

La cabeza que descansaba sobre su pecho se levantó de repente. Al ver la sonrisa de Valery, resplandeciente como la luz de una estrella, la sonrisa de Alexéi se profundizó. Una mano llena de anticipación se deslizó por su cintura, y aunque hacía apenas unos minutos que había terminado, el toque de Valery estaba impregnado de un deseo palpable.

—Cada vez que Alyosha dice eso… es difícil resistirse. Mi corazón late rápido, y mi estómago se revuelca.

En tan solo dos meses, las manos de Valery, ahora hábiles y ansiosas, se deslizaron hacia sus nalgas, separándolas con destreza. Valery, que había estado recostado sobre él, se levantó ligeramente, posicionándose nuevamente entre las piernas de Alexéi. Aunque pensó que, a este ritmo, no le quedaría semen, Alexéi no pudo evitar excitarse. Sabía que perdería la cabeza en cuanto Valery lo tocara.

Tras exhalar con fuerza, se preparó para recibirlo.

—Porque Alyosha es mi Omega… soy más feliz de lo que puedo expresar.

La mano que Valery había extendido para agarrar su hombro se detuvo un instante, y esas palabras resonaron en la mente de Alexéi. Parpadeó lentamente, reflexionando sobre la palabra “Omega”. No era incorrecta, ni era la primera vez que la escuchaba. Sin embargo, al escucharla, la imagen de sí mismo, tal como estaba antes, apareció en su mente. Cuando lo imaginó gimiendo mientras Valery lo sostenía, empapando su espalda, sintió como si fuera otra persona.

Una leve incomodidad le recorrió, pero se desvaneció rápidamente cuando Valery besó su nuca. Pronto, todo lo que quedaba era el placer, que lo consumió por completo, arrastrando la conciencia de Alexéi en su estela.

***

—Hoy quiero ir a Coney Island, ¿qué te parece?

Valery, con la cara brillando por la excitación después de un excelente sexo matutino, explicó el plan para la cita. Estaba tumbado junto a Alexéi, charlando alegremente con una expresión de pura emoción en su rostro. Parecía satisfecho, como si su objetivo de hacer que Alexéi alcanzará el orgasmo dos veces y empapara la cama hubiera sido un logro. Desde que se mudaron al apartamento, todos los días habían sido así.

—Cualquier lugar está bien.

Alexéi respondió mientras sacudía las cenizas del cigarro en el cenicero. Movió ligeramente sus dedos, relajados, tomando una calada, ya que fumar era lo único que podía hacer en ese momento. No podía usar su torso debido al agotamiento.

Tener sexo con Valery era extremadamente placentero, pero también insoportablemente agotador. No había otra manera de describirlo. Parecía que su especie, entrenada durante toda su vida para levantar y arrojar a las personas, había dejado a Alexéi sin sensaciones debajo de la cintura después de cada embestida.

—¿Estás seguro de que está bien?

Valery, que se veía como un perro juguetón lleno de energía, de repente bajó la cabeza, observando atentamente a Alexéi. Sus ojos verdes, suaves y cálidos, se fijaron con interés en el rostro de Alexéi.

—Claro que sí. Es contigo, ¿no?

—Pero siempre soy yo quien te dice qué hacer, Alyosha. Yo quiero hacer algo divertido contigo…

Alexéi dio una larga calada al cigarro, luego inhaló profundamente y dejó escapar el humo antes de apagarlo en el cenicero que estaba junto a la mesa de noche. No parecía que estuviera pensando mucho, pero en realidad estaba tomando un momento para responder.

Nunca imaginó que Valery se estaría preocupando por eso.

Hasta antes de llegar a Nueva York, Alexéi nunca había disfrutado del tipo de “diversión” de la que la gente hablaba. Había tenido muchas experiencias de ir a bares o clubes buscando una pareja para sexo, pero para Alexéi, eso no era descanso. Era una forma de vida, más una costumbre que algo que realmente le gustara. La idea de unas vacaciones era ajena para él, y después de mudarse a Canadá, solo trabajaba todos los días.

Alexéi no sabía cómo hacer planes para nada que no fuera sobrevivir. Si bien tenía deseos, ya los había cumplido.

—Estoy contento solo con estar contigo así. Lo demás no me importa mucho.

Recuperó a Valery y lo tuvo junto a él; ya había logrado lo que quería. No tenía que hacer más cosas humillantes como un perro, y ahora ganaba lo suficiente para vivir, así que realmente no deseaba nada más.

—Yo también. Si estoy contigo, Alyosha, sin hacer nada más, solo estando así, seré feliz para siempre.

Valery respondió con dulzura, y su ternura era tan genuina que Alexéi no pudo evitar sonreír. Estiró la mano que no sostenía el cigarro, y Valery, obediente, bajó la cabeza. A Alexéi le gustaba acariciarlo, así que ya se había vuelto un gesto natural entre ellos.

—Pero Alyosha nunca ha tenido momentos felices en su vida, ¿verdad?

Esas palabras hicieron que Alexéi se quedara quieto por un momento. La voz de Valery sonaba similar a antes, pero había algo diferente. Podía imaginar qué expresión había en su rostro, ligeramente inclinado: una llena de culpa y tristeza.

—No tuviste la oportunidad de probar lo que te gusta, ni de experimentar cosas nuevas, como comida o cultura… Me gustaría que Alyosha pudiera hacer muchas cosas. Quiero que encuentres las oportunidades que me diste, que tú también las encuentres. Las que yo… tomé.

—Lerusha.

—Shh —dijo Alexéi mientras levantaba el mentón de Valery. Con esa firme reprimenda, Valery obedeció y levantó la cabeza. Como había anticipado, los ojos de Valery estaban ligeramente enrojecidos.

Cada vez que surgía algo relacionado con su pasado, Valery mostraba esa fuerte sensación de culpa. Aunque había mejorado lentamente durante los últimos dos meses, no era un sentimiento que desapareciera de inmediato.

—No has tomado nada de mí.

Alexéi movió ligeramente la mano que sostenía el mentón de Valery, rozando con su pulgar sus labios. Tan pronto como la mano lo tocó, Valery besó su pulgar con rapidez. Sus labios, suaves como los de un pájaro, se posaron y se apartaron rápidamente, calientes al tacto.

—Eres un regalo para mí. Estoy aquí ahora gracias a ti.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN



© 2026 ACOSB

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