Capítulo 55
Hace mucho tiempo, cuando iba a debutar en el Baile de Año Nuevo, Kylos me advirtió varias veces:
{—Ten cuidado con los nobles, sobre todo con los jóvenes Lords que se abalanzan sobre chicas solteras e inocentes como tú. Aunque te hablen de amor y te hagan miles de promesas no caigas en ese juego. Solo buscan pasar unas noches de placer y, como mucho, llegarás a ser una amante pero nunca serás una esposa para ellos. }
Por supuesto, en aquel entonces yo únicamente tenía a Kylos en mi corazón, así que no di mucha importancia a sus palabras; ya que sabía que no me podía gustar ningún otro más que él.
No obstante, el comportamiento del Lord de Carolina de hoy, encajaba perfectamente en aquel patrón que el Gran Duque me había repetido hasta el hartazgo. Pese a que, la mayor parte del tiempo, Kylos solo buscaba manipularme a su antojo; esta vez, me di cuenta de cuán cierto era lo que me decía. Por tanto, sabía que lidiar con William esta noche se convertiría en una molestia ingrata.
Sin embargo, una voz dulce y suave vino a mi rescate, inesperadamente:
—Joven Lord, ¿Te importa si me llevo a Chloe un momento?—preguntó Lette dirigiendo una mirada gélida hacia William.
Obviamente la Santa era más pequeña que yo, pero, por la forma en que lo observaba, era como si estuviera menospreciando su presencia.
—¿Quién eres tú para …?—el Joven Duque, quien estaba a punto de replicar, se sintió tan abrumado por la fría mirada que lo contemplaba que cerró la boca inmediatamente cortando sus palabras.
Ante tal sumisa reacción, Lette curvó las comisuras de los labios, divertida, mientras veía cómo Lord William se quedaba sin saber muy bien qué decir. No contenta con eso, la Santa continuó hablando con dureza:
—Mmms… Me parece que algunos súbditos del Imperio de Astar no tienen modales suficientes pese a tener un título nobiliario, ¿no es así? Joven Lord de Carolina.
—… Pido mis más sinceras disculpas, su santidad. Yo, William Lord de Caroline y futuro sucesor del Ducado de Caroline, ofrezco mi más infinita gratitud por darme el honor de poder presentarme ante la hija del Dios Ramie.—balbuceó el Joven Duque.
Aunque el discurso que soltó era tal cual enseñaban los más sofisticados libros de etiqueta, William, en verdad, parecía profundamente humillado por tener que inclinarse ante Lette, quien era mucho más que él. Después de todo, no todo el mundo tenía un gran respeto hacia la Iglesia de Ramie, solo había que mirar a Kylos o a Daria para darse cuenta de ello.
Quizás el Joven Duque, como Kylos, veía a la Santa como una fuerza política a tener en cuenta, más que como un objeto de fé y adoración.
—Mis bendiciones, Lord de Carolina. Podéis iros ahora.—anunció Lette con una tono glacial y cortante.
Sin una palabra de réplica, el Joven Duque se retiró al instante y yo, en cambio, miré a Lette con renovado asombro. No era la misma chica que había estado sollozando delante de mí hace unos minutos atrás, su porte, compostura, todo en ella emanaba una fortaleza sin igual.
—Chloe, ¿estás bien? ¿Cómo te encuentras? ¿Te ha molestado mucho ese desgraciado?—
Pero toda su apariencia perfecta propia de una Santa se vino abajo cuando se abalanzó sobre mí con una sarta de preguntas fruto de su preocupación. Ante esto, me quedé de piedra. Su aura helada había desaparecido y en cuestión de segundos me cogió de la mano como si fuera algo sagrado. En verdad, parecía una persona que padecía de algo así como una personalidad dual y de hecho me quedé pensando en ello por un momento:
«Tiene doble personalidad o es bipolar… ¿Acaso no son lo mismo?»
No obstante, antes de apartar este pensamiento de mi mente la imagen de alguien pasó por mi cabeza.
«… Si tengo que compararla con alguien con dos formas de ser muy distintas, ese sería Kylos sin duda alguna. Si mal no recuerdo, él solía tener una faceta pública y otra privada… Quizás, no… Lette es distinta. La brecha entre sus distintos comportamientos es tan grande al punto de ser irreconocible por momentos.»
Aún así, al contrario que Kylos, ella me resultaba mona y simpática. Esa forma en que cambiaba frente a mí; de ser una persona soberbia a una preocupada, que me miraba con pesar como suplicando por mi más entera atención, era adorable. Incluso me pregunté si era blasfemo utilizar la palabra “linda” para referirme a una Santa.
—Gracias, su santidad. Me salvaste de tener que lidiar con una situación incómoda y cuanto menos, engorrosa.—contesté con una leve sonrisa y, de repente, sentí cómo la fuerza aumentaba en el agarre de Lette sobre mi mano.
—Le – tte… ¡Lette!—dijo ella con firmeza.
—¿…?
—Chloe, ¡quedamos en que me llamarías por mi nombre de ahora en adelante! ¿No es así? ¿Qué es eso de Santa o su santidad?
—Ah… Ja, ja, … Sí, es cierto. Perdona, Lette.
En respuesta, las comisuras de los ojos de la chica, estaban alzados como los de un gato, se curvaron mansamente al oír su nombre y, entonces, se inclinó hacia mí, levantando los hombros hasta que sus labios estuvieron lo suficientemente cerca de mi oreja.
—Ten cuidado, Chloe.—susurró—. Tengo un mal presentimiento acerca de ese hombre con el que estuviste antes. Es como si ocultara algo muy feo y sucio. En serio, me da una sensación escalofriante y desagradable, por eso mantente alejada de él, ¿sí?
Su tono era íntimo, como si me estuviera contando un gran secreto. Cuando le dirigí una mirada de desconcierto, Lette se dio unas palmaditas en el pecho y soltó una suave risita diciendo:
—¡Confía en mí! Soy una Santa, bendecida por el Dios Ramie. Así que, por favor te lo pido, esta vez no dudes de mis instintos, Chloe. ¿De acuerdo?
—Sí, no te preocupes. Intentaré tener mucho cuidado entonces.—dije asintiendo con una sonrisa tranquilizadora.
Era extraño. Cada vez que miraba a Lette, sentía un agradable calor en el pecho. Tal vez era porque mis sospechas hacia su relación con Kylos se habían disipado y, en su lugar, quedó tan solo una chica adorable y especial. Tan única, que había sido elegida y bendecida por el Dios Ramie.
Si es así, me pregunto si los demás sienten su aura divina y cálida del mismo modo que yo lo hago.
Lette, en concreto, ha sido muy favorable conmigo, y no entendía el por qué. Especulaba que quizás era porque teníamos un enemigo común: Kylos. Además, Sir Enoch había confirmado que ella iba a ayudarme con respecto a ese problema. La verdad es que sentía algo de pena por la joven Santa. Al fin y al cabo, ella había sufrido tanto o más que yo al perder a sus padres a tan temprana edad por culpa del Gran Duque. Era como si estuviera recibiendo un favor de una víctima a cambio de nada.
—¿Eh? ¡Oh! Creo que la gente ya se está preparando y buscando a su pareja… Puede ser eso, ¿verdad? Quiero decir, el baile de esta noche ya va a comenzar ahora, ¿no es así?—dijo Lethe, extasiada de felicidad mientras estaba de pie, a mi lado.
Su excitación era palpable y tenía los ojos tan abiertos de asombro que, con ternura, le expliqué en voz baja:
—Sí, dentro de poco los músicos empezarán a tocar y luego comenzará el baile. Es uno de los entretenimientos que hemos organizado en honor a Lette. Así que, ¿Qué te parece si vas allí y te unes a la danza con todos? Estoy segura de que lo disfrutarás mucho.
—Ummm… Yo… Me gustaría bailar con Chloe…—contestó ella tímidamente y con un poco de expectación.
No obstante, debido a las normas de etiqueta, no podía estar a la altura de sus expectativas.
—Lette, es costumbre que chicos y chicas bailen en parejas… ¿Lo entiendes, no?—dije lo más suave que pude para no desilusionar a la chica que me miraba con aquellos ojos brillantes.
Pero, aun así, su rostro se agrió rápidamente ante mi indirecto rechazo.
—¿No puedes hacer una excepción…? ¿Solo esta vez…?—balbuceó Lette con voz suplicante.
—Me temo que no…—decliné amablemente.
Los hombros se hundieron a la vez que hacía un mohín con sus sonrosadas mejillas hinchadas, era tal cual una niña a la que le habían negado un dulce.
Mimy: Chloe eres una frígida… Mira su carita, ¡por Dios! ¿Quién le diría que no?
Tras ver su adorable expresión por un momento, solté una breve carcajada y la animé.
—Pero si Lette tanto lo desea; ven a buscarme al Palacio de la Emperatriz la próxima vez que estés en la capital, y bailaré contigo todo lo que quieras.
—¿De verdad?—su rostro se iluminó al instante.
—Por supuesto, te lo prometo. Además, no es que no quiera bailar contigo, es solo que es un poco incómodo hacerlo en este sitio delante de todos. Ya sabes, llamaríamos la atención y nos saltaríamos varias normas de etiqueta que darían lugar a rumores molestos. Es por eso que ahora no es conveniente.
—¡Oh, Chloe! ¡Estoy tan contenta que iré a buscarte tan pronto pueda! ¡Definitivamente, lo haré! ¡Te lo aseguro!—exclamó Lette, casi dando un saltitos de alegría—. No me lo puedo creer… Es como un sueño hecho realidad el que vaya a bailar con Chloe… ¿Y podremos bailar de la mano como ellos?
—Sí, claro. Danzaremos el estilo que más te guste.
—¡Oh, Dios mío! ¿Has visto eso, Chloe? ¡Ha girado así en mitad del baile y ha caído justo en los brazos del chico! ¡Como una princesa de los cuentos de hadas!
—Ja, ja, ja, … Sí, ese es uno de los movimientos básicos.
—¿Eso significa que me abrazarás de esa forma también cuando bailemos?
—Si es lo que quieres, por supuesto que lo haré.
El aluvión de preguntas me parecería incómodo si vinieran de otra persona pero, extrañamente, no era para nada molesto cuando las hacía Lette. Por eso respondí suavemente cada una de sus preguntas llenas de estupor.
—¡Dios mío…! Estoy tan nerviosa y emocionada…—murmuró Lette juntando las manos sobre su pecho.
Aunque me gustaba mucho su porte lleno de dignidad cuando actuaba como una Santa, la verdad es que me encantaba mucho más esa faceta suya donde mostraba ser tan solo una niña adorable y tierna. Era imposible no sentir cariño al fijarme en su comportamiento infantil e, inconscientemente, se me dibujó una sonrisa en la comisura de los labios. Mas, pronto, mi expresión cambió a una de total desconcierto al instante en que Lette espetó:
—¿Y por qué Chloe no está bailando con Raymond?
No solo la pregunta me pilló por sorpresa sino que ella utilizaba el nombre del Emperador a la ligera. Daria era la única persona a la que había oído usar el nombre de Raymond como si nada y no era de extrañar, ya que formalmente era su esposa por lo que compartían el mismo estatus. Pero, ¿la Santa? ¿Acaso eso no era demasiado familiar? Sin contar que nos había metido a Raymond y a mí en el mismo saco como si fuera de lo más normal. Intenté mantener la compostura pero el rubor intenso y el balbuceo delataron mi nerviosismo.
—¿Te refieres…? ¿A Su Majestad…? Quiero decir… ¿Al Emperador, no? ¿Por qué tendría…? No es como si tuviera algo que ver con Su Majestad y … Bailar… Yo…
—¿No están Chloe y Raymond enamorados el uno del otro?—cortó Lette al ver que lo que decía no tenía ni pies ni cabeza—. Yo creía que sí…
—¿Cómo que…? ¿Enamorados…?—pregunté visiblemente inquieta y, como acto reflejo, negué, agitando ambas manos salvajemente—. ¡Claro que no! ¡No estamos enamorados en absoluto! ¿De dónde has sacado esa conclusión?
—Mmmm… De verdad que… ¿No…?—dudó Lette que me miró con una expresión muy poco comprensiva y, poniendo mala cara, añadió—. ¡Eso es ridículo, Chloe! ¡No me lo creo ! ¿Cómo es que no puedes amar a…?
—¿Cómo se te ocurre pensar eso, Lette?—dije avergonzada antes de que ella terminara la frase.
Mimy: ¿Cómo? ¿Hace falta que responda?
—Chloe, de verdad… ¿No puedes simplemente amar a Raymond?—la voz suplicante de Lette hizo que mi cabeza diera vueltas.
Mimy: No puede porque ya lo ama solo que es idiota… Rectifico: SON IDIOTAS, ambos, tanto Raymond como Chloe que se la pasan deshojando margaritas como dos pubertos hormonados.
—¿Por qué…?—alcancé a decir.
Sin embargo, mis pensamientos se abalanzaron sobre mi mente salvajemente:
«¿Acaso es cierto que por ser una Santa bendecida por el Dios Ramie es capaz de leer mi corazón que suspira de amor por Raymond? Si es eso por lo que tanto está insistiendo Lette… ¡Por Dios! ¡Qué vergüenza! ¡Tierra trágame!»
—¡No te preocupes Chloe! ¡Yo os ayudaré!—gritó ella de repente, agarrándome de la muñeca apasionadamente.
Mimy: ¡Alabada seas Santa Lette haz que esos dos petardos se confiesen de una maldita vez!
—¡¿Qué?!—exclamé no dando crédito a lo que acababa de escuchar.
Sin darme tiempo a asimilar la situación, y antes de que pudiera detenerla, Lette me llevó casi a rastras caminando en dirección a Raymond.
—¿Le- Lette?—tartamudeé desconcertada, pero cuando me di cuenta de sus intenciones, me detuve en seco diciendo—. ¡No! ¡Lette, espera!
«Una excusa … Debo encontrar una excusa… Algo plausible que convenza a Lette…»
Sin embargo, lo que dije a continuación no era muy convincente. Más bien era como si me convenciera a mi misma de que no era merecedora de su amor y por eso nunca lo reconocería.
—Lette, escucha, debes de haber malentendido algo… La verdad es que… Bueno, yo nunca… tendría nada que ver con Su Majestad… Al menos no de esa manera…
Mimy: ¡Por los clavos de Cristo Chloe! ¡No tengo palabras para expresar mi frustración! ¡Reniego! ¡Nada! ¡Definitivamente no te mereces a Raymond¡ ¡Vete con un puto yandere que te encierre, te maltrate, coaccione, hasta que rueges por su amor tóxico y al carallo! ¡Fin de la historia! Raymond, estoy segura de que cientos de lectoras (Robiin incluida) estarán encantadas de ser tu esposa, busca que encontrarás una mejor que esta idiota tozuda.
No obstante, tan pronto dije eso con el fin de calmar la situación en la que me vi envuelta repentinamente, sentí una punzada de culpa ya que Lette parecía bastante dolida.
—Entonces… ¿A Chloe no le gusta…? ¿Te disgusta Raymond…?—preguntó Lethe con voz muy cautelosa.
Me observaba atentamente, y no pude averiguar por qué tanta insistencia, ni tampoco el hecho de que sintiera mucha lástima por ella, cuando bien es cierto que Lette no tenía nada que ver con todo esto.
—No, no me disgusta… Tampoco es que no me guste… Yo…—mascullé, rendida e impotente ante una inquisitiva y, a la vez, adorable Santa
Lette, en cambio, exhaló sonoramente ante aquella respuesta, como si se hubiera sacado un peso de encima. Luego sonrió y puso su mejor cara de alegría.
—¡Entonces, Chloe, no pasa nada! Porque si no lo odias, ni te disgusta, ¡siempre te puede llegar a gustar! Es más, si te acaba encantando como ningún otro, ¡mucho mejor aún! ¡Tienes todo mi apoyo!
—Uhmm… ¿Así que…? ¿Dices esto porque es también la voluntad del Dios Ramie?—dije con la intención de buscar los motivos por los que Lette reaccionaba de esta manera.
—¿Qué…? ¡Ah, sí! ¡Así es!—contestó Lette mientras ponía los ojos en blanco—. ¡Es como una profecía! ¡Una demostración de fé hacia el universo! ¡Un oráculo o algo así! Es decir, Raymond y tú, Chloe, debéis amaros el uno al otro genuinamente, ¡para que todos sean felices y el Imperio esté en paz por siglos y siglos!
—…
De alguna manera sus palabras me sonaron como si fueran una mentira que se había sacado de la manga. Sobre todo porque sus ojos no podían establecer contacto visual conmigo mientras hablaba sobre el deber del amor entre Raymond y yo. Además, se le vio el plumero cuando terminó su pequeño discurso desviando la mirada de forma descarada, reduciendo drásticamente su credibilidad y confirmando mis sospechas.
Entonces, siendo no partícipe de tal evidente engaño, la fulminé con la mirada y una pequeña gota de sudor comenzó a formarse en la frente de la chica.
—Lette.—dije con tono de advertencia, como el de una madre que descubre la mentira de una hija que ha cometido una travesura.
—Yo… Yo… Bueno yo… Yo… ¡Lo siento, Chloe!—exclamó ella cerrando los ojos fuertemente y encogiendo visiblemente los hombros mientras bajaba la cabeza—. Lo sé, estuvo mal, ¡no volveré a mentirte!
—Entonces dime, ¿estabas mintiendo sobre…?—dije sonriendo ya que sus reacciones eran refrescantes y encantadoras, de alguna manera.
—No es el oráculo del Dios Ramie, ni profecías, ni nada de eso, es solo que… Lo dije porque pensaba que vosotros dos encajáis muy bien juntos… Es como si estuvierais hechos el uno para el otro y es por eso que yo realmente quería que funcionara lo vuestro para bien…
Aunque bien es cierto que Lette había mentido, de alguna manera sentí que yo había hecho lo mismo. La había estado presionando con mis propios autoengaños y, probablemente, ella solo quería que le confiara mis verdaderos sentimientos tal y como lo hacen dos amigas cercanas. Así que, solté un breve suspiro y acepté sus disculpas diciendo:
—Está bien, Lette. Pero, por favor, no me mientas más en el futuro. Sobre todo porque sé muy bien que…—mi tono se tiñó con amargura al mirar a Raymond que estaba sentado en la esquina más alejada del estrado, donde residía el trono—. Es muy incómodo decir eso… Pero es la verdad. Mis sentimientos solo causarían problemas para Raymond y no quiero que eso suceda…
—¿Dices que lo que sientes le daría problemas a Raymond? ¿Por qué, Chloe?
—Su Majestad ya tiene una Emperatriz y, aunque no fuera así, yo no soy alguien que pueda estar a su lado.
Mientras dialogaba con Lette, recordé aquellos tiempos pasados los cuales había intentado dejar en el olvido. Aquella época en la que Raymond lo dio todo por mí, divorciándose de Daria con la intención de que fuera su Emperatriz. Algo que nunca ocurrió y tan solamente terminó en su desgracia.
—¡¿Por qué Chloe?!—gritó Lette enfadada, enrojeciendo su rostro como si hubiera sido insultada personalmente—. ¡¿Qué tiene Chloe de malo?! ¡¿Qué es eso de no poder estar con él si os amáis mutuamente?!
Al observar su reacción, una expresión sutil apareció en mi rostro. Era irónico que una Santa, elegida por Ramie, apoyase fuertemente nuestra unión cuando, en el pasado, una de las fuerzas opositoras que se negaron a que fuese la Emperatriz de Astart fue la misma Iglesia de Ramie. Era como si Lette quisiera decirme que Dios aceptaba nuestro amor y que no había nada de malo en ello. Por eso, no tuve otra cosa que decir más que agradecer su genuino enfado.
—…Gracias Lette, por decir eso.—sonreí levemente y negué suavemente con la cabeza pensando en cuán estúpidas eran las palabras que la Iglesia ponía en boca de Dios con tal de afectar en la política.
Al concluir la conversación, sentí que Lette me contemplaba inclinando la cabeza con curiosidad; desconcertada por mi respuesta. Sin embargo, no dirigí más mi mirada hacia ella. En su lugar, observé cómo el evento, que ya estaba por concluir, se desarrollaba tranquilamente.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY