Capítulo 4
La comitiva del Príncipe Heredero se hizo visible mientras el estandarte azul marino, con la imagen de un lobo blanco, ondeaba en el viento cortante a la distancia. Los caballeros reales que sostenían el estandarte rojo con el sol en el centro, encabezaban la procesión, y los seguían los caballeros de la Casa Prosius, que habían sido enviados para protegerlos.
Después de comprobar los estandartes que les seguían, quedó claro para Sayed que sus recuerdos y la situación actual eran iguales. La Casa Sildras, guardianes del Sur, no pudo asistir a esta Ceremonia de Oración.
La Casa Sildras eran parientes de la reina y el único aliado del Príncipe Lessas, quién no tenía apoyo. Incluso eso distaba mucho de ser perfecto, ya que el segundo hijo de la Reina tuvo prioridad en su favor, y el Príncipe Lessas fue protegido a regañadientes. Sin embargo, el siguiente Señor de la Casa, Zion Sildras, siempre permaneció a su lado.
La razón de su ausencia en esta ocasión era por motivos de sucesión. La última cabeza de la familia, que llevaba varios años enfermo, murió antes del invierno. Dado que el asunto de la sucesión era una cuestión de importancia para Títer, se consideraba muy importante en el reino, por lo que la Casa Sildras recibió una exención para no participar en la Ceremonia de Oración.
Si ese era el caso, entonces realmente podría suceder algo como en sus recuerdos.
Lo que no sabía con certeza y pensaba que hoy era el pasado, ahora estaba claro. Convencido de su próximo movimiento, salió por la puerta para saludar al Príncipe Heredero, que había llegado a las puertas del castillo.
Al mismo tiempo que el carruaje real, decorado con oro, se detenía, Sayed también se bajaba del caballo. Los vasallos que le seguían también se bajaron de sus caballos para saludar al Príncipe Heredero. El caballero que traía el escabel* abrió la puerta del carruaje para mostrar un rostro familiar.
Aus:* Escabel es una tarima pequeña, véase también como un taburete para bajar del carruaje.
—Saludos a su Alteza Aster. Luz del Reino. Gloria a Solías. —comenzando con Sayed, que inclinó la cabeza, los vasallos también lo hicieron.
La etiqueta de Solias era muy indulgente con los Títer, y era costumbre que el Títer que era el cabeza de la familia solo mostrara el nivel de cortesía necesario para la familia real. Era una disciplina nacida del hecho de que, aunque eran rey y súbdito, en última instancia eran indispensables uno del otro.
—¿Cómo estás, mi Estrella? —el Príncipe Heredero Aster, que bajó sosteniendo la mano de un caballero, se acercó con una sonrisa. El cabello rubio que ondeaba con la fuerte brisa era brillante y hermoso como la luz del Sol. Los ojos azules que parecían capturar el reflejo de un cielo despejado miraban fijamente a Sayed.
—Ven aquí y muéstrame tu rostro. Te he echado mucho de menos. —siguiendo la orden de mostrar respeto, Sayed levantó la cabeza y se acercó a él. Cuando se detuvo, Aster, que estaba frente a él, se quitó los guantes de cuero blanco. Luego, con la mano desnuda, tomó la barbilla de Sayed. La línea afilada de la mandíbula se suavizó por un toque suave.
—Tu cara se ve demacrada desde entonces. —las redondas yemas de sus dedos presionaron suavemente sus mejillas. Girando la mandíbula con débil esfuerzo, Aster revisó y comprobó su rostro susurrando. —Tienes las mejillas muy frías, ¿has esperado mucho tiempo?
Tan pronto terminó de hablar, la mano de Aster irradió calidez. El tacto que calentó sus mejillas heladas era tan amable y gentil como siempre. Cómo la vez que llegó al funeral de su madre y lo había consolado cuando nadie más lo hizo.
—No… —Aster se rió ante la breve y seca respuesta. Envolvió toda la mejilla fría con la palma de la mano y luego se quitó el otro guante para ahuecar ambas mejillas de Sayed. Una energía limpia surgió a través del tacto de Aster y recorrió rápidamente su cuerpo. Era como desenredar una maraña, y calmó rápidamente el cuerpo del Títer, que se había estado preparando para el invierno sin su Guía.
Sayed guardó silencio ante el ritual de purificación, recordándolo en cada una de las células de su cuerpo. A pesar de que era un maestro tan dulce, atento y cariñoso, Aster no estuvo presente en el momento en que Sayed enloqueció.
Aster, quien siempre estuvo a su lado para calmarlo, sólo estuvo ausente el día en que fue sentenciado a la muerte. No apareció durante el día que duró su Fuga y finalmente se dió por vencido. Parecía que estaba esperando a Aster más de lo que pensaba.
En su mente tranquila, una repentina sensación de malestar le hizo sentir incómodo. Cómo Príncipe Heredero, la decisión de Aster era lógica y racional. Si Sayed hubiera estado en su posición, no habría actuado de forma diferente.
El Guía era el único que podía detener a un Títer en Fuga, pero seguramente saldría herido en el proceso. Era un riesgo demasiado grande para el ser que se convertiría en el Sol del Reino.
Así que no guardaba resentimiento. Mentiría si dijera que no se sentía traicionado, pero Aster hizo su trabajo como su Guía. Esperar más que eso sería codicioso y delirante, así que no había necesidad de odiarle.
La razón para intentar restaurar su relación con el Príncipe Lessas era para evitar el peor resultado para todos, no para tratar al Príncipe Heredero como a un enemigo.
—Hace frío afuera, así que vamos adentro. —a pesar de las bruscas palabras, Aster sonrió como un rayo de sol. Quitando la mano de la mejilla de Sayed, está vez la dirigió a su mano. La mano encantada estaba helada, pero Aster la descongeló.
—Sí, seguro. Me gustaría entrar y escuchar tu historia. —Aster aceptó con facilidad y sonrió tirando de Sayed como si le pidiera que fuera con él. El cuerpo que intentaba seguirlo como por inercia, se congeló.
Como Señor del territorio Axid, era el deber de Sayed dar la bienvenida a los invitados importantes, pero como seguidor del Príncipe Heredero, siempre había estado dispuesto a concederle todo lo que quisiera. Esto significaba que hubo muchos casos en los que dejaba a sus vasallos encargarse de recibir a los invitados, como ocurría en este momento.
Aster volvió a mirar a Sayed, extrañado por su vacilación. Sayed se encontró con los ojos azules que sonreían como si no supieran nada. Cuando miró aquellos ojos, sintió un repentino impulso de que debía seguir sus órdenes.
Sin embargo, el Sayed de hoy tenía un trabajo que hacer. Para evitar una catástrofe, necesitaba la cooperación de los Títer presentes hoy. Había personas a las que originalmente no les agradaba Sayed, por lo que, si se enemistaba más con ellos, no podría obtener su cooperación.
—Iré detrás de usted en un momento. Su Alteza, ¿por qué no entra primero y se calienta un poco? —Aster miró a Sayed con una cara sonriente. Ladeó ligeramente la cabeza, parecía estar pensando algo, y luego rió con satisfacción.
—No actúas como tú.
Parecía un comentario pasajero, pero el contenido interior no lo era. Sayed pronunció las palabras que había estado pensando.
—La gente dice que soy grosero porque no he aprendido nada. —Aster arqueó las cejas como si ese fuera un comentario inesperado.
—¿Quién se atrevió a decir tal cosa? —los amables ojos azules pasaron de un cielo despejado a un lago helado. Vacilante, Sayed continuó hablando.
—Es un rumor, no conozco la fuente, pero me temo que mi comportamiento se haya convertido en una amenaza para su Alteza… Así que en días como hoy, intentaré ser cortés.
No sé lo estaba inventando, escuchaba aquello todo el tiempo. Aster observó a Sayed atentamente antes de volver a sonreír con lentitud.
—Mi Estrella siempre me ha complacido. —la mano de Aster aflojó el agarre gradualmente. Los dedos que cernían su muñeca, como si estuvieran a punto de soltarlo, se alejaron por completo. —Entonces no te detendré. Pero será mejor que no me hagas esperar mucho. Sabes que no soy muy paciente. —al terminar de hablar, Aster sonrió con un brillo en los ojos antes de darle la espalda. La capa de piel de lobo que Sayed le había regalado, se agitó salvajemente y luego se asentó. Mientras observaba la figura desaparecer, cerró y abrió el puño con la mano que había capturado.
Con la boca seca, Sayed se dió la vuelta. La comitiva permaneció inmóvil hasta que el Príncipe Heredero fue completamente recibido en el interior. El siguiente en entrar fue el Duque Brecht, Títer de Occidente, cuya hija, Nova, aún no alcanzaba la mayoría de edad y no podía participar en la Ceremonia de Oración. El Duque bajó de su carruaje escoltado por sus caballeros, y frunció el ceño ante la inesperada aparición de Sayed, quién le saludó brevemente.
—Le agradezco por haber recorrido este largo camino.
Todos los Títer tenían el mismo estatus. Debido a que el territorio del Norte era tan extenso e inhóspito, la Casa Prosius recibió el título de Archiduque, pero no había distinción entre Títer. Sin embargo, dependiendo de la edad de cada uno, se inclinaban o hacían reverencias según se considerase oportuno, y siendo el Duque Brecht el mayor, todos le hablaban con más cortesía.
—Gracias por su hospitalidad. —el Duque, que había estado observando a Sayed como si se preguntara por qué había venido a su encuentro, rápidamente añadió una palabra. —Nova habría estado encantada de verte. Espero que algo como esto se repita de nuevo el próximo año.
Aunque no habría Ceremonia de Oración el siguiente año, Sayed dio por finalizada la conversación. Al no ver reacción, el Duque se encogió de hombros, como si se hubiera calmado. Tras acompañar al Duque y su séquito a la entrada, Sayed saludó a continuación al Títer del Este. La Duquesa Vetria salió del carruaje y se burló al ver a Sayed esperándola.
—Qué sorpresa. —con esas palabras, la Duquesa pasó junto a Sayed. A juzgar por la ausencia de Stella, la hija de la duquesa, parecía que había asistido al funeral de la Casa Sildras. Esto no infringía las normas, ya que los Títer que no tenían un título concedido, no siempre se movilizaban, a excepción de casos de emergencia. Además, dado que Stella evitaba a Sayed, hizo lo correcto en no asistir. Incluso esto concordaba con sus memorias.
Después de dar la bienvenida a los dos Títer, Sayed dió la bienvenida a cinco familias más que pertenecían a las esferas de influencia de los Duques. Todos eran familiares que habían nacido con la mitad de la sangre de Títer. Aunque no tenían habilidades perfectas como Títer, si tenían algunas habilidades que los diferenciaban de la gente común.
Sólo cuando llegaron al final de la comitiva, pudo ver al último invitado. El carruaje era viejo y destartalado, y estaba apenas custodiado por un número pequeño de caballeros incomparables a los que habían pasado antes.
Descuidado y abandonado, parecía alguien que simplemente dejaba de existir.
El caballero de cabello castaño, que evidentemente acababa de convertirse en adulto, miraba a Sayed con una expresión muy nerviosa. Parecía que acababa de ser nombrado y era obvio que no sabía cómo comportarse. También era algo común entre aquellos que se encontraban con Títer por primera vez.
—Saludos, Archiduque Axid. Somos los caballeros escolta de su Alteza Lessas. —en ese momento, un viejo caballero de pelo cano, se adelantó con una cortés reverencia. Los caballeros rápidamente lo siguieron y se inclinaron. Entre los jóvenes caballeros, parecía ser el único con experiencia. Al mirar al aparentemente amable caballero, los labios de Sayed se entreabrieron lentamente.
—Lord Anka. —al oír su nombre, los ojos del viejo caballero se abrieron de par en par, mirando a Sayed como si no hubiera esperado aquello. El rostro del anciano era de sorpresa y Sayed lo miró sin expresividad.
En sus recuerdos, Lord Anka era un amasijo de su propia sangre y la de aquellos caballeros que habían muerto. El viejo caballero, en su estado de sobriedad, no parecía la misma persona. El Anka de su memoria agonizaba miserablemente.
—Han esperado mucho. Sirve a tu maestro. —a la orden de Sayed, el viejo caballero rápidamente recuperó el sentido. Apresurándose hacia el carruaje, abrió la desgastada puerta.
Era difícil creer que fuera un carruaje real, viendo la escena caótica sin siquiera un escabel. Sin embargo, el Príncipe salió como si estuviera acostumbrado. Doblando la cintura, bajó rápidamente del carruaje, manteniendo fácilmente el equilibrio y poniéndose de pie en el suelo. El Príncipe enderezó la parte superior de su cuerpo y sus ojos se encontraron con los de Sayed.
El viento invernal agitaba el cabello oscuro del Príncipe. Los suaves rizos que cubrían su frente, revoloteaban hacia atrás. Sus ojos, violetas como el cielo del amanecer miraron fijamente a Sayed, y la suave sonrisa en sus ojos comenzó a desaparecer lentamente, volviéndose fría y gélida.
Aus: Fuimos todos, admitámoslo. (灬º‿º灬)♡
saam: obviamente, si somos.

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM