Capítulo 1. Purgatorio
—Hmph, hmph…
Sayed se puso de pie con el torso empapado en sudor frío. Exhaló un suspiro entrecortado y se pasó la mano áspera por el cabello que se le pegaba a la frente. Tenía el estómago revuelto y se sentía mal, como si se hubiera despertado de una terrible pesadilla. Sentía como si hubiera presenciado algo, pero cuando recobró el sentido, no recordaba que era.
Todo el cuerpo le palpitaba, como sí se hubiera caído desde una gran altura y hubiera despertado después de golpearse en el suelo. Era un dolor familiar. Era una sensación que asociaba con la llegada del invierno, el “precio” que tiene que pagar después de abusar de sus propias capacidades con un sentido de supervivencia. No era extraño sentir esto. Lo extraño era la situación misma en la que lo estaba sintiendo.
—Definitivamente estoy muerto. Incluso si no me hubieran ejecutado, habría muerto.
Sayed levantó la mano para revisar su pecho. La sensación en la punta de sus dedos era suave. La parte superior de su cuerpo, frío y pálido, no presentaba ninguna herida. Su cuerpo debería estar destrozado, con todos los huesos rotos, pero estaba intacto.
Sayed levantó la cabeza y frunció el ceño con sus cejas particularmente pobladas. La habitación con sombras suaves le resultaba familiar. Los muebles viejos apenas se habían tocado, y en la chimenea ardía leña. No había nada diferente a la habitación que usaba cuando estaba vivo.
«¿Es este el infierno?»
Mientras contemplaba una escena que desafiaba toda lógica, se deslizó fuera de la cama. Podía escuchar el aleteo de su bata empapada en sudor al agitarse. Pisó descalzo el frío suelo de madera y caminó hacia la ventana. Al apartar las gruesas cortinas y abrir la ventana de par en par, una feroz tormenta de nieve irrumpió con un estruendo ensordecedor.
El frío cortante le erizó la piel. El olor a ramas secas transportadas por el viento desde lejos, y el aire frío y helado eran demasiado reales. La vista de los interminables campos nevados era la viva imagen de la mansión donde había crecido, pero se le ocurrió que tal vez aquel podría ser su infierno. Atrapado en un lugar lleno de frío y soledad sin fin, sería el castigo más adecuado para él.
—Excelencia, ¿ha tosido? ¿Puedo pasar? —en ese momento, sonó un golpe en la puerta, la voz de alguien llamaba desde fuera. Se dió la vuelta en estado de shock, miró la puerta con expresión de desconcierto en su rostro, luego caminó hacia adelante y abrió la puerta.
Detrás de la puerta que se abrió, había un joven sosteniendo un balde de agua para la lavarse, y en el momento en el que lo vio, los ojos de Sayed temblaron.
—¿Quilly?
Quilly era el hijo del mayordomo y un fiel sirviente que había ayudado a Sayed desde su infancia. Fue una de las pocas personas que había pasado su infancia con Sayed, y había muerto hace cinco años, a consecuencia de “ese incidente” que ocurrió el primer día de la Ceremonia de la Oración, que marcaba el comienzo de la estación fría. Nunca pensó que volvería a ver al chico que desapareció en las cenizas, así que, incluso Sayed, quien siempre tenía la cabeza fría y permanecía serio, se estremeció por un momento.
—¿…? ¿Se encuentra bien, Su Excelencia? No tiene buen aspecto. —Quilly se sobresaltó igual de sorprendido. Con los ojos muy abiertos, examinó a su amo con mucha atención. —¿Debería llamar al médico? Las personas que fueron invitadas con antelación a la Ceremonia de Oración estarán aquí en unos minutos, así que llegarán pronto.
Las palabras “Ceremonia de Oración” dejó a Sayed sin palabras. Quilly, quiene estaban frente a él, actúa igual que cuando estaba vivo. Esto se debía a que su trabajo consistía en ayudar al Señor de las Tierras del Norte durante la época más ocupada del año, antes de la Ceremonia de Oración
Quilly era parte del peso que cargaba Sayed. Una de las personas que se suponía debía proteger, pero no pudo. Quilly siempre fue leal y sincero. Incluso cuando no había signos obvios de honor, siempre estuvo a su lado, incluso cuando todos los demás se voltearon contra él, Quilly permanecía en silencio a su lado.
Puede que el propio Sayed no lo supiera, pero Quilly no era alguien que mereciera estar en el infierno. No era rival para un asesino que había masacrado a cientos de vidas. Nada podía explicar esta situación a Sayed, quien pensaba que, si había vida después de la muerte, no podía haber otro lugar más que el infierno.
Incapaz de deducirlo por sí mismo, la única manera que le quedaba para averiguarlo era preguntar. La expresión normalmente fría de Sayed se endureció más y le preguntó a Quilly.
—¿Dónde estamos? —los ojos de Quilly se abrieron de par en par cuando escuchó la pregunta. Apenas logró ocultar su vergüenza y preguntó.
—¿Qué? —Quilly recibió preguntas cercanas a un interrogatorio, y cómo si no hubiera entendido el significado de sus palabras, preguntó.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí y que ha pasado con las heridas de mi cuerpo? —Quilly escuchó más preguntas de Sayed con una expresión de desconcierto en el rostro, pero finalmente recobró el sentido y comenzó a responder sus palabras una por una.
—¿Dónde estamos, Excelencia? ¿No es este la gran casa Axid de la familia Prosius que ha protegido el Norte durante generaciones? Yo soy Quilly, su fiel y dulce siervo que ha servido a su Excelencia durante más de veinte años desde que nací. Mi Señor, ¿se encuentra bien?
Quilly parecía ser la misma persona sacada directamente del pasado. No, parecía mucho más joven que el último recuerdo que tenía sobre él. En sus recuerdos, Quilly había sido un joven de la misma edad que Sayed, pero a los ojos de este, que ahora se acercaba a los treinta, era solo un niño.
—¿Y a qué se refiere con lo de sus heridas? ¿No se había quedado en el castillo durante semanas para prepararse para la ola de frío? ¿Ha vuelto a salir a hacer inspecciones una vez más? —Sayed observó extrañado a Quilly, quien estaba haciendo un escándalo y lo miraba con ojos igual de extrañados.
Los recuerdos son como granos de arena que no puedes evitar que escapen, incluso cuando te aferras a ellos. Aunque pensó que no había olvidado nada de Quilly, era extraño contemplar la escena como si hubiera regresado al pasado. Su sola presencia hacía que el entorno se volviera ruidoso y animado. Era una diferencia que no había notado durante demasiado tiempo, ya que a su lado sólo permanecía el silencio.
«Esto se siente tan real.»
Todas sus sensaciones se sentían tan reales, incluido el Quilly frente a él. Era como si hubiera rebobinado el tiempo y regresado al pasado.
Fue entonces cuando recordó su último deseo antes de morir. Si de alguna manera pudiera retroceder el tiempo, haría cualquier cosa para evitar lo que él hizo.
Aunque lo deseaba desesperadamente, incluso a costa de su alma, era solo el deseo persistente de una persona moribunda. Si se pudiera retroceder las manecillas del tiempo con tal deseo, hace mucho tiempo que el mundo se habría convertido en un desastre debido a los deseos de los muertos.
Por supuesto, Sayed no era un muerto cualquiera. Él era un Títer, un ser dotado de la capacidad de proteger a la humanidad de los Nieras, los monstruos que habían gobernado la tierra desde el principio. Desde la fundación del reino de Solias, los Títer han sido dotados con habilidades especiales desde el momento de su nacimiento, y esas habilidades eran impredecibles y volubles.
Sin embargo, por muy extraños que fueran las habilidades en el mundo, nunca había escuchado de un poder que pudiera cambiar el curso de los acontecimientos, era algo inaudito. Y aunque tal poder existiera, no había manera de explicar porque le sucedió a él, pues no había Títer que pudiera retroceder el tiempo y devolver la vida a Sayed. Todos los Títer detestaban a Sayed.
Así que, cualquier sensación de volver al pasado era una ilusión. Estaba claro que se trataba de una mala ilusión creada por el infierno. Solo había una forma de despertarlo de esa ilusión.
Después de tomar su decisión, Sayed se puso en acción. Se alejó de Quilly y regresó a su habitación dirigiéndose a su cama. Sayed, que había estado allí de pie sin responder a sus preguntas, hizo que Quilly se pusiera nervioso.
—Quilly está muy nervioso e inquieto porque no ha dicho nada. Es como si estuvieras practicando algún tipo de silencio hoy… —Ignorando el parloteo de Quilly a su lado, Sayed sacó su daga que guardaba bajo la almohada. Los ojos de Quilly se abrieron en el instante que vio a Sayed sosteniendo una daga de la nada, y sin dudarlo, Sayed se asestó un tajo en la muñeca con ella.
—¡Señor Sayed! —la hoja fuertemente forjada atravesó la carne con facilidad. La sangre roja brillante fluyó sobre la piel blanca. Quilly se precipitó hacia adelante y agarró a Sayed por la cintura.
—¿Por qué actúas así de repente? ¿Lo que dijo antes era un aviso de que se iba a hacer daño? No, no, esto no. ¿Hay alguien allí afuera? ¡Doctor! ¡Llamen al médico!
El pasillo se volvió caótico debido a la conmoción inesperada. Podía oír a los sirvientes apresurarse ante los gritos de pánico de Quilly. Sayed se quedó mirando su antebrazo sangrante, dejando a Quilly solo con sus sollozos. Un dolor fuerte y ardiente se extendía por sus venas y por todo su cuerpo, como si lo hubieran quemado, y las cosas que lo rodeaban y que él pensaba que eran ilusiones, no desaparecieron. Todo continuó como estaba.
El corte profundo no se desvaneció, sino que se abrió de par en par para enfrentar a Sayed. Cómo si esto fuera la realidad.
Aus: Quilly me representa cuando se trata de Sayed, aiñ mi bebé ( ・ั﹏・ั)

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM