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Capítulo 45. Gracias por estar viva

Un carruaje *anodino recorría un tranquilo camino rural. Nuritas no pudo ocultar su nerviosismo y apretó tanto el vestido con sus manos que la sangre dejó de fluir.

*Anodino: Insignificante, ineficaz.

«Dijeron que habías superado la crisis… »

Levantó la mano para pasársela por el pelo y las yemas de los dedos tocaron el amplio velo.

Por casualidad, el Duque vio el color original de su cabello en la parte superior de su cabeza y le pidió que no se tiñera más de rojo.

Así que ahora su pelo era de un rojo descolorido en la parte inferior y de un plateado resplandeciente en la parte superior. En cualquier caso, su color de pelo era ahora muy ambiguo, y tenía que llevar un sombrero con velo para taparlo todo.

Lucious se preguntó qué podía hacer por la mujer, cuyo nerviosismo era evidente. Se quedó sin palabras, pues nunca antes había intentado consolar a una mujer afligida. Por eso, sin decir una palabra, colocó lentamente su mano sobre la de Nuritas, que yacía sobre su regazo, con la esperanza de poder compartir un poco la ansiedad que ahora la abrumaba.

Nuritas se sobresaltó al principio por el repentino contacto del Duque, pero a medida que el calor de su gran mano se extendía por su cuerpo, sintió que la tensión de su pecho se aliviaba.

«¿Por qué… ? »

—Si tienes ese semblante, seguro que tu madre se preocupará.

Nuritas asintió en silencio, sin molestarse en apartar la mano de él.

La imagen del rostro ensangrentado de su madre pasaba constantemente por su mente, pesando en su corazón más allá que cualquier palabra.

El carruaje llegó a un pequeño monasterio en las afueras del reino. Cuando el Duque se bajó del carruaje, un hombre bajo y de rostro pálido salió a saludarle.

—Borzoi, has viajado mucho.

El Duque saludó al hombre, que se inclinó cortésmente ante Nuritas y los condujo a una dependencia situada en la parte trasera del monasterio.

Al llegar a la dependencia, Nuritas vaciló, incapaz de abrir la puerta, hasta que Lucious la agarró suavemente del hombro por detrás, instándole a seguir adelante.

Con pasos temblorosos, entró y vio a una mujer tumbada en una cama blanca y pura en una habitación sencilla y limpia. El Duque cerró la puerta tras ella, permitiendo a Nuritas reunirse con su madre en paz.

Al darse cuenta de que alguien había entrado en la habitación, Leonie levantó los ojos borrosos y abrió los labios agrietados.

—Dios mío, ¿estoy muerta?

—…

—No veo nada.

—….

—No puedo morir todavía.

Leonie tenía el cuerpo muy delgado y llevaba un vestido marrón. Cuando vio a su visitante, se levantó con dificultad de la cama e intentó bajar, pero aún era demasiado para ella, y se balanceó de un lado a otro, incapaz de mantenerse firme.

Nuritas corrió a su lado y abrazó el frágil cuerpo de su madre. Su madre, que siempre había sido delgada, se sintió más ligera, casi sin peso. A duras penas contuvo las lágrimas que llenaban sus ojos.

No sabía qué decir.

Nuritas miró los hombros estrechos de su madre, su pelo canoso y sus manos arrugadas mientras se sentaba en la cama.

—Madre.

—No, no soy noble como su señoría.

Nuritas se quitó lentamente el sombrero  y el pelo que le cubría la cara delante de su desconcertada madre. Mientras Leonie la observaba, se dio cuenta de que la noble dama con la que parecía familiarizada era su única hija.

Pero Leonie no podía llamar a su hija fácilmente.

Cuánto la había echado de menos mientras estuvieron separadas.

Las historias que contarían cuando se reunieran serían dignas de las colinas más bajas. Pero ahora que estaban cara a cara, les resultaba difícil encontrar las palabras para expresar el pesado sentimiento de sus corazones.

Se miraron con añoranza y luego Nuritas acarició la mano pequeña y áspera de su madre. La tocó con el corazón, como había hecho el Duque con ella en el carruaje.

Leonie cubrió cálidamente la mano de la niña con la otra.

«¿Cuándo habrá crecido tanto? »

Sus emociones parecían encenderse ante el repetido pesar de no haber podido cuidar a su hija como era debido, ya fuera por las dificultades de la vida o porque estaba decidida a protegerla del Conde o la Condesa.

—Lo siento. Lo siento por todo.

—¿Por qué te lamentas madre?

Nuritas estaba molesta porque su madre seguía golpeándose la mano y actuando como si hubiera cometido un delito.

—Lamento que hayas nacido de alguien como yo.

Leonie nunca en su vida se había enfrentado a su hija; su realidad era siempre demasiado fea, y de alguna manera tenía miedo de decirle la verdad. El delgado rostro de Leonie tembló ligeramente mientras se disculpaba.

«Qué niña tan hermosa es».

Siempre había tenido cuidado por temor a que la Condesa descubriera la existencia de un hijo ilegítimo, e incluso había hecho que su hija se presentara como un niño. Parecía que los años habían pasado por ella lentamente al verse obligada a vestir a la bonita niña con ropas tan ásperas.

Leonie empezó a sollozar cada vez con más fuerza. Nuritas mantuvo inmóvil el cuerpo de su madre mientras empezaba a llorar. ¿Por qué no iba a querer llorar?

«Cuando pienso en el pasado, sólo puedo pensar en lágrimas… »

Nuritas decidió esperar a que su madre dejara de llorar. Su madre había soportado demasiado dolor durante mucho tiempo. En este momento, Nuritas ni siquiera podía comprender la profundidad de esa tristeza, y probablemente era culpa del Conde que su madre estuviera tan enferma ahora. Su ira contra los Romagnolo amenazaba con desbordarse.

—Pido disculpas por la interrupción.

La voz de un hombre llegó desde detrás de las sollozantes madre e hija. Leonie se secó rápidamente las lágrimas y se giró para ver entrar en la habitación a un hombre alto y apuesto, y se apresuró a rodear a Nuritas con los brazos como una madre pájaro que protege a sus crías.

Lucious, que la observaba, se acercó un poco más y se inclinó cortésmente. Ante el saludo de Lucious, Leonie bajó un poco la guardia y tartamudeó, con la boca abierta.

—Uh, ¿por qué un noble trataría a alguien tan humilde como yo… ?

Lucious tendió la mano a Nuritas con ojos cálidos, y ella la tomó con suavidad.

—Pido disculpas por el saludo tardío. Soy el Duque de Morciani, estoy casado con su hija.

Ante la presentación del Duque, Leonie se frotó las manos y sacudió la cabeza, como si quisiera arrojar su cuerpo aún sin cicatrizar directamente al frío suelo.

—¿Por qué tienes que disculparte ante alguien como yo? Por favor habla cómodamente.

A Lucious se le encogió el corazón al verla y, apresuradamente, tomó la mano de la madre de Nuritas y la condujo hasta la cama.

—Me he casado con tu hija, Leonie, así que ahora somos familia. Por eso me es natural respetarla.

Nuritas se tapó la boca con la mano ante su explicación incoherente. Era la primera vez que oía pronunciar así el nombre de su madre. Además, era impensable que un Duque del reino fuera tan respetuoso con la criada de un Conde.

«¿Por qué… ?»

Nuritas tuvo que mantener la mirada fija en el techo para evitar que su madre pusiera aún más cara de sorpresa.

Leonie estaba fascinada al sentir el calor de la mano del noble por primera vez en su vida. Entonces Lucious le hizo una promesa en tono firme.

—En el futuro sólo sucederán cosas buenas. Te lo prometo por el honor de la familia Morciani. Ahora, ¿quieres tomar mi mano?

Al escuchar sus palabras llenas de confianza, Leonie vaciló y tomó la gran mano del Duque.

La mano de la mujer, pequeña y de aspecto raído, era tan áspera como la tierra reseca. Lucious le dio un ligero apretón, recordando que aquella pequeña mano había protegido a Nuritas todo este tiempo.

Contenía el juramento de que ahora protegería a Nuritas y a su madre, y también declaraba la guerra a su enemigo común, el Conde de Romagnolo.

Un momento después, entró el médico, comprobó cómo estaba Leonie y anunció que la hora de visita con la paciente había terminado. Nuritas no pudo evitar vacilar en sus pasos, triste por separarse de su madre después de tanto tiempo.

—Por favor mejórate pronto.

—Muchas gracias por todo.

Cuando el Duque le deseó lo mejor, Leonie no pudo evitar soltar su mano y reprimir las palabras que no podía decir.

«Puede que sea una descarada, pero te lo ruego. Es una niña que tuvo a la madre equivocada y sufrió mucho por ello».

Apretó la colcha entre sus manos arrugadas, rogándole que por favor mirara a su hija.

—Entonces yo me iré primero, para que puedas despedirte de tu madre y luego regresar.

Mientras Lucious se excusaba para que Nuritas y su madre pudieran estar un momento a solas, la madre miraba sin comprender al Duque. Probablemente era algo que nadie en el reino creería si se lo dijera.

Aún le quedaba una montaña de historias por contar a su madre, pero curarse era una prioridad. Nuritas tapó la cabeza de su madre con las sábanas mientras se sentaba en la cama, tratando de alejar la sensación de hundimiento. Intentó mantener la voz alegre.

—Madre, tienes que ser más fuerte.

—Te he visto, con eso es suficiente….

Leonie se recostó en la cama y habló en voz baja a través de sus labios secos. La idea de que su hija tenga a alguien tan bueno como el Duque a su lado ahora parecía quitarle todas sus preocupaciones.

—¿Por qué hablas así?

El corazón de Nuritas se hundió ante las palabras de su madre, a quien ahora parecía no quedarle nada por lo que vivir.

Pero incluso esa apariencia era preciosa para Leonie, por lo que sonrió felizmente. Se conmovió mucho por el hecho de que aquella dama de aspecto elegante fuera su hija.

—No pasa nada. Todo estará bien ahora. Entonces, ¿por qué no vas y vives una buena vida?

—¡¿Por qué?!

Gritó Nuritas, viendo el brillo de las lágrimas en los ojos de su madre y la sonrisa dibujada en sus mejillas secas. Todo lo que había estado conteniendo estalló y no pudo controlarlo.

La habían enviado sola al ducado y no tenía miedo.

Tendría que engañar a los demás y apartarse de sí misma. Pero sólo había una cosa que lo hacía posible: su madre.

Leonie alargó la mano y acarició la mejilla de Nuritas mientras esta contenía los sollozos. Sentía tanta lástima por la madre que no podía hacer nada por ella, pero ahora podía confiar en que el futuro de su hija sería diferente de su pasado.

—No llores. Tu cara se pondrá fea. Me alivia saber que tienes a una persona así a tu lado.

Esto era lo único que Leonie quería decir.

Habían corrido rumores desde que Nuritas había dejado al Conde. Cómo lloró al recordar la expresión de la cara de su hija cuando no había podido despedirse.

Pero enseguida se dio cuenta de que el Duque que había conocido no era tan terrible como los rumores lo habían pintado. El Duque podía fingir, pero no cambiar la reacción de su hija. Leonie se secó las lágrimas con la manga.

—El Duque te está esperando, así que deberías irte.

—Volveré, pero si necesitas algo más, házmelo saber.

Nuritas se alisó el vestido, mirando el rostro de su madre, que se había cansado. Entonces Leonie habló en voz baja, haciéndose eco de sus deseos.

—Sería bonito tener en brazos a un niño que se pareciera a ti.

Nuritas fingió no oír las últimas palabras de su madre y se apresuró a salir de la habitación.

Un niño… 

Había soñado en vano con el chico que le había llevado flores la última vez. Incluso se había imaginado la cara del Duque cuando era niño, y había pensado en cosas extrañas que no se atrevía a decir.

Sintiéndose avergonzada por los recuerdos que le traía las palabras de su madre, Nuritas sacudió rápidamente la cabeza.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: JOAN


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