Capítulo 6
—Mira bien. Este lugar donde ahora te revuelcas es donde yo estoy.
{—Si quieres follarme, arrástrame hasta donde tú estás, aunque no sé si podrás lograrlo.}
Solo entonces Ji-hoon comprendió el significado de las palabras de Baek Hyeon y sintió cómo la humillación le torcía el entrecejo. Ahora ambos estaban en el mismo nivel, o quizás no del todo, pues Baek Hyeon estaba montado sobre él y en realidad, quien estaba tirado en el suelo áspero era solo el fiscal
—Quítate los pantalones.
Baek Hyeon reinaba sobre la prisión con poder absoluto y ese poder podía ordenar que el compañero de celda se desnudara. Ji-hoon apretó con fuerza el cinturón de sus pantalones, mientras su mirada se encendía de ira. Desde el pasillo podía oír pasos, pero ambos sabían que, en el momento en que Ji-hoon gritara, esos pasos desaparecerían. Los otros presos en las celdas cercanas estarían atentos, probablemente entretenidos, acariciándose mientras reían sordamente.
—Agradezco lo que hiciste antes, pero hasta aquí llegamos.
Al escuchar esto, Baek Hyeon se pasó la mano por el cabello con tranquilidad, ese gesto de alisar su oscura y espesa cabellera le devolvió a Ji-hoon el recuerdo de la primera vez que lo vio con esa elegancia impactante.
—Nunca me abriré de piernas por alguien como tú.
Ji-hoon reafirmó su postura con firmeza y Baek Hyeon, por su parte, torció una extraña mueca casi como si estuviera a punto de reír, ladeó la cabeza perplejo. Aquel bastardo inclinó varias veces la cabeza como si no comprendiera, hasta que habló de nuevo.
—¿Eso es orgullo?
—¿Qué?
—¿O solo eres estúpido?
—¿Qué?
—Deja de resistirte tanto. Cuanto más lo hagas, más ganas tengo de enterrarme con mi polla entre tus piernas.
Los nudillos de del fiscal que continuaban aferrados al borde de sus pantalones estaban pálidos. Pero más pálido aún estaba su rostro, mientras no podía apartar la vista de la perturbadora expresión de Baek Hyeon.
***
—Mmm.
Dentro de su boca Ji-hoon tenía metido un calcetín gris barato, un idiota desconocido se lo había quitado y lo había empujado dentro de su boca ya que resultaba bastante efectivo para amortiguar los sonidos.
—Mételo más adentro, encuentra el lugar donde mejor lo sienta nuestro querido fiscal y clávalo bien.
Baek Hyeon bostezó sentado en su silla y cambió el brazo que sujetaba la barbilla del fiscal. Ji-hoon, con los brazos atados, abrazaba el respaldo de una silla de forma invertida, sus pantalones se encontraban caídos hasta los tobillos dejando expuestas sus blancas nalgas.
Detrás de él, un hombre con un tatuaje de tigre en el brazo, le atacaba el trasero con un consolador, buscando abrirse paso por el agujero.
—¡Maldita sea! ¿No vas a relajar el trasero? Me va a explotar el brazo de tanto empujar, ¿Y todavía tengo que desperdiciar mi fuerza para apretarte?
¡MMPF!
—Viendo que los músculos de tu culo están bastante tonificados, seguro que será un placer apretarlo, jeje.
¡PAF!
El tatuado le dio una palmada a la nalga derecha de Ji-hoon, produciendo un sonido nítido.
—Este cabrón… ¡Qué sonido tan bonito! Parece que se la pasa recibiendo golpes de su dueño…
¡PUM!
Sin embargo, el tatuado fue quien recibió el golpe. El bastardo no pudo esquivar el pie que venía en dirección a su cara, aterrizando justo en su nariz. Tapándose la nariz, gruñó de dolor mientras los demás no pudieron hacer más que reírse de manera histérica.
—¿Quién te dijo que tocaras su cuerpo? Te dije que solo te ocuparas de ese maldito agujero.
Parecía que se le había roto el tabique nasal ya que la sangre densa corría por debajo de su mano. Sin embargo, Baek Hyeon, con una expresión aburrida volvió a su silla y bostezó de nuevo.
Ji-hoon llevaba ya más de treinta minutos siendo penetrado con consoladores de distintos tamaños. Según los veteranos, era una “enseñanza” para encontrar el lugar correcto, desarrollar el agujero y asegurar una vida carcelaria saludable y productiva.
En este lugar, ese “entrenamiento corporal” se consideraba un rito necesario para aquellos novatos que parecían requerir cierto desarrollo. Solo se seleccionaban a aquellos que, según los veteranos, necesitaban fortalecer la relación con sus superiores y recibir una “atención especial”.
—Mmpf. Mmpf.
El dolor en su trasero era insoportable. Los consoladores no solo variaban en tamaño, sino también en forma. Algunos tenían bolas salientes, otros vibraban a un ritmo constante y algunos incluso se retorcían por dentro como si estuvieran vivos, girando para apretar las entrañas. Todos estos instrumentos, más cercanos a herramientas de tortura, estaban alineados al lado de Ji-hoon.
Otro hombre se posicionó detrás de él, esta vez insertando algo que se movía como una oruga, explorando su interior. Ji-hoon, con las piernas debilitadas, apenas podía resistir, pero cuanto más luchaba, más se lastimaba al intentar cerrarse contra lo que forzaba su entrada.
—¡…!
Este dispositivo comenzó a moverse salvajemente de arriba abajo, hurgando profundamente dentro de él.
—¡Ugh!
La oruga se agitaba con violencia, llenando cada rincón dentro de Ji-hoon mientras lo presionaba con una sensación opresiva. Al mismo tiempo, perforaba cada vez más profundo, creando una sensación tan intensa que el fiscal no pudo evitar intentar liberarse con movimientos desesperados de la cadera, pero cada vez que el dispositivo mordía dentro de él, un dolor punzante corría hasta su cabeza.
CRACK. CRACK.
Cada vez que sucedía, Ji-hoon se retorcía, intentando soportar esa extraña sensación.
Pero el verdadero problema no era el dolor físico. Sentía algo parecido a una picazón en la planta de los pies, como si una aguja lo perforara y un fuego ardía en su abdomen inferior, caliente y molesto. Sin embargo, con cada empuje, una sensación de anticipación comenzaba a crecer en su pecho. Sus ojos se nublaban y su boca se abría poco a poco.
Sabía bien lo que era: placer.
—…
Desde la distancia, Baek Hyeon observaba con una sonrisa, rascándose ligeramente el borde de sus ojos. Entonces, el hombre a su lado, con una cicatriz prominente en la mejilla izquierda, se levantó.
Se acercó a Ji-hoon, quien, con los ojos dilatados abrazaba la silla.
—Mmm, mmmph.
Ji-hoon intentaba forcejear, pero sus manos atadas sólo le empujaban más hacia la silla y su trasero desnudo empezó a gotear agua.
—Vaya. Esto es un despilfarro, soltando agua así.
El hombre chasqueó la lengua como si el líquido que se deslizaba entre sus piernas fuera un desperdicio. Sin perder el tiempo, sacó un anillo redondo de su bolsillo, era un simple anillo de goma negra, pero de un vistazo el fiscal se dio cuenta de que no estaba hecho para ponerse en los dedos.
El anillo fue deslizado hacia abajo desde la punta de la polla de Ji-hoon. No llegó muy lejos antes de que se enganchara en la parte superior del eje cada vez más grueso y fue detenido. El fiscal gritó aún con la boca llena por el calcetín mientras la presión amenazaba con estallar.
El hombre palmeó las mejillas de Ji-hoon en un gesto tranquilizador y luego miró a Baek Hyeon quién se había recuperado de su aburrimiento y se encontraba mirando en silencio, con la mandíbula un tanto desencajada. El hombre levantó brevemente los brazos para indicar que no había tocado al fiscal y luego volvió a dejar caer las manos.
Ji-hoon había aprendido por experiencia que gritar no serviría de nada por lo que mantuvo el calcetín en la boca, soportando aquella sensación que no podía distinguir si era placer o dolor.
—Ugh. Ugh.
El hombre no podía dejar de mirar de reojo los pezones de Ji-hoon los cuales eran firmes y de un tono rosado como el de la leche de fresa. Eran tan brillantes y nuevos, como si nadie los hubiera tocado nunca. Mientras los observaba, tragó saliva en secreto. Aunque ahora estaban excitados y enrojecidos, imaginaba que, cuando no lo estuvieran, su suavidad y ternura serían aún más tentadoras.
—¿Ves? Es así como se consigue que el cosquilleo haga que tu trasero se apriete de inmediato.
El hombre dijo aquello con una sonrisa maliciosa y con palabras difíciles de comprender. Disfrutaba intensamente de la sensación de presión en la parte trasera.
Ambos pezones del fiscal quedaron atrapados por las pinzas
—Ugh… ugh.
La pinza apretó el pezón con tal fuerza que parecía a punto de arrancarlo. En un instante, la circulación de la sangre se detuvo, y un hormigueo se extendió por toda la areola. Ji-hoon intentó desesperadamente liberar sus manos para quitarlo, retorciéndose contra las ataduras, pero las cuerdas, hechas de los dobladillos recortados de sus pantalones de dormir, solo lo inmovilizaron más.
—¡Oye! Métele otro calcetín más. Nuestro señor fiscal va a acabar rompiéndose todos los dientes.
El tipo que sostenía las piernas del fiscal, se quitó un calcetín y se lo metió en la boca. Tras empujar completamente el calcetín maloliente en su boca, Baek Hyeon que sostenía el control remoto y la cuerda conectada a las pinzas de los pezones, ya estaba sonriendo a su lado.
—Señor fiscal, ¿no tiene nada que decirme? —Entonces, repitió la misma pregunta.
Ji-hoon estaba completamente abrumado por el dildo que seguía estimulando su punto sensible desde atrás y las pinzas que apretaban con fuerza sus pezones al frente. Su nariz y mente estaban tan saturadas que solo quería rodar por el suelo. Quería arrancar todo con sus manos y rascarse la picazón desesperadamente, pero no podía mover ni un solo músculo a su voluntad. El dolor era tan extremo que sentía la cabeza vacía, como si estuviera atrapado en un tormento.
Baek Hyeon que estaba agachado a su lado con el control remoto en la mano, mostró una expresión de decepción cuando Ji-hoon no respondió. Sin inmutarse, presionó el control remoto.
ZZZZZ
—¡Urgh! ¡Aaah! ¡Uuurrgh!
Una oleada de vibraciones recorrió las pinzas como si estuvieran descontroladas. Ji-hoon abrió los ojos de par en par y tembló como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Las vibraciones también se transmitieron directamente a su trasero. Su abdomen hervía y sus venas ardían.
Nunca antes había experimentado un estímulo tan intenso en su cuerpo por lo que no pudo evitar que las lágrimas se acumularan en sus ojos. No eran lágrimas de rendición, sino un intento desesperado de su cuerpo por aliviar el dolor.
Sin embargo, al ver las lágrimas que colgaban de sus grandes ojos, Baek Hyeon pareció emocionado, abriendo la boca con asombro.
—Wow, esto es muy excitante.
Baek Hyeon, sacó el bulto de calcetines que había estado atascado en la garganta del fiscal.
¡ACK! ¡COF, COF!
Ante eso, Ji-hoon comenzó a toser con fuerza derramando más lágrimas mientras Baek Hyeon continuaba observándolo con curiosidad.
—Nuestro querido fiscal, incluso llorando te ves hermoso, pero creo que te verías aún mejor mientras eyaculas. ¿Qué opinas tú?
—Pa…para ya, mal…maldito loco, ¡ahhh! ¡Haaah!
Baek Hyeon sonreía mientras aumentaba la intensidad de las vibraciones por lo que la polla de Ji-hoon se hinchó tanto que parecía que iba a estallar en cualquier momento junto con el semen, pero el anillo que apretaba la base le impedía liberar la tensión, haciendo que más lágrimas y saliva se desbordaran de él en agonía.
—C-creo que voy a eyacular.
Una oleada de placer abrumador lo recorrió, como si una manada de perros lamiera sus pezones sin descanso. Ya no podía distinguir qué parte de su trasero estaba siendo estimulada; cada punto pulsaba con un dolor y placer insoportables.
Solo quería eyacular, liberar todo. Quería acabar.
Robin: y eso que solo ando revisando los capítulos, lo que me toca leer.
y sip la tome en corrección.

RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: IDGAMEOVERXX
CORRECCIÓN: ROBIN