Capítulo 3
—Marie, una vez más.
—Sí.
¡TUCK!
No importaba cuán vigoroso fuera el protagonista, las dos fuertes dosis de anestesia eran difíciles de tolerar, incluso para él; sus movimientos se fueron reduciendo poco a poco.
Después de mucho tiempo, finalmente se derrumbó. No perdí la oportunidad y asentí con la cabeza a los terapeutas.
—Vamos a empezar.
Sin embargo, un minuto después de entrar, todos fueron atacados. No fueron mordidos gracias al bozal, pero fueron aplastados por las grandes patas y cola de Sihael. Los Caballeros que tiraron de las cadenas del cuello también sufrieron por la fuerza del lobo.
Suspiré al ver la escena.
—¿Qué deberíamos hacer?
—Dispara otra vez.
Después de tres dosis de anestesia, Sihael finalmente cayó. Tardaron una hora en curarlo. Solo después de que los cuatro terapeutas que fueron atacados terminaran de cicatrizar sus heridas, todo estuvo listo.
Al finalizar el tratamiento, los terapeutas huyeron. Estoy segura de que nunca volverán aquí de nuevo.
—Diles que mantengan la boca cerrada.
—Sí, señorita.
Las cosas se complicarían si se extienden rumores de que poseo un lobo plateado, especialmente si la Emperatriz está buscando a Sihael. Si esa mujer descubre que Sihael está aquí, enviará a un asesino para eliminarlo o lo reclamará como su propiedad y me lo quitará. No me preocupa porque Sihael nunca perderá ante un asesino, pero no es una buena idea involucrarme con la Emperatriz.
«Odio las cosas problemáticas, sigamos adelante en silencio.»
Mientras que los empleados que habían terminado de limpiar se iban uno por uno, miré la cara de Sihael, quien se había quedado dormido.
«¿Por qué pareces más lindo cuando estás dormido?»
—Despierto, siempre me muestras los dientes, pero cuando estas así pareces un cachorro.
Después de mirarlo por un largo tiempo, levanté la vista. La luz brillaba débilmente desde la percha de la pared, todos los lados estaban bien cerrados y el suelo era frío. Ese lugar gélido no era un entorno adecuado para el cuidado del perro.
—Marie, vacía la habitación de al lado y adáptala a sus necesidades.
—¿En la habitación de al lado? Es demasiado peligroso, si alguna vez escapa…
—Tenemos que asegurarnos de que no suceda. Tiene que ser grande y fuerte. ¿Puedes hacerlo, verdad?
—…Sí.
Se notaba su duda, aun así, asintió de mala gana. Sonreí ante la respuesta satisfactoria y miré a Sihael. Después del tratamiento, lo siguiente que necesitaba era un ambiente agradable.
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Pasé la mayor parte de mi tiempo con Sihael, no tenía nada que hacer de todos modos. Mientras mataba el tiempo, me levanté para acercarme a él.
Me acostumbré a esa rutina, siendo la responsable de darle alimentación y cuidarlo. Entonces, ¿así fue como me acerqué a Sihael durante estos tres días?
Las personas que te alimentan son las mejores, sin importar la edad o de dónde son; con una buena comida se puede ganar el corazón de las personas… o lobo. Con eso en mente, empaqué su comida, imaginando que incluso el sensible Sihael podría abrirse a los que lo alimentaban.
Como resultado, la percepción de Sihael cambió, pasando de ser un lobo molesto y ruidoso a uno bueno.
De todos modos, no sé cómo pudo pasar de carne de animal cruda a humana… El futuro es terrible.
Pero, ¿qué puedo hacer?
—Vamos a comer.
El menú del almuerzo de hoy era la carne favorita de Sihael: cruda de pescado con sangre goteando, pero para Sihael era el alimento más delicioso del mundo.
La saliva se deslizaba de su boca ligeramente abierta, era un perro sin corazón ni conciencia delante de la comida.
—Cómo me gustaría que estuvieras así de callado en la vida cotidiana, ¿eh?
Hablé por hábito y llené el cuenco de arroz de Sihael con carne, quién ladró ansiosamente ante la difícil espera que incluso ese breve momento representaba.
¡WOLFF, WOLFF!
—Oh, calma.
«Debes tener paciencia para convertirte en un gran rey.»
¡TUCK!
—Ahí lo tienes.
Cuando empujé los platos dentro de la jaula, choqué con él. De inmediato di un paso atrás.
Al principio se había mostrado cauteloso conmigo, pero ahora no me miró. Muchas cosas habían cambiado, como la frecuencia de los gruñidos. El ruido que había atormentado mis tímpanos al aullar había disminuido dos días atrás.
En el momento más tranquilo del día, revisé el cuerpo de Sihael mientras comía. Casi todas las heridas estaban curadas, excepto las grandes.
La resiliencia fue realmente buena.
—Vendré después de comer.
Dejé a Sihael, quien estaba comiendo como un loco, y me dirigí al comedor.
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—¿Has venido?
Cuando llegué al comedor, Lanoa, quien apareció después de mucho tiempo, me dio la bienvenida.
—¿Cuándo llegaste?
—Hoy.
Era la primera vez que lo veía desde el día en que fui obligada a hacerme cargo de Sihael.
—¿Qué has estado haciendo? No te he visto quedarte en la casa.
—¿Cuándo me he quedado quieto en casa?
Lanoa era un viajero errante. Como segundo hijo del Duque de Kazel, vivía sin la interferencia de nadie, pues se encontraba muy lejos de la sucesión. Era un espíritu libre, en un sentido diferente al de Rosetta, y vagaba de un lugar a otro según su voluntad. Por eso no aparece tanto en el libro original.
—¿Le pusiste nombre?
—¿Nombre?
—Al lobo.
Mis manos dejaron de cortar la carne.
Ahora que lo pienso, siempre lo he llamado “oye” o “lobo”. Nunca pensé en nombrarlo.
—Vaya, eso es demasiado. Tienes que nombrarlo.
—¿Cómo debería llamarlo?
—Es tu perro, así que tú tienes que nombrarlo.
Pedí ayuda, pero Lanoa se desentendió de inmediato y se rio, lo cual me avergonzó.
Que molesta es esa risa.
Apliqué fuerza en mi mano y el tenedor se dobló.
—¿Te parece divertido?
—Es gracioso. ¿Quién hubiera creído que Rosetta Kazel se sentiría avergonzada por un lobo?
—¡Tú fuiste quien trajo a ese lobo!
—¿Debo llevarlo de vuelta?
¿Lanoa llevándose a Sihael? Es tan malo como Rosetta. Si se lleva a Sihael, lo intimidará y abusará de él, como lo hizo Rosetta. Y Sihael, al recuperar la razón, nunca lo superará. Me pregunto si de alguna manera podría deshacerse de Lanoa sin dejar testigos. La familia estaría a salvo, pero Lanoa tendría un final ruinoso.
—No, yo voy a criarlo, así que no lo toques, ¿de acuerdo? Si lo tocas, morirás.
—Sí, bueno.
Tomé mi vaso de agua y bebí todo, ignorando la charla de Lanoa sobre el intento de asesinato.
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Durante toda la comida pensé en darle un buen nombre, pero no sabía si le gustaría.
Después de terminar de comer, fui rápidamente al sótano. Sihael, quien estaba alerta al escuchar pasos, se puso de pie, pero en cuanto vio mi cara, se tumbó en el suelo con una expresión que decía: «Eres tú otra vez».
Colocó su barbilla sobre sus patas delanteras. Arrastré mi silla hasta el frente de la jaula y me senté.
—Lobo, a partir de ahora estaré llamando a algunos candidatos para tu nombre, así que contéstame si te gusta.
No puedo llamarlo Majestad, no puedo llamarlo Sihael.
—¿Blanquito?
¡KRR…!
─ Sí, no me gusta.
No creo que este vaya a ser el nombre del Pequeño Sol del Imperio.
—¿Mochi?
No respondió. Este tampoco es bueno.
«Sihael, Sihael… Shahel… Shasha.»
—¿Shasha?
Sihael, quien no se movía, levantó la cabeza y se inclinó. Puede que sea mi error, pero sus ojos parecían brillar.
—¿Te gusta?
¡KRRR!
─ Está bien, a partir de ahora tu nombre es Shasha.
¡TUCK!
─ Shasha, hazme un favor, ¿quieres? Escúchame.
Solo le di un nombre, pero parece que se ha vuelto más dócil. Aun así, ante mis últimas palabras, resopló y luego comenzó a ladrar otra vez, pero no parecía odiarlo mucho.
Más tarde, llegó la noticia de que la habitación de Sihael había sido preparada, completa con jaulas grandes, robustas y perfectas.
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Sihael siguió mirando alrededor, pensando que la luminosa habitación era incómoda. Era un ambiente desconocido que había cambiado repentinamente, haciéndolo buscar por los alrededores sin bajar la guardia. Caminó por la espaciosa habitación, olfateando el suelo. Sihael me miró. Era diferente del pasado cuando estaba bloqueado por los barrotes; por supuesto, todavía estaba en una jaula, pero era amplia y limpia, e incluso entraba la luz del sol. Era un ambiente agradable, incomparable con el del pasado.
Le asentí con la cabeza para que siguiera avanzando, orgullosa al ver cómo se movía tanto como podía. Tuve que destruir dos habitaciones para darle este espacio a Sihael, pero no fue un desperdicio. El lugar donde tocó con la punta de la nariz era un cojín que yo había escogido.
Elegí el cojín deliberadamente porque quería que lo rompiera mientras corría, fue un alivio que le gustara. Observé cómo lo tocaba con la nariz y lo rascaba con los pies.
—Señorita, ¿qué debemos hacer con esto?
Era el bozal que Sihael llevaba puesto. Lo había olvidado por un tiempo porque era molesto sacarlo y ponerlo cada vez que comía.
—¿Le pongo el bozal?
Vi su boca libre y negué con la cabeza. Nunca ha escapado de su jaula, así que estará bien. Aún lamento haber tenido que dispararle con una pistola de anestesia.
—No, límpialo y sécalo. Lo usaré cuando vaya a dar un paseo más tarde.
─ ¿Un paseo…?
─ Sí, no podemos mantenerlo encerrado.

TRADUCCIÓN: ANÓNIMO
CORRECCIÓN: LALE
REVISIÓN: MICHO