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Capítulo 1

El piso del corredor de la muerte estaba frío.  

Clarisse estaba sentada con los ojos cerrados y escuchando atentamente los sonidos que se acercaban cada vez más.

¡PLAF!

Una gran espada atravesó a un hombre, seguida del sonido de un jadeo ahogado. Clarisse no sabía si este último aliento pertenecía a su padre o a la Reina que esperaba su turno junto a él. 

Pero una cosa era segura.

Nunca sabría la respuesta, porque pronto sería su turno.

Puede que no la trataran bien en el Palacio, pero ella seguía siendo la Princesa de ese país.

Dado que habían perdido la guerra, era natural que la familia real del país derrotado perdiera la vida.

¡CLAF!

Alguien más perdió la vida con el sonido de la espada balanceándose nuevamente. Y cuando los sonidos de los pasos tranquilos se acercaron más a la niña, Clarisse sintió que su cuerpo temblaba tanto que le dolía.

«… Tengo miedo.»

Si le preguntaran si se arrepentía de algo de su vida hasta el momento, la verdad es que no. 

Una niña indefensa de nueve años, sin madre ni familia, herida de por vida por la malicia de los adultos. 

«Pero aun así.»

Clarisse tenía miedo a morir y amaba vivir.

Le encantaba el frío entumecedor en sus pies, y la sensación de acurrucarse en su viejo y grueso edredón. 

Amaba los libros que había leído tantas veces al punto que habían comenzado a desmoronarse, y las piedras redondas que había recogido una a una en el jardín.

La niña inclinó profundamente la cabeza y abrazó con fuerza su pequeño cuerpo con ambos brazos.

—Quiero vivir…

Apenas lo murmuró en voz baja, se le ocurrió que tal vez podría rogar por su vida a un caballero o incluso al Rey del país enemigo.

Era mejor que morir sin hacer o intentar nada.

Clarisse levantó suavemente la cabeza. 

Pero en ese momento, alguien la agarró por detrás y la obligó a inclinar la cabeza.

—¡…Augh!

—¿Quieres vivir? Debería darte vergüenza.

Era su hermano.

Incluso en esos momentos, su tono estaba cargado de odio hacia Clarisse.

La mano que la empujaba al suelo nunca cedió.

Como si no le permitiera suplicar por su vida.

Justo entonces, las piernas de un caballero se detuvieron frente a ella.

Clarisse supo instintivamente que era el turno de su hermano y de ella.

Los delicados hombros de la muchacha empezaron a temblar visiblemente; el latido de su corazón llenando sus oídos.

El grito confiado de su hermano resonó en la habitación.

—Esta va primero. 

Finalmente, liberó la fuerza que sostenía sobre Clarisse, quien levantó la cabeza y miró a su hermano.

—El último superviviente de la Familia Real de Grezekia no puede ser esta bastarda. Aunque sean solo unos segundos.

Clarisse mantuvo la barbilla en alto, su mirada fija en el caballero cuya punta de su espada se encontraba dirigida hacia ella. Era imponente y dominante, nada parecido al Príncipe de un reino moribundo.

—Solo un heredero con linaje puro está calificado para convertirse en el último descendiente real de este reino.

La frialdad de su mirada se posó sobre Clarisse.

La niña, sorprendida, rápidamente giró la cabeza en otra dirección e hizo contacto visual con un segundo Caballero que sostenía una espada y la miraba.

Era un hombre cuya grandeza lo hacía parecer distante.

Clarisse, sin saberlo, lo miró y pensó: 

«Es un hombre oscuro.»

Tal vez fue su largo cabello o sus ojos, ambos de color negro intenso.

Tan oscuros que hasta la sangre carmesí de sus mejillas se volvía difusa…

Clarisse supo instintivamente que aquel no era un caballero ordinario.

DESVAINAR

Pronto, el hombre ajustó su espada y la sostuvo.

Clarisse se incorporó del suelo, sobresaltada.

¿De verdad planeaban matarla primero?

—Muere primero, sangre humilde.

Oyó la risita de su hermano detrás de ella.

«No, yo… quiero vivir.»

Clarisse pensó en un deseo que no podía hacerse realidad.

Su padre, quien se jactaba del poder incondicional, había muerto.

La Reina, que siempre miraba a Clarisse con ojos afilados, estaba tumbada junto a él. Los cuerpos de los fuertes caballeros del reino que trataron de protegerlos hasta el final también estaban esparcidos por el gran salón.

Ni siquiera esos grandes hombres pudieron escapar de su muerte.

Así que sería imposible para la pequeña Clarisse, que no tenía fuerza ni habilidad, escapar de esta muerte.

«Entonces… al menos espero que no duela.»

*Oneekwaii: De verdad que no soy tan fuerte como yo pensaba ☹…

*Caxi-Nim : o(ㄒoㄒ)

Mientras esos pensamientos inundaban su mente, enderezó su espalda.

Sintió una fina brisa cerca de ella.

El sonido parecía provenir del hombre que había visto anteriormente blandiendo su espada. Las puntas de sus dedos helados agarraron el dobladillo de su andrajosa túnica.

¡WOOSH!

Se escuchó el sonido de un corte profundo. Algo caliente le salpicó la cara.

«Yo… ¿estoy muerta?»

Por un momento pensó que sí. Pero no parecía real porque no dolía en ninguna parte.

—Pensé que era una oferta aceptable.

Justo entonces, la voz de un hombre llegó desde un poco más lejos.

—¿No es así? La humillación de que un hijo ilegítimo se convirtiera en el último miembro de la realeza, aunque fuera por un segundo, sería peor que la muerte.

Clarisse sintió que el cuerpo de su hermano se desplomaba en el suelo a su lado.

El hombre de tono sombrío no había aceptado la petición de su hermano.

—Sabes, mi hermano siempre ha admirado a los mestizos como yo desde hace mucho tiempo.

La voz del desconocido se detuvo justo delante de Clarisse, ella lo miró con los ojos abiertos de par en par.

El hombre que se acercaba a ella con una voz sarcástica era bastante hermoso.

Incluso en esas circunstancias, Clarisse no pudo evitar mirarlo fascinada. Había oído que el Rey de Saphers, quien los había invadido, era un hombre de una belleza extraordinaria. Quienes lo veían en persona no podían evitar enamorarse de él.

Los ojos enjoyados del Rey se posaron brevemente en Clarisse.

—Vamos a resolverlo rápidamente y volvamos.

Ella agachó rápidamente la cabeza ante sus palabras. La palabra “resolver” solo podía referirse a la muerte de Clarisse.

«Ahora es el momento de realmente…»

El miedo a la muerte que se había aflojado por un momento regresó. La hoja roja que había cortado a su hermano atravesaría su cuerpo.

—…

Clarisse se incorporó rígidamente, evitando derrumbarse.

Si era así, quería enfrentar su final como una verdadera Princesa, al menos por última vez.

La visión del hombre de negro se acercó hasta quedar justo enfrente a ella.

Ante el sonido metálico de la espada, cerró los ojos con más fuerza.

—La Princesa aún es joven, Su Majestad. 

Pero lo que escuchó en sus oídos no fue el sonido cruel de su cuerpo siendo cortado.

Tampoco era una voz que expresara compasión o duda al matarla.

—No se ejecutará a nadie menor de dieciocho años.

El hombre de cabello negro recitó la ley de Saphers con una voz tranquila.

—Ningún Rey en la historia ha violado esta ley. 

—Ella es una prisionera de guerra.— Pronto se escuchó la respuesta insatisfecha del Rey de Saphers a unos pasos de distancia. 

—Sí, pero la ejecución de niños es ilegal.

Había una extraña obstinación en la firmeza de su respuesta. El Rey, que se había dado la vuelta, se acercó nuevamente a Clarisse. 

—Entonces, ¿dejarás vivir a los restos de la guerra?

—La ley lo dice.

El hombre de negro envainó su espada y se inclinó ante el hermoso Rey.

—Así es.

—… 

En el corazón de Clarisse, quien observaba su conversación, surgió la esperanza.

Quizás no moriría en ese momento…

—Jamás imaginé que discutiría una tontería como esta con mi hermano. Ella es de sangre real, aunque parece tener un poco de sangre plebeya.

El Rey de Saphers acarició el cabello rosado de Clarisse con la palma de su mano.

—Sería problemático si luego hablara de legitimidad y buscará vengarse.

—¡No… no me vengaré!

Clarisse intervino rápidamente en su conversación.

Temía que el hombre de negro cambiara de opinión y decidiera matarla.

Pronto los ojos de los dos hombres se volvieron hacia ella. Parecían un poco sorprendidos por la repentina protesta de la joven, pero Clarisse no se dio cuenta.

—E-Es verdad…

El Rey sonrió de manera irónica.

—Entonces, ¿la Princesa guardará rencor? ¿Me maldecirá toda la vida? O tal vez, ¿albergará la ambición de reconstruir el reino? 

Clarisse negó con la cabeza repetidamente. Lo decía en serio.

No había forma de que guardara rencor por el colapso de la familia real, que solo le causó dolor.

—¡No lo haré! Bueno, yo…

Aunque sus ojos estaban llenos de miedo, Clarisse miró a los dos hombres directamente.

—… ¡Sólo quiero vivir!

Buscar el calor de una manta en la temporada fría, acariciar el único libro que poseía, y considerar a sus piedras cuidadosamente seleccionadas como sus amigos. 

Aunque esa vida pudiera parecer humilde para los nobles, era la única vida que ella tenía.

—Viviré en silencio, como si estuviera muerta. Sea por unos años, o aunque sea por un tiempo… por favor, déjenme vivir un poco más…

Ella volvió a hablar con desesperación.

El Rey la miró incrédulo, su mirada oscilando entre Clarisse y el hombre de negro, y se rio.

—Realmente parece que a mi hermano siempre le atraen cosas muy interesantes.

—…

—Haz lo que quieras.

Cuando el Rey dio un paso atrás diciendo eso, el hombre de negro le tendió la mano a Clarisse. 

Aunque estaba cubierta de sangre, para ella era como una cuerda salvavidas caída del cielo.

Ella tomó su mano rápidamente. En cuanto la gran mano la levantó y la puso de pie, el Rey, a unos pasos de distancia, pareció recordar algo y volvió a mirarlos.

—No lo olvides, hermano.

El Rey dijo eso con una sonrisa radiante.

—El día que esa niña cumpla dieciocho, debes traerme su cabeza.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ONEKAWAII
CORRECCIÓN: CAXI-NIM
REVISIÓN: MICHO



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