Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 31. ¿La sangre roja fluye incluso en las personas nobles?

{—¡Un caballero debe ser valiente!

—¡Un caballero también debe ser noble!

—¡Un caballero debe ser inquebrantable!}

Oyó que alguien gritaba a su espalda. Lucious sacó su espada larga bajo el emblema de su familia. Su primer golpe derribó a un hombre que podría haber sido el padre de un niño, y al siguiente derribó a un hombre que podría haber sido el hijo de alguien.

La sangre caliente tiñó de rojo su espada.

«¡Matar o morir!»

Esa era la ley que lo mantuvo con vida en el campo de batalla. Lucious se vio obligado a luchar por sobrevivir toda la noche, incapaz de soltar la espada incluso en sus sueños.

Nuritas abrió los ojos cuando escuchó un gemido de dolor. Por un momento se preguntó cuándo se había quedado dormida, pero pronto pudo ver que el Duque estaba sufriendo. Estaba reclinado incómodamente en la silla junto a su cama, sudando profusamente, con las manos aferradas a una toalla que ya se había secado.

El corazón de Nuritas empezó a latir con fuerza en su pecho una vez más al ver al hombre indefenso que había parecido un muro impenetrable durante el día, pero sacudió la cabeza e hizo lo que tenía que hacer.

Nuritas se levantó con cuidado y ayudó al Duque a tumbarse en la cama, murmurando un poco entre sueños y moviéndose mientras ella le guiaba. Nuritas se aseguró de que estaba tumbado y lo tapó con mantas.

El Duque seguía tumbado, sacudiendo la cabeza con angustia, mientras el sudor le rodaba por la frente y le resbalaba por las mejillas. Nuritas agarró la toalla empapada y forcejeó un momento.

«¿Está bien que una vil embustera como yo toque a una persona tan noble?»

Entonces el Duque emitió otro sonido de dolor, y Nuritas vio los profundos surcos de su frente y se decidió. Le secó el sudor de la frente con una toalla. No sabía qué tipo de pesadilla estaba teniendo, pero deseaba poder despertarle de ella.

El Duque llamó a alguien en sueños, y Nuritas dejó caer la toalla al aire.

—Madre…

Siempre había supuesto que los nobles y ella eran de distinta sangre, pero oír a un hombre tan fuerte llamar a su madre con tanto anhelo. Por un momento, Nuritas se sintió mareada, como si sus pensamientos se hubieran detenido.

—Incluso un hombre tan noble siente dolor…

Solía pensar que todas las desgracias y tragedias del mundo eran para aquellos como ella y su madre. Los nobles, con todo su estatus y riqueza, no deberían sentir tristeza.

La idea de que el Duque de Morciani, que lo tenía todo, pudiera tener la sangre caliente como la suya, conmocionó mucho a Nuritas.

«Pensé que todos los nobles eran similares al Conde Abio… ¿Me equivoco?»

Nuritas sintió que se le ponía la piel de gallina por todo el cuerpo, y se volvió para mirar al Duque, que por fin se había relajado.

«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»

Cuando Lucious se despertó al día siguiente, estaba solo en la cama. Sacudió la cabeza, sintiéndose extraño por haber dormido tan bien en mucho tiempo. Por la noche, tuvo la sensación de ver a su madre en sueños, aunque nunca apareciera. El débil resplandor aún parecía perdurar en su mente.

Pero Lucious resopló.

—¿De verdad me estoy volviendo tan loco como dicen los rumores?

Se puso en pie, tratando de librarse de la sensación de debilidad. Tenía que estar a la altura de la herencia de su padre y de sus hermanos, y tenía que cumplir la promesa que le había hecho a su madre moribunda.

Para ello, el Duque Morciani tenía que ser fuerte.

—De todos modos, ¿a dónde fue ese cuerpo?

No había señales de que nadie hubiera dormido donde yacía Nuritas; no estaba acostumbrado a dormir con nadie, y había pasado tanto tiempo en los cuarteles del campo de batalla que podía captar el movimiento de una sola hormiga.

Pero tuvo que admitir que anoche se quedó dormido impotente.

—Es como un fantasma deshonesto.

Abrió la ventana y la lluvia había cesado, el cielo estaba alto y la brisa era fresca. Lucious se puso algo de ropa y se apresuró a ir a ver a Onix.

Pero tuvo que detenerse en la esquina cerca de donde estaba ella.

—Aquí tienes. Come.

Onix emitió un leve sonido como si fuera a responder, y oyó que la mujer se reía suavemente, con la voz más dulce que había oído nunca.

—Maldita sea, no me lamas la mano.

Lucious no sabía por qué se escondía en su castillo estos días. Pero mientras estaba allí, no dejó de escuchar a escondidas la conversación entre Onix y la mujer. No estaba mal escuchar la voz de la delgada mujer, que decía palabras que las damas no usaban, y que se preocupaba por Onix de una manera tierna. Le dijo a Onix que volvería por la tarde y desapareció.

Onix y sus cachorros estaban en buenas condiciones, difícil de creer que ella había pasado por un parto difícil bajo la lluvia de ayer. Onix levantó la cabeza para agradecer a Nuritas, como si recordara su ayuda de ayer. Los cachorros de nariz rosada se retorcían y se acurrucaban en las rodillas de su madre, aparentemente soñando dulces sueños.

No sabía por qué se le llenaban los ojos de lágrimas. Nuritas permaneció un largo rato frente a ella, feliz de que todos estuvieran a salvo.

Significaba mucho para ella el haber hecho aquí su primera amiga y haber sido bien recibida.

—Onix, volveré.

Nuritas caminó casi corriendo, dándose cuenta en retrospectiva de que llegaba tarde a la cena. Una pequeña sonrisa se dibujó en su delgado rostro al darse la vuelta.

«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»

Todo iba tan bien que el día no podía ser mejor. El cielo, las flores y el corazón de Nuritas parecían calentarse por primera vez desde que había llegado a este castillo.

Hacia el final de la merienda, un visitante inesperado llegó al castillo. La mujer que bajó del carruaje tenía el pelo rubio como las caléndulas, la cara blanca y los ojos azules. Su mirada era feroz cuando observó al Ducado y, sin vacilar, entró al castillo Morciani con tanta confianza como si fuera la suyo.

En ese momento, Nuritas luchaba con la aguja y el hilo para aprender a bordar. Madame Bovary le había recalcado que el bordado era una de las habilidades básicas de una dama noble. A pesar de su evidente falta de habilidad e interés, decidió intentarlo. Pero enhebrar una aguja y crear una representación de algo en un molde redondo es más difícil de lo que parece.

«Realmente sería mucho más fácil llevar paja en una pocilga.»

La aguja le pinchó los dedos, dejándole pequeñas gotas de sangre, pero Nuritas no quería rendirse. No era sólo por las historias de Madame Bovary sobre lo romántico que era para una noble bordar el pañuelo de su marido y entregárselo.

Cuando las yemas de sus dedos empezaban a arder en la vertiginosa mezcla de presente y pasado, Sophia entró en la habitación.

—Señora, por favor baje un momento porque ha llegado un invitado.

Sophia le transmitió cortésmente las palabras del Duque. Nuritas pareció encogerse automáticamente ante la mención de un invitado. Enhebró las agujas en el bastidor y las guardó con cuidado. El resultado, tan burdo que temía que alguien lo viera, quedó grabado en la tela blanca.

Eligió unos guantes malva para ocultar sus manos enrojecidas. Mientras se dirigía al salón, Nuritas tenía el corazón en vilo, no fuera a ser que cometiera un error con los invitados. Intentó calmar sus nervios diciéndose a sí misma que sólo era el comienzo, pero su corazón acelerado se negaba a calmarse.

En el salón, el Duque y su invitada ya estaban charlando. Cuando Nuritas entró lentamente, el Duque se levantó y la tomó del brazo. Nuritas se sentó junto al Duque, y la invitada justo enfrente. Cuando los tres se encontraron cara a cara, la desconocida joven dama, se inclinó cortésmente.

—Hola, Duquesa. Soy Iola de la familia Calix.

Iola era una mujer de espléndida belleza, que recordaba a una rosa en plena floración. Su pelo rubio le caía en cascada por encima de los hombros, y su vestido azul dejaba ver lo justo de sus hombros para darle un extraño encanto que la hacía parecer a la vez aniñada y madura. Nuritas se sintió pequeña ante la radiante belleza de Iola.

—Señora, Iola es mi prima materna.

Explicó el Duque a su lado en un tono muy ligero. Nuritas hizo una pequeña reverencia a Iola, quien sonrió a su favor. Se sentía profundamente incómoda en esa posición, pero no podía hacer otra cosa que tirar suavemente de su taza de té. Se sintió un poco mareada al pensar que esto probablemente iba a ser una serie interminable de eventos.

Lucious se recostó en su silla y habló en un tono ligeramente interrogativo.

—Entonces, ¿qué pasa con la llegada sin avisar?

—¡Oh! Hermano Lucious. No, Duque Morciani. Sólo he venido a ver a la Duquesa, estaba tan guapa en la boda, y quería conocerla. Como parece tener aproximadamente la misma edad que yo, pensé en hablar con ella ¿Cree que estoy siendo descortés?

Iola esbozó una sonrisa encantadora mientras miraba a Nuritas y al Duque, con un guiño en los ojos. De hecho, a Nuritas le daban ganas de irse. Prima materna del Duque ¿Qué tan nerviosa tendría que estar para tratar con ella? Pero no se le ocurría cómo tratarla cuando estaba siendo tan manipuladora.

Cuando Nuritas no respondió y pareció avergonzada, el Duque le dio unas palmaditas en el dorso de la mano y sonrió. Se le ocurrió como un pensamiento tardío que no había ninguna otra noble de su edad en Morciani con la que su esposa pudiera conversar.

—Vaya, qué desconsiderado soy, ¿puedo aceptar el favor de Iola?

Nuritas asintió, ignorante de lo que el Duque decía, demasiado consciente de la mano que de pronto había tocado la suya. No tenía idea de lo que era un favor o una consideración. Su gran mano se posó en el dorso de la de ella, ahora enguantada.

—Iola. Eres muy amable.

—Por cierto, Duque. Ya tengo edad para casarme.

Iola miró de reojo las manos cruzadas de las dos personas y sus ojos brillaron ferozmente, pero su rostro rápidamente recuperó su frescura original.

Nuritas observaba a Cálix y a Lucious mientras hablaban sin ninguna preocupación, y de alguna manera se sentía como una intrusa que se había interpuesto entre ellos; su conversación versaba principalmente sobre la infancia y la familia, y era suficiente para hacerla sentir incómoda. Justo cuando la conversación llegaba a su fin, César entró al salón y dijo que tenía un mensaje urgente para el Duque y que debía encargarse de ello.

Cuando el Duque se excusó y abandonó el salón, Nuritas por fin pudo respirar.

El calor que dejó atrás parecía persistir todavía en sus guantes.

Sólo al escuchar una voz llamándola la devolvió a la realidad.

—Duquesa.

La voz de Lady Cálix, que había estado sonriendo alegremente y haciendo contacto visual todo el tiempo, ya no era amigable.

—¿Sabías que ese asiento solía pertenecerme?

—¿Qué?

Nuritas levantó los ojos de su fijación en los guantes, preguntándose al principio si había oído mal, para encontrarse con el rostro de Iola. Había un brillo feroz en los ojos de su oponente, como si estuvieran ardiendo. Nuritas se sorprendió porque no era la primera vez que escuchaba algo así y no se le ocurrió nada que decir en respuesta.

—El puesto de Señora en Morciani es mío desde hace mucho tiempo.

«… Tanto el perro como la vaca son tuyos.»

N/T: Según busque, quiere decir algo como “Muchas quieren serlo, no te creas tan especial” 


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: LILIAN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 30

    Next Post

  • CAPÍTULO 32
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks