Capítulo 38
Era una voz tan fría como el hielo en pleno invierno, pero pudo darse cuenta de que era algo que había dicho para tranquilizarla. En esta vida, había podido relacionarse más con la Marquesa como para darse cuenta de ello.
Calliope parpadeó un par de veces, como si algo la molestara, y pronto comprendió la naturaleza de su duda.
—¿Está bien que digas tan fácilmente que estoy comprometida con otra persona?
Ah, sí, eso era. En el pasado, Ilan había ocultado el motivo de la reincorporación de Calliope. De hecho, probablemente ni siquiera él se había dado cuenta que lo estaba ocultando. Pero ahora, la Marquesa le había dicho a Calliope lo que realmente se debía haber hecho.
Circe, por el contrario, arqueó una ceja y replicó: —¿Ilan no te lo dijo?
—No, no lo hizo.
—¿Entonces por qué estás tan calmada?
—Lo esperaba. Es fácil adivinar por qué buscas a la hija de tu ex-esposa después de tanto tiempo sin verla.
Circe se tocó la cabeza durante un momento. Calliope observó ese gesto con una expresión de incomprensión. En el pasado, había pensado que todos los miembros de su familia habían conspirado para ocultarle la verdad. Solo la habían llamado por necesidad, como una pieza más, y una vez que ya no la necesitaran, la botarían de sus vidas. Y, en cierto modo, eso seguía siendo así. La diferencia era que: —Pensé que Ilan había hecho un trato contigo.
—Sí, hicimos un trato. ¿Has visto la lista de propiedades que mi padre me iba a entregar?
—Sí, por eso pensé que habían hablado y esa era la manera de compensarte. Puede que te parezca frío, pero creo que es la forma menos dolorosa de hacerlo
—No sabía que se preocupaba por cómo me sentiría.
Aunque sus palabras tenían un toque de sarcasmo, su tono era completamente indiferente. Circe levantó la vista y miró a su hijastra.
—Odio lo inútil. Personas, objetos, incluso acciones.
—Eso es muy humano.
—¿De verdad? —Calliope inclinó la cabeza y se encogió de hombros ligeramente, como si no fuera la gran cosa.
—Nadie que odie lo inútil se preocuparía por los sentimientos de los demás. Normalmente, incluso eso lo considerarían inútil.
Circe se calló ahora pensativa y Calliope también se sumió en sus pensamientos. Al ver a la Marquesa con más frecuencia que en el pasado, Calliope había comenzado a descubrir cosas poco a poco. Esa mujer, que parecía tallada en hielo, era más calculadora de lo que ella pensaba, pero también tenía un lado humano.
—No quise decir que la Marquesa actúe por los demás, sino que sigue sus propios principios y moral.
Circe era alguien que, en comparación con los demás, era bastante insensible a las emociones. Se notaba con solo observarla un poco. Una mujer que no podía llorar cuando los demás lo hacían y que mantenía una expresión fría cuando se enfadaba. Probablemente había creado una línea de defensa para evitar problemas. Para no dejarse llevar por las emociones y arruinarlo todo.
—Creo que es mucho más humano ser capaz de controlarse a uno mismo.
Circe, al darse cuenta de a qué se refería, en lugar de responder o reprender a la niña, le hizo un gesto con la mano para que guardara silencio y se retirara.
Calliope asintió obedientemente y salió de su estudio. La criada que había estado observando la conversación entre la Marquesa y la niña, le informó en voz baja: —El compromiso con el joven Esteban se puede fijar para la fecha que la señorita desee.
En realidad, era la Marquesa quién debía decidir esto, pero como parecía estar perdida en sus pensamientos, ella tenía que hacerlo en su lugar. Calliope miró fijamente a la fiel criada de Circe y sonrió.
—Este fin de semana me parece bien.
—¿No le parece demasiado pronto?
—Cuanto antes, mejor. ¿No es eso lo que conviene a la familia?
—…. Está bien, señorita.
Calliope, quien regresaba a su habitación después de escuchar la respuesta de la criada, se detuvo en el punto medio del pasillo, donde una gran ventana daba hacia el exterior. La luz que entraba por la ventana iluminaba el pasillo, que de otra manera parecía sombrío, y mostraba el jardín que la Marquesa había cuidado con tanto esmero.
En lugar del jardín, Calliope miró hacia el cielo, que se extendía alto pero que parecía estar fragmentado por la ventana. El cielo azul sin nubes le recordó de alguna manera al cielo del día en que había muerto al caer luego de caer del campanario.
Sin embargo, a medida que se acercaba la noche, el cielo se nubló y se oscureció. Parecía que esa noche iba a llover a cántaros.
* * *
En ese momento, la casa del Conde Esteban, ubicada en la capital, estaba envuelta en una atmósfera tan fría como la propia mansión. El aire frío presionaba sus pulmones como una niebla. Sin embargo, los sirvientes que trabajaban en la mansión parecían estar acostumbrados y bajaban la vista mientras se movían. Desde que la señora había muerto dando a luz a su segundo hijo varón, la casa del Conde siempre había tenido ese olor: húmedo y penetrante.
El jefe de la familia, Velta Esteban, ocupaba el cargo de jefe de los caballeros del reino, por lo que era su hijo mayor y heredero, Erben Esteban, quien se encargaba principalmente de los asuntos de la familia. Erben estaba sentado en su estudio, revisando documentos mientras su hermano menor, que había cumplido quince años ese año, estaba de pie a su lado.
En ese ambiente de hielo que se rompería con el más mínimo suspiro, nadie hablaba. Incluso los criados que esperaban estaban de pie como estatuas, mirando solo al frente.
—Habrás oído hablar de ello. —dijo Erben, rompiendo el silencio. Todavía mirando los documentos, su hermano menor, Isaac, asintió con la cabeza en lugar de responder en voz alta.
—Es evidente que la casa Anastas ha rechazado la propuesta de compromiso del Duque Gladiert y pretende comprometerse con nuestra familia. Esto es una clara señal de que pretenden entrar a la facción del Príncipe heredero. Mi padre me dijo que Su Alteza también deseaba unir la casa Anastas y la nuestra de forma pacífica. —Isaac asintió una vez más sin hablar. No se le permitía emitir sonidos, y mucho menos delante de su familia. Erben no estaba allí para escuchar su respuesta, sino para dar órdenes.— No cometas errores. Tienes que hacerlo bien. Afortunadamente, incluso un cuerpo inútil como el tuyo puede ser útil aquí.
Erben levantó la cabeza por primera vez y miró a Isaac. Solo en ese momento el adolescente podía dar una respuesta. Cuando lo menospreciaba y lo obligaba a obedecer.
—… Bien.
Ante la tardía respuesta, Erben bajó la mirada hacia el escritorio una vez más.
—No importa cómo se comporte la hija del Marques Anastas, solo tienes que mantener ese compromiso. Sabes que las jóvenes nobles te temen por tus ojos, así que asegúrate de comportarte bien. Sal.
Cuando terminó de hablar, el hombre claramente quería que su hermano se fuera. Isaac, que lo conocía muy bien, apenas tuvo tiempo de asentir con la cabeza antes de que casi lo botaran del despacho. Los sirvientes y caballeros que cuidaban la habitación de Erben mantuvieron la mirada fija al frente, fingiendo no ver a Isaac.
Tal como Erben había dicho, sus ojos blancos como los de un muerto miraban a alguna parte del vacío del pasillo. Nadie seguía sus pasos mientras caminaba directamente hacia adelante. Tampoco es que fuera algo nuevo.
* * *
La lluvia caía a cántaros. Desde la noche en que se había reunido con Circe, el cielo no había mostrado ni un sol claro, atrayendo nubes oscuras y descargando su lluvia sin cesar.
Calliope, vestida para la ocasión, se encontraba junto a la ventana de su habitación. El día que conoció a Isaac por primera vez, el clima había sido maravillosamente soleado.
Era natural que el clima cambiara, ya que la fecha se había adelantado. Sin embargo, no podía evitar sentir cierta desilusión. Quería que todo fuera perfecto cuando lo viera.
—Señorita, la hora de su cita se acerca.
Debido a la lluvia, el encuentro con Isaac se llevaría a cabo en el invernadero de la mansión. El invernadero era la nueva creación de Circe tras su matrimonio con el Marques, famoso por su tamaño y elegancia, incluso más grabde que el del Conde Dylus, su padre adoptivo.
Se decía que la construcción había costado una fortuna astronómica, gracias a la magia que controlaba la temperatura, la humedad y la iluminación. Para Calliope, era un espacio que ni siquiera había visto en su vida anterior.
—La señora ha sido muy atenta. Habría bastado con reunirse en el salón.
—Eso es cierto.
Circe vio que el clima no era bueno y le entregó a Calliope la llave del invernadero, diciendo: “Si llueve hasta el fin de semana, no sería mala idea reunirse con tu prometido en el invernadero”. Calliope tomó la llave y se quedó pensativa por un momento. Podía sentir un cambio extraño en su estado de ánimo, pero no podía identificar exactamente qué emoción era.
Al entrar al invernadero, escuchó el sonido de innumerables gotas de lluvia golpeando las ventanas transparentes que formaban las paredes exteriores. Sonaba como si algo se estuviera derrumbando, o como el latido de un corazón acelerado.
Calliope se sentó a la mesa del jardín del invernadero, llena de plantas exóticas que la Marquesa había reunido de todo el continente. El simple acto de esperarlo fue suficiente para que los recuerdos del pasado volvieran. Su último encuentro.
{ Era una noche de luna llena. La noche anterior a su partida, Calliope, incapaz de soportarlo más, fue a ver al hombre que la había traicionado. Al verla, él endureció su rostro con frialdad y pasó de largo. Ella lo detuvo con palabras.
—¿Me amaste alguna vez?
Le dió la espalda y no pude ver su expresión. Su corazón, que había creído firmemente que se amaban a pesar de estar atados por un compromiso político, comenzó a doler. Ya no podía adivinar sus verdaderos sentimientos.
—Yo…
—No digas nada.
Aunque se lo había preguntado, sentía que si salía de sus labios un “nunca fue así” o un “ya no te amo”, se derrumbaría en ese mismo momento. Por lo mismo, Calliope decidió postergar ese momento hasta tener la fuerza de soportarlo.
—Respóndeme cuando regreses. —su voz temblaba sin cesar. Su voz, que denotaba su apego, su coraje y su amor, era como la de alguien al borde de la muerte. Sin embargo, la respuesta fue una cruel despedida.
—No me esperes.
Calliope jadeó y susurró, como si exhalara su último aliento: —Te amo. }

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MAR
CORRECCIÓN: TY