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Capítulo 33

—¿De qué están hablando? —Calliope habló, y una de las invitadas, proveniente de Verzia respondió.

—Estábamos hablando de cómo decorar nuestros jardines cuando llegara el otoño. Lady Calliope ha reunido todas las flores que simbolizan cada familia de las presentes, y había algunas que nunca había visto antes. Entre ellas, hay algunas flores que me gustaron, así que no creo que sea mala idea plantar algunas el próximo otoño.

—¿Flores?

Bertche se acordó por un momento de la mesa en la que había estado sentada. Ahora que lo pensaba, también estaba la flor que simbolizaba a la familia ducal de Dylus. Pensó que sólo era una coincidencia, pero ahora se daba cuenta de que había sido intencionado. No era muy atenta con ese tipo de cosas. Al menos, los demás no se habían dado cuenta de eso.

—Sí, a Lady Dylus también le gustaron.

Cuando Calliope dirigió la conversación naturalmente hacia Bercthe, la joven asintió como si supiera a qué se refería.

—Sí… Aunque mezcló varias flores, combinaban muy bien y creí que tenía buen gusto.

Bertche levantó la barbilla con indiferencia. Era la actitud de alguien que esperaba que los demás le agradecieran por reconocer su talento, pero a los ojos de Calliope, que conocía el secreto de Bertche, solo parecía un intento de ocultar que no sabía muy bien a lo que se referían.

—He oído de mi hermana que Lady Bertche, es famosa por su excelente gusto.

—Sí, mi madre también dice que, como es joven, lady Dylus está muy actualizada con las tendencias y que debería aprender de ella.

Por supuesto, esos gustos y el que siempre esté actualizada se debían enteramente a la criada de Bertche. En ese momento, Bertche miró fugazmente la mano de Calliope. Ah, tampoco podía distinguir entre un cumplido y una burla.

Calliope tenía todos los dedos extendidos. Bertche lo comprobó y solo entonces sonrió levemente y comenzó a participar activamente en la conversación. Afortunadamente, Calliope no dobló el dedo índice.

Calliope, al confirmar que Bertche se había unido naturalmente a la conversación, se disculpó y se alejó por un momento. Luego se dirigió a la habitación donde estaba esperando Karolie. Pensó que bajaría por su cuenta, pero esta vez parecía que no tenía intención de moverse de su habitación hasta que la llamaran.

Cuando llegó al piso superior donde estaba la habitación de la pequeña, Calliope encontró a Karolie en el pasillo. Ah, claro. Era demasiado orgullosa para bajar primero sin que la vayan a buscar, pero como no bajó, estaba esperando con impaciencia.

—¡¿Por qué tardaste tanto?!

—Pensé que bajarás por ti misma. Además, estaba muy ocupada recibiendo a los invitados.

—¡Armand también vino! ¿Qué está haciendo ella aquí?

Calliope notó que la pequeña seguía molesta con su amiga. Se acercó y le tendió la mano, la pequeña tomó de esta con tranquilidad.

—Tu amiga parece ser alguien tímida. ¿Siempre ha sido así?

—Bueno, sí, es un poco tímida. Pero aún así.

—Armand estaba muy preocupada de que te disgustara su visita. ¿No habrá tenido miedo de venir aquí por eso?

—… No tiene sentido su preocupación.

Cuando Calliope llevó a Karolie a la terraza donde se celebraba la fiesta del té, las miradas se concentraron en ellas por un momento. La pequeña valiente Karolie, sin prestar atención a las miradas, caminó con paso firme y se plantó delante de Armand. Armand, aún tímida, y moviendo los ojos nerviosamente durante un rato, finalmente cruzó miradas con su hermana y, como si se hubiera decidido, apretó los puños en su vestido y dirigió su mirada hacia Karolie.

—Ah, hola. Lady Anastas.

—Cuánto tiempo sin verte. —Karolie levantó ligeramente la barbilla. Calliope, sin darse cuenta, miró hacia Bertche. Ah, sus miradas se habían encontrado.— No supe nada de ti en todo este tiempo, así que pensé que te había pasado algo.

—E-eso es porque… te hice enojar la última vez que nos vimos…

—¡Ah, pero deberías haberte puesto en contacto conmigo antes! —cuando Karolie gritó, las miradas se volvieron a concentrar en las dos pequeñas. La pobre Armand se puso a llorar de inmediato, moviendo los dedos. Calliope le dio un ligero golpecito en el hombro a Karolie. Karolie, al darse cuenta de que había sido demasiado dura con Aemand, suavizó sus próximas palabras  y dijo: —Sólo me ha decepcionado.

—¿P-por no haberme puesto en contacto contigo?

—No me escribiste ni una carta, pero sí viniste a la fiesta del té de Calliope.

—¡Vine a verte!

La expresión de Karolie se relajó aún más ante la firme declaración de Armand.

—Eso es lo que debías haber hecho antes.

—L-lo siento, Karolie…

Las dos niñas se lo tomaban muy en serio, pero las otras jóvenes de la edad de sus hermanas mayores que estaban presentes solo las observaban en silencio, con una sonrisa de diversión en sus labios. Karolie se cruzó de brazos y miró a su amiga, que sólo movía sus dedos de manera inquieta, y finalmente le tendió la mano.

—Hay muchas personas aquí, así que vamos a mi habitación y hablamos. ¿Cómo has estado? Yo me he muerto de aburrimiento.

—Ah, e-eso. Yo… He estado cuidando mis plantas. Todavía no han florecido…

—¿Es esa maceta de la que me hablaste antes? ¿Todavía no ha florecido?

—¡Florecerá pronto! El jardinero de la familia lo dijo.

—Bueno, cuando florezca, me la tienes que enseñar.

En lugar de responder, Armand le guiñó el ojo a su hermana. Cuando Orteta le hizo un gesto a una criada de la familia que estaba lejos, la criada trajo una maceta envuelta en plástico transparente. La maceta, llena de vida, tenía un capullo de flor rosa, y por su aspecto, parecía que sólo necesitaba un poco más de cuidado para que florezca.

—Te la he traído como regalo. Es mi favorita. 

Karolie parecía haberse conmovido. A pesar de que sus orejas se estaban poniendo rojitas, sostuvo la caja con cuidado.

—Lo cuidaré bien.

—Bien.

Armand finalmente sonrió más aliviada cuando Karolie aceptó su regalo. Las dos niñas conversaron por un rato, antes de decidir ir a la habitación. Después de todo, tenían mucho que contarse después de no haberse visto por un tiempo.

Armand se acercó a Calliope, quien le estaba pidiendo a una criada que guardara el pastel.

—Disculpe, señorita Anastas. No tuve la oportunidad de hablar con usted antes. —la niña tomó aire y dijo con valentía: —Lamento haber hablado sin pensar. Debí disculparme primero con la señorita Anastas, pero no pensé con claridad en las consecuencias que traería.

—No te preocupes, ¿te reconciliaste con Karolie?

Armand sonrió de manera radiante.

—¡Si! Y Gracias a usted. Le agradezco mucho su ayuda.

—Me alegra saberlo. Les enviaré pastel a la habitación de Karolie. Disfruten de su tiempo juntas.

Las demás invitadas observaron a las niñas que estaban tomadas de la mano alejarse por el pasillo. Cuando ya no pudieron verlas, todas estallaron en risas. Las que tenían hermanos se acordaron de ellos, mientras que las que no lo tenían encontraron adorable ver a las pequeñas actuar como adultas, reconciliarse y finalmente irse tomadas de la mano.

—¿Se habían peleado? —preguntó una de las invitadas con una sonrisa en sus labios. Orteta suspira y se llevó la mano a la mejilla.

—Sí, armaron un gran escándalo. Me tomó un tiempo lograr que se reconciliaran.

Las invitadas volvieron a reír ante la exageración de Orteta. Calliope levantó la vista como si mirara hacia alguna ventana invisible en la habitación de Karolie y luego observó a las demás.

—Los niños siempre se pelean mientras crecen. Es una suerte que se hayan reconciliado.

—Pero por lo que parece, la señorita Armand fue la que cometió el error.

—La pequeña Armand todavía es joven y no comprende del todo su error. Sin embargo, vino a disculparse personalmente. ¿No es eso admirable? No me preocupa demasiado lo que pasó.

—Bueno, si Lady Anastas no la hubiera perdonado, probablemente todavía estaría encerrada en su habitación, triste y deprimida. Gracias por ofrecerle un espacio.

—Simplemente tuve la suerte de que mi fiesta de té fuera pronto.

Las ocho jóvenes, excluyendo a Calliope, intercambiaron miradas. Las niñas de familias nobles generalmente se conocían desde una edad muy temprana, formando fuertes lazos con las hijas de familias en convenio o que eran amigas. Calliope, que había aparecido de repente, era en realidad una presencia bastante extraña entre todas. Sin embargo, la mayoría de ellas asistieron a la fiesta por curiosidad y porque no podían rechazar la invitación del Marqués, y realmente, había cumplido bastante sus expectativas.

Además, les agradaba la actitud amable y generosa de Calliope. Después de todo, no es que fuera una hija ilegítima, sino la hija legítima del Marqués, por lo que no había nada malo en entablar amistad con ella.

—¿Nos invitarás a tu próxima fiesta de té?

—A mí también. O tal vez podríamos organizar una salida al aire libre.

—Hablando de eso, dicen que el parque que el Palacio Real abrió recientemente es hermoso.

Bertche observó en silencio a Calliope mientras conversaba con las demás invitadas de forma natural.

* * *

La primera fiesta del té de Calliope fue un gran éxito. Las ocho invitadas en todo momento se mostraron amables con ella e incluso la invitaron a sus propias fiestas o le pidieron que asistiera a las suyas. La única que le preocupó un poco fue Bertche, que se había marchado en silencio, pero incluso el hecho de que no hubiera causado ningún problema era un logro considerable, por lo que Calliope decidió no darle más importancia.

Tras quitarse la ropa y los accesorios, Calliope se dirigió directamente a la cama. Todo había salido bien y estaba agotada. Su relación con la marquesa había mejorado más de lo que esperaba, y lo mismo ocurría con sus hermanos. Y bueno, Dieter Anastas… Estaba en la palma de su mano.

Calliope hundió su rostro en la almohada mientras pensaba en eso. Extrañaba a Isaac. Lo echaba de menos. Lamentaba los momentos que había pasado reprimiendo en su corazón la presencia de quien la había apoyado incondicionalmente en su vida anterior.

En ese instante, lo único que deseaba era correr hacia él, sin importar que no recordara nada, y gritarle que era su prometida. Sin embargo, no podía permitirse arruinar todo lo que había conseguido.

Arrastró la manta para taparse y clavó las uñas en ella como si la estuviera pellizcando. Y se oyó el áspero sonido de las uñas rasgando la tela. Cerró los ojos e intentó recordar su voz clara, a pesar del tiempo que había pasado.

{ —Lady Anastas.

Su voz áspera y seca, como la de una criatura que vivía en las profundidades del mar. La forma en que la llamaba “Lady” incluso cuando le pedía que solo la llamara por su nombre, y la forma en que la trataba como si fuera el objeto más frágil del mundo.

 —No acepto cosas por las cuales no pueda hacerme responsable.

—¿Entonces, como tu prometida soy alguien por quien puedas asumir la responsabilidad?}


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MAR
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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